sábado, 6 de junio de 2015

El PP, foco de inestabilidad

Homenaje a Josep M. Rovira-Brull, autor de ese cuadro: Mataró, 1º de Mayo de 1976


«Donde no hay harina todo es mohína», señala el viejo refrán campesino. Un dicho que, en todo caso, se ha quedado corto en el estado de ánimo de los dirigentes, a todos los niveles, del Partido Popular. Se diría que, más bien, lo que hay es un estado de furia incontinente hacia quienes se disponen, con todas las de la ley, a desalojarle del uso que han hecho del poder político y de su conchabeo con el negocio de la pringue.

El Partido Popular ha perdido la oportunidad de hacer un gesto de impostada afectación calderoniana. Por ejemplo, decir que «el caer no ha de quitar la gloria de haber subido». Lo que hubiera sido un agradecimiento a sus votantes de tiempos pasados y el reconocimiento de su derrota. ¿Derrota? Cierto, y en buena lid. No ignoramos que ha sido el primer partido en las recientes elecciones, pero –como quiera que se juzgaban sus políticas--  entendemos que la mayoría de los ciudadanos, aunque en diversas formaciones y coaliciones, ha censurado sin paliativos todo aquello que ha tocado el Partido Popular. En concreto, las amistades de este partido son claramente inferiores a sus detractores. Por otra parte, quienes esperaban dentro de sus filas una exculpación del gravísimo problema de la corrupción se han quedado a dos velas. El reproche social también les ha enviado a la oposición. De ahí que ni siquiera puedan acogerse al elegante verso de don Pedro Calderón de la Barca.

Cosas veremos en adelante. Sobre todo cuando se produzcan los desalojos de los llamados populares, cuando vean realmente que los bastones de mando pasan de unas a otras manos. Entonces, la «mohína» llegará al paroxismo: de un lado, se procederá a una zahúrda interna de proporciones caballunas; de otro lado, provocarán un proceso de bronca contra los nuevos inquilinos. Lo que hemos visto hasta ahora no es más que un aperitivo de lo que puede suceder.

Bronca interna, porque si bien Mariano es el principal responsable de esta derrota anunciada, nadie querrá asumir su parte de responsabilidad local y autonómica. Bronca hacia fuera porque, como aquella Marta Ferrusola, han asumido hasta las entretelas que les han robado la cartera, quiero decir, el sillón. Y comoquiera que no parece haber recambio en la cúspide –no vemos que hasta la presente alguien presente maneras--  no parece que todo ello tenga buena cara. Así pues, cabe la hipótesis de que se abra un proceso de inestabilidad en el país.


¿Cómo afrontar esta situación? Ciertamente, doctores tienen las respectivas iglesias municipales y autonómicas. Pero, no está de más recordar algunas cosas que, a buen seguro, están en la mente de los nuevos inquilinos de las instituciones: a) fortalezcan el vínculo con los ciudadanos, b) ganen más consenso de masas, porque lo conseguido es todavía claramente insuficiente. Dos consejos que se traducen en 1) limpiar la pocilga, 2) afrontar las patologías sociales, y 3) hacer del territorio un lugar donde vivir mejor.   

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