lunes, 9 de noviembre de 2015

La cultura jurídica de la izquierda «no nos dice nada»





«… la cultura jurídica de la izquierda iuslaboralista tiene el temor de que sus palabras no nos digan nada y parece afectada de afasia, mientras que la cultura jurídica de la derecha es locuaz haciendo que se amplíe el auditorio de quienes las escuchan». Sostiene Umberto Romagnoli  en La paralisi del giuslavorismo progressista (1). Son palabras valientes que, como de costumbre en el maestro boloñés,  no esconden los problemas. Ni las disfraza con remilgos; va al grano y por lo derecho. Ahora bien, si aceptamos la premisa romagnoliana es preciso preguntarnos de dónde surge ese no decir «nada» y, por así decirlo, cuál es su partida de nacimiento. Y, comoquiera que la cosa da que pensar, enhebro la aguja y, casi farfullando, pido la palabra.

Tengo para mí que el derecho del trabajo, siendo una disciplina autónoma, tiene una fuerte y voluntaria vinculación bífida con la acción colectiva del conjunto asalariado. La de matriz progresista y de izquierdas se relaciona amistosamente con los trabajadores y sus conquistas; en otra dirección, opuesta, camina locuazmente la cultura jurídica de la derecha y sus hologramas.  No se trata de disputas académicas o, como se diría antaño, de envidias frailunas, sino de la expresión de estar con unos u otros ideales e intereses. Bien lo sabía y así nos lo enseñó Luciano Gallino, recientemente fallecido –y bien que lo lamentamos-- a lo largo de toda su enseñanza (2).  Y, no hace falta decirlo, tantos otros sociólogos y juristas del trabajo.

Ahora bien, tengo la impresión que Umberto Romagnoli de manera pudorosa no quiere decirnos de dónde viene el eclipse de los operadores jurídicos de izquierdas. Lo que, naturalmente, dificulta que hurguemos en el problema. Tiempo hace que propuse una explicación que tal vez por temeraria nadie quiso abordar.  Lo diré abruptamente: la cosa arranca de la parábola del sindicato (3).

 

Permítanme un necesario rodeo. Al igual que los astrónomos no fabrican el cosmos, tampoco los iuslaboralistas crean el universo del trabajo. Los atrónomos y los iuslaboralistas interpretan y desvelan sus respectivos campos de estudio. Dicho lo cual, me lleva a lanzar este interrogante: ¿de qué fuente beben el agua clara los iuslaboralistas? Lo hacen de la acción colectiva del movimiento organizado de los trabajadores cuando este pasa de ser «clase probable» a «clase movilizada», según nos enseñó Pierre Bordieu. Cuando el movimiento genera victorias y discontinuidades de avance nos encontraremos con un iuslaboralismo festivo, pletórico de propuestas. Cuando se entra en la fase de la parábola descendente, el iuslaboralismo no tiene más remedio que cantar, como el rey nazarita, el romance del «Ay de mi Alhama».

 

Es decir, a un determinado nivel de avances del sindicalismo se corresponde un iuslaboralismo fértil, de regadío. En caso contrario, habrá un iuslaboralismo de secano. Esto es lo que el maestro Romagnoli no nos dice, tal vez por pudor. Con todo, el maestro no queriendo ocultar las limitaciones del derecho del trabajo, en las que siempre ha insistido, nos sugiere a los demás que le demos vueltas a nuestra cabeza para que descubramos las nuestras. Y que, de esa manera, pueda hablar locuazmente  la pareja de hecho más longeva que conocemos: el sindicalismo y el derecho del trabajo.

 

 

1)   http://www.eguaglianzaeliberta.it/articolo.asp?id=1858

2)   https://it.wikipedia.org/wiki/Luciano_Gallino


3)   http://lopezbulla.blogspot.com.es/2014/09/la-parabola-del-sindicato.html

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