jueves 12 de enero de 2012

LAS PRIMARIAS ESTÉTICAS DE RUBALCABA Y CHACÓN




Quien (todavía) todo lo puede en el PSOE ha decidido que el debate entre Rabalcaba y Chacón no era conveniente “porque este es el momento de la elección de los delegados”. Una chocante orden que, como en anteriores ocasiones, ha sido acatada sin rechistar. Chocante de igual manera porque establece una separación entre “debate” y “elección de delegados” a la cita congresual. Por otra parte indica la suposición --por parte de quien (todavía) todo lo puede— de que el uno y la otra, en vez de debatir, iban a morderse en la yugular.

Pues bien, la orden envía subliminalmente una serie de mensajes que convendría analizar. De un lado, no es hablando como se entienden o no las personas sino con los brazos en alto; de otro lado, la discusión es un perifollo contingente, algo así como una chuchería del espíritu. Lo importante es la votación al margen del debate. ¿Qué a quién se ha de votar los sufridos militantes? La respuesta es clara: siguiendo el famoso constructo del cuius regio eius religio [el súbdito debe profesor la religión del príncipe]. Pero, comoquiera que hay tantos príncipes y principitos, el sidral está aproximadamente servido.

Esta es la consecuencia de una metodología asumida con naturalidad por la dirección socialista y muy en particular por Rubalcaba y Chacón, es a saber: poner las carretas delante para que tiren de los bueyes, algo que desafía todos los principios (por lo menos, los conocidos) de la termodinámica. Mientras tanto, el uno y la otra se parecerán cada vez más a los dos retratos de mis abuelos en el comedor de mi casa en Santa Fe, capital de la Vega de Granada: nunca se giraron sus ojos a mirarse un ratico, al menos mientras yo estuve allí.

¿Qué por qué me preocupo? Porque, aunque fuera del escenario, no soy indiferente a cómo sea el próximo periodo político; también por el mayor contagio de ese método de poner las carretas delante de los bueyes: primero, y sólo primero, está quien dirige; después, si hay tiempo, nos pondremos a pegar la hebra. Lo que, en esta ocasión, pervertiría el carácter de las primarias.  Que se convertirían en una serie de adhesiones estéticas que recuerdan mi elección por Eisenhower frente a Aldai Stevenson porque Ike siempre aparecía partiéndose de risa en las fotos que publicaba el Ideal de Granada.  (No me juzguen muy severamente, todavía no había cumplido diez años). 

En suma, oiremos monólogos del uno y la otra. Pero puede que la orden dada tenga un gato escondido: impedir que a ambos candidatos se les vaya de la lengua censuras a la gestión de quien (todavía) todo lo puede. Eso sí, dichas con desparpajo, como aquel que dijo: “América no existe, yo estuve allí”.