jueves, 20 de octubre de 2016

La Gestora de secano



Una persona tan comedida como el doctor Antón Costas se pregunta por qué la Gestora del Psoe está compuesta por miembros de las organizaciones socialistas de las autonomías menos desarrolladas de España (1). Qué pregunta, madre mía. De esas que nadie quiere hacer y, menos aún, responder. ¿Tabú?

No sabemos si es un tabú. Pero ciertamente nadie ha explicado los criterios que llevaron al Comité federal a proponer la composición de la Gestora. Claro, en el caso de que hubiera criterios y no sólo la puesta en marcha de un organismo compuesto de fieles hoplitas al secretario general sempiterno del partido. Pero en esto no entra Antón Costas porque, como es natural, nada tiene que ver con el rigor académico.

En realidad Costas no ofrece explicaciones del por qué están representadas en la Gestora los territorios menos avanzados económica e industrialmente. De momento hace algo más importante: nos propone un boceto que parece una invitación a pensar. Entiendo que son unos apuntes valiosos para que le demos vueltas a la cabeza, útiles para politólogos y demás cofradías. Y sobre todo tiene el mérito de haber caído en el detalle. En el detalle de aproximarse a la composición de la Gestora.

Esto de caer en el detalle tiene su importancia. Me explicaba mi padre adoptivo, el maestro confitero Ceferino Isla, que elevó a los altares la obra cumbre de su progenitor –el excelso pastelillo que llamamos pionono— un sucedido protagonizado por don Manuel de Falla e Igor Stravinsky en París. En un momento dado suena La Violetera en una gramola. Ambos músicos la disfrutan en silencio. Acaba la copla y Stravinsky comenta: «Manolo, esta música del maestro Padilla la teníamos que haber compuesto tú o yo». Falla, con un acento a medio camino de Cádiz y Granada, le respondió: «Sí. En el caso de que hubiéramos caído, Igor». Costas ha caído en el detalle. Y nos invita a rellenar su boceto.

Cambio de tercio. Les ruego a ustedes que me hagan un favor: vean el comentario que ha hecho un exégeta del matonismo a mi entrada de ayer:
La dialéctica de los «puños y las pistolas». Naturalmente, he tenido que responderle educadamente. 







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