Javier Tébar
El pasado día 9 de octubre, en la
ciudad de Barcelona tuvieron lugar diferentes conferencias públicas: sobre la
crisis económica y sus efectos sociales, sobre la crisis social y sus efectos
económicos; sobre los emprendedores y su papel en la crisis social y económica,
sobre las corporaciones bancarias y su papel en la crisis, etcétera. Entre las
noticias de las agendas culturales de los diarios incluso ocuparon un espacio
algunas dedicadas a la historia, como por ejemplo una, de gran interés,
dedicada a las consecuencias durante la Edad Media de la peste en la población catalana.
Un balance rápido muestra que vivimos
en una ciudad dinámica, incluso “automática” -como diría el periodista y
escritor gallego Julio Camba-, totalmente “moderna” donde, por supuesto, de
forma definitiva no hay espacio más que para un permanente y continuo presente
que desbroza y tritura gran parte de las reflexiones sobre el pasado y la
historia. La crisis se ha convertido también, entre otras muchas cosas, en un
“presente continuo” que ocupa "todo" para pasar a ser
"nada", de manera casi inmediata. Y, así, volver a comenzar siguiendo
un movimiento similar al de los volantes de las antiguas prensas industriales,
un icono del pasado como muchos otros de la antigua “sociedad del trabajo”
ocultada hoy en una “sociedad sin trabajo”.
En medio de esa luz tan intensa de
conferencias de interés ciudadano previas al 12 de Octubre, también tuvo lugar
en Barcelona la del profesor Roger Griffin, de la Oxford Brookes
University, que visitó nuestra ciudad durante varios días. La conferencia
estuvo organizada por Segle
XX, revista catalana d’història, con el apoyo de la Fundació Nous Horitzons
y la Fundació
Cipriano García de CCOO de Catalunya. El profesor Griffin es
autor entre otros libros de Modernismo
y Fascismo. La sensación de comienzo bajo Mussolini y Hitler, cuya
traducción del inglés publicó Akal
el año 2010. Su libro más reciente es Terrorist’s
Creed. Fanatical violence and the human need for meaning, que ha aparecido
hace escasamente una semana en la editorial Palgrave Macmillan.
Roger Griffin reflexionó en su
conferencia sobre “Fascismo y terrorismo: ¿ideologías extremistas como fruto
envenenado de la Modernidad ?”
Explicó que su rechazo de visiones compartimentadas de los estudios históricos
sobre la edad contemporánea, por lo general dominantes, le han llevado a
proponer una aproximación a la historia del siglo XIX y XX a través de la lente
de la modernidad para analizar los fenómenos ideológicos y políticos de
carácter extremista. Ante un auditorio de un centenar de profesores y alumnos
de la Facultad
de Geografía e Historia de la
Universidad de Barcelona, donde tuvo lugar la conferencia,
Roger Griffin nos propuso su particular interpretación 'antropológica' de la
modernidad occidental.
Según este historiador británico el
fascismo histórico y el terrorismo son dos manifestaciones diferentes de la
misma búsqueda de “renacimiento”, “trascendencia”, de transformación histórica
y personal. Argumentó que la edad contemporánea engendra violencia redentora y
destrucción creativa a nivel colectivo e individual. De manera que con ello se
estimula la “duplicación heroica” a través de la conversión a “la causa”, a
cualquier causa redentora.
El fascismo durante el período de
entreguerras “quiso hacerse con el alma del hombre”. España no fue una
excepción en Europa, por cuanto el país estuvo salpicado por conflictos entre
proyectos utópicos redentores: socialistas, marxistas, anarquistas, católico
tradicionales, militar, monárquico, fascista y “parafacista”.
La democracia posfranquista estaría
amenazada por una forma híbrida de terrorismo que impele a intentar restaurar
el mítico “nomos” (cosmovisión del mundo) perdido en un nuevo contexto
histórico. La actual crisis económica y social del país es un tiempo para la
palingenesia (renacimiento) sin maniqueísmos y demonización.
Estas fueron algunas de las premisas y
conclusiones que planteó Roger Griffin. Tal vez, valga la pena detenerse un
momento a reflexionar sobre ellas y, de esta forma, retar al efecto del
presente como dictado, del que nos advirtió hace tantos años el desaparecido escritor
siciliano Leonardo Sciascia.

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