Homenaje a Ángel Pestaña en el 125 aniversario de su nacimiento.
No hagan ustedes caso a Jordi Pujol que, tiempo hace, dijo con motivo del Día del Libro que “leer un libro al año no hace daño”. Lean siempre todo lo que puedan. No olviden que el libro es nuestro mejor amigo. Por lo menos lo es del sindicalista. Esa es la sensación que tengo cuando entro en la posada de los libros que es mi biblioteca. Yo siempre les saludo con un cordial: “¿qué tal, como va eso?”. Los sindicalistas deberían leer mucho más. No vale la excusa del “no tengo tiempo”, que es una actitud perezosa y, según se mire, un tanto jactanciosa. Como quien dice que se está muy ocupado y, por tanto, no puede atender a esa chuchería del espíritu que es la lectura. Otros –disfrazándose de noviembre para no infundir sospechas de sandios-- afirman que leen “en diagonal”. Debe tratarse de una diagonal al cuadrado como resultado de la suma de los cuadrados de los catetos. Cierto, los libros son caros, y algunos valen un ojo de la cara. Pero ahí están las bibliotecas municipales. Ahí están los libros en los ya muy relevantes archivos históricos de Comisiones Obreras y UGT. Sépase que quien lee poco o nada no sabe escribir. Esta era una de las grandes preocupaciones de Ángel Pestaña el gran dirigente confederal que, en las páginas del periódico de la CNT, Solidaridad Obrera, que él mismo dirigía, dedicó una serie de capítulos a la corrección sintáctica y ortográfica. Como si todo ello indicara a las claras que el conflicto social es también una disputa de saberes y el saber entendido como trabajo acumulado.
Mi padre adoptivo, el maestro confitero Ferino Isla, leía a mansalva como recomendaba su admirado Angel Pestaña. El maestro Ferino hacía gala también de su relación personal con don Fernando de los Ríos y de las pláticas que tenía con él: “Joven, no conozco a nadie que lea tanto como usted, ni siquiera don Miguel de Unamuno”. Posiblemente la única persona que ha rivalizado con el maestro confitero es el sindicalista asturiano Francisco Prado Alberdi que lee detenida y parsimoniosamente desde el ensayo a la filosofía pasando por la novela ya sea negra, blanca o roja. Por eso escribe tan esmeradamente. Uno de los libros que me han resultado más fecundos fue, hace un montón de años, “Derecho del trabajo: un modelo para armar” de un jovencísimo Antonio Baylos, que publicó la Editorial Trotta. De ahí que estoy pensando en organizar una cofradía mendicante para que esta editorial reedite la obra en cuestión. Advierto que ha ganado con el paso del tiempo y que lo dicho hace lustros tiene la mayor actualidad en los tiempos que corren. Aprovecho que viene el Día del Libro no tanto para recomendar algún que otro libro sino para invitar a frecuentar la práctica de la lectura. Precisamente una de las novedades de estos tiempos es que el protagonismo de las mujeres se debe a que leen más que nunca, y desde luego más que los hombres. Es bien visible que, viajando en el tren o en el autobús, las mujeres van leyendo un libro. Ya se lo advirtieron a don Pío Baroja, informado de que no sé quién vendía más libros que él: “Es que las mujeres leen ahora, maestro”. Un Baroja que en una de sus novelas --¿puede ser La busca?, mi memoria no es la que era-- describe una asamblea de trabajadores madrileños en un zaquimaquí, donde el orador es interrumpido por la voz áspera de un asistente que grita: "¡Viva la literatura!". En Parapanda hubiéramos gritado lo mismo.
3 comentarios:
Hace exactamente veinte años, querido Tito, de 1991 a 2011. Veo que tu afición a Dumas permite concebir "Veinte años después..."
Gracias por la referencia, siempre dichosa.
Aivá, no había caído en el detalle. Esta noche le propongo a mi adorada Roser que, para celebrar tan agradable efemérides, nos bebamos una botellita de cava, naturalmente Modelo para armar (extra brut)ustéd me entiende. Suyo en el jolgorio, JL
Un magnífico post. Instruyánse porque necesitamos de vuestra sabiduría. Pasando de Gramsci a Azaña: En España, la mejor manera de guardar un secreto es escribir un libro.
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