viernes 26 de noviembre de 2010

LOS MERCADOS CASTIGAN A LA UNIÓN EUROPEA



José María Zufiaur


La prima de riesgo de los “países periféricos” de la zona euro se ha disparado de nuevo hasta sus niveles más altos como consecuencia de la reacción de los mercados a las medidas adoptadas los pasados 28 y 29 de octubre por el Consejo Europeo. En realidad, las condiciones impuestas por Alemania para el pacto alcanzado suponían una invitación a ello.

Cuatro han sido las medidas debatidas en dicho Consejo. De un lado, endurecer en gran medida la disciplina establecida en el Pacto de Estabilidad (y de Crecimiento, que completa de manera totalmente retórica su nombre). Se establecen, a tal efecto, requisitos para que los Gobiernos nacionales consulten a la Comisión y al Consejo de ministros de la UE los presupuestos nacionales antes de que vayan a sus respectivos Parlamentos. También la obligación de que aquellos incluyan en la propuesta presupuestaria las recomendaciones que les indiquen las instituciones comunitarias.

Además, se establece un proceso sancionador más rápido y semiautomático. No sólo tendrán que comprometerse a reducir el déficit por debajo del 3% sino también, si la deuda excede del 60% del PIB, serán sometidos a un procedimiento de “déficit excesivo” y la tendrán que reducir a un ritmo de un 20% anual hasta llegar al umbral predeterminado. A tal efecto se establecerán medidas y sanciones preventivas y coercitivas que pueden ir desde la exigencia de depósitos, sin intereses o con intereses, hasta multas. Incluso, para los países de la zona euro, se pretende llegar a desposeer a los Estados miembros de su derecho de voto en el Consejo si no cumplen las orientaciones establecidas. Las sanciones se establecerán por una “mayoría inversa”: no hace falta que el Consejo las apruebe, solamente que una mayoría del mismo no se oponga a ellas. Para los países que no pertenezcan a la zona euro también se prevé que, si no se atienen a los criterios de disciplina presupuestaria, puedan ser desprovistos de las aportaciones de los fondos estructurales.

La exigencia alemana

Exigida por Alemania, la segunda medida del paquete de gobernanza económica y social consiste en crear un mecanismo permanente de resolución de las crisis que sustituya al Fondo de Estabilidad Financiera Europea y al Mecanismo de Estabilidad Financiera Europea, creados en mayo de este año y que caducan a mediados de 2013.

La tercera propuesta, también demanda por la Sra. Merkel, está en estudio. Y consiste en la idea de crear un marco que permita, si algunos países llegan a ese extremo, el impago de la deuda y la reestructuración-renegociación de la misma. Implicando en ese procedimiento a los acreedores, es decir a los bancos. Propuesta contra la que ha reaccionado de manera virulenta el Presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet.

En fin, la cuarta pata de la gobernanza económica europea, derivada del la Agenda 2020, la conforma un conjunto de reformas radicales que afectan a las pensiones, el mercado de trabajo, los salarios y la negociación colectiva, las prestaciones de desempleo, las políticas activas de empleo y la política social (básicamente, la educación-formación y la lucha contra la pobreza y la exclusión social).

¿Qué valoración se puede hacer de este paquete de medidas sobre las que se quiere articular la gobernanza económica y social europea? Desde luego, tras la existencia de una moneda única y la creación del Banco Central Europeo resultaba imprescindible el establecimiento de mecanismos de gobierno económico de la UE, especialmente de la zona euro. La crisis ha puesto dramáticamente en evidencia su necesidad.

La CES opina

Pero, como ha señalado la Confederación Europea de Sindicatos (CES), tal gobernanza debería basarse en dos principios: 1) que los Estados evitaran recurrir al dumping salarial y social como alternativa a la devaluación monetaria; 2) que la gobernanza sirviera para potenciar una expansión común y coordinada de la demanda ya que está demostrado que, de esa manera, la UE crece el doble que cuando los Estados actúan aisladamente.

En lugar de ello, las propuestas de la Comisión y del Consejo están concebidas para promover una contracción coordinada de la demanda (que es lo que menos necesita la situación actual). Y para proseguir las políticas no cooperativas que han caracterizado a la Estrategia de Lisboa, cada Estado es dejado a su suerte y obligado a tratar de salir de la crisis a expensas de los otros.

Este diseño de gobernanza europea ha surgido del pacto entre Merkel y Sarkozy. Con el apoyo de Cameron, a cambio de que el presupuesto comunitario en lugar de crecer para el próximo ejercicio el 6% sólo crezca el 2,9% (concesión realizada al Reino Unido pese a que este país está exento de las medidas y sanciones del pacto, como consecuencia del protocolo 15 del Tratado de Lisboa).

Además de recesivo, tal diseño no aborda los déficits que viene arrastrando la construcción europea. Está desprovisto de un proyecto y una finalidad política clara y profundiza en dos características históricas del Pacto de Estabilidad: el bajo crecimiento del conjunto de la UE en relación con otras áreas del mundo y el enorme aumento de las desigualdades que se ha producido en Europa en las últimas décadas.

El empleo debe ser prioritario

El pacto de gobernanza económica y social no tiene tampoco en cuenta otros bienes públicos europeos que no sean los de la estabilidad monetaria. El objetivo de la expansión del crecimiento, la alimentación de la demanda y la creación de empleo brilla por su ausencia. Se mantiene la negativa a transferir poderes significativos a la UE en materia fiscal y presupuestaria (el presupuesto comunitario es del 1%, frente al 24% del presupuesto federal estadounidense). No se habilitan recursos propios ni se aprueba capacidad de endeudamiento europeo. Tampoco se ponen en marcha los bonos europeos o la imposición a las transacciones financieras. Ni se plantean cuestiones esenciales para el desarrollo económico de la Unión como la energía, la innovación, la política industrial, la de transporte. O un enfoque orientado hacia un cambio de modelo productivo sostenible.

Tal y como está planteado, la austeridad fiscal, la austeridad salarial y la austeridad social se combinan, en el sistema de gobernanza económica y social europea, para alimentar una nueva recesión económica. Eso sí, con los estabilizadores económicos de la protección social profundamente debilitados.

En opinión de la CES, la Comisión y el Consejo pretenden, con tal modelo de gobernanza, hacer pagar enteramente los costes de la crisis a los trabajadores. Poniendo, a tal efecto, en causa todas las instituciones que sustentan la seguridad económica y social de los trabajadores: los salarios, la estabilidad del empleo, las prestaciones de desempleo, las pensiones de jubilación.

Dificultades y contradicciones

Más allá de sus contenido, el proyecto de gobernanza económica y social europea plantea algunas dificultades y contradicciones que le serán difíciles de superar.

En primer lugar, el método de supervisión presupuestaria, denominado “semestre europeo”, parece mucho más teórico que posible de aplicar en la práctica.

En segundo lugar, la exigencia alemana de que los mecanismos de rescate permanentes -a falta de hacer conseguido que las sanciones monetarias y políticas fueran automáticas- se incorporen al Tratado de Lisboa por la vía de una legislación derivada sin que tenga que ser refrendados por los Parlamentos nacionales (o, en su caso, vía referendos) no parece fácil de conciliar. Y si se abre la caja de Pandora de la reforma del Tratado – tras 8 años de parálisis para aprobar el Tratado de Lisboa – la dinámica política a que dé lugar puede hacer temblar los cimientos de la UE.

Y, en tercer lugar, la exigencia alemana de establecer un mecanismo para que algunos Estados miembros se puedan declarar en quiebra y puedan renegociar la deuda con sus acreedores resulta contradictoria con la idea de establecer un mecanismo permanente de rescate. O hay solidaridad y rescate o si se deja la vía libre para que sean los mercados los que impongan sus primas de riesgo diferenciadas, las consecuencias serán dos: primero, se lanza un mensaje de que es imposible establecer una zona monetaria realmente integrada. Segundo, se desvaloriza y se vacía de credibilidad el mecanismo de rescate, incitando a los mercados a que actúen contra los Estados más vulnerables.

Apenas diez días más tarde de la reunión del Consejo Europeo, es lo que está sucediendo: los mercados se han lanzado contra Irlanda, Grecia, Portugal y España. Y acechan a Italia.

¿Pero no decía nuestro Gobierno que esto se había acabado con la reforma laboral y con la promesa de dar un tajo sin precedentes al sistema de pensiones?


José María Zufiaur

Este artículo ha sido publicado en La factoría (su revista amiga)

martes 23 de noviembre de 2010

LA DETENCIÓN DE MARCELINO CAMACHO SÓLO FUE UN RASGUÑO



Nota editorial. Se publica un esbozo de mi intervención en un acto que organiza el Arxiu Històric de Comisiones Obreras de Catalunya el dia 2 de diciembre con el siguiente cartel: Eduardo Saborido, Jaime Sartorius y un servidor de ustedes. La foto se corresponde con el homenaje de Comisiones Obreras de Catalunya al pintor Antoni Tàpies.



Desde el Plan de Estabilización hasta la primera crisis del petróleo España fue el segundo país del mundo en crecimiento real, sólo superado por Japón. Pero de sopetón, tras la guerra del Yon Kippur, pasamos a una situación bastante estrafalaria. De golpe nos encontramos con que, a partir de octubre de 1973, sólo las importaciones de productos petrolíferos representaban el 4 por ciento del producto bruto. Ahora bien, España hace en principio como si no existiera la crisis, como si no pasara nada. Más todavía, Antonio Barrera de Irimo, Ministro de Hacienda, no sólo ignoró la crisis sino que, en unas declaraciones públicas, negó taxativamente que existiera, creando de esa manera un cierto precedente de posturas más recientes.
Este es el somero cuadro sinóptico de la situación económica cuando se produce la detención de Marcelino Camacho y sus compañeros en junio de 1972. Mi maestro Cipriano García, Armando Varo y yo mismo nos escapamos de la redada.


¿Qué novedades hay en ese contexto? La reaparición de un movimiento de masas tras la confusa situación en la que nos encontramos, CC.OO., a finales de la década de los sesenta. Es un movimiento rotativo por zonas geográficas que tiene su arranque en la huelga de la construcción de Granada en el verano de 1970. Digamos que, en esa acción colectiva, durísimamente reprimida con tres asesinatos de dirigentes obreros, reaparecen, agigantados, los rasgos definitorios del nuevo movimiento obrero que impulsaba Comisiones Obreras.


A mi juicio, la etapa que estamos relatando –esto es, el largo contexto de las secuelas del llamado Proceso 1001-- tiene como principal característica el paso de la parcial desintegración (especialmente de los años 69 y primer semestre del 70) a un itinerario de lenta pero irreversible reintegración del movimiento de los trabajadores, de un recorrido de parcial desintegración centrifuga a los esfuerzos por la coordinación implícita de las acciones colectivas que se van sucediendo. En resumidas cuentas, tras la huelga granadina y las grandes movilizaciones de la primavera del Ferrol en 1972 ya no se dará ninguna situación como el año verdaderamente de plomo del 69. Ello explicaría que, por ejemplo, en aquel contexto de la crisis de 1973 se dieran importantes victorias salariales.


Se trata de grandes movimientos de lucha. De ellos surgen nuevas formas de representación, nuevos sujetos colectivos que curiosamente tienen una serie de características de la acción colectiva de organizaciones de otros países, que rompen definitivamente con su anterior forma de ser. Por ejemplo, los italianos enterrando las “comisiones internas” y creando los consejos de fábrica, con Bruno Trentin al frente; los ingleses que ensayaron la experiencia de los delegados sindicales "puenteando" a los sindicatos de oficio; los brasileños (con Lula a la cabeza) que sobrepasan a los sindicatos corporativos (los pelegos); los sindicatos autónomos polacos contra los estatalistas … Y por supuesto la acción colectiva española. El epicentro de toda esa acción es el centro de trabajo, que ya inicia las grandes transformaciones que vendrán los próximos decenios, mediante la asamblea deliberativa (nuestra singular ortopraxis): la base de la independencia y autonomía, instrumento de la democracia participativa y pilar de la unidad social de masas.
Concretamente, fue en aquellos momentos cuando se apunta, a trancas y barrancas en el sindicalismo español, un eficaz modelo de representación que, curiosamente, todavía se mantiene; un modelo que habría que repensar.


Vale la pena señalar que la detención de Marcelino Camacho, Eduardo Saborido y el resto de los compañeros sólo representó un rasguño para la organización y el movimiento. Tan selectiva represión (la flor y la nata del sindicalismo español) no impidió que la lucha siguiera su curso. Francamente, los suplentes que estaban en el banquillo no desmerecieron. Soy de la opinión que todavía no se ha hecho suficiente justicia a la personalidad de Cipriano García. En eso me recuerda la figura de Luigi Longo, emparedado entre dos figuras tan gigantescas como Palmiro Togliatti y Enrico Berlinguer. Quiero decir que a Longo todavía no se le ha hecho la justicia que se merece. De Cipri se ha hablado largo y tendido con motivo de su aportación al movimiento obrero y sindical de Catalunya, pero todavía no ha sido valorado suficientemente su guía española en todo el itinerario que va desde julio del 72 hasta la salida de Marcelino, Eduardo y Nicolás Sartorius de la prisión años más tarde.


El puñado de movilizaciones (la mayoría de las grandes con características de huelga general locales o de sector) que se irán produciendo –Vigo, el Baix Llobregat, Navarra, Construcción, los Textiles, el campo andaluz, la Banca etcétera— junto con las realizadas en las catedrales (cuasi)fordistas –Seat, Olivetti, en Sevilla y Madrid) tienen como dirigentes a una nueva generación de líderes sindicales que actúan abiertamente, es decir, a pecho descubierto que es, simultáneamente, una garantía de relación personal, de compromiso sentimental con la gente (en la acepción que Gramsci le daba a compromiso sentimental) y de protección frente a la represión. No es un tópico afirmar que cada detención de un dirigente le costaba caro a la dictadura. Digamos que el itinerario post 1001 es un consolidado proceso de salida a la superficie que ya no tendrá vuelta atrás. La culminación de ese recorrido de conquista de la libertad sindical, todavía bajo el franquismo, tiene su momento culminante en el copo por parte de las candidaturas obreras y democráticas (mayoritariamente de Comisiones Obreras) en las elecciones sindicales de 1975, el gran momento de asalto a las estructuras del sindicalismo putativo de la vieja CNS, ya disfrazada de Organización Sindical Española que, como la mona, se había vestido de seda. Se diría que, tras el resultado de esas elecciones, todas las "franquicias" de Comisiones Obreras están en un movimiento que ya no es espasmódico sino fisiológico.


A grandes rasgos podemos decir que nos salimos con la nuestra. Es más, tal como he afirmado en otras ocasiones, esa agregación de fuerzas nos llevó a la ruptura sindical. En cambio, no hubo ruptura democrática.


Pero hubo algo que no conseguimos: la unidad sindical orgánica. Precisamente fue a discutir este tema al que estábamos convocados en la reunión de Pozuelo de Alarcón, cuando la famosa detención que dio lugar al Proceso 1001. En concreto se trataba de un documento, preparado por la mano sabia de Nicolás Sartorius que nosotros habíamos discutido concienzudamente en Catalunya. Como homenaje a don Joaquín Ruiz-Jiménez recuerdo que el informe de Sartorius, limados algunos adjetivos para que pasara la censura, fue publicado por Cuadernos para el Diálogo con la firma de N.S.A., vale decir, Nicolás Sartorius Álvarez.


Digamos que en el imaginario de Comisiones Obreras siempre estuvo presente la unidad sindical, que se convirtió en un planteamiento recurrente en aquellos tiempos. Se diría que incluso lo convertimos en un mitologema. Es claro que nuestro gozo acabó en el pozo. No es el momento ahora de entrar en más consideración de la unidad que pudo haber sido y no fue. Tan sólo una muy breve reflexión al respecto: ahora que no consideramos la unidad como un mito, tal vez sea posible empezar a enhebrar paciente y gradualmente los primeros retales para llegar a ella.
Lo que no puede ser, en mi modesta opinión (poco documentada, naturalmente) es que se pase del mito de la unidad sindical a la desgana y al acostumbrarse a no buscarla. Hombre, ni tanto ni tan calvo.


Radio Parapanda. Vietnam 2010 - Una aproximación sindical II (Relata Isidor Boix)


sábado 20 de noviembre de 2010

DE LA IZQUIERDA CONSIDERADA MALDITA


“¿Qué relación existe entre Sade, el divino Marqués, y el sistema industrial capitalista, más allá de una coincidencia temporal en el lapso histórico en el que ambos despliegan sus potencialidades en Francia?”. La respuesta la proporciona Antonio Baylos en dos partes: 1) Recomendándonos el estudio y lectura de un libro de Antonio Casilli, La fabbrica libertina, muchas de cuyas formas de enfocar el tema resultan hoy, tras las turbulencias financieras y empresariales producidas tras la crisis del 2008, de rabiosa actualidad; 2) más despaciosamente en un trabajo que Izquierda y Futuro, la revista granadina que reaparecerá por sus fueros antes de que Granada se vista de año nuevo. [Por supuesto, estos comentarios son inocentes maniobras para calentar motores, vale decir, como recordatorio de que ya viene el cortejo y suenan los claros clarines de la revista]. Me sumo a la indirecta recomendación del profesor Baylos: la lectura de La fabbrica maldita tiene, además, el encanto de la literatura de la izquierda maldita. Recuerden las recomendaciones de nuestro Bruno Trentin acerca de la necesidad de aprender de aquella izquierda que nunca venció.


Y ya que estamos de recomendaciones, voy por la segunda: se trata de la obra de
Bruno Rizzi La burocratización del mundo”, cuya versión castellana se debe a la sapiencia de nuestro amigo Juan Ramón Capella, el caballero de la foto, que ya de por sí es toda una garantía como saben los pobladores de aquende y allende los mares. Esta versión castellana la debemos a Península y, aunque es de 1980, todavía hay ejemplares; mi eficaz librero de cabecera, Domènec Benet –de calellense natío— me la ha proporcionado: pagant Sant Pere canta. Se trata de otro ejemplo de la izquierda (considerada) maldita.


Ciertamente, el libro de Rizzi forma parte de aquella alta literatura que, a mediados de los años treinta, polemizó acerca de la naturaleza del Estado soviético, a saber, si era un estado socialista o un estado buocrático, y otras cuestiones más. Entre conspicuos teóricos brilló –con o sin razón, en este caso— la potente pluma de aquel león de comunismo que fue Trostky. Ahora bien, así las cosas ¿esta obra es, por ello, pura arqueología? No, padre. Porque la obra es una honda reflexión de las causas que motivan el nacimiento y la génesis de los procesos de burocratización. Por lo tanto, su lectura es útil también en nuestros días al personal de una cooperativa y al bloque de escalera; a los círculos sindicales y políticos; a las oenegés y, por supuesto, a las Hermanitas de los Pobres.


Lean, no se corten con la literatura de la izquierda (considerada) maldita: pro captu lectoris

Radio Parapanda y Radio Tantarantana emiten ENCUENTRO DE TARSO GENRO, GOBERNADOR DE RIO GRANDE DO SUL, CON GENTES DE LA CULTURA, LA UNIVERSIDAD Y LA INVESTIGACIÓN EN ESPAÑA.

martes 16 de noviembre de 2010

ANTONI TÀPIES, COMISIONES OBRERAS Y EL VIETNAM



El jueves Comisiones Obreras de Catalunya haremos un homenaje al gran pintor catalán Antoni Tàpies. Mi intervención en el acto dirá, más o menos, lo que sigue.



Querido maestro Tàpies:


Permita usted a este viejo sindicalista que le rinda el más sentido de sus respetos y la más alta consideración a su compromiso por las libertades que, como todos sabemos, son inseparables las unas de las otras. Este es un homenaje que le debíamos por lo menos desde 1974, y que, por fin, se ha materializado. El caso es que en la primavera de 1974 …

… Cipriano García nos propuso al grupo dirigente de Comisiones Obreras de Catalunya una acción solidaria orientada a facilitar la reconstrucción del Vietnam. Él mismo concretó la manera: podríamos hablar con Antoni Tàpies para que hiciera un cuadro; las correspondientes “copias” las distribuiríamos en los centros de trabajo a un precio módico (más bien “la voluntad”) y el dinero recogido lo enviaríamos a las autoridades vietnamitas.


Se pensó en usar los buenos oficios de Xavier Folch ya que sabíamos de buena tinta que era el Enviado de Tàpies en la Tierra. Y encargamos a Tito Márquez que hiciera todas las gestiones. Tito y Xavier Folch hablaron con el maestro y el resultado fue, como no podía ser de otra manera, óptimo. Tàpies nos regaló el cuadro original y Tito puso en marcha todo el engranaje: la impresión de las copias y la distribución de las tarjetas en las fábricas. El resultado fue una colecta de un poquito más de cincuenta mil pesetas. Una cantidad que hoy podría parecer irrisoria pero que, para la época, no era despreciable, especialmente por las condiciones en que se desarrollábamos la acción colectiva antifranquista.


Lo cierto es que teníamos canales suficientes para enviar directamente ese dinero a nuestras amistades vietnamitas. Pero fue nuestro Ángel Rozas quien, desde la delegación exterior de Comisiones Obreras en París, nos reorientó. Más o menos nos dijo: como tenéis que venir a París para … (ahora no recuerdo exactamente para qué), vosotros mismos se lo entregáis al embajador del Vietnam. Y eso hicimos. De manera que Cipriano García y un servidor –con dos pasaportes más falsos que Judas-- fuimos a París a lo que fuera. Y, tras las gestiones oportunas, Cipri, el mismo Rozas y yo mismo, fuimos recibidos por el embajador. Este amigo y sus colaboradores nos invitaron a unas copitas y a unos pastelillos de guirlache. Explicamos la historia del cuadro, la distribución y nos excusamos por la cifra tan modesta. Ni qué decir tiene que el embajador no salía de su asombro.


Mucho debemos al maestro Tàpies. También a otros grandes artistas. Recuerdo ahora algo sobre lo que, hasta la presente, se ha dicho poco. Por ejemplo, Joan Miró, en 1968, regaló un cuadro con motivos y figuras del Primero de Mayo. Se hicieron miles y miles de litografías que se vendieron como rosquillas dentro y fuera de los centros de trabajo; su destino fue la ayuda solidaria a los presos y sus familias. Es posible que, en no pocas casas de viejos afiliados y amigos del sindicato, sigan todavía mostrando el testimonio de otro gran artista con la causa de los trabajadores, la libertad y la democracia.


Eran tiempos en los que existió un ethos entre artistas y movimiento de los trabajadores en torno a un objetivo explícito: las libertades democráticas en toda España y las nacionales de Catalunya. En todo lo alto estaban Tàpias y Miró, Ibarrola y Genovés, entre otros. Con un gran compromiso que, además de político, era sentimental, en la acepción que Gramsci daba a ese concepto. Posiblemente el momento más clamoroso de ese compromiso fue la gran exposición que se hizo en Milán y otras ciudades italianas en solidaridad con la lucha de los trabajadores contra la dictadura franquista. Que contó con el gran acompañamiento de gentes como Picasso, Miró, Alberti, Pablo Neruda, Joan Brossa, Ibarrola, Tàpies, Genovés, Valdés, Guinovart, Quessada, Seoane, Díaz Pardo, Mercedes Ruibal, Cristóbal, Ortega, Arroyo, Saura, Equipo Crónica... No pocos de estos cuadros y materiales salieron clandestinamente de España; el compañero Alfredo Conte, dirigente del sector de la Alimentación, coordinó todos los detalles de la muy noble intendencia y en Italia fue Carlitos Vallejo quien se ocupó de todos los problemas de la noble intendencia.


Que hoy se rehaga ese compromiso entre artistas y el sindicalismo sería de gran interés. Existe un antecedente, ya en democracia, fue la exposición itinerante Arte y solidaridad. Los pintores españoles y el cartelismo sociopolítico, que recorrió las más importantes de nuestras ciudades.


Querido maestro, le reitero nuestro afecto y nuestra admiración por su coraje democrático y civil.

lunes 15 de noviembre de 2010

ELECCIONES: LA SOSPECHA DE VITTORIO FOA



Me parece que la campaña electoral de las autonómicas en Catalunya ha entrado en una fase de banalidad, de dimes y díretes sobre los que no veo su importancia, de ausencia de punto de vista fundamentado. No descarto que sea puro subjetivismo por mi parte, pero sea como fuera así lo digo.


Y es que tengo la impresión de que la palabras de la política están tan vacías como las nueces vacuas. O, si se prefiere, como a nuestra zoología política le cuesta enhebrar algún que otro pensamiento fundamentado (no descarto que esto sea también puro subjetivismo por mi parte), no hay manera de que la ortopedia de las palabras tenga aliciente. Ahora bien, la cosa no ha hecho más que empezar, de manera que en pura hipótesis todavía nuestros políticos están a tiempo de rayar a la altura en la que ellos mismos creen estar.

Por mi parte, estimo que, pro bono publico, nada se pierde (al contrario) si insertamos aquí una serie de breves artículos del maestro Vittorio Foa. Les cuento: estos pensamientos los escribió unos meses antes de morir a la edad de ¡noventa y ocho años! Lean, lean:
LAS PALABRAS DE LA POLITICA

martes 9 de noviembre de 2010

RECOMENDACIÓN DE BEVERLY SILVER


En anteriores entradas he hecho referencia al libro de Beverly Silver. Yo lo había estudiado a fondo en su versión italiana, la publicada por Mondadori: Beverly Silver ha estudiado en Le forze del lavoro. Movimienti operai ed globalizzacione dal 1870. Pues bien, Paco López –el gran animador del importante blog Secció sindical d´UGT-Troll (SOT-UGT). BLOC PARA LA DIFUSIÓN Y DISCUSIÓN DE TEMÁTICAS SINDICALES— me hace llegar la noticia de que dicha investigación tiene su correspondiente versión castellana, editada por Akal: Las fuerzas del trabajo.


Dos cosas. Primero, agradezco al compañero Paco esta información y me acuso de no haber estado al tanto; resulta que la edición castellana es muy anterior a la italiana, que adquirí en mi último viaje al "país donde florece el limonero", según dejó cantado Goethe. Segundo, recomiendo muy vivamente la lectura y el estudio parsimonioso de este trabajo de la socióloga norteamericana. Es de gran utilidad para sindicalistas y gentes del talento; también puede ser útil para talabarteros e ingenieros de caminos, puertos y canales.

Una observación necesaria: no pocos sindicalistas afirman que “no tienen tiempo”. Se trata de una pose para indicarnos que están muy atareados, y de hecho lo están. Pero también lo estaba Lev Davidovic Bronstein, más conocido como Trostky, y no paraba de leer y escribir mientras ejercía sus más altas responsabilidades. O sea, consideraba que leer y escribir era una tarea de primer orden.


Nota aclaratoria. El curioso lector sabe que el personaje de la foto es Walter Benjamín. El retrato se explica porque en el blog arriba citado figura un homenaje a WB en el 70 aniversario de su muerte. Tal vez sea el único blog sindical que ha caído en ello. Atención a los comentarios que aparecen en las entradas.

lunes 8 de noviembre de 2010

EL AGOTADO MODELO DE CONCERTACIÓN SOCIAL


Este blog publicó el otro día la importante intervención de Quim González en la clausura del Comité Federal de Fiteqa-CC.OO: DESPUÉS DE LA HUELGA DEL 29, ¿QUÉ? HABLA QUIM GONZÁLEZ Lo hicimos por la anomalía que representa una intervención que es, a todas luces, clarificadora desde su mirada crítica. Con una crítica, a su vez, muy constructiva. Se diría que lo que realmente hace Quim es formalizar lo que desparpajadamente se dice en corrillos informales, pero que pudorosamente se calla en la solemnidad de las reuniones. De hecho esta es la tradición, hasta donde la memoria me alcanza, de los químicos y textiles. La novedad, en esta ocasión, es que afortunadamente le han dado cuatro cuartos al pregonero, esto es, la han publicado en la web federativa. De ahí la sacamos y, en el argot del medio, la pirateamos. De paso, nos permitimos la imprudencia impertinente de comentar la jugosa intervención del secretario general de los fitecos.


Primero. Pienso que la exigencia que se plantea en el informe de trasladar la visión panorámica de la huelga del 29 de septiembre a una observación microscópica –esto es, sector por sector y lugar por lugar— no es solo una exigencia de verificación formal sino un método obligado de rendirnos cuentas a nosotros mismos. O lo que es lo mismo: la mirada al por mayor o granel debe conducirnos a la observación al detalle. Precisamente porque la movilización fue importante estamos obligados a relatar lo que el ponente califica, junto a los aciertos, como cardos, y yo mismo definí como burgos podridos. Concretamente lo dije en
¿DÓNDE HA HABIDO GARBANZOS NEGROS? Más todavía, incluso desde la mirada panorámica parece obligado que reflexionemos en torno a lo que un servidor apuntaba en una de las “entradas” en este blog pocos días después del día 29 de septiembre: Convengamos –según los datos que tenemos todos en el armario de la realidad-- que en esta huelga los sectores industriales, que ya cuantitativamente son minoritarios por su demografía como por los niveles de afiliación al sindicalismo confederal, han sido los que han corrido con el peso mayoritario del desarrollo de la huelga. Los sectores terciarios, que ya son mayoría en número de asalariados y en índices de afiliación, han tenido una participación muy, muy desigual: de gran importancia en los transportes y medios de comunicación, y en el resto –salvo excepciones— ha conocido un gran número de garbanzos negros. Seamos claros: esta fue una asincronía que viene de hace algunos años y que –precisamente por no tenerla en cuenta-- se ha repetido clamorosamente en la huelga del 29 de septiembre. Este es un asunto de extrema importancia porque se refiere al carácter y amplitud del conflicto social, especialmente cuando adquiere dimensiones generales.


Segundo. Puesto a seguir hilando fino, Quim González afirma: “creo que la huelga general se mide en los centros de trabajo, se mide con las empresas vacías y no con las calles vacías”. Sorprendentemente, esta afirmación que parece tener una cierta dosis de heterodoxia es, fundamentalmente, la más brillante tradición de la acción sindical del siglo XX cuando se va conquistando, gradualmente, derechos de ciudadanía en el centro de trabajo. Esta es nuestra memoria colectiva y así lo ha dejado escrito la investigadora norteamericana Beverly Silver. Que ha estudiado en Las fuerzas del trabajo (Akal, 2005) las formas de lucha de los trabajadores, en sus rasgos generales, a lo largo de todolos siglos XIX y XX. En aquellos tiempos lejanos los obreros en la manufactura expresaban su acción colectiva no tanto dentro de la fábrica sino en el exterior: la organización del trabajo no ofrecía, todavía, instrumentos particularmente ventajosos para la lucha, de ataque al poder del patrón, hecha la excepción de la huelga; de ahí que la movilización obrera tendiera a basarse en las relaciones sociales del y en el territorio: un ámbito social externo a la fábrica.

Ocurre, sin embargo, que sin saber exactamente porqué el enfoque sindical, en esta cuestión, se ha ido deslizando a la panorámica mediática que, con razón o sin ella, han impuesto los medios de comunicación. Que los medios tengan esa visión es algo que les afecta (o debería afectar) a ellos y solo a ellos. Pero no al sujeto social convocante, director y “gestor” de la acción colectiva que es la huelga o el conflicto social.


Pienso que Quim González acierta, con la ortoxia del siglo XX. Porque, si se me permite la altisonancia, la vis histórica del sindicalismo surge del y en el centro de trabajo, y es ahí donde se ejerce principalmente (aunque no únicamente) el conflicto social que es la huelga, sea general o sectorial. Luego la valoración de ese conflicto no puede ser otro que “la fábrica vacía” o, para mayor precisión, el centro de trabajo en huelga. Comparado con ello, las calles vacías son un perifollo. En resumidas cuentas, la madre del cordero está en el centro de trabajo, y ese –y no otro— el rasero de cómo valorar la huelga. Ni siquiera lo es la manifestación multitudinaria que, aunque importantísima, no puede suplir la vis histórica del sindicalismo. Entiéndase bien, no estoy contraponiendo la huelga en el centro de trabajo a la manifestación multitudinaria; estoy citando prelaciones.


Tercero. En un momento determinado Quim González nombra la bicha. Viene a recordar que nuestra debilidad está en la empresa: “Nuestro déficit está en cómo influimos en la humanización de las condiciones de trabajo, en la seguridad del puesto de trabajo, en la cualificación y la organización del trabajo, en como somos parte activa y principal de la transformación que viven las empresas centralizando funciones, descentralizando decisiones, etc… Nuestro déficit esta en arañar derechos colectivos e individuales para los trabajadores y trabajadoras, en avanzar en la participación de éstos y de sus sindicatos en la marcha de la empresa: es en estos aspectos en los que tenemos, sin duda, muchos más déficits de propuesta, iniciativa, debate y reflexión sindical, que en los relativos a las políticas públicas”. Son cosas sabidas desde hace mucho tiempo; es más, yo diría que esta es otra de las gangas que los sindicalistas de mi quinta dejamos a los que nos sucedieron. Pero que las nuevas generaciones han corregido muy levemente.


Pienso que la tradicional debilidad del sindicalismo en el centro de trabajo responde dos elementos que se condicionan mutuamente. De un lado, la desubicación del sujeto social con relación a las gigantescas mutaciones de época que vienen de hace unas décadas; de otro lado, el envejecido modelo de representación en el centro de trabajo que representa ese ilustre anciano que es el comité de empresa. Estos dos grandes problemas –sobre los que vengo insistiendo desde hace mucho tiempo-- explicarían porqué nuestro sindicalismo confederal no está suficientemente ancorado en el centro de trabajo, esto es, el déficit de su vis histórica.


Cuarto. Si la generación fundadora de Comisiones Obreras –en tiempos de dura represión y ausencia de libertades-- provocó una radical discontinuidad con “lo viejo”, los actuales grupos dirigentes deberían hacer lo propio, esto es, poner las bases de un cambio profundo. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que no es posible mantener el anclaje cultural que todavía se tiene en las culturas y prácticas del fordismo, ya que este sistema es ya pura chatarrería. En ese anclaje me parece que radican todos los problemas que tenemos. Para decirlo en palabras rotundas: debemos ser el sindicalismo que, en el actual estadio de la sociedad informacional, exprese su personalidad de sujeto-conflicto. De ahí que piense que el tipo de concertación con nuestras contrapartes, que se ha ejercido hasta la presente, esté definitivamente agotado. Agotado en sus contenidos que siguen estando en sintonía con el fordismo y no en el nuevo estadio de la innovación-reestructuración. La salida que propongo la he expuesto en
DESPUÉS DEL FORDISMO, ¿QUÉ? Ello me ahorra insistir en el tema.


Con todo, algo me queda por aclarar. El actual modelo de concertación prima el carácter legislativo sobre el contractual propiamente dicho. En ese modelo hemos crecido y –queriendo o sin querer— hemos participado de un abundoso contagio legislativo de nuestras relaciones laborales. Que, además, siempre acaba con la confrontación entre el movimiento de los trabajadores (con el sindicalismo a la cabeza) y la representación popular que representa el Parlamento. Eso es lo que ha ocurrido bajo los diversos gobiernos de no importa qué color aparentan sus banderas.


Pues bien, si este modelo está definitivamente agotado, parece claro que hemos de reinventar uno nuevo. Que no tenga como baricentro un elemento puntual, aunque no lo excluya. Sino un itinerario de largo recorrido, es decir, la negociación permanente en torno a la gran cuestión de la innovación tecnológica. Y el engarce de esta con los grandes temas del Estado de bienestar, estableciendo los vínculos y compatibilidades con la cuestión medioambiental.


Radio Parapanda. Conclusiones XIX Encuentro de Expertos Latinoamericanos de Relaciones Laborales

sábado 6 de noviembre de 2010

DESPUÉS DE LA HUELGA DEL 29, ¿QUÉ? HABLA QUIM GONZÁLEZ



Nota aclaratoria. Navegando por los mares del Sur de Internet hemos encontrado esta joya sindical. La reproducimos por su originalidad y porque (intuimos) abre el apetito al necesario debate que se tiene pendiente.




INTERVENCIÓN PARA LAS CONCLUSIONES DE LA REUNIÓN DEL COMITÉ FEDERAL DE FITEQA-CC.OO. REALIZADA LOS DIAS 14 Y 15 DE OCTUBRE 2010.


Hoy seguramente a pocos días del 29 de septiembre todavía no estamos en condiciones de percibir en toda su amplitud el alcance, la dimensión, y las consecuencias de esta movilización. Menos aún sí -como es el caso- pretendemos no ceñirnos a valorar el seguimiento más o menos masivo, importante, débil o mínimo, en las empresas, sectores o colectivos.


Lo primero que hoy queremos hacer es valorar el trabajo realizado por cada una de las organizaciones en la preparación de la Huelga General. Sin duda ninguna, podemos afirmar que el resultado global es muy positivo; también lo es en nuestra Federación. No estoy seguro de que todas las organizaciones confederales puedan presentar este mismo balance.


Las lecciones las adquiriremos del detalle, del resultado de pegar bien la oreja estructura a estructura sindical, centro de trabajo a centro de trabajo. Hoy, la fotografía es panorámica, y podemos afirmar, con rotundidad, que lo que vemos es verde, es positivo; podemos y debemos estar satisfechos del resultado de la huelga y mucho más si consideramos las enormes dificultades que hemos tenido que superar: la propia crisis y, derivados de ella, los temores lógicos a la pérdida del puesto de trabajo, el que fuera dirigida contra un gobierno socialista, y también el feroz y antidemocrático ataque a los sindicatos y a sus líderes realizado por parte de algunos medios de comunicación alineados en la más rancia derecha.


Ahora bien, sin minusvalorar el trabajo y el resultado alcanzado, no podemos quedarnos en la fotografía panorámica; no podemos quedarnos en el campo verde, no podemos quedarnos en la satisfacción general del seguimiento de la huelga, ni en el éxito de la masiva asistencia a las manifestaciones realizadas el pasado 29 de septiembre. Cuando la fotografía deja de ser panorámica y acercamos el objetivo percibimos mejor los detalles, vemos, que hay flores hermosas y flores perfumadas de muchos colores, pero también cardos que estamos obligados a analizar. Sin duda, la respuesta a la movilización no ha sido igual en todos los sectores de la economía, ni en todos los territorios.


Pasada la huelga, es tiempo de debate y de preguntas. Yo tengo un saco de interrogantes, a pesar de que como todos sabemos los interrogantes son caros y las certezas son baratas, aunque no siempre más útiles.


Nuestra Federación tuvo dudas de que fuera acertada la convocatoria de la huelga de funcionarios, pero ninguna duda acerca de la autonomía que tienen las Federaciones afectadas para tomar esta decisión. No compartimos la adhesión a la convocatoria de huelga realizada en Euskadi por los sindicatos ELA y LAB y así lo expresó, en absoluta soledad, nuestra Federación de Euskadi en la reunión del Consejo Confederal de Euskadi en la que se acordó esta convocatoria.


Tengo interrogantes sobre lo que hoy supone la huelga general. Tengo dudas sobre que los sindicatos podamos llamar con éxito a la movilización a sectores sociales que ni representamos ni organizamos, tengo dudas de que la vara de medir el éxito o el fracaso de la huelga sea que las calles estén más o menos vacías, tal y como nos exigimos, y nos exigen mal intencionadamente los medios de comunicación. Para ser más claro, creo que la huelga general se mide en los centros de trabajo, se mide con las empresas vacías y no con las calles vacías


Continúo con los interrogantes. Ya dije en el Comité Confederal que tenía la duda de que acertáramos en el slogan de cierre: rectificación, que el grado de éxito o fracaso de la huelga lo diera el cuanto de la rectificación, la rectificación de la Ley 35/2010. Lo dije allí, y lo repito, este mensaje puede ser una llave de judo que nos hagamos a nosotros mismos, una llave que nos deje bloqueados y, a partir de la cual nos quede tan solo, más de lo mismo: recogida de firmas para una Iniciativa Legislativa Popular que cambie la Ley de Reforma Laboral, otra manifestación en diciembre y otra Huelga General en febrero. Creo que hay muchas materias, pendientes de desarrollar y negociar, que pueden recoger el capital de la movilización; y creo firmemente que, a la vez, es más que necesario, situar nuevos frentes de trabajo que minimicen los efectos negativos de la reforma laboral, especialmente en aquellos aspectos que se relacionan con la Negociación Colectiva, esta es la tarea que mañana tenemos en el orden del día de esta reunión.


También tengo dudas de sí el conjunto confederal, de si todos nosotros y nosotras, somos conscientes del desgarro, del deterioro - ya sé que va por barrios- que ha tenido la imagen del sindicato, el prestigio de este oficio noble, al que dedicamos nuestros mejores esfuerzos. Me pregunto, si somos conscientes del arañazo que han recibido nuestros liberados sindicales en las empresas, si somos conscientes que, como casi siempre, acaban pagando justos por pecadores, si somos concientes del efecto que tiene la injusticia de aparecer como aprovechados y privilegiados en relación al resto de nuestros compañeros de trabajo de la empresa. Una injusticia que definió muy bien hace ya bastantes años Luciano Lama Secretario General de la CGIL, cuando dijo, en unos momentos de especial dificultad para el sindicalismo italiano: “Cuando el sindicato es fuerte la sociedad y los trabajadores le dan la razón aunque no la tenga, pero cuando es débil, le consideran culpable aunque tenga la razón”


Ante ello, la transparencia en la gestión de los recursos sindicales es nuestra mejor fortaleza; FITEQA-CC.OO, hace varios años que incluimos estos derechos como un activo más de nuestros presupuestos, cuantificando en euros el valor de estas horas de trabajo, dando a estos derechos un tratamiento similar al que damos a las cuotas sindicales; también aprobamos nuestro propio Código de Utilización de los Derechos Sindicales; un Código que ha contribuido a la sindicalización de estos derechos, a su uso más racional y, en definitiva a que fueran percibidos como un derecho colectivo y no individual de la persona que los disfruta.


Pero la verdadera garantía, el verdadero seguro a todo riesgo ante las infamias, no es otra cosa sino la permanente presencia en los centros de trabajo, ser útiles para los compañeros en la empresa, ser capaces de contribuir a mejorar las condiciones de vida y trabajo de las personas que representamos. La consolidación del Sindicato en la empresa es esencial; nuestra práctica diaria, nuestros planes de trabajo (PYMES, Sec. Sindicales, etc.) tienen esa vocación final: más sindicato en la empresa. Hacemos serios esfuerzos en esta dirección, las 300 secciones sindicales constituidas en las empresas que representan el 25% de nuestra afiliación y el 20% del empleo sectorial es un dato de ello, como lo son la media de 2,3 visitas realizadas, en estos nueve primeros meses, a cada uno de los centros de trabajo con menos de 50 personas empleadas incluidos en los objetivos anuales, y -si me apuráis- la mejor expresión de este compromiso es el esfuerzo, económico, humano y material que representa, nuestra firme convicción de que es ahí donde avanzaremos o retrocederemos como sindicato porque ahí es donde más nos necesitan los trabajadores y las trabajadoras.


Pero el análisis no puede quedar sólo en relación al proceso de movilización, CC.OO y el Movimiento Sindical, más pronto que tarde, estamos obligados a analizar lo sucedido en los últimos meses; sobre todo en las últimas semanas, y la repercusión que estos hechos tienen para el sindicalismo español.


Sinceramente, no creo que seamos conscientes de la gravedad que tiene la situación económica, de las dificultades reales que existen en las empresas, que siete de cada diez parados generados en Europa durante el pasado año, lo han sido en España, que en los sectores que FITEQA organizamos hayan perdido 70.000 empleos en 20 meses. Naturalmente que hablamos de estas cosas en nuestros discursos, en nuestros documentos, pero ¿realmente las incorporamos a nuestro trabajo como un factor determinante a la hora de definir nuestra acción?


No voy a resaltar aquí cifras de paro, expedientes de crisis, déficits de formación, pérdida de productividad, desplazamientos de producciones curiosamente -al menos en algunos de nuestros sectores- a una Alemania que ha mejorado su competitividad en términos no ya de calidad sino de coste unitario; algunos de estos datos están incorporados en el documento que mañana debatiremos referido a la negociación colectiva. Poner fin a esta sangría implica abordar y modificar las causas que la producen.


El diagnóstico que hemos realizado acerca del contexto global no ha puesto, o no lo ha hecho suficientemente, en primera línea la penosa situación de las cuentas públicas con un fuerte desequilibrio entre ingresos y gastos, con una estructura, puesta en marcha en época de bonanza, de dudosa eficacia económica y redistributiva


Sabemos que el ajuste del presupuesto no va a crear empleo. Por el contrario, a corto plazo ralentizará el crecimiento de la actividad económica, pero aún así somos conscientes que es inevitable avanzar en el equilibrio presupuestario y la reducción del déficit para el futuro económico de España, y esto tenemos que decirlo. Tenemos que decir -como ya decimos- que los ingresos fiscales son insuficientes, pero también hemos de decir que no todos los gastos públicos son positivos para la economía de un país, que tenemos una estructura del gasto público de dudosa eficacia para la defensa de los intereses de la mayoría de la población, que el dinero público no es inacabable, y lo es menos cuando este Gobierno, y los que le han precedido, han destruido las bases fiscales sobre las que se asientan los ingresos, han desarrollado una política económica incapaz de abordar el agotamiento de un modelo productivo que todos consideraban desequilibrado pero sobre el cual, todos, renunciaron a intervenir.


Sin lugar a dudas, de nuestros males económicos el de mayor calado es la debilidad e insuficiencia de nuestro aparato productivo y es, precisamente, este déficit él que debiéramos incluir con mayor fuerza en el diagnóstico de la crisis. Obligándonos con ello a que todas nuestras propuestas de acción sindical, de política reivindicativa, se concentren en este problema, buscando que, en una primera etapa, la referida al necesario ajuste, la destrucción de empleo, sea la menor posible, para de la manera más rápida posible, a partir de las nuevas bases industriales y productivas, podamos crear empleo.


Durante la última década el motor del crecimiento económico y del empleo ha sido el aumento constante y sostenido del consumo, pero hoy, el motor de crecimiento y por ello del empleo está en el aumento de la productividad de nuestra economía y de nuestras empresas, en el aumento de la competitividad de nuestros productos. Dicho de otra manera -igual poco ortodoxa- no hay Presupuestos Generales del Estado ni políticas de gobierno que por sí solas levanten esta situación, para crear empleo es necesario reactivar la economía real: producir en España o más bienes y servicios, o bienes y servicios de más valor; y para ello se han de mejorar calidad y precio. Mejorar el valor añadido de los productos es un proceso lento y difícil al que no podemos renunciar para el futuro y que se debe impulsar con todo el esfuerzo posible; mejorar la productividad requiere avances en la formación profesional de los trabajadores y en la cultura de la empresas, en la estabilidad en el empleo; pero, a corto plazo, no se pueden esperar milagros en esa dirección, para reactivar la economía productiva a corto plazo es necesario competir en precios y ahí, el papel del sindicato, sus políticas y sus iniciativas en la empresa y en los sectores es vital.


Y, en coherencia con esta línea, deberíamos interrogarnos acerca de sí, hasta hoy, en las empresas, a la hora de abordar la crisis nuestra práctica ha sido la más acertada; en muchas ocasiones hemos afrontado el ajuste de plantilla, casi de forma automática y por oficio, suprimiendo, primero las ETT, y luego los empleos de los eventuales, hemos presentado este ajuste como si se tratará de “medidas no traumáticas”, y, con ello, hemos evidenciado -queriendo o no- que estos colectivos de trabajadores -en numerosas ocasiones formados por personas jóvenes que desempeñaban su primer empleo y para las cuales se trataba de su primer contacto con la acción sindical- no forman parte de nuestro proyecto sindical en la empresa. En muchas empresas hemos sido más radicales, dudo que con acierto, a la hora de denunciar las dobles escalas salariales que en la defensa del empleo de estos colectivos. Hemos dado con ello, la sensación de que el sindicato se siente más representante de los intereses de unos colectivos que de otros.


Esta situación, ¿es así siempre y en todos los ámbitos? no, por supuesto que no. Con gran satisfacción lo pudimos comprobar en nuestra Conferencia Programa de Tarragona, analizando experiencias novedosas y muy positivas que han sabido reflejar el compromiso sindical a la hora de garantizar y defender el empleo. Eso sí, sobre la base de repartir los esfuerzos y de entender la necesidad de los sacrificios para mantener el empleo frente otras salidas, seguramente más sencillas y más fáciles, tales como las descritas anteriormente.


Reconozco que el entorno general no ayuda. No ayuda la actitud de toda nuestra clase dirigente, sea esta política, social o económica; ejerza de gobierno o de oposición, que se presenta ante los ciudadanos como titanes caídos del cielo capaces de resolver todos sus problemas y de satisfacer todas sus necesidades en un plis plas, que se dirigen a la gente como si fueran niños, dando soluciones fáciles a problemas difíciles. Esto, sin lugar a dudas hace más compleja, sino imposible a veces, una política sindical realista y coherente; una política que nace de nuestro contacto con la realidad, pura y dura, que viven las empresas y los sectores; una realidad que admite pocas filosofías y eslóganes, que precisa de alternativas y propuestas sindicales, no pocas veces, llenas de sacrificios pero que, en el fondo, vuelvo a insistir, estas alternativas son las que nos hacen útiles a los trabajadores y trabajadoras que representamos.


Tampoco la posición que frente a la crisis mantiene la Confederación Europea de Sindicatos nos es de gran ayuda. Y menos con el eslogan con el que arropa su oposición a las medidas de ajuste y presenta las movilizaciones europeas: “Contra la austeridad”; es un slogan que lleva, en el mejor de los casos, a la confusión, cuando no al equívoco sobre cuales son las alternativas del movimiento sindical para afrontar la crisis; unas alternativas que, por supuesto, nada tienen que ver con el despilfarro y, si mucho con la austeridad, la equidad en los sacrificios, la solidaridad y el trabajo bien hecho; son estos conceptos desde los cuales la mayoría de los trabajadores y trabajadoras entienden que podemos superar la crisis. Tampoco ayuda presentar como mandatos de Europa, las medidas duras e injustas que adoptan los gobiernos nacionales, con ello, en la práctica no hacemos sino alimentar un sentimiento antieuropeo que se contradice con el repetido lema de la CES: “más Europa”.


Es la ausencia de un adecuado diagnóstico inicial de la crisis, lo que nos está suponiendo una dificultad real para percibir y asumir la realidad que se vive en las empresas y con ello que la prioridad y preocupaciones de la mayoría de los trabajadores y trabajadoras no es otra sino el empleo y la lucha contra el paro. Esta dificultad la expresan -en parte- los objetivos de política salarial que situamos para el 2009. Unos objetivos que no hacían mas que seguir la errática política salarial para los empleados públicos puesta en marcha, no sólo por el Gobierno Central, sino por todas las Administraciones Públicas sin excepción. Establecimos unos objetivos salariales que confrontaban con las previsiones reales del crecimiento negativo de nuestra economía, y con la expectativa de un IPC muy bajo; la consecuencia fue que la mayoría de los convenios colectivos quedaron bloqueados hasta el último trimestre del año para que luego, en octubre, con una inflación real por debajo del 1%, se desbloquearan -en la mayoría de los casos- considerando el 0,8% como la referencia de inflación más extendida. Es cierto que nuestra Federación no vivió el bloqueo de la revisión de nuestros convenios pero cabe recordar que este hecho se explica, en una parte muy importante por las cláusulas de revisión salarial contempladas en muchos de ellos, sean de Grupo Industrial o de Sector; se trata de cláusulas que atienden, tanto la posibilidad de que el IPC de final de año sea superior como inferior al incremento salarial inicialmente establecido; cabe decir que no sólo no se ha extendido suficientemente esta filosofía de cláusula de revisión como hemos podido comprobar este año en el Convenio del Vidrio y Cerámica, en el cual UGT propone fijar el incremento salarial en relación a la inflación pasada y, consecuentemente, renunciar a cualquier tipo de cláusula de revisión salarial. Se trata de un cambio que no se sí debemos , o no, realizar, pero de lo que sí estoy seguro es de que la decisión tiene mucha enjundia y repercusión, y que por ello, merece un reflexión que no sea el resultado de una posición coyuntural cuya única pretensión es evitar el debate riguroso y valiente de una cláusula de revisión salarial capaz de garantizar, de verdad, lo pactado; esta situación del Convenio del Vidrio y Cerámica se ha producido ya antes en decenas de convenios y se han firmado renunciando a este tipo de reflexión.


Volviendo a la política salarial; debemos significar que ésta no puede desdibujar, lo que debe ser nuestro objetivo principal: la defensa del empleo. Y por ello nos deberíamos reafirmar en la validez –y la necesidad- de una política salarial que impulse propuestas de reparto del sacrificio a favor del empleo en aquellos sectores y empresas en los que la realidad ha sido –está siendo- muy dura en estos dos últimos años. Una política sobre la cual reflexionamos en la Conferencia Programa de nuestra Federación celebrada el pasado enero en Tarragona, cuyo contenido recomiendo volver a leer en estas fechas en las que vamos a iniciar la elaboración de los criterios de negociación colectiva para 2011.


Seguramente queríamos responder a estas cuestiones en el pasado AINC cuando decíamos, aunque con poco éxito, que los esfuerzos en los apartados de salarios y beneficios reforzarían el valor de la negociación colectiva y deberían ser compensados a largo plazo con un mayor desarrollo de los sistemas de protección social. Pero no hemos tenido suerte, se nos han mezclado discursos contradictorios, planos de negociación diferentes, se han atropellado políticas y cambios de dirección por parte del Gobierno y este discurso ha quedado en un segundo plano.


Durante estos dos años CC.OO. y UGT nos sentamos en la(s) mesa(s) de negociación convencidos de que teníamos un aliado poderosísimo: el Gobierno. Sin embargo, el Gobierno, pasó de sus promesas de reforzar los instrumentos de interlocución entre los agentes sociales como la base necesaria para la mejora de la competitividad y la productividad de nuestras empresas, a poner en práctica reformas unilaterales de desregulación y facilitación del despido ya sea éste individual o colectivo.


Sabemos que la reforma del mercado de trabajo no generará empleo, entre otras cosas porque no deja de ser un batiburrillo de medidas carentes de un plan de objetivos identificables. Más que buscar soluciones a problemas concretos, parece querer contentar a muchas partes. La temporalidad seguirá existiendo, las facilidades para el despido aumentan sin contrapartidas de intervención sindical en los proyectos empresariales. El incentivo a los malos empresarios, a la gestión empresarial de corto alcance y al autoritarismo se fortalece. En conjunto un error estratégico llamado a tener gravísimas consecuencias para el mundo del trabajo, para las personas que representamos.


Este fracaso de la negociación se produce en unas circunstancias que toda la sociedad -y los trabajadores y las trabajadoras más que nadie- percibe como de emergencia; porque emergencia es el insostenible incremento del desempleo, que la tasa de paro femenina sobrepase ya el 20%, que el paro juvenil alcance unos niveles que empiezan a romper la ley de la resistencia y elasticidad social; una ley, coincidente con la de elasticidad de los materiales: el material se rompe por haber perdido su cohesión interna; pues eso es lo que nos puede acabar sucediendo que se produzca la ruptura social y generacional.


Es imposible analizar el fracaso de la concertación social sin tener en cuenta que la Patronal ha cambiando la piel. Precisamente en este delicado período, ha pasado de una CEOE potente, dura pero muy autónoma y con fuerte liderazgo, con Cuevas de Presidente, a otra que ha cambiado constantemente de discurso, que respira aires de conspiración, y que aparece debilitada en el liderazgo y diluido su poder y capacidad de decisión y todo ello, en una permanente sensación de provisionalidad que deberá resolver, ojala así sea, en su próximo proceso de renovación.


El resultado, es que se ha quebrado una línea maestra de nuestra política: el diálogo social; pero, al menos es bueno que recordemos, o aprendamos, alguna lección. La primera es que se puede morir de anemia o de empacho y creo que el gobierno casi nos mata de empacho negociador en decenas de mesas en las que, sin embargo nunca termina por alcanzarse un resultado final, ya sea la ley de educación, la de economía sostenible, la política industrial o la reforma de las cajas de ahorro; como ejemplo veamos lo ocurrido en este último caso, después de kilos de papel, seminarios y conferencias, la Ley de Cajas se resuelve con la llamada, un domingo por la tarde, del Presidente del Banco Santander y él de la Caixa al Presidente del Gobierno y al Jefe de la Oposición; el lunes siguiente, reúnen Zapatero y Rajoy y el viernes se aprueba la ley, y algo parecido está ocurriendo con el Pacto Energético, que están negociando PP y PSOE.


Aprendamos de la experiencia vivida y pongamos orden a nuestras prioridades. A veces parece que todo gira entorno a la concertación, parece que no hay más vida sindical que las relaciones con el Gobierno Central y con los Autonómicos; o eso puede parecer si observamos y medimos los tiempos y esfuerzos que ponemos a disposición de este trabajo en comparación con la acción sindical en la empresa y en los sectores.


Pongamos en su sitio nuestras posibilidades reales de influencia en la política general, tengamos la modestia de aceptar que somos un Sindicato y que no queremos ser más que un Sindicato porque no queremos correr el riesgo de dejar de serlo. Aunque nos digan desde dentro y desde fuera, de forma bien intencionada que somos la última trinchera de defensa ante el neoliberalismo, no nos podemos, ni nos pueden pedir, que sustituyamos la debilidad de la política.


Aunque obvio, creo que debemos seguir recordando que nuestro déficit, y así está ya debatido y aprobado en los últimos Congresos Confederales, no está en nuestra actividad socio-política -por llamarla de alguna forma- está en la empresa, está en nuestra capacidad de representar e influir en el como se trabaja, en qué se trabaja, dónde se trabaja y quién trabaja. Nuestro déficit está en como influimos en la humanización de las condiciones de trabajo, en la seguridad del puesto de trabajo, en la cualificación y la organización del trabajo, en como somos parte activa y principal de la transformación que viven las empresas centralizando funciones, descentralizando decisiones, etc… Nuestro déficit esta en arañar derechos colectivos e individuales para los trabajadores y trabajadoras, en avanzar en la participación de éstos y de sus sindicatos en la marcha de la empresa: es en estos aspectos en los que tenemos, sin duda, muchos más déficits de propuesta, iniciativa, debate y reflexión sindical, que en los relativos a las políticas públicas. En este último campo tenemos propuestas para todos los frentes y, con ellas, nos dirigimos a todos los gobiernos ya sean autonómicos, central, europeo o mundial; sin lugar a dudas estas iniciativas son necesarias, pero al ocupar la mayor parte de nuestra de la actividad de CC.OO nos deberían hacer pensar en como equilibramos nuestros escasos medios y esfuerzos para mejor avanzar en nuestros intereses sindicales.


Jamás habíamos tenido tanta presencia pública, como en este período, tanto protagonismo político, por llamarle de alguna forma, un protagonismo que es todavía mayor si lo comparamos con el papel del sindicalismo en la mayoría de los países de nuestro entorno. Demasiadas veces el Movimiento Sindical olvidamos que la política, mejor dicho los partidos y gobiernos, tienen sus reglas y que no soportan bien a los sindicatos, los toleran, los usan, los temen y tan pronto como pueden los debilitan. El fracaso de la negociación vivida en este año largo supone, que por el momento, han triunfado los argumentos de aquellos que reclaman para las cámaras legislativas toda su capacidad legisladora, que buscan la cancelación de un modelo de concertación social, capaz de condicionar de manera fuerte el proceso de elaboración de la legislación que afecta a los trabajadores. Si esto se consolida, los sindicatos saldremos malparados en el necesario equilibrio que debe de existir entre los papeles que han de desempeñar los partidos y los sindicatos en la vida política y en los mecanismos de representatividad de la sociedad.


El Gobierno ha anunciado que va a hacer el estirón del vago y que piensa aprobar con nota el examen del ECOFIN y del FMI; quiere exculpar los pecados de su errática política económica, para ello ha encontrado, ya, una mayoría parlamentaria en la que sustentar los presupuestos y sus reformas: política de gasto social, reforma laboral, reforma de las pensiones y ante ello, no tengo la menor duda, nosotros hemos de tocar con todas las manos tanto las teclas de la movilización como las de la negociación, hemos de sostener la tensión y la movilización, claro que sí, pero con el objetivo de abrir los necesarios canales de negociación en materias muy importantes: pensiones, reforma de la negociación colectiva, políticas activas (particularmente la formación para el empleo), y, naturalmente todos los desarrollos reglamentarios de la ley de reforma.


Ahora se nos ha llamado a la negociación para la sostenibilidad de los sistemas de protección social; ni podemos ni debemos negar la evidencia de que es necesario ajustar el sistema a las nuevas realidades demográficas para garantizar con ello la viabilidad de un sistema de reparto que facilita la cohesión social. CC.OO estamos seguros, en este frente nadie nos ha ganado ni en propuesta, ni en rigor a la hora de proponer y acordar, y, no tengo duda que así seguirá siendo, por nuestro bien y el de los trabajadores y trabajadoras de nuestro país.


Hemos vivido dos años durísimos; nosotros sabemos, más que nadie, que, en contra de lo que se nos ha dicho, la crisis no dura dos meses y, luego, de manera milagrosa, se produce la recuperación, por eso necesitamos acercar nuestras propuestas hacia aquello que las personas consideran como su principal problema: el paro. Necesitamos redefinir nuestra política, nuestro programa de acción; es preciso actualizar lo aprobado por el último Congreso Confederal que estaba pensado para una realidad de crecimiento económico y creación de empleo y no para abordar una situación de crisis y 4 millones de parados.


Por eso es muy oportuna la insistencia con la que la Confederación de CC.OO llama a la suma de esfuerzos en todos los ámbitos políticos, sociales y económicos. Expresando con ello que la mayor empresa colectiva de los españoles hoy consiste en no perder, en perder lo menos posible. Se necesita hacer más con menos, preservando los elementos básicos del estado del bienestar, aunque para ello sea necesario ajustar sus prestaciones. Este ha de ser un objetivo de país, y el lugar de encuentro de todos. Pongámonos a ello y afinemos, también CCOO, nuestra política y propuestas para alcanzar este objetivo porque este Sindicato quiere y además puede.



Joaquim González Muntadas.
FITEQA CCOO

viernes 5 de noviembre de 2010

LA LARGA MIRADA DE MARCELINO CAMACHO


La muerte de ese gran dirigente sindical que fuera Marcelino Camacho propone una serie de reflexiones sobre su decisiva y original aportación al movimiento organizado de los trabajadores. Sin duda, Marcelino representó una profunda discontinuidad en la historia del movimiento sindical español, una cesura muy original con relación a la práctica de las organizaciones tradicionales UGT y CNT. Digamos, además, que el nombre de Marcelino tiene una similar significación en dicha historia como en sus momentos fundacionales lo tuvieron Pablo Iglesias y Anselmo Lorenzo. Tan disciplinadamente estudioso, tan pedagogo de multitudes y tan austero en su comportamiento como ellos. Y, de la misma manera que Iglesias y Lorenzo, Camacho vio las novedades de su época con su larga mirada.

Nuestro hombre vio lo siguiente: … “[...] A la capital administrativa ha sucedido el Madrid industrial; hoy son millares de obreras, que con sus batas blancas o azules, pasan por Atocha camino de Standard, Telefunken o Phillips hacia las máquinas-herramienta y las cadenas de montaje”. Así lo escribió en un importante artículo "El fetichismo y la realidad", Cuadernos para el diálogo (Junio de 1964). Aparentemente esta descripción camachiana podría ser interpretada como un relato costumbrista. Pero tiene mucha más miga. Es la percepción de un paisaje socioeconómico que ha desplazado definitivamente lo anterior: por la calle --de la fábrica hasta casa-- el mono azul de un tipo de trabajo asalariado ha emergido y de esa visibilidad antropológica Marcelino saca sus conclusiones sociopolíticas y culturales. Los talleres de modistillas han sido substituidos por las grandes empresas matalúrgicas: la artesanía ha sido licenciada y, en su lugar, surge un fordismo que, aunque muy particular, representa un nuevo paradigma. Ese es el trasfondo del artículo de Marcelino en la revista "Cuadernos para el Diálogo".

Es, a principios de los años sesenta, cuando nuestro hombre –en plena Dictadura franquista— plantea que la acción colectiva no debe ser clandestina para cumplir sus objetivos de mejorar la condición de trabajo y vida del conjunto asalariado. Lo que supone, a su vez, la puesta en marcha de un movimiento abierto y reivindicativo, basado en la unidad social de los trabajadores. Pilar básico de la propuesta es la independencia y autonomía sindicales cuya base es la democracia deliberativa en el taller y la oficina: la asamblea, expresión real de lo que podríamos denominar democracia próxima, elemento central de la independencia yn autonomía del nuevo sindicalismo que estaba en sus primeros andares. Todo ello dicho en unos momentos de intensa negación y persecución de todas las libertades suponen una radical heterodoxia en los planteamientos teóricos y prácticos de la lucha contra la Dictadura. Esta aportación camachiana no es el resultado de una abstracción sino de su concreta experiencia como trabajador de la empresa madrileña Perkins. Salvando las distancias de todo tipo, se diría que los planteamientos camachianos entroncan con algunas aportaciones de gente de tanta solvencia como Joan Peiró (especialmente el de la etapa contra el general Primo de Rivera) y Giuseppe Di Vittorio en lucha clandestina contra Mussolini. Camacho comparte con ellos lo siguiente: considera que el objeto de los sindicalistas no es exactamente el sindicato sino los trabajadores de carne y hueso, el amor apasionado por la formación intelectual y el estudio y la relación caliente con las personas.


Ya en aquellos tiempos –esto es, a principios de los sesenta— Marcelino era una persona querida y respetada: una condición que le acompañará toda su vida. En realidad, en mi larga vida como sindicalista, nunca he conocido una persona de la vida pública que haya concitado ese respeto y afecto de masas como vi en Marcelino. Acompañarle por la calle era un todo un baño de saludos y abrazos, incluso (y especialmente) de aquellas gentes, de cualquier edad, que se paraban a darle la mano, a “tocarle”. Era, por así decirlo, la metáfora de la democracia próxima. Recuerdo un sucedido en Lleida: estábamos comiendo en un restaurante; estábamos separados por una mampara de una familia numerosa que estaba celebrando la primera comunión de uno niño. El padre del jovencito vino y le pidió a Marcelino que fuera a tomarse una copita. Dicho y hecho, después le pide que diga unas palabritas. Pues bien, habla Marcelino durante dos minutos (¡una proeza en él!) y le dice al chaval que aproveche el tiempo, que estudie y sea muy formal. La gente aplaudió como si aquello fuera una magna asamblea de la SEAT o cosa por el estilo.


Así era Marcelino. Una persona de la que dijo un viejo sindicalista mataronés: “En Marselinu es com jo, però que en sap mes”. Sólo desde esa naturalidad podía poner en marcha esa discontinuidad histórica que se llama Comisiones Obreras. Un hombre que, a pesar de los larguísimos periodos de prisión, siempre tuvo la sonrisa de par en par. Un hombre que gestó un gran movimiento, que lo vio crecer y crecer … Un hombre del que nuestro Manuel Vázquez Montalbán dijo : "Asistiremos a la autoconstrucción de un dirigente obrero, que luchó como peón de la Historia en la Guerra Civil, y que, a partir de la derrota personal y de clase, se movió como un héroe griego positivo, en la lucha contra el destino programado por los vencedores, personal y coralmente.... Toda su vida será un trabajador que considera que el mundo no está bien hecho. Es decir, que no está hecho a la medida de los débiles".



Radio Parapanda. Homenaje a Marcelino: REVISITANDO LOS ORIGENES DE COMISIONES OBRERAS