domingo, 7 de junio de 2015

Pedro y Susana. Pedro y Pablo




Dos notas reservadas para mi diario


1.-- El rey Pedro no se lleva bien con Susana, la señora banal. Oído cocina: en esta ocasión la palabra «banal» no tiene una connotación despectiva, se trata de aquel sistema feudal de señoríos, el poder banal o poder de ordenar, constreñir, castigar. Y como en aquellos tiempos es natural que haya escaramuzas entre el rey y la señora banal. Ahora la escaramuza es más bien que no hay escaramuza; ni siquiera se hablan, me dicen voces cercanas a ambas personalidades. Ni siquiera una palabra de Pedro ante el asunto del empantanamiento de la formación del gobierno andaluz, un asunto que ya huele en demasía. Salvando las diferencias, que son muchas, tal vez así empezó la escaramuza entre el rey Mariano y Esperanza, la (todavía) señora banal de Madrid.

La pregunta que me hago, así íntimamente, es si Susana tiene fuertes agarraderas de antiguos reyes destronados en su pugna sorda con el rey Pedro. ¿Sobre qué? Tal vez sobre lo que, en mi tiempos llamábamos política de alianzas. Si fuera así, estaríamos ante un problema de proporciones no irrelevantes. Porque de ahí arrancarían programas y programas de gobierno, y de dicha política de alianzas tendrían tanto Pedro como Susana algo que les preocupa sobremanera: la imagen, la estética.  


2.—  Pedro y Pablo han cenado juntos. Se vieron con más sigilo que el debido y hasta la presente sólo sabemos cuatro quisicosas que contrastan con la importancia de los acontecimientos cotidianos que estamos viviendo.

Sabemos por Pablo que Pedro cenó tortilla a la francesa y que él mismo, Pablo, cenó pescado. Y que ambos compartieron unitariamente una ensalada. Sin embargo, tan esquemática información nos deja en el aire dos cosas: ni siquiera se nos dice si el pescado era al horno o frito; tampoco si hubo agua y vino, o sólo agua o sólo vino. No empezamos adecuadamente. Pues bien, en la intimidad de este diario personal saco dos conclusiones tal vez apresuradas. Una: Pedro jugó en su terreno, en el del sigilo; Pablo lo hizo en terreno contrario de lo que ha afirmado hasta esa cena, a saber, luz y taquígrafos para todo.

De donde colijo que se está operando en Podemos –al menos en Pablo--  un movimiento hacia la vieja normalidad, al sigilo, a la agenda reservada. Se trata de un movimiento al que todavía no se le ha prestado la atención debida: la palabra «casta» lleva algunas semanas archivada en la alacena de Pablo. Y las decisiones que se toman ya no alcanzan el baño democrático prometido sino el viejo realismo de la denostada vieja política.

Querido diario: me viene a la memoria los primeros andares de los Verdes alemanes. Baño democrático cuando no iban al barbero; cuando empezaron a tocar pelo –o vieron las posibilidades ciertas de ello--  la nave verde puso rumbo al puerto de la criticada normalidad. Y a  Joschka Fischer lo hicimos ministro.



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