viernes, 20 de enero de 2012

SOBRE LAS AGENCIAS DE RATING



Anoche comentábamos en casa con unas amistades la intervención de la policía judicial milanesa en las oficinas de la Standard and Poor´s. En un momento dado –una expresión tan cara a Johann Cruyff— alguien se preguntó las razones de por qué los Estados eran, con mucha frecuencia, clientes de esta u otras agencias de calificación. Lo mejor, agregó, nuestro amigo era que ningún gobierno pagara, porque ya es asaz chocante que se pague para que, encima, te joroben; y, castizamente a la catalana, afirmó que eso era algo así como cornut i pagar el beure cuya traducción a la lengua castellana es mucho más contundente: carnudo y apaleado.

Aquello había que aclararlo, de manera que fui a mi biblioteca y allí en el salón del ángulo oscuro veíase el arpa, digo el libro: el libro de Claude Bébéar Acabarán con el capitalismo”, que ya hemos referido en otras ocasiones. Se recuerda que Claude Bébéar no es un votante de Joan Coscubiela, ni consta que haya repartido octavillas nunca en la puerta de la fábrica: es el presidente director general de la compañía AXA, una multinacional de tomo y lomo.

Les aclaré lo siguiente. Fijaros lo que explica este caballero a la pregunta: “¿Qué pasa si una empresa no recurre a una agencia de rating?”. Bébéar responde, sabiendo de qué va el paño: “Las agencias la calificarán de todos modos”. “¿Aunque no les paguen?”, insiste el curioso preguntón. Responde el que sabe: “Sí, siempre y cuando se trate de una gran empresa que emite el papel en los mercados. La califican aunque no pague. Pero entonces lo harán basándose en las informaciones públicas, mientras que si paga, la agencia puede dar su versión a las agencias…” Así pues, la extorsión está servida. 

Hasta el mismo Pepe, el belicoso futbolista, podría darse cuenta de que las agencias de calificación están extorsionando a mansalva.  Fue entonces cuando uno de los presentes me pidió prestado el libro de Claude Bébéar. Ni hablar, le contesté: antes sale el frigorífico de esta casa. Te vas a la librería,  lo compras, y tras su lectura sabrás tanto como un servidor.