sábado 7 de enero de 2012

AQUEL DEBATE ABORTADO DE COMISIONES OBRERAS




Nota editorial. Hace ya días que dimos noticia de la pronta aparición del libro Conversaciones en Colomers. Reflexiones sobre sindicalismo y política durante la transición a la democracia en España. Ya dijimos que se trata de una discusión entre Carles Navales (qed), Isidor Boix y un servidor, animada por el profesor Javier Tébar. Dos cosas: antes de finales de mes estará ya circulando; esta es la última entrega que hacemos y, como siempre, tiene la intención de picar la curiosidad del público en general.   La conversación  arranca así:  

Javier Tébar Hurtado (JT). La propuesta del tema sobre el que discutir y reflexionar esta tarde tiene relación con el debate sindical y político que pudo producirse -aunque probablemente fue un debate inconcluso, por decirlo de alguna manera- en torno a los años de la transición política y el final del franquismo; el inicio de la transición política de la dictadura a la democracia en España. En este proceso histórico, los dos sujetos protagonistas, junto con otros, fundamentalmente fueron el Partido Comunista, el PSU de Catalunya y el movimiento obrero, un movimiento identificado durante aquellos de manera fundamental con las Comisiones Obreras. El debate al que me refiero, tuvo estos protagonistas como principales agentes, es decir, partido y movimiento obrero, o si se quiere partido y “sindicato”… En torno a la discusión que tendrá lugar entonces sobre la lucha por las libertades, el cambio político en el país, las formas de organización y de cómo hacer frente a una serie de problemas, aunque cada uno de vosotros, después, pueda hablar del periodo que va más allá o extenderse hacia atrás o hacia adelante en el tiempo. Pero para comenzar, fijemos un espacio temporal, digamos, el periodo entre el año 1973 y el año 1977, más o menos, cerrando el proceso que rememoraréis con la firma de los Pactos de la Moncloa; si os parece bien.
            Empezaríamos, pues, con una primera ronda de intervenciones de todos vosotros: qué recordáis, qué explicación personal ofrecéis sobre esta cuestión durante aquellos años. Es obvio, como bien se sabe, que el recuerdo es una interpretación de los “hechos” y no es una “realidad”… La memoria no funciona como si fuera una grabación de los acontecimientos, si no como una reconstrucción de ellos… Lo que os pido es un esfuerzo en el sentido de rememorar vuestra propia experiencia, más que una pretendida interpretación supuestamente histórica o política e ideológica sobre los acontecimientos que vivisteis y de los que fuisteis protagonistas. A partir de aquí, después, os puedo proponer reflexiones en torno a temas más concretos… Si os parece bien empieza Isidor…

Isidor Boix Lluch (IB). Muy bien…, para empezar diría que más que un debate inconcluso, como lo ha calificado Javier, aquel fue un debate abortado. Es decir, que no hubo realmente debate, que no hubo una disputa organizativa en la medida en que los apuntes de temas en discusión se resolvieron con medidas organizativas… Aquel era un debate en potencia importante, y lo era en la medida en que abordaba el problema de la transición: la “ruptura” o la “reforma” políticas. Palabras que todas ellas en sí mismo permiten, pues, simplificar las cosas y seguramente abordarlas más detalladamente, en profundidad.
            En aquel momento hubiera sido interesante discutir el tema que se planteaba en términos políticos. No hacerlo me parece que tuvo un coste… La falta de discusión y la propia tensión organizativa generadas fueron un coste. Me atrevería a decir, en una discusión hoy, a años vista, que de alguna manera había un debate soterrado o una discusión soterrada sobre la propia dirección del partido, la concepción de su estrategia y proyecto, sobre el futuro del partido, del PSU y del PCE, ya en la democracia… Y lo digo porque en la medida en que el comunismo español se vio afectado por cambios generacionales y por condicionantes históricos, estos se tradujeron en complicaciones de estructuras y otras cuestiones que probablemente eran inevitables. Aunque, y esto es lo que me interesa subrayar ahora, en aquel momento el debate en el seno del partido se situó en el tema del movimiento obrero. “Movimiento obrero” como expresión muy genérica, que significaba discutir cuál podía ser la configuración del sindicalismo en un futuro próximo.
            La palabra “sindicalismo” puede ser deductiva, puede representar ya la polarización sindicato-partido, por tanto, uno de los dos elementos en está en tensión con el otro, o los dos son tensionados por las circunstancias. En aquel momento no era tan sencilla esta discusión, ciertamente, porque el concepto de “movimiento sociopolítico” que definía las Comisiones, a decir verdad, poco definido, podría apuntar a una función distinta o que fuera más allá del estricto sindicalismo. Pero, en cualquier caso, yo creo que de lo que se trataba era del papel del movimiento sindical, del movimiento obrero en el final de la Dictadura.
            Uno de los elementos de esta discusión podía ser lo que se tradujo en algún momento como una propuesta de realización de un congreso sindical constituyente antes o después del final de la dictadura franquista. Este era un elemento implícito importante presente en la dirección del PCE más, tal vez, que en la del PSU…. Opino que aquí, sobre esta cuestión, quien decidió el ritmo e incluso las medidas organizativas no fue tanto el PSU, creo que fue el PCE. Incluso con la expresión de aquellas obsesiones sobre posibles conspiraciones internas, etcétera… Y que en un momento determinado Santiago Carrillo decidió cortar por lo sano, o dicho de otra forma, decidió no iniciar el debate sobre el asunto planteado en aquellos momentos respecto a la definición del movimiento obrero, a la relación entre partido y sindicato. Pero, en cualquier caso, congreso sindical constituyente antes o después de la caída de la dictadura era una formulación que surgió en alguna discusión tanto del partido como del movimiento de las Comisiones. Me parece que, en realidad, no se exteriorizó demasiado en este sentido y que suponía, al mismo tiempo, la discusión latente sobre las posibilidades reales que se abrían ante el final del franquismo.
            Asimismo, considero que la ilusión de que el final de la dictadura supondría la apertura de un proceso revolucionario a partir del cual se impondría una democracia avanzada en España que iría mucho más allá de las libertades democráticas, de las libertades formales, estaba implícito también en esta discusión. Y, por tanto, el papel del movimiento obrero en este proceso era importante.
            Planteado en esos términos, la discusión significaba preguntarse si el movimiento obrero en este periodo podía tener un protagonismo tal que fuera el que acelerara la “ruptura” con el régimen dictatorial; esta sería de alguna manera la posición que podían haber representado mis planteamientos, compartidos por otros núcleos del partido, pero compartidos no a través de la discusión colectiva, porque no hubo estructuras en las que esto pudiera ser posible discutirlo. Lo que sí hubo fueron situaciones similares en diferentes territorios, especialmente de Cataluña, pero no solamente de Cataluña… Si se quiere existieron incluso referentes a los que apelaba esta concepción rupturista a través del movimiento obrero: el Baix Llobregat en un momento determinado pasó a serlo, la experiencia anterior de Pamplona en torno a Motor Ibérica, los momentos puntuales de El Ferrol, Vigo, Granada, algunas huelgas de Madrid…


CN. Laminaciones de Bandas, durante los sesenta, también marcó mucho…


IB. Sí, también. Es decir, se expresaron momentos determinados que expresaron una capacidad del movimiento obrero muy fuerte y que ponían en crisis la Dictadura… Y, por tanto, que en sí mismo, aquellos momentos y experiencias, podían ser un elemento determinante, aunque no el único de cara a acelerar la crisis del Régimen. Claro, esto iba ligado en teoría a la propia política del partido respecto de la “Huelga nacional” vinculada a “Huelga general política”…. Una “Huelga general política” protagonizada por la clase obrera, y una “Huelga nacional” como movimiento de “revolución” más o menos pacífica, pero en definitiva de toma del poder democrático, de movimiento de masas a partir de formas unitarias, etcétera. Por tanto, aquí había un problema planteado: la relación entre partido, clase obrera, movimiento sindical, población, formas de coordinación democrática –entiéndase, Assemblea de Catalunya- y lo que todo ello significaba. Todos estos podían ser elementos de discusión evidentes en aquellos años.
            Visto desde hoy, por supuesto, me gustaría y creo que tendremos ocasión, de reflexionar sobre si aquello que unos cuantos defendíamos pudo representar, para hablar en términos comunistas históricos, una “desviación de izquierdas”, un “aventurerismo” en potencia. Confieso que podía haber elementos de este tipo, es decir, cuando decidimos aquel tipo de propuestas... Aunque, por otro lado, yo apoyé el planteamiento de Santiago Carrillo en relación con la bandera y con el reconocimiento de la Monarquía… Por tanto, con ello se produce un salto al considerar lo que en aquel momento aquello que formuló el secretario general significó de apuesta por la reforma clarísimamente. Y, en cambio, yo mismo, y otros tantos, partíamos de unos planteamientos que podían indicar una voluntad de ruptura y de posible “aventurerismo”, como fue calificado entonces. Esto me parece que podría ser una parte del esquema de discusión que hoy tenemos aquí.
            Otra parte del esquema sería la repercusión de todo ello en la configuración del movimiento obrero y del sindicalismo. Hay para esto un cliché, por llamarlo de alguna forma, que se expresaría en el artículo de Treball titulado “Comisiones Obreras, sí”, y la respuesta que le dimos a esta declaración Manual Pujadas y yo mismo en la prensa que no era del partido. Digo todo esto porque la respuesta que dimos estaba vinculada al librito que meses antes habíamos redactado Pujadas y yo mismo. El caso es que dimos respuesta al artículo de Treball en la revista Mundo, titulándola “Sindicato unitario, sí”, y diciendo, con una nota breve, que como no podíamos contestar en Treball porque no era posible, pues respondíamos publicándolo en un semanario vinculado a una empresa de información. Con esta referencia pretendo recalcar que entonces estábamos en un momento en que desde la prensa legal se podía más o menos polemizar con la prensa clandestina, y eso, no se puede negar, tenía su importancia en aquel momento. Pero también quiero señalar que el mismo número de la revista Mundo que publicaba esta respuesta ponía en su portada una expresión para presentar la noticia: “Pugna en el movimiento obrero”; de manera que la presentaba como la expresión de una pelea explícita, formal, de forma organizada por la dirección del movimiento obrero. Detalle que no puede dejarse de lado, tampoco.
            Personalmente, este planteamiento de pelea creo que era también una deformación de lo que esta sucediendo…. Aunque tampoco era tan erróneo en el fondo porque aunque se me atribuía en un momento determinado una frase, aquella según la cual yo habría planteado que a la dirección del partido, a la mayoría de la dirección, había que ponerlos en una vitrina y reconocerles los servicios prestados –y como dicen los italianos: E se non è vero, è ben trovato!… Pero aquello simplemente no era verdad, no era verdad que yo planteara nunca aquella idea. Sin embargo, el afirmar que yo la había lanzado podía tener una traducción en el movimiento sindical en el sentido que se hablaba de “liquidacionismo de Comisiones Obreras”, entendiendo por tal al mismo tiempo la destrucción de la estructura de Comisiones Obreras. Debo decir que esto era de nuevo una deformación de los planteamientos que defendimos algunos. Aunque, pudiera, en cierto modo, recoger elementos reales de la propuesta, por cuanto el ir a un proceso de congreso sindical constituyente en los años 1975, antes de la muerte del dictador Franco, y 1976, implícitamente significaba prefigurar una dirección del proceso de constitución del sindicalismo unitario que se hubiera configurado a partir de los “viejo” y de lo “nuevo”. Una dirección que no hubiera sido, casi seguro, la estructura de Comisiones Obreras stricto sensu, es decir, del su grupo dirigente y de los órganos de las Comisiones Obreras de aquel momento. Sin duda, aquella dirección unitaria hubiera tenido una parte de estas Comisiones Obreras, pero, al mismo tiempo, habrían surgido, como de hecho estaban surgiendo, nuevos dirigentes sindicales que se incorporarían a ella. Una parte de estos nuevos dirigentes sí estuvieron luego en la propia dirección de Comisiones Obreras, pero es más que probable que, tras el proceso unitario, de haberse producido, su configuración no hubiera sido la misma que finalmente fue, ni, y esto es evidente, tampoco hubiera sido el mismo el tipo de relación partido-sindicato que terminó consolidándose. 
            Todo esto, por otro lado, conecta también a las discusiones, por ejemplo, en el seno del Comité Central del PCE sobre la “unidad sindical”. Hubo una reunión clandestina del Comité Central, todavía en Francia, quiere decirse, entre el año 1974 y el siguiente. Sí, fue entre finales de 1974 y principios de 1975, porque fue antes de mi separación de los órganos de dirección del PSUC que se produjeron a partir de marzo de 1975. Pues bien, es esta reunión del Comité Central de PCE, en la que creo que estaba alguno de los que estamos aquí presentes, surgió una frase que ya apuntaba elementos sobre el tipo de relaciones Comisiones Obreras-Unión General de Trabajadores que debían establecerse; no sé si en esos términos exactamente, pero implícitamente hacían referencia e ello. Recuerdo haber conseguido, para vender mi voto positivo en el pleno, que aquella formulación se cambiaría negociando con Ignacio Gallego y Santiago Carrillo… Me explico: yo había dicho que me abstendría para aquel punto de discusión en la reunión y finalmente se cambió la frase diluyendo el concepto inicialmente formulado. Porque si se hablaba en aquella época de Comisiones Obreras (CCOO) y la “Unión General de Trabajadores” (UGT) o estructuras sindicales próximas al PSOE -no recuerdo yo exactamente la frase tal como estaba formulada- de alguna manera se estaba apuntando hacia la idea según la cual se aceptaba la existencia de un sindicato comunista y de un sindicato socialista. Esta era de alguna manera la discusión en ese pleno del Comité Central. Es decir, Comisiones Obreras sindicato unitario o Comisiones Obreras sindicato comunista o sindicato de influencia comunista, o dicho de otra manera, Comisiones Obreras la “Confederación General del Trabajo” española, la CGT francesa en España, con lo que todo esto representaba. Frente a la UGT como central sindical socialista. En mi opinión, este era otro componente de las propuestas en torno a la “unidad sindical” y al papel del movimiento obrero en el cambio político que se avecinaba.
            Pero para seguir avanzando en el tema, con la finalidad de ordenar la discusión, debo decir que otra componente que también apareció en el debate abortado de de aquellos años fueron las “desviaciones derechistas”; para entendernos digo las “desviaciones derechistas” que también estuvieron identificadas con el contenido del libro que publicamos Pujadas y yo mismo al que me he referido anteriormente, “Conversaciones sindicales con dirigentes obreros”. Lo paradójico de la cuestión es que, desde mi punto de vista, creo que en el momento que las “desviaciones izquierdistas” estuvieron ligadas a esta misma idea de sindicato unitario, de ruptura y a la huelga de SEAT entre finales de 1974 y principios de 1975 (huelga que, debo decirlo, se consideró en los títulos de Mundo Obrero como “Ejemplar lucha de los trabajadores, etcétera, etcétera”), luego, en marzo-abril del mismo 1975, cuando Magistratura del Trabajo dictaminó que los despidos de los trabajadores de SEAT implicados eran procedentes, y fueron inicialmente centenares, casi 500 los despedidos, entonces desde los órganos de prensa y la dirección del  partido se dijo que la convocatoria había sido un error o un planteamiento equivocado, sin base. Fue calificado de “izquierdista”, de “aventurismo”… Este fue el motivo de que se decidiera la publicación de un número de El Comunista, el órgano del partido en SEAT, condenando, en fin, haciendo crítica de la convocatoria de huelga en SEAT tal como se había planteado. Se me encargó redactarlo y yo indisciplinadamente dije que lo redactaran los que así lo entendían, que era un poco difícil que pudiera hacerlo, puesto que no estaba de acuerdo con esa idea; y, al final, este número no salió publicado. Algunos que ni están aquí ni siguen vivos, quedaron encargados finalmente de redactarlo. Pero, en cualquier caso, este elemento de “izquierdismo” que era detectado por la dirección del partido en las actuaciones en las que, junto con otros, yo estaba comprometido en SEAT, iba al mismo tiempo acompañado -y por eso digo que podría interpretarse como algo paradójico- de una crítica a nuestro “derechismo”. No niego que aquel fuera también un mecanismo que se empleara por parte de la dirección del PSU, además es posible que así fuera, lo que pasa es que los “pecados” están ahí y, por tanto, no pasa nada si uno los menciona…
            Debo decir, que esta doble crítica, de “izquierdismo” y de “derechismo” al mismo tiempo, iba también dirigida al libro aparecido hacia finales de septiembre y principios de octubre de 1975, en todo caso hacia el final de aquel verano y de la muerte del dictador, el 20 de noviembre. Estaba conectada de alguna manera no tanto a las entrevistas que allí se recogían a diferentes dirigentes obreros, sino a la introducción y a la parte final del librito, en la medida que en ellas se hablaba de negociación con la patronal y de educar a ésta incluso a través de la acción sindical, etcétera.
            Me parece que éste es otro elemento importante que, en mi opinión, tampoco entonces se discutió demasiado y que, de alguna manera, también pienso que impregnó la primera etapa de Comisiones Obreras en la legalidad o después de la “Transición” política. Y esto fue así hasta el punto que, en cierto modo, tendría su traducción en la actitud de Comisiones Obreras con relación al Estatuto de los Trabajadores, por ejemplo, de oposición, por tanto, de no negociación del tema. Y, seguramente, en algunas de las formas de acción sindical en la primera etapa de la negociación, de los grandes convenios, de las grandes huelgas de los convenios estatales, probablemente todas muy lógicas, legítimas en cualquier caso, evidentemente, y útiles en la medida en que representaban una explosión de reivindicaciones, de exigencia del propio sindicalismo organizado, de falta de interlocutores… Pero, en cualquier caso, aquí, en este asunto, también habría otra componente que estaba presente en las concepciones diferenciadas respecto del papel del movimiento obrero y de la apuesta por el sindicalismo unitario durante el proceso de transición.
            Seguramente hubo en todos aquellos acontecimientos más aspectos a considerar. Ahora, voy a retroceder un poco en el tiempo, y casi con esto terminando esta primera introducción. Quiero señalar un aspecto de las discusiones que, en determinados ámbitos, todavía hoy uno sigue oyendo, y que están relacionadas con los fenómenos que se decía que se producían en el Baix Llobregat, en SEAT y en otros lugares. Ya entonces, y parece que sigue planteándose de diferentes formas, la pregunta es si eran generalizables o no aquellos movimientos de reivindicación y protesta obreras. Es decir, un poco la discusión de si era posible considerar que los fenómenos que se estaban produciendo se podían desarrollar a nivel español para poder hacer la “Huelga general política”, puesto que de alguna manera la “Huelga general política” estaba ligada a la “Huelga nacional”, y si aquellas formas de lucha y de movilización significarían una explosión del movimiento sindical en su conjunto. No creo que esto fuera un problema estadístico, es decir, de número, sino un problema de generalización suficiente de las acciones de estas características en el país para poder proyectarse sobre la realidad política y para poder enlazar con los sectores de la población estructurados a través de los órganos democráticos, tipo Assemblea de Catalunya y otros. Ante la pregunta: ¿Era esto era posible? la respuesta era que no, por lo menos la respuesta oficial del partido fue que no era posible en la medida en que el proceso de acumulación de fuerzas se entendía (yo creo que de una manera demasiado lineal) como una explosión, y quizá no atendiendo suficientemente a fenómenos que apuntaban a explosiones de estas características que no tenían, aparentemente, una estructura previa.
            Como elemento anecdótico dentro de las iniciativas sobre el papel del movimiento sindical y del proceso unitario a la que me estoy refiriendo quiero señalar el propio miedo político que Alejandro Fernández Sordo y Santiago Carrillo expresaron en los meses finales de 1975 cuando, uno, como ministro de Relaciones Sindicales, y otro, como secretario general del PCE, a la propuesta que se les hizo llegar de celebración de un congreso sindical constituyente en base a un delegado elegido por cada diez mil trabajadores -se les hizo llegar a través de José María Socías Humbert, posiblemente todavía como delegado provincial de Sindicatos de Barcelona, es decir, en el mes de septiembre- tanto Fernández Sordo como Santiago Carrillo respondieron que no.
            Estos diversos aspectos que he ido exponiendo, de alguna manera todos interrelacionados (huelga general, partido, partido-sindicato, sindicato, unidad, UGT, ruptura, reforma), desde mi punto de vista configuran un extenso referente de problemas, de temas para su análisis y debate. Temas algunos de los cuales, desde luego, tienen historia… Es evidente que en los años finales de la década de los sesenta empieza a haber elementos, a lo largo de primeros de los setenta se van desarrollando y concretando, condicionados por la propia enfermedad de Franco, que va jugando un papel importante, la propia estructura del partido, su discurso, la intensificación de la protesta social y política, entre otras cuestiones. Pero me parece que a lo largo de esta charla ya irán apareciendo más cosas; por ahora, para comenzar estoy convencido de que ya hay más que suficientes elementos planteados.



Radio Parapanda.  Una precisión sobre la propuesta de "Congreso Sindical Constituyente" (Una aclaración de Isidor Boix