viernes, 1 de febrero de 2013

UNA COALICIÓN DE IZQUIERDAS PARA EUROPA 2014



 

Precisamente ante el desafío de las elecciones europeas de 2014, Gaspar Llamazares ha propuesto que diversas familias políticas de la izquierda concurran a tales comicios con una candidatura unitaria. No sólo me parece oportuna la propuesta sino especialmente necesaria. Es, sin duda, una operación muy complicada, pero hay tiempo para pensarla con detenimiento y --¿habrá que decirlo?--  con responsabilidad.

 

En principio digamos que la unidad no es un fetiche, pero sí es una potente palanca. Y, más todavía, es un instrumento que, sabiamente gobernado, concita por lo general amplias adhesiones en las diversas almas de las izquierdas.  Me atrevo a decir que, hoy también, concitaría el interés y el afloramiento a la superficie de la izquierda submergida: ese enorme sector de personas que se han alejado del quehacer de la política partidaria, aunque participan –en muchas ocasiones de manera activa--  de la presión social. 

 

Me permito este aparente rodeo para, a continuación, retomar el rábano. Cada componente de la izquierda proclama con una mano la necesidad de la unidad y con la otra hace justamente lo contrario. Por no hablar de quienes tienen como lema mors tua vita mea. Esta es, dicho sin disimulo, una terrible doblez de la izquierda. De un lado, la propuesta unitaria; de otro la feroz competencia en la toponomástica política. La conclusión, empíricamente demostrable, es que cada cual gestiona su genio de purasangre con el galope de un percherón. En resumidas cuentas, las diversas izquierdas si permanecen a la defensiva, en lo atinente a una colación unitaria para el 2014, olvidarían la hipótesis de que sólo se avanza estando a la ofensiva.

 

Voces bien informadas dicen que Baltasar Garzón podría encabezar la candidatura, y es impepinable que muchos apoyaríamos que así fuera. Por supuesto, lo primero es lo primero: el programa. Que estimo que se esta haciendo parcialmente en la calle con la presión sostenida de los últimos tiempos; que podrá ir perfilándose mejor en asambleas participativas, en una nueva relación entre las fuerzas de la ciudad del trabajo y de los saberes. En el bien entendido que un programa no es un conjunto de remiendos.

 

No trato de echar las campanas al vuelo, pero entiendo que la candidatura de Baltasar Garzón concitaría muchas adhesiones, tal vez la más amplia que esta izquierda haya tenido en España en las europeas. Pero esto deberían entenderlo –o, por lo menos, intuirlo--  los dirigentes de los partidos percherones, si es que quieren convertirse en purasangres. Así pues, no es un problema de generosidad lo que se les pide; es claridad política y altura de miras lo que se les exige.        

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