sábado, 30 de noviembre de 2013

MARX, KEYNES, FRIEDMAN, SCHUMACHER Y ENRIC OLTRA

Metiendo bulla ha puesto negro sobre blanca un interesante debate imaginario entre Marx, Keynes, Friedman y Fritz Schumacher, entrevistados por la mandamás aparente del Fondo Monetario Internacional en el Wolrd Economic Forum de Davos. He aquí la versión castellana.

Christine Lagarde: Karl, ¿cómo ves la situación actual?

KARL MARX: La clase capitalista que se ha reunido aquí, en Davos, ha estado los últimos días devanándose la sesera sobre los problemas del desempleo y la demanda de sus propios productos. Sin embargo, no parece que sea capaz de reconocer que ello es inevitable en una economía globalizada. Es una tendencia hacia la sobreinversión, la sobreproducción y la caída de la tasa de ganancia que, como siempre, los empresarios han intentado contrarrestar recortando los salarios y la creación de un ejército de reserva [desempleo, nota del traductor]. Eso explica por qué hay más de 200 millones de parados en todo el mundo y la cada vez mayor tendencia hacia la desigualdad. Es posible que en 2013 sea mejor que el año pasado pero será un breve respiro.

Lagarde: Este es un análisis  catastrofista, Karl. Los salarios han creciendo muy rápido en algunos partes del mundo, como en China. Pero estoy de acuerdo que la desigualdad es una amenaza. Las investigaciones del FMI muestran que la desigualdad lleva parejo la inestabilidad económica…

Marx. Es cierto que las economías emergentes están creciendo rápidamente, pero con el tiempo también se verán afectadas por las mismas fuerzas.

Lagarde: Maynard, ¿crees que las cosas están tan mal como dice Karl?

John Maynard Keynes: No, no lo creo, Christine, Pienso que el problema es grave, pero puede resolverse. La última vez que tuvimos que afrontar una crisis de esta dimensión respondimos con una agresiva flexibilización de la política monetaria (reduciendo los tipos de interés a corto y largo plazo) y con el uso de trabajos públicos para estimular la demanda agregada. En los Estados Unidos, mi amigo, el presidente Franklin Roosvelt puso en marcha normativas que permitieron que los trabajadores se organizaran.  Tras la Segunda guerra mundial creó el FMI con el fin de rebajar los desequilibrios de la balanza de pagos y controlar los movimientos de capitales.  Todas estas acciones son inolvidables. El equilibrio entre la política fiscal y la monetaria es erróneo, las guerras por los tipos de cambio han ido creciendo, el sector financiero sigue sin reformar y la demanda agregada es débil porque los trabajadores no están recibiendo una parte suficiente de los beneficios de la productividad. La teoría económica está bloqueada en el pasada; es como si la física no hubiera avanzado tras Kepler.

Lagarde: Me parece entender, Maynard, que no apruebas la manera de gestionar la economía en el Reino Unido por parte de George Osborne.


Keynes: Su sentido de la responsabilidad está de vacaciones. La Gran Bretaña tiene un problema de crecimiento, pero no un problema de déficit.

Lagarde: ¿Intentas decir, Milton, que no estás de acuerdo con todo lo que ha dicho Maynard? Presumo que podrías sostener que es mejor que la enfermedad siga su curso.

Milton Friedman: Algunos de mis amigos de la escuela austriaca de la teoría económica serían favorables a no hacer nada con la esperanza de un reequilibrio del sistema. Pero este no es mi planteamiento. A diferencia de Maynard, yo no apoyo medidas que aumenten el poder contractual de los sindicatos, ni tampoco he sido nunca un apasionado de las obras públicas como respuesta a una crisis. Ahora bien, estoy de acuerdo lo que Ben Bernanke ha hecho con su política monetaria en los Estados Unidos y sostendría acciones todavía más drásticas si fuera necesario.  

Lagarde: ¿Por ejemplo?

Friedman: Bien, pienso que la política monetaria debe estar orientada a un objetivo: el producto interior bruto nominal; es decir, el incremento de las dimensiones de la economía no ajustado a la inflación.  Si su crecimiento es demasiado alto, los bancos centrales deberían poner en marcha políticas restrictivas. Si es demasiado baja, la tendencia que vemos, tras la irrupción de la crisis, deberían aflojarlas. En casos extremos, me gustaría favorecer políticas  que desdibujen los límites entre la política monetaria y fiscal.  Es lo que entiendo cuando hablo de lanzar dinero desde el helicóptero en la economía.  

Lagarde: Fritz, estás ahí escuchando pacientemente a Karl, Maynard y Milton. ¿Cómo valoras el estado del mundo?

Fritz Schumacher: Me molesta profundamente el modo de debatir que se ha puesto encima de la mesa. Hay una obsesión por el crecimiento a cualquier precio, independientemente de los costes ambientales. El cambio climático no ha sido mencionado en Davos después de un año de extremos acontecimientos meteorológicos. Es espantoso que se haya puesto tan escasa atención al calentamiento global y a las criminales negligencias de los gobiernos que no han aprovechado los tipos de interés extremadamente bajos para investigar en tecnologías verdes. En ese sentido es alarmante que nadie, desde arriba, haya tenido en cuenta las observaciones de don Lluis Casas y de Enric Oltra que han señalado que, en el pasado, las recesiones pusieran fuera de la agenda política las cuestiones ambientales.

Cuando las cosas van bien, los políticos dicen estar a favor del desarrollo sostenible, pero los esfuerzos se olvidan cuando el desempleo  volvió a crecer. Cuando se volvió a la normalidad se pusieron en marcha más autopistas, ampliaciones de los aeropuertos y recortes fiscales para estimular el consumo. Los científicos advierten que las temperaturas globales aumentarán en varios grados por encima de los niveles preindustriales, si no cambian las políticas. Esta es una economía de manicomio, como ha señalado repetidamente en Metiendo bulla  nuestro amigo Lluis Casas.

Lagarde: Maynard, ¿qué respondes?

Keynes: Estoy de acuerdo con Fritz y Lluis Casas. Si hoy tuviera que aconsejar a Roosvelt apostaría por un New Deal verde. Me es difícil imaginar un mundo sin crecimiento, algo que es políticamente inaceptable, en todo caso,  para los países en vía de desarrollo. Pero Fritz tiene razón. Tenemos necesidad de un crecimiento más inteligente y más limpio. Como tú misma dijiste la semana pasada, Christine, si continuamos así la próxima generación será «asada, tostada frita en la parrilla».

Schumacher: Yo no lo diría mejor.



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