miércoles, 3 de agosto de 2016

Rajoy mentó la bicha



… y Rajoy mentó a la bicha. «Si no me apoya el PSOE habrá nuevas elecciones», afirmó con ese tonillo como si estuviera recitando la tabla de multiplicar del siete. Con lo que, si Pedro Sánchez se mantiene como el Papa Luna en sus trece, volveremos a ser convocados a las urnas. Conviene, en todo caso, que el dirigente socialista no eche en saco roto aquella conseja de Einstein: «Dios no juega a los dados», algo que, sin embargo, no pudo demostrar. No obstante, téngase en cuenta que –al igual que la línea recta--  el azar no existe, cosa que un servidor tampoco puede probar.

Ahora bien, con o sin azar, podemos proponer esta hipótesis: que las nuevas elecciones pueden acabar con un nuevo triunfo del Partido Apostólico con más diputados y con un PSOE más debilitado todavía. Con lo que tal vez Sánchez tendría los días contados en la dirección de su partido. Que sería algo realmente inoportuno ya que este caballero está manteniendo un pulso, no fácil, frente al gremio de los viejos galápagos –que nunca mueren--  cuya incidencia orgánica no es desdeñable.

Con todo, Sánchez tiene también su bicha. Se llama Podemos. Que es impronunciable en la casa grande del PSOE. De una parte, porque los socialistas piensan todavía que los de Pablo Iglesias el Joven no tienen un largo recorrido; de otra parte, porque no quieren que el partido vuelva a caer en los tentáculos de los viejos galápagos.

Así pues, la bicha de Rajoy y la bicha de Pedro Sánchez se muerden la una a la otra imposibilitando una solución a la formación ahora de nuevo gobierno y estimulan la convocatoria de nuevas elecciones. La diferencia es que Rajoy tiene a su partido, al menos en apariencia, sin fisuras visibles. Mientras que Sánchez cuenta con resquebrajamientos visibles y bien visibles.

El cuadro se complementa con un extraño silencio de Pablo Iglesias el Joven que, según parece, se ha instalado en la imposibilidad de un desenlace de izquierdas, incluso cuando Rajoy ha lanzado el órdago de nuevas elecciones. Todavía es la hora de que el de Podemos recupere su propuesta.


Me arriesgo a hacer un pronóstico. Si no se cumple dejaré el tabaco durante una semana. Nos encaminamos a nuevas elecciones. Tenemos unos políticos que razonan con el calcañar. Una anécdota de hoy mismo me lo ha vuelto a confirmar. Verán ustedes, esta mañana temprano, yendo a comprar la prensa, me encuentro a un concejal que ha sacado a pasear a su chucho. El perrillo, habiendo árboles donde mear, hace su urgencia en una farola de esas modernas. Le llamo la atención al edil: «Oiga, usted que es concejal, debería velar por el mobiliario urbano». La respuesta del chiquilicuatro es: «Yo estoy en la oposición». Y un servidor, haciendo gala de malas pulgas, le responde bravíamente: «Pos yo me cago en toda la oposición». O sea, un diálogo viril con punto de vista fundamentado. Con estos bueyes no aramos. 


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