La formazione della classe operaia in Cina
Los ensayos de la socióloga china Pun Ngai [en la foto] en “La società armoniosa, sfruttamento e
resistenza degli operai migranti” (a cargo de Ferruccio Gambino y Devi
Sacchetto, con traducción de Stefano Visentin, Edizioni Jaca Book) representan
un nítido ejemplo de saber comprometido [savoir
engagée], en la acepción que Pierre Bordieu dio a esta locución.
Pun Ngai, docente en la Hong
Kong University of Science and Technology, no es
“axiológicamente neutral” (da soprote a la ONG
SACOM , Scholars and Students Against Corporate Misbehavior) ni se auto recluye en el abstracto radicalismo
de campus, que criticaba Pierre Bordieu.
En la descripción de la condición de
los trabajadores y las trabajadoras migrantes en China –hecha desde
perspectivas y ángulos incluso muy diferentes: ya sea el campo en vía de
despoblación, ya sean las grandes fábricas-dormitorio o el sistema de
subcontrataciones en la construcción--
la claridad de los textos es el punto de llegada de una arquitectura
conceptual y analítica bien argumentado y desde una opción militante. Biografías y cambios estructurales,
trayectorias individuales y transformaciones de clase encuentran su síntesis
subrayando los sufrimientos físicos y mentales que, en los trabajadores y
trabajadoras, produce el proceso que, en los últimos veinte años, ha ido
transformando la China
en la “fábrica del mundo”.
Pun Ngai usa principalmente (aunque no sólo) instrumentos de
investigación de tipo etnográfico. Lo que le permite sacar a la superficie el
lado oculto del milagro chino: el sentido de auto-destrucción y la muerte como
acto corpóreo de resistencia en el caso de los suicidios (24 entre primeros de
2010 y finales de 2011) que ocurrieron en la Fosconn , la empresa taiwanesa con numerosas sedes
en China, que produce el 50 por ciento de los productos de eléctrónica del
mundo mediante una organización del trabajo jerarquizada y una división del
trabajo muy rígida (de sus fábricas salen más de 90 IPhones por minuto); los cuerpos exhaustos de los obreros y las
obreras expuestos a ritmos de trabajo insostenibles; las fracturas en la vida
social de los trabajadores y trabajadoras migrantes: «no existe futuro como
trabajador en la ciudad, pero no tiene sentido volver a la aldea» (1).
Y, sin embargo, nada está
cristalizado en los textos de este libro. En sus diferentes capítulos no se
llega a comprender el carácter móvil y ambivalente de la frenética transición
que ha activado la apertura china al capitalismo. La movilidad es un fenómeno
intrínseco al régimen de producción que se ha instaurado, dado que la
velocísima rotación de los trabajadores migrantes está en función de la
maximización de la explotación de la mano de obra provinente de las regiones
del interior.
Reconociendo explícitamente
un tributo a las lecciones de E. P. Thompson
y a su obra fundamental, The Making of the English Working
Class, Pun Ngai rehuye toda posible
lectura esencialista de la nueva clase obrera en formación. La clase no es una
“cosa”, sino un sujeto colectivo que se forma en un proceso histórico en la
intersección entre opciones individuales (la autora lo evoca con la expresión
“proletarización autodirigida”, refiriéndose al deseo de los jóvenes de emigrar
a la ciudad) y vínculos de carácter material (regímenes de producción,
condiciones de trabajo y formas de la cotidianeidad).
A la hora de analizar el
proceso de formación de la nueva clase obrera china se focaliza la atención
hacia uno de los fenómenos socio-demográficos globales más importantes de las
dos últimas décadas: la migración interna de cerca de 200 millones de personas
que, a partir de los años noventa, abandonaron el campo y se fueron a las
ciudades costeras de China para ser trabajadores asalariados. Entre 16 y 17
millones de estos migrantes trabajan en las empresas de capital extranjero; son
las que consiguen los más altos beneficios y las que tienen las condiciones de
trabajo más duras. La autora subraya el carácter espúreo del proceso de
proletarización en curso. Un proceso definido como “incompleto” ora por el
papel ejercido por el sistema de residencia del hukou (que, impidiendo a los trabajadores migrantes conseguir la
residencia legal en la ciudad, le priva de la posibilidad de alcanzar el status propio de los trabajadores
urbanos), ora por el vaciamiento y despolitización del concepto de clase,
fomentado sistemáticamente por la leadership
china (la China
armoniosa de Hu
Jintao). Es un auténtico “proyecto
hegemónico”, con el objetivo de remoción de las condiciones materiales de vida
y trabajo, apoyado por el saber académico y particularmente por la “sociología
pública”. Esta última, como señala el capítulo primero, ha colocado las señales
del surgimiento del conflicto social dentro del anodino perímetro lexicográfico
de las diferencias de “capa” y de las “desigualdades”.
En el texto no faltan las referencias a la difusión de
conflictos desencadenados de luchas por intereses concretos e insurgencias localizadas.
Por lo general se trata de explosiones repentinas de rabia y descontento
causadas por unas insoportables condiciones de trabajo y de vida. Se citan
formas embrionarias de “micropolítica de base” y de “activismo celular”,
alimentadas por la percepción que los migrantes tienen de su propia identidad
dividida (ni campesinos, ni trabajadores urbanos). El mismo régimen segregante de las
fábricas-dormitorio, forma peculiar de “producción del espacio de la producción”,
de remodelación de las disposiciones del espacio para favorecer la expansión
capitalista, si por un lado apunta a aumentar las posibilidades de explotación
por parte de la empresa, por el otro lado crea las condiciones para la
transformación de los mismos dormitorios en espacios de conflicto, que permiten
una rápida difusión de las diversas formas de resistencia localmente.
Estas formas de resistencia se enfrentan, sin embargo, a un enorme bloque
de poder. La alianza entre administraciones locales y el capital nunca ha sido
tan fuerte: léanse las páginas que se refieren al modo con que las autoridades
locales compiten entre ellos para ofrecer condiciones más ventajosas para las
empresas. Las reformas económicas no han
institucionalizado –tal como pretendía la lectura irénica del proceso de
transformación en curso-- la protección
legal de los trabajadores: la reciente innovación legislativa sobre los
árbitros y contratos de trabajo apenas si se aplican en los centros de trabajo. El gasto para el welfare y los consumos
colectivos (vivienda, sanidad, escuela)
es prácticamente nulo. Los sindicatos están compinchados con las empresas.
Más allá de los indicados en el libro, no faltan factores de
contexto que podrían favorecer un protagonismo de nuevo tipo de la clase obrera
en formación. ¿Los cambios demográficos
(con efectos de largo periodo de la política de hijo único) y las dinámicas de
desarrollo de las áreas internas podrían determinar una carencia de mano de
obra en las regiones del acelerado desarrollo capitalista chino, es decir, en
las costeras? Ante la imposibilidad de
responder, hoy, a este interrogante y a otros tantos que la lectura del libro
contribuye a aflorar, hay que felicitarse de que esta colección de ensayos dé
nuevo vigor, incluso en nuestro contexto, a la discusión sobre las
transformaciones materiales del trabajo. Una discusión demasiado cargada de
retórica desencantada y totalitaria –otro “proyecto hegemónico”-- de las “reformas” y las “opciones obligadas”.
[Que son moneda corriente en los gobernantes europeos de estos tiempos,
llámense Rajoy, Monti. N. del T.]
Para el caso europeo, véase Metiendo
bulla: LOS SUICIDIOS EN EL CENTRO DE TRABAJO. El ...
Traducción de JLLB
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