A la rampante Ministra de Empleo (sic) se le ha
visto el plumero. Báñez afirma que si los sindicatos no entran en razones “perderán legitimidad”. De donde es
fácil colegir que la señora entiende que es ella, y sólo ella, quien otorga la
mencionada legitimidad. Así las cosas, la legitimidad sería un estatuto concedido desde el poder. Digamos,
pues, que esta señora, apunta maneras termidorianas. Ahora bien, tengo para mí
que esta advertencia no va dirigida a los sindicatos sino a ese gremio de
corifeos como una especie de argumentario a emplear en tertulias y cenáculos
diversos.
Digámoslo por enésima vez: la legitimidad no viene “desde
fuera”, en ese caso del poder, de los poderes políticos. Pero tampoco viene
desde la autorreferencialidad del sindicalismo confederal. El sindicalismo no
es auto-legitimado. Lo es por sus representados. Lo que viene a cuento por
aquello que, precisamente, Báñez alude: el actual proceso de negociaciones en
curso.
Desde luego, la última
palabra acerca del final de estas negociaciones la tiene, estatutariamente,
el Consejo confederal, el máximo organismo entre congresos. Pero, sin un movimiento
participativo, la decisión del Consejo confederal sería mera autolegitimación. Porque
el objetivo del sindicalismo no son los sindicalistas sino todos sus representados. Por lo demás, la participación es
moralmente obligada ya que el sindicalismo confederal negocia erga omnes por ley y no sólo para sus afiliados.

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