jueves, 5 de mayo de 2016

¿ESCRUPULOS CONSTITUCIONALES?




Escribe Lluis Casas


Me explican mis fuentes en el inframundo de las entidades vinculadas a las hipotecas, los fondos buitre y los desalojos de vivienda que la semana pasada, en el momento en que se supo que el gobierno pepero en funciones (¿de qué?) laminaba la ley catalana de protección de la vivienda y otras menudencias sin interés alguno para los elegidos sociales, se produjo un gran regocijo a la vista de unos beneficios superiores a los que contemplaban con la ley en funcionamiento. Parece ser que en alguna entidad se produjo un alarido más o menos como sigue: ¡Por fin podremos hacer lo que nos dé la gana!

Esa alegría, provocada por una legítima aspiración a la libertad absoluta propia y la coerción total sobre el prójimo afectado, no fluyó desde los estados mayores bancarios y financieros, sino que se produjo entre sus tropas de choque en el negocio del crédito inmobiliario. Es comprensible. Unos combatientes dispuestos a dejarse la piel por los beneficios ajenos y las comisiones propias se alegran al ver derrumbarse el muro que les impide el típico asalto al degüello tan práctico en estas lides. Los estados mayores, tan distantes del frente pueden adoptar conductas más discretas y homologables, en cambio la tropa se libera psicológicamente con la autorización de arrasar con todo.

La información que me ha llegado resulta ilustrativa, tanto del encanto que poseen los humanos como de la capacidad de balance en las cuentas propias en cualquier situación, por extrema que sea. De todos modos resulta más interesante revelar que esa reacción pone sobre el tapete los recorridos ocultos de una iniciativa defensiva del ordenamiento constitucional que la derecha católica y romana práctica en beneficio de esa lastimosa industria del crédito y el aval.

La defensa formal de las competencias administrativas y jurídicas es simplemente una excusa de buen gusto para intentar ocultar que al gobierno pepero tanto le da la crisis, la pobreza, el dejar sin vivienda a las familias y todo el rollo que nos inventamos unos cuantos simples y sentimentales. Frente al interés del dinero, qué más da unos pobres de más o de menos.

Lluís Casas en una nota de urgencia