lunes, 6 de julio de 2015

Grecia en el corazón y los soldados de Salamina



¿Se imaginan ustedes los retortijones que esta noche han tenido determinados personajes en las cancillerías europeas, en las entidades financieras y en otros chambaos de similar condición? ¿Se imaginan ustedes los ardores de estómago de la directora del Fondo Monetario Internacional? ¿Se imaginan ustedes a ese Mariano Rajoy buscando desesperadamente en el mapa dónde está Grecia? Ha sido una noche lenta y agobiante para estos personajes que no daban credibilidad al vértigo de los porcentajes.

De estos resultados se hablará largo y tendido durante mucho tiempo. Y todo el mundo bienpensante, instalado en la dogmática de la econometría seguirá buscando los tres pies del gato, haciéndose cruces de que esos (considerados) destripaterrones de los griegos le han doblado el pulso a los bárbaros del norte y algunas de sus franquicias del sur. Tampoco faltarán quienes desde la política más rancia –esos de la Santa Alianza contra Grecia— se interrogarán cómo es posible que un político, considerado bisoño, como Tsipras les ha pegado un buen pescozón.

La batalla ha sido desigual. Como desigual fueron Salamina y Termópilas. Es precisamente ese carácter desigual lo que da más enjundia a la victoria apabullante del pueblo griego y su gobierno. Más todavía, la Santa Alianza ha tenido todo el apoyo de los bienpensantes europeos que, como es sabido, tienen banderas de distintos colores. El pueblo griego, exhausto, ha contado sólo consigo mismo. Ciertamente, ha tenido la simpatía y apoyo moral exterior. Pero en las calles europeas –y no digamos las españolas--  ha habido un enorme déficit de solidaridad con nuestras amistades griegas. De donde sacamos esta lección: la victoria de esta nueva Salamina tiene repercusión no sólo en Grecia sino en la confrontación de los países de la Unión contra las políticas económicas de la troika. O, lo que es lo mismo, Salamina nos da mucho más al resto que lo que nosotros le hemos dado a ella.

La Santa Alianza se las prometía felices y sus dedos se les hacían huéspedes. Iban a machacar a ese presuntuoso jovenzuelo que les había plantado cara. Tendrá que dimitir, repetían antes de las votaciones. Pues bien, ahora ¿qué? Los bárbaros del norte han sido derrotados sin trampa ni cartón. Sin embargo, el verbo dimitir no figura en la verborragia de los prebostes de la Santa Alianza.


Observación final: la presión contra Grecia va a continuar. Posiblemente de otra manera. Las espadas, pues, siguen en alto. ¿Vamos a repetir el atentismo que hemos tenido con relación a Grecia?  

1 comentario:

Francesc Marti Jusmet dijo...

Es que esta gente de la economia pseudo liberal ha estudiado ninguna historia, poquísima geografía y nada sobre la dignidad,,,,,Francesc Martí Jusmet