Arlequín, uno de los personajes arquetípicos e infaltables de la Commedia dell’arte: es un criado que no
tiene recursos suficientes para sobrevivir, con lo cual se emplea simultánea y
secretamente como mucamo de dos sujetos diferentes. Al principio, todo parece
ir bien, hasta que las demandas de los dos amos comienzan a superponerse, y
servir a ambos a la vez se torna una tarea llena de complicaciones, enredos y
equívocos. Como es bien sabido el gran Carlo Goldoni dejó escrita Arlequín, servidor de dos señores en pleno siglo
XVIII, anticipándose a algunas cuestiones del mundo de nuestros días.
Hoy nos
encontramos con una moderna versión de la obra goldoniana. Es el libreto que ha
escrito el Govern de la
Generalitat de Catalunya cuando designó a Josep Prat Domènech como el mandamás del Institut Català de
la Salut , que
ejerce esa tarea durante el día. Pero a partir de cuando la tarde languidece y
aparecen las sombras hasta las tantas de la madrugada su tarea principal es
dirigir empresas privadas de la sanidad. Más o menos como la rosa de
Alejandría: rosa de noche, blanca de día.
Hablando
en plata, en las mismas manos está el timón de la sanidad pública y un amplísimo
sector de la privada. Y, sin embargo, una anomalía de este calibre sólo ha
concitado la desaprobación de ICV: el resto de la izquierda disimula de manera
vergonzante. Más todavía, las voces de la izquierda social no se han oído de
manera suficiente, o tal vez –dada mi
sordera— no las he percibido.

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