sábado, 17 de septiembre de 2016

La lógica de Rajoy; Rita superviviente



Homenaje a don Manuel Gómez Acosta



Que el hombre de Pontevedra sea aproximadamente un incompetente es harto plausible. De hecho hay datos que demostrarían que, al menos, sus niveles de competencia están a la altura del betún. Naturalmente mi primera observación tiene el inconveniente de la parcialidad y, más todavía, de la enemistad hacia ese caballero. No obstante, hay gente de fuste que iría todavía más lejos que un servidor.

Lo que sí está fuera de duda es, que con relación al asunto de Rita Barberá, el hombre de Pontevedra no desafina para sus intereses políticos. Cuando este caballero explica, desde Bratislava, que no puede pedir nada a  dicha señora «porque ya no tiene autoridad sobre ella, ya que ahora está fuera del partido», conviene reflexionar sobre el particular.  De manera que no es aconsejable dejarse llevar por las primeras impresiones.

Habrá quien diga –no seré yo quien le lleve la contraria— que el hombre de Pontevedra, si no puede censurar a Rita (todavía no lo ha hecho) y, si no puede pedirle que se vaya del Senado, no es un político, ni un gobernante con autoridad ni auctoritas. No digo que no. Ahora bien, comoquiera que Rajoy aprieta pero no ahoga es preciso que, en mi opinión, escarbemos en la frase rajoyana del «no tengo autoridad» sobre Rita.

La línea argumental de los encofradores del Partido Popular es, como se ha dicho, aparentar que se aprieta a Rita, pero no ahogarla. Rita conoce toda la biografía corrupta del partido valenciano y de sus conexiones con los sótanos y buhardillas de la Moncloa. Así, pues, echarle la mano al cuello tiene sus riesgos. La mayoría de los dirigentes del partido sigue ese estilo, excepto María Dolores Cospedal (me ahorro el hidalgo de que ella misma se atribuye). No sigue, decimos, ese estilo porque su sintaxis es embrollada y, por lo general, se encasquilla en las oraciones compuestas. A esta señora se le entienden todas las palabras por separado, pero jerarquizadas en oración son incomprensibles.

Lo que nos lleva a que el hombre de Pontevedra entiende que Rita debe contar con el colchón del aforamiento. Mientras tanto, los encofradores urdirían una línea de escapatoria jurídica en caso de que se pidiera el suplicatorio al Senado, controlado por el PP.  Digamos, pues, que en este caso el hombre de Pontevedra se las sabe todas. Tanto da si es idea suya como de sus escribas sentados.

En resumidas cuentas, si del caso Rita se hace una cuestión sólo de partido, la excusión de esta señora al Grupo mixto se convierte, según los encofradores, en un problema que ella (Rita Ereslamejor) y sólo ella debe resolver. Claro, con la mano larga de las covachuelas de la Moncloa.


«¿Los intereses de España», dice usted? No me sea alma de cántaro, los intereses de España valen tanto como el teorema que afirma que la suma de los cuadrados de los catetos es igual al cuadrado de la ipecacuana. Ni si quiera, so alma de cántaro, se atreva a plantear que si Rita es apartada del partido por la ciénaga que ella misma ha organizado debe exigírsele que deje el sillón senatorial. Cierto, ello sería un razonamiento, pero los colmillos retorcíos del hombre de Pontevedra no van por ese derrotero. Su estilo no es otro que el del general Mac Mahon: «J´y suis, j´y reste». Que podríamos traducir de esta guisa: «De aquí no me mueve ni Dios». 


No hay comentarios: