jueves, 4 de junio de 2015

¿Qué tienen algunos contra Ada Colau?



Escribe Lluis Casas

He resistido heroicamente hacer comentarios sobre las elecciones pasadas, cosa que también intenté para el periodo anterior. Ni en un caso, ni en otro lo he logrado, reconozco la derrota: he aquí algún comentario post, que probablemente les suenen a conocido, sobre todo después de la serie de comentarios del Boss de Parapanda, todos ellos acertados  y bien expresados.

Empiezo el relato con unas afirmaciones de carácter muy general: no pensaba que las elecciones locales y autonómicas acabaran con el bipartidismo y con las formas históricas que los dos grandes partidos del Estado han aplicado durante décadas. Añado al margen, que tampoco pensaba que el tsunami de la corrupción hiciera un agujero suficientemente profundo bajo la línea de flotación del PP (principalmente) y en otros partidos también afectados en diversa y espectacular medida (CIU, PSOE) para su hundimiento con cierta rapidez. Esa forma de pensar se basaba en el complejo político, económico y mediático que ha ido acompañando el bipartidismo durante tanto tiempo, creando un verdadero “para estado” que junto a la falta de reforma de la justicia y otros pequeños detalles crean algo más que un muro de Berlín frente al cambio necesario. No olvido la falta de coherencia y capacidad de las alternativas existentes para edificar piedra a piedra las necesarias bases sociales, culturales y organizativas que fuesen capaces de animar, aglutinar y finalmente enfrentar tal situación de grave afectación democrática. Tampoco dejo en el tintero que algunos lo han intentado con más o menos suerte y acierto, pero que hasta el momento previo al mes de Mayo pasado no parecían capaces de hacer el duro trabajo previsto.

Todo ello generó en movimientos auto convocados de muy distinta tipología y de nombres variados e incluso poéticos. Al englobarlos en aquello nominado como 15 M hacemos una simplificación excesiva, pero vale para entendernos. De ello surgió, con otras muchas y diversas oportunidades un Podemos y posteriormente las Mareas, los Guanyem y otros que dieron en obtener un resultado electoral no definitivo, ni mucho menos, pero sí de entusiasmo sin par durante muchos años.

Hoy, en pleno proceso de constitución de los nuevos ayuntamientos y gobiernos autónomos, vemos (algunos con perplejidad, otros con experiencia distanciadora) como lo que en primera instancia parecía una buena patada en el culo de la derechona estatal o autonómica, se torna en una complejísima situación en donde el resultado no va a ser probablemente ni tan claro, ni con las mismas características de lo que la noche electoral parecía.

Las posibles alianzas que lentamente se ponen sobre la mesa van desde compañeros de cama imposibles de imaginar desde la racionalidad a minorías dejadas de la mano de dios por cuestiones de oportunismo derechista o izquierdista. Que doña Ada Colau no tenga desde el primer minuto el apoyo de la CUP y finalmente la cosa quede con una CUP en la oposición, sin asumir más riesgo que el sentarse en la poltrona, me parece de una ilustración de lo dicho ya hace muchos años por autores que sí se mojaron y bien mojado.

Que en Barcelona, la obtención de un gobierno municipal relativamente sólido y dedicado principalmente a revocar la sociedad dual, en la medida que un gobierno local pueda hacerlo, se entorpezca por objetivos referidos a una independencia que todo lo soluciona retorciendo todo lo demás, es un fraude no solo político.

La lista de evidencias de la ruptura lenta e inexorable del aparente resultado electoral en base a disquisiciones tácticas y momentáneas no es más que el reflejo que en este país, el grande y el pequeño, no hay grandeza política, no hay pensamiento sólido y nadie recuerda lo que dijo Gramsci desde la cárcel.

No tan poco a poco, el mundo del pacto y de la constitución de gobiernos se está convirtiendo en una olla de grillos, según una acertada definición que les pongo : “Dígase a un conjunto de información cruzada entre varias personas que interfieren una a otra, están en choque, sin prioridad y sin solución, su trasmisión va gradualmente distorsionada, la información inicial se altera por parte del primer emisor y así sucesivamente de persona en persona hasta llegar a una situación totalmente distinta al original”.

O así me lo parece, en expresión de un articulista fallecido hace mucho.

Lluís Casas, desde el balcón.


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