sábado, 30 de julio de 2016

Contra Isis: cavilaciones primerizas




Gloria a José Menese

(Borrador)


No estoy seguro de acertar plenamente con lo que diré a continuación. De momento son cavilaciones que someto a mis amigos, conocidos y saludados con la idea de matizar, suprimir e incluso añadir nuevos planteamientos. Hablaré sin matices para que aparezca con mayor fuerza el grosor de lo que quiero plantear y, al mismo tiempo, con la idea de que los hipotéticos errores e insuficiencias sean más visibles.

1.--  Los brutales ataques de Isis no son una guerra contra Occidente. Lo prueba el hecho inobjetable de que el mayor número de atentados se cometen fuera de lo que convencionalmente llamamos Occidente. Que aquí adquieran más resonancia mediática nuestros muertos más directos ya es harina de otro costal.

2.— Que no es una guerra entre civilizaciones, ni siquiera entre religiones, también está probado por lo que decimos anteriormente. El mayor número de víctimas de esos atentados en todo el mundo son musulmanes.

3.--  Es, por tanto, una guerra de Isis contra todo aquello, en Occidente y Oriente, entre cristianos y musulmanes, que se le opone.

4.--  Es una guerra radicalmente nueva: no hay vanguardia, ni retaguardia. Todo, o casi todo, está en el mismo plano. Es decir, quienes cometen atentados en Paris y otras ciudades europeas o en otros lugares de Africa y Asia, no son la retaguardia sino el frente o territorio de la misma batalla.

5.--  Los instrumentos para llevar a cabo en este frente o territorio tan sangrientas –y deleznables--  batallas ya no necesitan el dineral que constaba al terrorismo tradicional el armamento para llevar a cabo sus fines. Basta una caja de cerillas y una mecha, un cuchillo o un hacha, un coche con explosivos caseros o cualquier artefacto doméstico para provocar una descomunal sangría. Igualmente el ejército de dicha soldadesca ya no es necesario que sea perito en armamentos convencionales. Ni que estén encuadrados convencionalmente; se sienten llamados por proclamas genéricas para atentar como sea en lugares públicos con una cierta aglomeración de personas. En Internet se escribe la literatura, el soldado usa el machete y nosotros –en Bruselas, Madrid, Munich y en capitales de Oriente--  ponemos los muertos. Así es trágicamente de simple.

6.— Esa terrible soldadesca, que está dispuesta a morir, no tiene nada que ver con el tradicional terrorista: su auto inmolación, sin ser una novedad en la historia, sí lo es el nivel numérico de quienes lo practican. Y, sobre todo, el contexto global en el que se desarrolla su macabro cometido.

7.--  Lo nuevo de estas cuestiones, al menos en Francia, es que la oposición, de matriz derechista o ultra derechista, ha está convirtiendo estos atentados en arma electoralista. Y, a mi entender, está provocando una división política y social de cierta envergadura y, en consecuencia, una mayor vulnerabilidad de las poblaciones.

8.— Debo tratar un tema que, según parece, da la impresión de ser tabú. Esto es, ¿por qué son minoritarios los ciudadanos musulmanes que se tiran a las calles en protesta de estos atentados? Lamento, desde mi ignorancia, el silencio de nuestros intelectuales y opinadores sobre este particular.

9.--  Una de las observaciones que los expertos en la materia que ponen encima de la mesa es la mayor coordinación de los servicios de contraespionaje y las agencias de seguridad. Sea. Sin embargo, conversando el otro día con un experto en la cuestión me dijo algo alarmante: «En eso estamos, pero tiene muchas limitaciones. Una de ellas es que no nos fiamos de la mitad de la cuadrilla, incluso europea. Las agencias de ciertos países son un coladero y un avispero de dobles y triples agentes».

Quise tirarle de la boca. Mi amigo, precavido, me respondió que «al buen callar llaman Sancho».

10.— Por último, ¿qué estrategias locales se están llevando a cabo para detectar en esos espacios más reducidos gérmenes de yihhadismo? ¿con qué resultados?