sábado, 25 de abril de 2015

¿Explotará el Partido popular? Y una pizca de Ciudadanos




Algunos analistas vienen insistiendo en que parece probable que el Partido Popular, al igual que la fenecida Unión del Centro Democrático, acabe implosionando. Los motivos que aducen son: de un lado, las luchas intestinas que se desarrollan en ciertos grupos dirigentes y, de otro lado, la tendencia a perder en las próximas elecciones una parte considerable del apoyo de la ciudadanía.  O, mejor dicho: al revés. Entiendo que ésta es una hipótesis un tanto precipitada. De entrada, la similitud entre ambos partidos es solamente aparente. Por una parte, digámoslo castizamente: la Ucd no era un partido, sino una partida; de otra parte, la coyuntura es muy diferente.

UCD era un conjunto de retales que no acaban de configurar un traje. Fue una organización montada de prisa y corriendo desde los despachos de los gobernadores civiles por aquellos personajes políticos que Santiago Carrillo llamó evolucionistas, que de manera gradual fueron desprendiéndose del ropaje franquista. A las primeras de cambio, a pesar de haber ganado dos elecciones generales, la UCD de Adolfo Suárez entró abruptamente en barrena. Tras la apabullante victoria electoral del PSOE del otoño de 1982 el terreno ucedista se convierte en territorio Fraga.

Alianza Popular y después el Partido Popular van convirtiéndose gradualmente en alternativa de gobierno. Mucho le costó a Fraga, ciertamente. Pero la diferencia con relación a UCD fue consolidándse. Y, mutatis mutandi, el PP construyó una potente red  desde abajo mediante estructuras sólidas en las más importantes ciudades españolas. En ese sentido, la derecha submergida fue decisiva tras disfrazarse de noviembre para infundir menos sospechas. Los nuevos aires de la economía y del patrón neoliberal empujaban en la dirección de dar sostén al Partido Popular. En definitiva, se va conformando como un partido de masas mientras que la extinta UCD era un partido de personalidades.

Ciertamente, las cosas han cambiado no poco, y probablemente cambiarán mucho más en adelante. Pero ello no comporta que necesariamente se produzca la implosión que algunos dan por sentado, incluso si todo el proceso electoral de los próximos meses le es más adverso que lo que ellos mismos esperan. Por lo demás, el PP estará en puertas de la implosión –o de la explosión--  cuando no sea útil a los grandes capitales. De momento, pues, éstos le darán respaldo; eso sí, repartido con la nueva formación en auge, Ciudadanos.

Séame permitido indiciar una hipótesis que, por supuesto, está sujeta a revisión: Ciudadanos traerá muchos dolores de cabeza. Intentará que las capas medias, dañadas por las políticas de esa llamada austeridad, se desapeguen del resto de la ciudadanía que las ha combatido y procurará que vuelvan al redil de la sumisión a los grandes capitales. Será en ese terreno donde el partido de Albert Rivera vuelque sus esfuerzos lo que le llevará a una confrontación permanente con el Partido Popular por la hegemonía de las capas medias. Y simultáneamente se confrontará con las izquierdas con políticas tecnocráticas que tendrán mayor o menor virulencia en función de las nuevas relaciones de fuerza, dentro y fuera de las instituciones.   

Ahora bien, entiendo que el futuro de la derecha tiene mucho más interés que el futuro del PP e, incluso, de Ciudadanos. Pero hablar de este asunto todavía es precipitado.  Y si hablamos de vidas paralelas,  ¿qué harán las izquierdas ante esas novedades? Ustedes dispensen que les deje con la miel entre los labios: la luz del entendimiento –ya lo dijo García Lorca--  me hace ser muy comedido.



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