martes, 12 de abril de 2016

Mañana habrá menos alarma social





Primer tranquillo

«Con la corrupción pasa algo curioso: los casos que menos alarma social generan son los que no se descubren», dice el filósofo Gregorio Luri, en Aforismos que nunca contaré a mis hijos (La isla de Siltola, 2015). Se trata de un libro de axiomas, de verdades evidentes que no necesitan ser demostradas.

Permítame un desahogo personal. Cuando estaba primero de bachillerato los de segundo curso me decían orgullosamente que ellos en matemáticas estudiaban axiomas y teoremas. Lo que implícitamente significaba que habían pasado a un grado de civilización superior a la nuestra, que nosotros todavía estábamos en el Catón moderno.  Ya en segundo vi  el primer axioma (o teorema, según algunos) que sostenía que «la línea envolvente era mayor que la envuelta». Fácil, me dije. Pero no tanto, porque la humanidad había tardado milenios en formular una verdad tan sencilla. Porque una cosa es percatarse de ello y otra, bien distinta, formular la cosa. Así pues, digamos con el profesor Luri, que escribe desde   El Café de Ocata, lo ya dicho: lo que no se descubre produce «menos alarma social». Lean bien: don Gregorio no dice que no produzca alarma social lo no sabido, afirma que produce menos alarma social. Que es un apotegma sobre el que se debe escarbar despaciosamente.

Segundo tranquillo

Siempre se nos dijo a los párvulos en la materia que, por escandalosos que sean determinados casos y situaciones, cada uno de ellos lleva consigo su propia fecha de caducidad en los medios de comunicación. Una fecha que en el espacio-tiempo duraba días e, incluso, horas.  Sin embargo, cautelosamente podemos decir que ello  es cada vez menos cierto. La novedad es, me parece a mí, que se está produciendo –al menos en el terreno de la corrupción— una aglomeración de noticias (de «casos», según el lenguaje periodístico-judicial) que cuentan una esperanza de vida más longeva que antaño. Por ejemplo, lo de Bárcenas ya no es arqueología, ni lo de Gurtel; tampoco los Púnicos, ni las charcas levantinas, sin olvidar los casos del Albondiguilla y la familia Pujol. Estos son desplazados en la jerarquía de la noticia por los  llamados papeles de Panamá o la resurrección de Mario Conde, pero no eliminan a aquellos. Todos siguen compartiendo triste notoriedad  y censura pública. Y es tal la aglomeración de casos –y su perversa cualidad--  que lo que está en discusión es el grosor de ese carácter sistémico. O sea, ¿qué es exactamente lo que no se sabe sobre el particular? De donde un servidor infiere: mañana tendremos menor alarma social porque, apareciendo nuevos casos, sabremos más sobre esta corrupción corrosiva.

Y, aprovechando que el río Genil pasa muy cerquita de Santa Fe, ¿quién me iba a decir a mí el cambio cualitativo que se ha operado en la Benemérita? Aquella guardia civil caminera, experta en vergajos sobre las pieles de los jornaleros que osaban levantar la cabeza contra los señoricos, es ahora ducha en la persecución de los delitos y el crimen organizado. De aquel ágrafo cabo Colomera se ha pasado a un personal que no se las dan con queso. De aquellos civilones que no sobrepasaban la cuenta de la vieja se ha transitado a unos saberes en ingeniería financiera. Evidentemente, son cosas de la democracia. Tal vez doña Pilar de Borbón y doña Cristina –de los Borbones de toda la vida--  se pregunten, estupefactas, ¿para eso nuestros mayores fundaron los picoletos, para que nos amargaran la vejez con los papeles de Panamá y esa bagatela del caso Noos?  

Sí, para que mañana –docet Luri— haya menos alarma social. Aunque, por supuesto, con eso no contaba el Duque de Ahumada, fundador del Cuerpo. 


Radio Parapanda.--  Un día de estos, cuando la revista Pasos a la izquierda me dé permiso, responderé educadamente a Isidor Boix lo que expone en http://pasosalaizquierda.com/?p=1236  No es necesario ni obligado estar siempre de acuerdo entre los amigos. 

1 comentario:

Gregorio Luri dijo...

Un abrazo, maestro.