martes, 6 de marzo de 2012

¿CÓDIGO DE BUENAS PRÁCTICAS BANCARIAS?: Pollas en vinagre



Juan Antonio Ortega Díaz-Ambrona ha publicado un artículo en El País Contra las malas prácticas bancarias  donde nos dice: En realidad el actual malestar se vino anunciando en los últimos años. En efecto, las reclamaciones de clientes ante el Banco de España pasaron, de 7.449 en el año 2008, a 13.640 en 2009 y llegaron en 2010 a 14.760. En la CNMV las presentadas fueron 1.058 en 2008; 2.154 en 2009 y 2.296 en 2010. El crecimiento aconseja adoptar alguna medida en este campo.

Primera conclusión: las llamadas malas prácticas de la banca han crecido de manera espectacular precisamente en el transcurso de la terrible crisis económica que estamos sufriendo (unos mucho más que otros). La segunda conclusión: ¿se puede aceptar esa piadosa nomenclatura de “malas prácticas” o en verdad se trata de otra cosa? Pregunta retórica, por supuesto.

Pues bien, justamente cuando el volumen de denuncias es tan elevado –y en estos momentos de justificada alarma por la cosa de las preferentes--  la solución que idean desde los poderes públicos es el perifollo del Código de buenas prácticas. [En Granada, se diría que eso son pollas en vinagre] Ese código es un placebo dado su carácter voluntario. Que acabará siendo algo tan vaporoso como la llamada responsabilidad social de las empresas y otras ideaciones gaseosas con las que se disfrazan algunas instituciones para no infundir excesivas sospechas.

Las denuncias que arriba se han citado corresponden a centenares de miles de personas. Cosa obvia, se dirá. Pues bien, no se ha dicho todavía que ese gentío es el mercado. El mercado de las entidades financieras. Entonces, ¡oh paradoja!, los bancos engatusando primero y engañando a continuación a su mercado. Que sea un mercado invertebrado no anula su naturaleza.  Se trata del carácter bífido de esta economía.

Ah, se me olvidaba: delenda est Carthago. Perdón, quise decir: delenda est la reforma laboral.