jueves, 14 de febrero de 2013

YA NO ES POSIBLE ESTA IMPUNIDAD PORQUE ...


Nota editorial. Homenaje a Manolo López, abogado laboralista.


La crisis de proyecto del Partido popular parece que está afectando incluso a sus servicios de comunicación. La cosa alcanza proporciones grotescas en el caso del barcenazgo. Aquí se ha dado toda una serie de informaciones erráticas para justificar que el ex tesorero: primero, seguía cobrando del partido, y, segundo que la organización le venía pagando la Seguridad Social hasta hace cuatro días. Pero ya lo dice el refrán: se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.

Muchos fuimos los que, con algunos quinquenios a nuestras espaldas de acción sindical, sabíamos que «ninguna empresa puede pagar a la Seguridad Social por una persona a la que ha dado de baja porque es un fraude de ley», como parece haber descubierto El País en su edición de hoy. Y como a este diario le han dicho sesudos expertos en derecho laboral. No hacía falta tal reclamo a los jurisconsultos, hubiera bastado que el periódico hubiera hablado con su comité de empresa. Ahora bien, lo que no tiene nombre es que los dirigentes de dicho partido pensaran que «esa bola» podía pasar o tragarse por los centenares de miles de delegados sindicales, estudiantes de Relaciones Laborales y iuslaboralistas de nuestro país. Así las cosas el Servicio de Infundios Varios (SIV) del Partido popular, intentando salvar parte de los muebles del barcenazgo, hunde todavía más en la miseria al grupo dirigente que preside Mariano Rajoy.

Pero todo ello, con ser relevante, no le llega a la suela de los zapatos a algo que parece – no lo afirmo, sino que lo indicio--  ser una novedad a la que estaban acostumbrados los príncipes de la política. Me refiero a la impunidad. Es tal la mugre que está saliendo de esa olla podrida (en buena medida provinente de los diversos sectores en pugna del Partido popular) que ya no parece probable que no tenga algunas consecuencias: de la ciudadanía con relación a la política y en el interior de los círculos concéntricos de ésta. Lo que, obviamente, vale también para el conjunto de los casos de corrupción.

Ya no es posible la impunidad, al menos tal como la hemos conocido hasta ahora. Cierto, estaremos atentos porque puede que se disfrace de otras maneras. En todo caso, digamos con cautela que la impunidad ya no está garantizada hogaño. Tres elementos me inducen a pensar de ese modo: 1) la integridad de no pocos jueces, 2) el conflicto de Gallardón con los operadores jurídicos, y 3) las horas bajas del bipartidismo político en España. Que, aunque no son condiciones suficientes, lo son al menos necesarias para que en el Flandes de la impunidad se esté poniendo el Sol. 

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