miércoles, 1 de julio de 2015

Los peligros de las urnas y los jueces




La ministra de Agricultura –su nombre debe aparecer en google--  ha hablado en televisión española de la situación griega. Quien, dichosa la rama que al tronco de Cañete sale, ha dicho: «Ojo, las urnas son peligrosas». Que no es una improvisación lo demuestra el toque de atención que representa ese «ojo», como indicándonos que va a decir algo con enjundia. Deséchese, pues, la idea de que se trata de un pronto de alguien que ha sido pillado de improviso en plena entrevista. Ese ojo es el aviso de algo que es considerado de primer orden por quien, de antemano, nos está avisando.

No es la primera vez que un ministro dice algo que atenta gravemente contra la democracia. Recuerden ustedes cuando esa extraña ministra de Trabajo –o como se llame en la actualidad--  leyó un texto escrito afirmando que «prefiero a los hombres de negro antes que a los jueces». Tampoco fue improvisado, ni un pronto.  Era la constatación de que la Judicatura, y su independencia, estaban impidiendo que la reforma laboral, reclamada por los mismos extremistas que quieren ahogar a los griegos, tuviera rasgos más exasperantes.

La razón democrática está siendo puesta en entredicho. Y no por un alcalde o concejalucho de secano sino por la cima del poder político, el gobierno. Que no haya sido desautorizada por ningún colega es, si cabe, todavía más preocupante. En realidad, tan tosco lenguaje es la consecuencia del carácter contingente que tiene la democracia en ciertas instancias del Partido Popular. La democracia vale cuando conviene a sus intereses: comoquiera que en importantes comunidades autónomas y grandes ciudades han perdido poder, efectivamente, las urnas les son peligrosas. Y ya que las urnas barrieron a la derecha corrupta griega –apoyada personal y tesoneramente por Rajoy--  las urnas, dando el triunfo a Tsipras, fueron peligrosas.

¿De dónde viene este radicalismo tan paroxísticamente extremista? Digamos que viene de lo más profundo y negro de nuestra historia, reciente y pasada. Que, en determinados sectores, estaba en estado de latencia. Lo nuevo ahora es que el apoyo oblícuo a estas ideas viene desde la cumbre de las instituciones europeas que se pasan por el arco de los pantalones la Constitución Europea, la Carta Social y todo aquello que les parezca una chuchería del espíritu. Estas dos ministras, pues, no necesitan la inspiración de los neocons norteamericanos. Tienen el virus en su propia casa. Es el mismo que ha engendrado la llamada Ley Mordaza.  

Visto lo visto, ¿sería mucho pedir que las izquierdas entendieran las consecuencias que se desprenden de esta relectura de la democracia y se pusieran manos a la obra para proceder a un duradero desalojo del Partido Apostólico? Sabemos que estáis por la labor, pero tan lentamente –tempus fugit--  que casi no se nota.

Radio Parapanda.-- 
Il contagio del referendum
(Antonio Lettieri).

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