martes, 8 de diciembre de 2015

El filósofo Marina y los enseñantes




Homenaje a don Dióscoro Galindo, maestro nacional


Las cosas como son: no estoy en condiciones de opinar sobre la reciente propuesta de José Antonio Marina sobre los planes académicos para la formación del magisterio. Comoquiera que, afortunadamente, no soy tertuliano me salvo de hablar a favor o en contra del ilustre filósofo, que –según dicen voces de su entorno--  es hombre ponderado, que habla con ton y son.

Sólo he hablado con Marina una vez. Fue media hora tomando café y unas pastitas. Nuestro filósofo vino a Barcelona a impartir una conferencia sobre relaciones laborales y responsabilidad social de la empresa, que durante un cierto tiempo (muy breve, por cierto) tuvo esa materia entre sus intereses académicos.

La cosa fue así. Yo siempre acudo a las conferencias una media hora con anticipación con la idea de departir con alguien que esté por allí. Cosa que hice el día que fui a escuchar a Marina. Entro en la cafetería y veo a nuestro filósofo departiendo con el viejo patriarca, todavía en olor de aparente santidad,  que era el que había organizado el evento. Me llama y me presenta al conferenciante. Le felicito por el hecho de que un filósofo hable de temas que me son tan cercanos y, en un momento dado, le pregunto: «Profesor, ¿cuántos convenios colectivos ha usted analizado usted? Lo digo porque ya hay una cierta literatura contractual que aborda esas cuestiones de la responsabilidad social de las empresas». Nuestro ilustre filósofo me miró como si yo hubiera dicho que Kierkagaard empinaba el codo en demasía con vino de Jumilla; viejo patriarca, todavía en el sancta sanctorum del Gotha político, parece decirme “los sindicalistas sois incorregibles”. Nuestro filósofo aguanta el tipo con elegancia y responde: «No he leído ninguno». Entonces, acordándome de que mi padre ostentaba uno de los premios a la malafoyá santaferina, le respondí: «Pues sepa usted, doctor Marina, que Norberto Bobbio y Valentino Gerratana estudiaban los convenios de la Fiat». Y nos despedimos amigablemente.

Ignoro quién pagó mi consumición. Veremos a ver qué dice mi sindicato sobre el particular.   

  

1 comentario:

Luis Vilar dijo...

Yo diría que estuviste acertado. Pero ya se ha convertido en algo muy común, hablar de casi todo, sin saber de casi nada.