viernes, 7 de agosto de 2015

PSOE: depuración versus renovación

No parece que el PSOE tenga la sesera en su mejor momento. Con las elecciones generales casi a la vuelta de la esquina, la organización madrileña, experta en broncas y zahúrdas desde tiempos inmemoriales, se auto provoca una nueva desestabilización siguiendo la tradicional fórmula de que el partido se fortalece a golpe de depuraciones.

Desde fuera de esa organización y sin conocer los entresijos –o sea, las aguas mayores y menores--  de los socialistas madrileños, veo que su dirección le quita los entorchados al portavoz del grupo municipal, el ubicuo Antonio Miquel Carmona.  Dado el carácter de este caballero, que nunca tuvo pelos en la lengua, la reacción no se ha hecho esperar. Carmona ha respondido con sapos y culebras agrandando el conflicto al hacer responsable del desaguisado al mismísimo Pedro Sánchez y la dirección federal del partido. Una reacción lógica, ya que no era esperable que Carmona se mordiera la lengua. Resultado: «las navajas de Albacete, bellas de sangre contraria, relucen como los peces», según imaginó y escribió el poeta de Fuentevaqueros. Esta es la consecuencia de no seguir cabalmente el consejo ignaciano: «en momentos de tribulación no hacer mudanza».

Los protagonistas, deuteragonistas y figurantes de esa trifulca cainita no podrán compatibilizar la bronca interna con una preparación sensata de las próximas elecciones generales. Porque cada bandería con su particular fiel espada toledana estará más pendiente de pinchar la barriga del contrario que otra cosa. Lo que no es nuevo en la política y, muy particularmente, en la izquierda. Mal ojo, pues, tienen los socialistas madrileños –en primer lugar, los jefes del puesto de mando y de la sala de máquinas--  en embarcarse en esta descomunal reyerta cuando el Partido apostólico anda púnicamente, del coro al caño y del caño al coro, entre jueces y cuartelillos de la Benemérita. Así las cosas, no sería de extrañar que el viejo partido socialista estuviera afectado por lo que ya previó Goethe en el Fausto glorioso: «Si no cabe ir de pie, iremos de cabeza». De cabeza van los socialistas madrileños, justo cuando el Partido Púnico ha sido desalojado del ayuntamiento de la capital y un nuevo aire empezaba a notarse en la ciudad. En resumidas cuentas, el quilombo ha empezado en el peor momento.

Es del todo evidente que esta situación de desestabilización en un partido importante como es el PSOE –y en una organización importante como es la madrileña por sí misma y sus efectos radiales al conjunto de dicho partido--  enrarece la situación política española. Y más todavía cuando no aparece con claridad el carácter orgánico de dicha reyerta. Afirman las altas esferas socialistas que la drástica remoción de Carmona se debe a los resultados poco brillantes de las recientes elecciones municipales. Pero de ser así, Pedro Sánchez hubiera hecho lo mismo en las otras grandes urbes donde su partido ha tenido incluso peores resultados que los madrileños. Otros afirman que la mano larga de Sánchez se ha empleado a fondo porque su operación rastrillo se orienta a controlar con mano férrea todos los intersticios del planeta PSOE. En caso de que una u otra razón –o ambas simultáneamente— fueran los motivos, habrá que convenir que son razones de vuelo gallináceo. O, como se diría en la Vega del Genil, son pollas en vinagre, que son un alimento de escasa entidad gastronómica.  

Por mi parte, soy del parecer que estas descomunales zarabandas son la expresión más cabal de la crisis de la socialdemocracia en general y particularmente de la izquierda. Mientras no se inicie un camino de gradual superación de dicha crisis saltará la chispa a la primera de cambio, y todo quedaría reducido a un «quítate tú, que me pongo yo». Así las cosas, quedaría aparcado cualquier proyecto de auto reforma del partido y de la política. Justamente en unos momentos en que el PSOE se encuentra, de un lado, en una parábola descendiente; y, de otro lado, con el hecho nuevo de que un partido emergente le disputa un significado sector de su electorado tradicional o potencial.  Más todavía, en unos momentos en los que el bipartidismo está de capa caída.

En este nuevo contexto –resquebrajamiento del bipartidismo y la aparición de Podemos--  el PSOE  está pagando el pato de su ausencia de reflexión desde la caída de Felipe González. Digamos que las pocas manos de pintura que le han dado al partido, desde aquellos entonces, no han frenado su parábola descendiente. Y –como se decía antes--  a las primeras de cambio se arma la marimorena. Por lo que, de ese modo, comoquiera que van dando traspiés acaban «de cabeza», según refería Goethe.  

Ahora bien, ¿a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de «ausencia de reflexión estratégica? A lo siguiente: ¿exacta o aproximadamente qué quiere ser el PSOE? ¿Quiere ser un sujeto político que intente darle una mano de pintura y un baldeo al actual estado de las cosas?  ¿O un sujeto transformador con graduales reformas (dignas de ese nombre) en el trabajo, en la sociedad y en el Estado? En concreto, ¿a qué sentido –si es que tiene alguno— convoca el partido socialista? Desde luego, son interrogantes que también se dirigen a todas las izquierdas, pero el PSOE sigue siendo el principal partido de ellas y es oportuno que en este ejercicio de redacción le interpelemos amistosamente. A ellos les corresponde, naturalmente, dar una respuesta. Pero algo le podemos recomendar con cierto conocimiento de causa: la depuración es el método más apropiado para su poquedad y, andando el tiempo, para su extinción.


Radio Parapanda. Se recomienda la lectura al hemisferio de la izquierda de las siguientes reflexiones que nos propone el profesor Antonio Baylos: NORMACION BILATERAL DEL TRABAJO Y SOLUCIÓN AUTORITARIA. (NOTAS DE LECTURA I) y REPRESENTACIÓN Y DELEGACIÓN SINDICAL (NOTAS DE LECTURA II) Advierto que no es apta para quienes sean propensos al infarto.

 



No hay comentarios: