martes, 30 de agosto de 2011

CONTRA LA REFORMA Y EL CONSEJO DE ADMINISTRACIÓN

Homenaje a John K. Galbraith



Actitud coherente la del sindicalismo confederal al convocar este proceso de movilizaciones contra la (por partida doble) autoritaria reforma de la de la Constitución. Por partida doble: por sus contenidos y por la manera, alevosa agostosidad, del proceder de la coalescencia entre el PSOE y el Partido Popular. El mismísimo Rubalcaba ha legitimado las duras críticas a esa agostosidad: “yo no lo hubiera hecho así”, en un intento de encender una vela a Poncio y otra a Pilatos. Pero augura que, tras el previsible naufragio del 20 de Noviembre, quienes en esa cofradía están expectantemente, armarán la marimorena en ese patio de vecindones. Esto es, todos serán críticos.


A la vez, cabe destacar la reacción urgente de esta convocatoria que tiene como novedad la corresponsabilidad de la Unión Sindical Obrera, una organización sindical que nunca mereció el intento de ninguneo por parte de Comisiones Obreras y UGT. Espero, pues, que esta novedad acabe definitivamente con la tradicional relación con los amigos de USO. Por muchas razones. Por ejemplo, no se puede tratar de esa manera a un sindicato que comparte responsabilidades con nosotros en la Central Sindical Internacional. No es la primera vez que lo expongo; Uso sabe que ha sido una constante en mi proceder como sindicalista y, por supuesto, mi fracaso personal al no conseguir impedir y levantar la histórica desconsideración hacia ella.


Pero volvamos al asunto que nos ocupa: las movilizaciones anunciadas contra la modificación de la Carta Magna. Por supuesto, tienen la principal y urgente intención de frenar la maniobra. Ahora bien, a mi juicio, contienen una preñez democrática: la regeneración de la vida política. La exigencia de que los gobernantes dejen de actuar como un Consejo de Administración donde según John K. Galbraith (La economía del fraude inocente, Critica, 2004) que “mediante unos honorarios y alguna que otra comida, la dirección informa de manera rutinaria a los miembros del consejo sobre cuestiones que ya han sido decididas en otras instancias. La probación se da por hecha. Es el fraude aceptado”. Desde luego, el viejo Galbraith no tenía pelos en la lengua. Lo que traducido a lo que nos concierne ahora mismo vendría a querer decir lo que sigue: el uso de la palabra razonada, el debate entre diferentes, la voz en el plaza pública que fue el origen de la Constitución se ha substituido por la decisión verticista del consejo de administración y su libro de doble contabilidad y doble moral. Algo que no puede convertirse para la ciudadanía en un “fraude aceptado”.

domingo, 28 de agosto de 2011

LOS MERCADOS A MÁS COMER MÁS HAMBRE TIENEN

Un periódico de hoy afirma en un titular: “Los mercados ignoran la reforma para limitar el déficit público español”. La pregunta podría ser: ¿por qué no tendrían que hacerlo? Esto es, si los mercados ignoran todos los mandamientos de las tablas de la ley, ¿a santo de qué iban, a estas alturas, a hacer lo contrario de lo que les ha dado tantos dividendos? Esperar lo contrario sería caer en el arrebato de la más beatífica de las simplicidades.


Zapatero, a buen seguro, no ha leído la Divina Comedia. Y si lo ha hecho no ha sacado las debidas consecuencias. Ya en el canto primero el de Florencia habló de una bestia (según la mayoría de los comentaristas, la Curia Vaticana) que “después de comer más hambre aún tiene” [e dopo´l pasto ha più fame che pria]: un imperativo que los mercados han traducido de manera orgánica. Como el hambre no se sacia, y para ellos todo es aperitivo, no se conforman con los suculentos festines a que son convidados. Exacto, a los mercados también parece referirse el Dante en el canto XVI: “nueva gente y rápidas ganancias” [La gente nuova e i sùbiti guadagni] que, tras las mutaciones económicas de aquellos tiempos florentinos, afloraron de manera desafiante. Que hay más ejemplos es cosa sabida. Pero, con estas indicaciones, es posible que avive la curiosidad de amigos, conocidos y saludados para leer la Divina Comedia: se recomienda leer un canto al día.


Los mercados han recibido otro aperitivo y, por ello, seguirán en estado de jambre (algo peor que el hambre). Es la tapa que les ha servido el Ministro de Trabajo, un aparente mosquita muerta, que –se admiten apuestas—tampoco ha leído al Dante: los contratos temporales permanentemente temporales. Lo que, además de un arcabuzazo, es todo un señor oxímoron. Algo que Rubalcaba (“amarrado el duro banco / de la galera turquesca” de la candidatura) no se ha referido. Lo que se afirma como recuerdo de aquel camarero del granadino Bar Sevilla que se sabía de memoria las Soledades gongorinas. [Lo corroboró Dámaso Alonso en su conversación con el maestro Joaquín Soler Serrano en televisión].


Absténgase, pues, de pedir que esos caballeros se vayan. Ya lo han hecho.


sábado, 27 de agosto de 2011

DERECHA E IZQUIERDA. Como telón de fondo: Rubalcaba y Santiago Carrillo












Carocas santaferinas do ponen a Rafael Rodríguez Alconchel en los cuernos de la Luna.






Tras el concreto redactado de la aparatosa enmienda a la Constitución que, de manera coalescente, han fabricado con agostosidad y alevosía Zapatero y Rajoy, el candidato Rubalcaba ha afirmado vanilocuentemente que solucionar el déficit no es de derechas ni de izquierdas. Una opinión que podría calificarse de bastardía intelectual, de disparate político, aunque a decir verdad no es la primera vez que algo similar se ha dicho y propalado desde los tiempos lejanos de María Castaña, una dama de armas tomar. Comoquiera que uno está, dada la edad, en bajas condiciones para polemizar con don Alfredo, recurro a la fuente sapiencial de uno de los padres nobles de la izquierda Europea, Norberto Bobbio. Y busco entre mis amistades, los libros, el ejemplar del maestro “Derecha e Izquierda, que publicó en su día la Editorial Taurus (1995).


Bobbio dijo en su día que tras el fracaso del comunismo “su desafío permanece, y de igual modo permanece la distinción entre izquierda y derecha”. Quienes negaban dicha distinción con más énfasis eran los exponentes de la derecha en busca del proustiano tiempo perdido. Los exponentes de la izquierda putativa solían ser más comedidos, disfrazándose de noviembre para no infundir sospechas. Hasta que fue generándose un hartazgo de ambidextros que pasaron –primero de manera lábil, después tomando carrerilla y, tras ello, en un “andante con moto”— a negar las razones de la izquierda. El arsenal de las bagatelas teóricas se trasladó (ese era su objetivo) al almacén del quehacer político. Había que poner coto a la extraordinaria fuerza expresiva de la izquierda que seguía reclamando su carácter antagonista. Incluso personajes de práctica moderada como Pablo Iglesias eran sospechosos de tener las uñas excesivamente afiladas, y teóricos como Gramsci resultaban ya una interferencia para ese hartazgo de ambidextros. Rubalcaba, así las cosas, tenía esa asignatura pendiente: todavía no se le conocía un dicho contundente para incorporase a la nómina del hartazgo.


Los términos “derecha” e “izquierda” no son solamente emotivos, cargados de emociones. Se refieren a valores, derechos e intereses contrapuestos. Se vinculan estrechamente a la concepción de la prelación entre nueva servidumbre o la ciudadanía activa e inteligente, al predominio del privilegio sobre los derechos y deberes. De ahí que, siguiendo al viejo Bobbio, quienes hablan de la indistinción entre derecha e izquierda “no dan en absoluto la impresión de usar las palabras en balde porque se entienden muy bien entre sí”. Lo hacen a queriendas y sabiendas en una coherente identificación entre el sistema-empresa y el quehacer vicario de la política; es la exaltación del verticismo taylorista sobre la participación mediante saberes, instrumentos y la palabra colectiva. Es en suma la gran operación de relegitimación de la empresa –incluso con el uso de una sintaxis de fagocitación de los clásicos conceptos de la distinción— cuyo objetivo es seguir poniendo las bases de una nueva acumulación capitalista en esta nueva fase de la innovación y reestructuración de toda la economía global. Por eso, es lo de menos que la máxima rubalcabiana se haya dicho en puertas del proceso electoral, lo de más es la semilla que sigue poniendo.


Punto final. No me resisto a publicar lo que Santiago Carrillo ha escrito en facebook. Tiene la palabra Santiago: La enmienda Constitucional propuesta por Rodríguez Zapatero, gestionada por Rubalcaba en su formulación definitiva en el pacto con el PP, es un acto muy grave. Para empezar parece ser el pago de un precio muy caro por la adquisición hecha por el BCE de bonos de la deuda española, que en definitiva no aleja definitivamente el peligro de que España entre en la “zona de rescate” si la crisis se prolonga. Y se va a prolongar porque la política que sigue aplicándose frente a la crisis, política dictada por los mercados, agrava y convierte en crónica, la crisis económica.
El hecho de que no se lleve a la Constitución la cifra tope de endeudamiento ya no es tan importante, si como sucede, ya hay un pacto entre el PSOE y el PP, de fijarlo en una nueva ley orgánica.
No se si un parlamento próximo a su caducidad posee autoridad moral para tomar una decisión tan grave. En todo caso a la hora presente ese Parlamento no posee la debida confianza popular y solo formalmente es el depositario de la voluntad popular. Esta podría expresarse actualmente por un referéndum popular.
Pero lo más grave de esta enmienda es que pone en manos de un posible Gobierno del PP, la posibilidad de acabar con el Estado de bienestar, en nombre de “la Obediencia a la Constitución”. Bastaría con que la política fiscal de ese Gobierno sea la que siempre ha defendido el PP, para que los ingresos del Estado no permitieran sostener los gastos que el Estado de bienestar exige. Y la responsabilidad sería achacable al partido Socialista.
Esto ya sería razón suficiente para reclamar un referéndum. Sin contar los conflictos de otro tipo que pueden desarrollarse en nuestro Estado de autonomías.
Si la enmienda no se somete a un referéndum popular, la derecha está bien servida. No podía pedir más.







viernes, 26 de agosto de 2011

REFERÉNDUM VERSUS DEMOCRACIA AUTORITARIA

Homenaje al afamado maestro confitero de la Vega de Granada don Ceferino Isla (1900 - 1961) en el día de su onomástica.






Gaspar Llamazares ha anunciado que recurrirá al Tribunal Constitucional la propuesta de introducir en la Carta Magna el techo del déficit. Pues bien, tal vez sea por mi alejamiento del ruedo político o por los achaques de la edad, yo veo las cosas de otra manera. Si la propuesta coalescente de Zapatero y Rajoy se lleva al Alto Tribunal la cosa está cantada: los magistrados dirán algo así como ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mis señores. Y a partir de ahí nadie podrá reclamar ni siquiera al socorrido Maestro armero. O sea, Roma locuta causa finita.


Yo creo que la batalla es otra: la más urgente es la exigencia del referéndum. Una acción colectiva vinculada a la regeneración de la democracia que está entrado, a marchas forzadas, en una fase autoritaria. Por supuesto, en lo más urgente cabe la obligada explicación de lo injusto de la medida en los terrenos sociales, lo desacertado en los terrenos económicos (especialmente en lo fiscal) y el cacicazgo político que significa el cabildeo entre Zapatero y Rajoy. Cierto, se trata de una movilización, activa e inteligente, de todos los actores sociales y políticos. Así veo yo las cosas desde la sombra de mi morera.


Que la política instalada ha entrado en una fase de verticalidad decisionista parece obvio. Lo que podría responder a la envidia, y posterior contagio, de la política instalada por la manera de funcionar la empresa. Digamos que la empresa no sólo reina en su demarcación interna sino en todo el paradigma en el que todas las instancias (en este caso, institucionales) toman decisiones de tipo mimético-imitativo a la empresa: un cuadro, cada vez más restringido de personas, decide en nombre del común de los mortales. Incluso de manera aceptada acríticamente. El emblema de esta tipología de gentes estaría en la diputada Hermosín (PSOE) que afirma no gustarle la medida pero “sus razones tendrá Zapatero”. Con una vela a Dios y otra al Diablo lo que prima aquí es la obediencia debida: la fe del carbonero.


La decisión de no convocar el referéndum no es un problema de forma. Porque la participación en los aspectos relevantes (y una Reforma, aunque sea parcial, de la Constitución) no es un problema formal. No convocar dicha consulta recordaría la famosa frase del ingeniero
Frederick Winslow Taylor: “si la organización del trabajo es científica ¿qué pintan aquí los sindicatos?”, que ha sido considerado como el ideologema central del taylorismo. Así pues, Zapatero-Taylor podría añadir: estos asuntos científico-técnicos sólo incumben a los expertos. A los expertos de su conventículo, por supuesto. De ahí que un servidor no piense que la democracia de los expertos sea una cuestión formal: es la relegitimación barroca de los códigos de comportamiento de la empresa.



Radio Parapanda.
LEALTAD CONSTITUCIONAL, ESTADO SOCIAL Y LÍMITE AL DÉFICIT PÚBLICO.


miércoles, 24 de agosto de 2011

UN ATAQUE DIRECTO A LA DEMOCRACIA Y AL DERECHO. Habla el Juez Falguera


Miquel A. Falguera i Baró, Magistrado del Tribunal Superior de Catalunya




La decisión del Parlamento español ayer acordadada de modificar nuestro texto constitucional para limitar el déficit público, sin sometimiento a referéndum, es sin lugar a dudas de una transcendencia jurídica tan significativa que puede compararse con el infame 23-F.


Nos hallamos, por una parte, ante una imposición de la Economía al Derecho, de tal manera que los criterios económicos neoliberales hegemónicos se acaban consagrando no en una Ley –como, en su caso, sería lógico- sino en la propia Carta Magna. Es decir, los juristas ya no vamos a estar compelidos a una norma legal –como tal modificable-: se nos dice que debemos pensar nuestro ordenamiento jurídico en su globalidad desde una perspectiva neoliberal. Otro pensamiento jurídico se sitúa extramuros de la Constitución. Los valores del Derecho restan sometidos, arrodillados y claudicantes, al pensamiento económico, que se pretende único y excluyente, pese a que la situación de miseria y desamparo de buena parte de nuestra ciudadanía se debe, precisamente, a ese pensamiento único.


En segundo lugar, esa proposición aprobada es una clara ruptura del pacto constitucional. En efecto, nuestra Constitución ha sido siempre calificada como “abierta”, en el sentido que permite varias lecturas y, por tanto, que se practiquen políticas diferenciadas. Ese modelo de mínimos ha permitido que la “norma normarum” haya venido manteniéndose vigente a lo largo de más de treinta años, sin apenas cambios –salvo aspectos puntuales de menor calado-. La constitucionalización de una política económica restrictiva del gasto público comporta, en definitiva, que cualquier propuesta alternativa –como están ya promoviendo por un buen sector de economistas ante las actuales circunstancias- se sitúe fuera de la Carta Magna. La Constitución aprobada en referéndum por el pueblo deja de ser la Constitución de todos para pasar a ser la de los neoliberales.


Y, finalmente pero como elemento más significativo, dicha proposición conlleva el cruce del Rubicón: el paso de la democracia (el gobierno de los hombres pobres libres) a la oligarquía (el gobierno de los hombres ricos libres). Nos hallamos ante un auténtico golpe de Estado constitucional, en tanto que un cambio de tanta transcendencia se toma estrictamente por diputados convocados de urgencia en agosto, por la presión de los famosos mercados y de instancias internacionales económicas –sin que nadie vote dichos grupos de presión- y sin que el ciudadano español nada pueda decir al respecto a través de un referéndum. Aquello que en 1978 fue votado por la ciudadanía se modifica en período preelectoral por la presión de los mercados y sin debate ciudadano de ningún tipo. Los mercados imponen limitaciones al Estado del Bienestar, la mayoría parlamentaria asiente –por convicción o sometimiento- y el españolito de a pié nada puede decir al respecto.


A partir de ahora ya no hay límites: las mayorías parlamentarias cualificadas podrán, por ejemplo imponer la consagración de la propiedad privada, eliminando cualquier referencia a su objeto social –una de las claves de bóveda del pacto constitucional, pese a su omisión práctica-, se podrá eliminar el derecho al trabajo, se podrá desconstitucionalizar la negociación colectiva o limitar su campo de aplicación, se podrá modificar el modelo público de Seguridad Social o de sanidad, o eliminar las referencias constitucionales al medio ambiente o el derecho a la vivienda o a la tutela de las personas discapacitadas. Y si no existe una minoría de bloqueo suficiente –del diez por ciento- el desmantelamiento del Estado del Bienestar no podrá ser votado por los ciudadanos, más allá de la periódica llamada a las urnas cada cuatro años.


Y todo esto en plena canícula y vacaciones. Mientras los ciudadanos discuten sobre Mourinho y sus bravatas paranoides. Y sin que apenas se oigan voces críticas en los medios tradicionales. El sueño de una noche de verano del general Armada.



LA REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN Y EL DÉFICIT

Homenaje a Sacco y Vanzetti



Me lo dijeron ayer las lenguas de doble filo: Zapatero podría haber hecho retirar el lema de la campaña electoral de Rubalcaba. Ya no cabe el recurrente “ojo, que vienen ellos”. Ahora corresponde algo más contundente: “Los hemos traído nosotros”. Lo que le ha hecho poner al candidato los ojos como acentos desorbitadamente circunflejos. El nuevo lema del cartel, tal vez menos atractivo para el potencial electorado, es al menos mucho más verosímil.


Por lo general se ha achacado a Zapatero su fuerte inclinación a las ocurrencias de última hora. Ahora bien, cuando ese estilo se repite de manera montaraz –en esta ocasión nada que ver con el honrado oficio de los guardabosques-- estamos ante la consolidación, mutatis mutandi, de una forma de ver las cosas, de un quehacer político, de una ideología. El recurrente botón de muestra alcanza ahora su expresión más acabada en la propuesta (ya acordada con “los que vienen”) de reformar la Constitución para fijar el techo del déficit. Doña Salgado ha afirmado en la radio esta mañana, mientras yo me zampaba mi tostadita de pan con aceite, que es lo mismo que se procura hacer en Francia e Italia. La doña no ha caído en la cuenta de que abría la posibilidad, en pura lógica, de establecer una aproximada comparación con Sarkozy y ese Berlusconi.


La medida, que seguramente será aplaudida por los próceres azapaterados igual que el Senado romano ovacionó a Calígula cuando propuso como pater conscriptus al caballo Inicitatus, la medida, digo, es un rejón contra las políticas sociales. Y destaca, además, por su carácter ademocrático: lo que fue aprobado en su día en consulta popular se convierte ahora en un cabildeo entre los que traen a ellos y ellos. Para más señas, la aconchabada operación se produce cuando esta legislatura está solemnemente fenecida. Toda una lección de servidumbre al turbocapitalismo; toda una lección de lepra política. Desde luego, “ellos” –los que han sido traídos-- no tendrán sentido de la proporción si no agradecen a Zapatero los servicios prestados. No sólo hasta la hora presente, sino también a lo largo de la próxima legislatura, pues ¿qué van a decir desde las bancadas de la oposición quienes, de manera solícita, se han empeñado en que vengan ellos.


Mientras tanto, el socialismo catalán está enfrascado en su quisicosa: tener un grupo parlamentario propio en las Cortes. O tempora o mores.


martes, 16 de agosto de 2011

TURISMO DE BORRACHERA VOMITONA



Hace pocos días comentábamos los trágicos sucesos ocurridos en Lloret de Mar (Girona), véase; EL TURISTA QUE ASESINA. Como telón de fondo, Alessandro Manzoni. Según algunos conocidos y saludados un servidor había entrado en el pesimismo al afirmar que, una vez pasada la primera emoción, las cosas volverían al cauce normal, vale decir, a la reincidencia, a la consolidación del turismo de borrachera vomitona. Una borrachera de masas, se entiende.


¿Pesimista? Vayamos a los datos: está anunciada para dentro de poquitos días una entrada de mil doscientas personas en Lloret de Mar, pagarán 320 euros por siete días de vacaciones. Esa cantidad incluye el viaje en avión, la estancia en el hotel (comida incluida) y todos los gastos pagados de bebidas –alcohólicas, se entiende-- a consumir en rondas itinerantes por las más variados chiringuitos locales. Esta es la primera respuesta del pendenciero gremio que ha impuesto, en coalescencia con los poderes públicos, locales y autonómicos a los trágicos acontecimientos que se explican en la entrada del turista asesino.


Tengo la suficiente edad como para que me importe un pito las consecuencias --en apariencia libremente aceptadas, por centenares de muchachos y centenares de cuarentones sin ningún tornillo en la cabeza-- del consumo de brebajes garrafones, con zotal incluido. Paréntesis: me imagino la estupefacción de los profesionales de la sanidad, que no saben qué han ingerido esos zanguangos, cuando más de uno entra en Urgencias hechos un asco. Me importan, sin embargo, otras cosas.


Por ejemplo, que los poderes públicos –locales y autonómicos o autonómicos y locales-- no quieran poner coto a ese modelo de turismo de borrachera (de masas) vomitona. Un turismo que sólo deja en cada localidad cuatro perras, si es que alguno quiere comprarse un chicle para disimular la particular halitosis de los pirriaques ingeridos. Hace tiempo conversaba con cierto alcalde de una de estas villas veraniegas. Le pregunté si había hecho un estudio donde se hablara de los ingresos del turismo y los gastos públicos que comportaba esa actividad. Pizpireta él me respondió: “Non vull saber-ho”. O sea, no lo quería saber. [Sólo acepto que algún alcalde conteste diciendo que no fue él. Pero al que lo dijo, no se le ocurra decir que no fue él. Porque le saco los colores y, paternalmente, le pego un cachete en la cara].



Me preocupa, además, el aproximado paralelismo entre ese tipo de actividad económica y el tipo de economía que se enseñoreo en nuestro país años antes de la crisis del 2008. Infieran y extrapolen lo que quiero decir y las consecuencias están cantadas.


Cierto, las autonomías locales y autonómicas son una conquista. Pero lo que nunca se dijo fue: precisamente esa cercanía de tales gobiernos es fuente también de conchabeos y cabildeos, de coalescencias y compadrazgos caciquiles. Hablando en plata, el parné untado y repartido (siempre de manera desigual, por supuesto) entre los romanos y los cartagineses.


lunes, 8 de agosto de 2011

LA AUSTERIDAD, SEGÚN ISIDOR BOIX Y ENRICO BERLINGUER

Ayer mismo Isidor Boix publicaba un artículo de gran interés: Por un sindicato conscientemente global, que en mi entender contiene presenta las claves más importantes para el sindicalismo de nuestros días y su proyección en el futuro. Nuestro hombre conoce el paño; de hecho su biografía sindical está llena de momentos relevantes en las negociaciones colectivas: antes en el convenio provincial de los metalúrgicos barceloneses y, hasta hace poco tiempo, su protagonismo en las negociaciones de los sucesivos convenios colectivos de Químicas y textiles, amén de innumerables negociaciones en empresas de gran calibre, incluidas multinacionales. Es, como es sabido, ingeniero y licenciado en Derecho. Son, por así decirlo, esos saberes –unidos a la experiencia de lo cotidiano— los que conforman como sindicalista de gran formato.


Comparto de pitón a rabo el artículo de Isidor Boix. De lo dicho quiero subrayar su referencia a la “austeridad”. Esto es, su oblicua referencia a la responsabilidad de los dirigentes de la Confederación Europea de Sindicatos (e incluso a los confederales españoles) que utilizan dicho concepto, la austeridad, como algo sinónimo a una concesión a los intereses de los grupos dominantes y a las necesidades de supervivencia frente a la crisis económica. Así pues, conviene aclarar que las políticas económicas de los respectivos gobiernos europeos (las de tipo homeopático y las de tipo cura de caballo) no son de austeridad sino desforestadoras del Estado de bienestar. Están especialmente orientadas a la mayor merma posible de los controles democráticos del sindicalismo confederal para propiciar una nueva acumulación de capital, incluso en esta situación de crisis económica.


Enrico Berlinguer dejó las cosas meridianamente claras en sus Conclusiones ante la Convención de intelectuales (Roma, Teatro Elíseo, 15 de Enero de 1977), que fue publicada en castellano por Materiales un año más tarde en la versión que hizo Alberto Nicolás y la introducción de Julio Segura.


Berlinguer parte de una consideración: la austeridad es el medio de impugnar por la raíz y sentar las bases para la superación de un sistema que ha entrado en una crisis estructural y de fondo, no coyuntural; y cuyas características distintivas son el derroche y el desaprovechamiento; la exaltación de los particularismos e individualismos más exacerbados, del consumismo más exacerbado. Algo que posteriormente plagiaron no pocos ecologistas que ni siquiera se dignaron citar la fuente berlingueriana.


Berlinguer, además, afirmó testarudamente que: la política de austeridad no es de nivelación tendencial hacia la indigencia ni ha de proponerse la supervivencia de un sistema económico y social que ha entrado en crisis; por el contrario, enfatizaba el dirigente comunista, ha de tener como finalidad –y por eso puede y debe ser asumida por el movimiento obrero— el instaurar la justicia, la eficacia, el orden y una moralidad nueva.


Ahora bien, si el ecologismo nunca dijo haber copiado a Berlinguer en una muestra de adanismo político, los dirigentes sindicales de la CES (y no pocos de los españoles) ni siquiera le echaron un vistazo. En caso contrario no hubieran confundido la velocidad con el tocino. De ahí que el educado e indirecto tirón de orejas de Isidor parezca no sólo conveniente sino necesario. Es como si Isidor hubiera considerado que no vale la pena sacarle los colores al pecador, basta con mencionar metafóricamente los pecados. De esa manera, sin embargo, se corre el peligro de que nadie se sienta aludido y que, coralmente, digan: “Yo no he sido”.



domingo, 7 de agosto de 2011

EL PREPUCIO DE NUESTROS GOBERNANTES Y EL PRECIPICIO DE LA CRISIS



Una gran mayoría de los políticos instalados ha confundido el precipicio con el prepucio: desde los inicios de la crisis de 2008, tras un aparente acto de atrición a la Sarkozy, han venido diciendo que el agua no llegaría al río, que en un tiempo relativamente breve se saldría del prepucio y que nunca estaríamos al borde del precipicio. De ahí que algunas de las recetas que pusieron en marcha fueran simple y llanamente homeopáticas. Algunas, he dicho.


La realidad es bien distinta a la que se han referido los políticos instalados tanto de babor como de estribor. Nunca interpretaron, o no quisieron hacerlo debidamente, el parte meteorológico y el Arca de Noé fue dando tumbos, golpeando sistemáticamente a los sectores populares, muy en especial a los sectores más débiles. Que nunca lo interpretaron queda demostrado cuando campanudamente un tosco Ministro de Trabajo aseguró, jurando ante el Almanaque Zaragozano, que “nunca se llegaría a los cuatro millones de parados en España”.


Creo pertinente preguntarme si estos políticos mienten. Puede ser, pero no creo que esa cultura trapacera, sea la principal explicación de la confusión entre prepucio y precipicio. Pongamos como aproximado ejemplo el caso español. Nuestros gobernantes se han echado en los brazos de las teorías y prácticas de la lepra neoliberal porque se les ha tambaleado la confianza en la praxis socialdemócrata. Y, de ahí, han pasado a ejercer de nicodemitas, como la rosa de Alejandría: neoliberales de día, socialdemócratas bajo el palio sonrosado de la luz crepuscular. Mientras tanto, siguiendo la
Ley de Monotonía la crisis seguía aumentando y haciendo de las suyas. De donde infiero que la desconfianza de los socialdemócratas en su propio código genético ha podido traducirse en la generalización de medidas propias de la acera de enfrente.


En una primera fase nuestros gobernantes impulsaron medidas homeopáticas. Más tarde, viendo que el diluvio con descarga eléctrica no sólo no amainaba sino que se endurecía decidieron que los dioses menores de la socialdemocracia no estaban por la labor. Y, mutatis mutandi, se realquilaron en los palacios de esa legión de expertos que ya habían decidido previamente el elenco de sus consejos. En concreto, la política disfrazada de algoritmos neoliberales como bálsamo de Fierabrás. Que puesta en marcha –y, sobre todo, justificada con desparpajo— mantenía el nivel de estragos a diestro y siniestro.


Así pues, crisis caballuna de la política socialdemócrata, aunque un zapaterianamente panglossiano como Jesús Caldera,
La izquierda y la crisis, afirmara no creer en la crisis de la socialdemocracia en uno de los artículos más naïfs que últimamente se han escrito. Pero, también, crisis en la derecha, hispanamente nacionalista, que no es capaz de plantear nada porque sencillamente no sabe qué decir. Crisis, por supuesto, en la derecha, periféricamente nacionalista, que ha pasado de los picos de Montserrat a los aires de Mont Pelerin, desterrando los retratos del santoral nacionalista por el de Hayek y sus pendencieros cofrades.


Tremenda crisis económica, desde luego. Pero peor todavía es la crisis de los referentes de la política, especialmente la de nuestros gobernantes. Es como si el prepucio socialdemócrata no estuviera en condiciones de echar ni gota.



Radio Parapanda. SOLIDARIDAD CON ZAFFARONI



sábado, 6 de agosto de 2011

SOCIALISTAS CATALANES POR LOS CERROS DE ÜBEDA






El PSC, en escena, no entre bambalinas es un artículo que ha publicado en El Periódico una nutrida representación del Gotha socialista catalán, concretamente la que la prensa califica, para ahorrarse otras honduras, como el sector obiolista. Comoquiera que conozco a Raimon Obiols desde hace muchos años y sé de su talla intelectual, me dispuse a leer pausadamente el trabajo: en una mano el abanico y en la otra el mosquitero. Pronto se me fue poniendo la cara del rojo al amarillo, vale decir, del interés a la estupefacción. Una parte de lo más granado del socialismo catalán se iba ora por los Cerros de Úbeda, ora por las cumbres del Canigó.


Este viejo entrometido esperaba algo así como pistas o indicios para saber qué decían estas personalidades sobre la situación de crisis, los desmanes del gobierno nacionalista contra el sector público y otros asuntos que afectan al común de los mortales; aguardaba una (por somera que fuese) primera explicación de por qué esa familia ha perdido estrepitosamente tanta representación política así en la Tierra de los municipios como en el Cielo del gobierno autonómico; esperaba observaciones sobre la relación entre política y economía; aguardaba, en definitiva, una serie de reflexiones de interés, capaces de orientarle a Lázaro de qué manera debe levantarse. A la pregunta de “si quieres arroz, Catalina”, los abajofirmantes han decidido llamarse Andana. Así las cosas, tras un incipit, orientado a picar la curiosidad, el texto del documento versa sobre la importancia de llamarse Ernesto en el Parlamento español: a la necesidad de que los socialistas catalanes tengan un grupo parlamentario propio en las Cortes españolas.


No es que un servidor quiera frivolizar dicha reivindicación, sobre la que no tengo el más mínimo interés. Pero no dejo de llevarme las manos a la cabeza. Que, en estos tiempos borrascosos, se ponga el acento en una cuestión que sólo (y solamente) afecta a unos cuantos centenares de personas en Catalunya no deja de ser chocante. Más todavía, afirmar que de esa manera político-técnica se está en la escena y no entre bambalinas, entiendo que es una (mido las palabras contenidamente) una hipérbole que no cuadra con el carácter templado de Raimon Obiols. O, peor todavía: una chipercolia.






Ahora bien, con las cautelas del caso, me atrevo a insinuar: esa manera de irse por unos u otros cerros, ¿no será algo tan elemental como ignorar de qué manera decirle a Lázaro que ande?



Radio Parapanda. Como antítesis, lean lo que se dice en
Seminario sindical en Bogotá (Colombia). Un esforzado Isdor Boix lo aclarará.




jueves, 4 de agosto de 2011

LA IZQUIERDA DEBE APRESURARSE




La sociedad española está siendo avisada de las tropelías que se pueden poner en marcha, ya de manera sistemática, por parte del Partido apostólico, si este gana las elecciones en noviembre. De una parte, la generalización de la exaltación de Franco; de otra, los atropellos de ciertas autoridades locales contra los restos de quienes cayeron represaliados por los sublevados en plena guerra civil y en los largos años que siguieron, una prueba –una de tantas-- de esto último se puede ver en Un alcalde del PP destroza una tumba de 10 fusilados por Franco y echa los restos a una fosa común. No son meros indicios abstractos sino señales potentes de lo que puede venir.


La izquierda sumergida, esa que se siente confortada no acudiendo a votar, puede ser también responsable del ascenso del parafascismo, neofascismo o simplemente fascismo el día 20 de Noviembre. Así, pues, entiendo que esa postura estética de “no votar” nos traerá, ahora, más complicaciones que nunca. Porque los avisos que vienen ni son calderilla ni presagian nada bueno. Creo, por lo demás, que ni siquiera los errores de (todas) las izquierdas justifican el abstencionismo, especialmente el que parece tener características de militancia: pegarles a ellos una patada en nuestros propios culos. El sectarismo abstencionista, se disfrace de mona o de seda, es una cretina posición que allana el camino a un partido que tiene fuertes incrustaciones fascistas.


Por otra parte, vale la pena considerar algo de cierta importancia: hay una serie de operaciones políticas que tienen la intención (ciertamente, nobilísima) de preparar un proyecto estratégico de izquierdas de largo recorrido. Estemos, pues, expectantes. Pero hay que llamarles la atención: apresúrense, porque el desafío inmediato no es para pasado mañana, sino para hoy, para ahora mismo. Pues el humus que se está creando es más que inquietante. Frente a ello, la estética del nihilismo es, dicho sin tapujos, indisimuladamente reaccionario
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