viernes, 24 de febrero de 2012

MARX




La mayor parte de las creaciones del intelecto o de la fantasía desaparecen al cabo de un tiempo que puede variar entre una hora de sobremesa y una generación.  Sin embargo, para otros eso no es cierto. Atraviesan eclipses pero vuelven más tarde, no como elementos indistinguibles de una herencia cultural sino con su apariencia concreta y sus cicatrices personales perfectamente visibles y tangibles. Estas son los que podemos llamar grandes creaciones, y una ventaja de esta definición es el hecho de ligar la grandeza con la vitalidad. Tomada en este sentido, esta es indudablemente la palabra que se debe aplicar al mensaje de Marx. Definir la grandeza por sus nuevos resurgimientos tiene, sin embargo, una ventaja adicional: es independiente de nuestro amor u odio.   
No se trata de la opinión de un rojo peligroso, según podría pensar el opinante de mercadillo que tiene en la actualidad la cartera de Cultura, tampoco es “el enemigo” según el catalejo de cierto madero organizador de broncas extremistas en Valencia. Es, nada más y nada menos, Joseph A. Schumpeter. Aclaremos, tampoco lo escribió en tiempos de acné juvenil, sino con la templanza de un sesentón. Concretamente en el prólogo del primer tomo de su Capitalismo, socialismo y democracia que he vuelto a consultar para unas cosillas que no vienen al caso (1).  

Pues bien, tras la recomendación shumpeteriana sería de recibo esta sugerencia: lean a Marx quienes nunca lo han hecho y vuelvan a leerlo aquellos que lo hicieron cuando las nieves de antaño. En otras ocasiones, hemos recomendado –tanto don Lluis Casas como un servidor— bien las lecturas del Barbudo de Tréveris como las de algunos escritores que se han ocupado de su vida y obra. Por ejemplo, Jacques Attali (que no consta que repartiera octavillas en las puertas de la Renault) o de Francisco Fernández Buey, que sí repartió octavillas a mansalva. El primero un moderado, el segundo un rojo inquietante.

Ahora aprovechamos la nueva conjunción astral para comunicarles dos nuevos libros de enjundia. El primero se titula escuetamente “Marx”; su recopilador y autor de un sugestivo trabajo introductoria es el filósofo Jacobo Muñoz; el segundo es “La tradición del marxismo crítico”, cuyo autor es José Luís Monereo, catedrático de la Universidad de Granada, una persona de enciclopédicos saberes (2).

¿Debo esforzarme en convencer a mis amigos, conocidos y saludados a la obligación que tienen de leer? Y, aprovechando la ocasión ¿tengo que insistir en que tales conocencias deberían volver a Marx, quiero decir –por el momento— en la lectura de aquel famoso Barbudo?      


(1)                           He traducido este incípit de la publicación de dicho libro en su edición catalana (Edicions, 62 / Diputació de Barcelona. 1989)

(2)       Marx está editado por Tecnos; La tradición del marxismo crítico por Comares, la solvente editorial granadina.   






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2 comentarios:

Raül Aguilar dijo...

No hay duda que las relecturas de Marx estan de "moda". El año pasado el propio E. Hobsbawm publicó en la editorial Crítica Como cambiar el mundo. Libro que hace un repaso a las conferencias del Historiador sobre Marx y su pensamiento.
La verdad es que es interesante, pero no es el mejor libro para introducirse en el pensamiento de Marx. Veremos si esa función la cumplen mejor los libros que recomiendas.
En todo caso, nos parece muy bien que se vuelva a hablar de Marx, siempre que sirva para remarcar todo lo que su pensamiento ha aportado a la sociedad contemporanea y lo que aun puede aportar y no para atacarlo o poner en su boca cosas que nunca dijo, como por desgracia ha sido tan común.
Nunca olvidaré como, hace años, un profesor de filosofía de la UAB, no diré quien, intentó meternos en la cabeza a los estudiantes que el pensamiento de Marx era profundamente anti-humanista. Ese señor o no había entendido nada al leer a Marx o, realmente, tenía muy mala fe.

Pepe Luis López Bulla dijo...

Recomendé en su día el libro del maestro Hobsbwam. No veo por qué no pueda decirse quién es el profesor de filosofía que dijo tal memez a sabiendas o no. En todo caso, lo mejor es, como insinúas, leer al Barbudo directamente sin intermediarios.