viernes, 30 de abril de 2010

REPRESENTATIVIDAD Y REPRESENTACIÓN SINDICAL (y 3)


[Paco Rodríguez de Lecea con gafas de sol y un mozalbete en un acto celebrado en Parapanda]



Mi viejo compañero Francisco Prado Alberdi (conocido cariñosamente como Pipas) escribe un comentario en mi entrada en este mismo blog CODETERMINACIÓN EN LA FLEXIBILIDAD (y 2): “Totalmente de acuerdo. Pero para conseguirlo hay que reforzar, en algunos casos conquistar, el "poder sindical" en las pequeñas y medianas empresas, así como en algunos sectores de las nuevas industrias (p.e.: sector tecnológico y medioambiental) y servicios, que están abandonados de la mano de dios. Pregunto: ¿Para lograr estos objetivos no debemos revisar nuestra actual estructura organizativa? Es una pregunta retórica porque yo digo que sí”.


La pregunta del amigo Alberdi apunta al vínculo entre “representatividad” y “representación” de la acción colectiva que es el sindicalismo confederal. Entiendo por “representatividad” la capacidad sindical de aprehender las reivindicaciones, colectivas e individuales, del conjunto asalariado y llevarlas a la práctica. Y defino la “representación” como la forma organizativa que asume el sindicalismo, dentro y fuera del centro de trabajo, para hacer posible las funciones de tutela y promoción de los derechos de los asalariados. Atina Alberdi, por consiguiente, cuando afirma –preguntándose retóricamente, dice-- que para lograr unos determinados objetivos (los que se definen en el artículo de referencia u otros) hay que revisar el modelo de representación que tenemos. Yo, por mi cuenta y riesgo, añado que la actual forma sindicato es ya una rémora. Es más, su rutinario mantenimiento es responsable de que el modelo reivindicativo se encuentre no sólo estancado sino principalmente agotado. Es un modelo que atiende única y exclusivamente en la “distribución” sin entrar de lleno en la “producción”. Una producción que atraviesa los sectores industriales y terciarios. O, lo que es lo mismo: no me estoy refiriendo a la granindustria sino a todos los sectores, incluidas –como señala Alberdi— la pequeña y pequeñísima empresa.


Uno de los problemas que tenemos es que, por lo general, lo que convencionalmente se llama “el proyecto” aparece separado de los grandes temas organizativos. Si Alberdi no tiene nada en contra, diré una vez más que esta separación artificiosa es una herencia no positiva que los sindicalistas de mi quinta dejamos a las generaciones posteriores. El proyecto no es sólo la literatura programática sino la acción colectiva, esto es, el proyecto-que-se-organiza. Para decirlo gramscianamente: la praxis.


Por otra parte, la nueva formulación del sindicato de las diversidades, que algunos con sabio criterio reiteran, ¿acaso no presupone una nueva praxis en la asunción y propuesta de nuevas reivindicaciones que deben ser gestionadas por una representación acorde a dichas diversidades? Por supuesto, no es cosa de diseñar un modelo abstracto. Bastaría, por ejemplo, leer la narrativa contractual de los fitecos españoles. Porque en Fiteqa –un sindicalismo maduro— hay suficientes indicios para (gradualmente) darle la vuelta a la tortilla.


Si ello se pone en marcha –algo al respecto insinuó Toxo en su discurso de clausura en el pasado congreso confederal— estaríamos ante la “gran transformación” del sindicato.



jueves, 29 de abril de 2010

CODETERMINACIÓN EN LA FLEXIBILIDAD (2)


[En la foto Simone Weil]





Decíamos ayer que el sindicalismo debe entrar en una nueva fase, concretamente en su directa intervención en todo el escenario de la organización del trabajo, que hoy sigue en las manos exclusivas de la dirección de la empresa. Vuelvo a las andadas con otra serie de reflexiones añadidas.


Primo Levi, en su relato La llave estrella, cuenta que el capataz Faussone llamaba a su martillo “el Ingeniero” porque consideraba que cada golpe hacía funcionar el trabajo. Lo que posiblemente nos quiere transmitir el autor es el orgullo del trabajador ante la faena bien hecha y, ¿por qué no?, el valor social del trabajo. Ahora bien, Faussone no era quién decidía la organización del trabajo; era –que me perdone Primo Levi-- un mandao. O sea, estaba a las órdenes del dador de trabajo y del ingeniero de carne y hueso. Eso sí, “sabía hacer” aquello que le ordenaban.


Pues bien, la importantísima historia del movimiento sindical se ha significado también por una división de funciones que no le ha reportado beneficios ni ventajas. A vuela pluma diré que han sido éstas: el partido político se reservaba todas las opciones de la política, incluida la guía de las mesnadas sindicales en clave de fiel infantería; al sindicato le quedaba sólo la cuestión salarial y algunas condiciones de trabajo; la organización empresarial era el ordeno y mando, y aunque cada conquista social (en las que intervino, no es cuestión de olvidarlo, la izquierda política) le iba limando las uñas. En todo caso, esa limpieza de uñas nunca afectó a la potestad de las potestades: decidir unilateralmente la organización del trabajo. Así lo sancionó, sin ir más lejos, el Estatuto de los Trabajadores en España, y de esa manera quedó porque la negociación colectiva –salvo muy honrosas e importantes salvedades— se distrajo en ese capítulo.


El sindicalismo español, de manera fatigosa, ha conseguido, aunque de manera desigual, una muy visible independencia y autonomía frente a los partidos políticos. Pero, mientras la empresa siga detentando el poder unilateral de la organización del trabajo, habrá que convenir –dicho sin protocolo alguno y en aras a la lógica— que la autonomía sindical está parcialmente interferida por esos poderes empresariales. Ahora bien, yo pienso que gradualmente el sindicalismo puede avanzar en su autonomía. ¿Por qué lo digo? Pues porque …


… hoy tiene, más que nunca, instrumentos para ello. Y, sobre todo, porque cuenta con el mayor conocimiento de toda su historia. Ese conocimiento es ya “un bien público general”, tal como le gusta decir al viejo amigo
Luciano Gallino. No sólo entre los sindicalistas sino en el conjunto de los asalariados. Lo que falta, pues, es la decisión de situar el escenario de la organización del trabajo en el centro de la negociación colectiva y una presión sostenida por el derecho a la codeterminación: la fijación negociada, como punto de encuentro, entre el sujeto social y el empresario, anterior a decisiones "definitivas" en relación, por ejemplo, a la innovación tecnológica, al diseño de los sistemas de organización del trabajo y de las condiciones que se desprenden de ella. A mi juicio, la codeterminación es el derecho más importante a conseguir en el centro de trabajo. Para ello, lógicamente, se precisa una reforma de algunos artículos del Estatuto de los Trabajadores. Mientras tanto, debería ser el centro de todas las plataformas reivindicativas.


No será pan comido, cierto. Pero ¿cuándo las cosas nos fueron fáciles? Habrá una fuerte resistencia empresarial, por supuesto. Pero ¿cuándo abandonaron Numancia? Así pues, la presión sostenida por intervenir en el polinomio de la organización del trabajo, aquí y ahora, es el gran caballo de batalla en el centro de trabajo. Tanto por lo que decíamos el otro día con relación a la salud como por gobernar la flexibilidad negociada, entendida esta como fuente de autorrealización y no como expresión de una patología que se disfraza de credo teológico para no infundir sospechas. Téngase en cuenta, además, que la flexibilidad ya no es un método contingente sino de largo recorrido; ya no es algo puntual sino, como decimos, de largo recorrido. Por eso, también, se precisa la codeterminación como instrumento inmanente de la acción colectiva. Debo decir que no me estoy refiriendo sólo al escenario industrial sino a todos, incluidos los servicios y las administraciones públicas.


En resumidas cuentas, lo que se propone es sencillamente que el sindicalismo confederal entre en una nueva fase, caracterizada por nuevos espacios de poder y libertad. Es para decirlo con
Simone Weil una “utopía concreta”. Como en su tiempo representó la libertad de asociación y el derecho de huelga: aquellas altas torres que negaban estos dos poderes cayeron en su día.



Radio Parapanda. El Orfeón Paco Puerto de Prapanda canta los Coros de Ernani (Verdi) Verdi-Ernani-Si rideste il Leon di Castiglia Ensayo general para la interpretación de esa pieza en el Primero de Mayo.


sábado, 24 de abril de 2010

LA REGENERACIÓN MORAL


[Pilica Bulla y Pepe López]


Ignacio Fernández Toxo planteó en el acto de apoyo a Baltasar Garzón en la Universidad Complutense de Madrid la necesidad de entrar de lleno en lo que denominó “una reforma moral y ética en España”. Muy bien, me dije. Y de repente me acordé de Enrico Berlinguer: “la cuestión moral existe desde hace tiempo, pero ahora se ha convertido en la primera y esencial cuestión política y de su solución depende el retorno a la confianza en las instituciones, la efectiva gobernabilidad del país y del régimen democrático”, dijo nuestro amigo italiano.


En efecto, no pocos escenarios institucionales, políticos y económicos están bajo sospecha por unas u otras razones y motivos. Por supuesto, no conviene generalizar. Pero cada día que pasa, la piedra de escándalo adquiere mayores proporciones. De ahí que la propuesta del dirigente sindical sea conveniente, oportuna. Y, comoquiera que sabemos que Toxo no es amigo de envoltorios, damos por supuesto que a nuestro hombre le ronda algo por la cabeza.


Tengo la intuición de que Toxo ampliará la propuesta en su discurso del Primero de Mayo. Porque en nuestros montes no todo es orégano, y no poco trigo de baratillo se disfraza de candeal para dar el pego. Así pues, esperamos que, a no más tardar, el secretario de Comisiones Obreras articule una propuesta orgánica en esa dirección. Más todavía, una propuesta que se dirija, también, al conjunto de la sociedad y a las patologías que anidan en ella. Porque en los pucheros de la sociedad también hay mucha cascarria. De manera que pensar en la inocencia de la sociedad civil es, por decirlo con Jan Huss, sancta simplicitas.




jueves, 22 de abril de 2010

LA REFORMA LABORAL Y EL BARBERO DE SEVILLA



Hasta la presente, todas las llamadas reformas laborales que han sido desde hace décadas han tenido la misma matriz: el traslado de lo negociado tripartitamente (sindicatos, patronal y Gobierno) a un conjunto de novaciones legislativas. En mi opinión, la primera reforma laboral contaba ya con esa limitación. Este modelo ha entrado ya en crisis, tal vez definitiva. La que se prepara tan fatigosamente entre los (pacatamente) llamados agentes sociales y el Gobierno tiene las mismas hechuras tan chatas como antañonas. Naturalmente, así las cosas, deseo lo mejor a este proceso que recuerda el Guadiana.


Me excuso por la pontificación: las leyes (por imprescindibles que sean) no son los grandes motores de las transformaciones, especialmente en los terrenos industriales. El motor más decisivo es la contractualidad itinerante, un itinerario de negociaciones sostenido. Que esté incardinado en el nuevo paradigma de las relaciones industriales, económicas y sociales. Que unos definen como postfordista, otros llaman la sociedad informacional y hay quien llama de capitalismo molecular. Perdón por la brusquedad (propia de la intemperancia de la edad): tal como se está concibiendo la nueva reforma laboral –con sus perifollos legiferantes— más bien parece un plato de, granadinamente hablando,
pollas en vinagre que no es una expresión irrespetuosa sino meramente culinaria. O sea, gallináceas insípidas que hay que entretenerlas con mucho vinagre para que sepan a algo.


Así pues, no sobra lo que se pretende negociar. Pero no es lo fundamental. Es como si, en una representación de El Barbero de Sevilla sólo cantara don Basilio y no apareciera en escena Fígaro. Pues bien, deseo suerte a don Basilio. Pero mientras no salgan, como mínimo, Fígaro y Rosina la pieza de Rossini estaría incompleta.



Radio Parapanda. El joven locutor Simón Muntaner radia DERECHOS HUMANOS E INMIGRACIÓN


viernes, 16 de abril de 2010

AL PARLAMENT DE CATALUNYA



Dicen los medios que el Partido Popular se ha opuesto a una iniciativa parlamentaria del Partido Socialista de Euzkadi en solidaridad con Baltasar Garzón. Pues bien, quiero darle a esta noticia una interpretación diversa: me parece normal que el PP se haya opuesto, aunque lógicamente no comparto esa actitud. Lo que creo de gran valor es la actitud valientemente heterodoxa de los socialistas vascos. Se trata de un planteamiento que podría (quiero decir, debería) ser imitado por otros. Por ejemplo, …


… sin ir más lejos por el grupo parlamentario socialista catalán y el de ICV en el Parlament de Catalunya. Los pronunciamientos de dos diputados como
Toni Comín y Salvador Milà son, en ese sentido, ejemplares. Ambos amigos parecen partir de esta idea: si nos hemos pronunciado por tantas cosas, tanto de nuestro país como del mundo entero, ¿vamos a estar silentes ante el intento de acoso y derribo de Baltasar Garzón?


Por cierto, pido excusas porque, en la entrada de ayer, donde anunciaba el gran acto barcelonés, se me olvidaron los nombres de cuatro convocantes. En primer lugar, presento mis respetos a estos cuatro amigos y al resto de los firmantes. Dejo reparado el olvido con la lista completa de los mismos, al tiempo que recuerdo que la convocatoria es para el martes día 20 de este mismísimo mes. He aquí el elenco:


Pasqual Maragall i Mira, ex President de la Generalitat de Catalunya
José Saramago, Premio Nobel de Literatura
Ferrán Adrià, chef de Cocina
Joan Margarit, poeta
Joan Manuel Serrat, cantante
Paco Ibáñez, cantante
María del Mar Bonet, cantante
Carlos Jiménez Villarejo, ex Fiscal Anticorrupción,
José María Mena, ex Fiscal Jefe de Catalunya
Juan Goytisolo, escritor
Fernando Mendoza, escritor
Maruja Torres, escritora
Ian Gibson, historiador
José Lledó, filósofo
Víctor Gómez Pin, filósofo
José Luís López Bulla, sindicalista
Lluís Llach, cantante
Manuel Rivas, escritor
Manuel Vicent, escritor
Jordi Dauder, actor
Els Comediants, grupo teatral



Martes, 20 de abril, a les 13 horas en el Paranimfo de la Universitat Central de Barcelona (plaza de la Universitat, metro Universitat).


lunes, 12 de abril de 2010

CARTA ABIERTA AL GRUPO PARLAMENTARIO SOCIALISTA



La adhesión que mi sobrino Toni Comín, diputado al Parlament de Catalunya, a uno de los Manifiestos de solidaridad con Baltasar Garzón, me llena de orgullo familiar y cívico. No obstante, me resulta chocante que sea la única firma procedente del grupo parlamentario socialista. En todo caso, no me sorprende la coherente actitud de Toni: dichosa la rama que del tronco sale. Eso sí, me inquieta la soledad de Comín. O, mejor dicho, me inquieta la pereza solidaria de sus compañeros.


Veamos, ¿ustedes tienen tiempo para debatir ad nauseam el asunto de las corridas de toros y no dedicar unos minutillos a debatir la deshonrosa venganza del
robledo de Corpes? ¿Están ustedes al tanto de lo que ha dicho una gran dama de la izquierda? A saber: Es una ignominia lo que están haciendo con el Juez Baltasar Garzón. Aqui expreso mi repudio al acoso del que esta siendo objeto este gran hombre, pionero de la verdad y de la justicia. Isabel Margarita Morel Gumucio, viuda de Orlando Letelier.


Y, por inquietarme, me inquieta que incluso no se les ponga la cara colorada. Finalmente, reciban ustedes la más cordial desconsideración de este viejo chocho que lo es, José Luís López Bulla.


RELEYENDO A ANDRÉ GORZ


Tengo en mis manos los Escritos inéditos de André Gorz [Paidós, Contextos. 2010]. Como es sabido, André Gorz fue un intelectual de gran formato, comprometido con las luchas sociales de su tiempo. Una personalidad inequívocamente de izquierdas y, por cierto, bastante incómodo para el sindicalismo francés y europeo de su época. Los sindicalistas de mi adscripción políticocultural –me refiero a los de mi quinta-- no le teníamos, por decirlo suavemente, en especial consideración. En cierta medida estábamos contagiados por la actitud inamistosa de la CGT francesa hacia Gorz. Y, sin embargo, nuestro hombre congeniaba intelectualmente con dos grandes maestros, Bruno Trentin y Vittorio Foa. Lo que son las cosas, yo tardé una enormidad en estudiar a Gorz: fue cuando ANDRE GORZ HA MUERTO HACE UNOS DIAS, casi contemporáneamente a la muerte del amigo Trentin.


Cuento con la siguiente posibilidad: si los sindicalistas de hoy, con o sin mando en plaza, leen detenidamente a Gorz cabe la hipótesis de una mejor y más adecuada acción colectiva. Naturalmente, este es un consejo interesado.



Radio Parapanda. Se informa de la aparición de un blog que llamábamos El Deseado. Se trata de http://lacasaenelaire.wordpress.com/ O sea, La casa en el aire. Su autor es don Rodrigo García Schwartz. Ahora bien, la Asociación de Jubilados de Parapanda ruega amablemente que la letra de la mentada bitácora esté en un formato mayor: nuestra vista ya no es la de antes. Obrigado. Este blog, como es natural, se ha añadido al elenco de conexiones inquietantes de "Metiendo bulla".

viernes, 9 de abril de 2010

ME ACUSO: YO TAMBIÉN PREVARICO



Miquel Àngel Falguera i Baró*.


Vaya por delante que, como ocurre con la mayor parte de la carrera judicial, no me gustan los llamados “jueces estrella”. Aunque quizás habrá que advertir, desde la experiencia española, que en buena medida la concentración de asuntos en un organismo central y centralizante como la Audiencia Nacional –opción legislativa que obedece más a razones políticas de lucha contra el terrorismo y con unas ciertas rémoras históricas que ponen la piel de gallina- propicia la concentración de temas candentes informativamente en muy pocas manos. Pero en todo caso, mi modelo ideal de juez se basa en la discreción, en decir lo que se tenga que decir en sentencias y artículos jurídicos y huir de los focos de los media y de veleidades políticas.


Los contribuyentes no nos pagan para engordar nuestros egos –ya muy hinchados-, sino para que los resolvamos sus problemas. No creo que tengamos que ser justicieros o superhéroes, sino especialistas en Derechos que componen los conflictos jurídicos de los ciudadanos en base al sentido común y buscando siempre la inalcanzable “verdad material” para impartir la aún menos inalcanzable Justicia –con mayúscula-.Como dice el famoso aforismo–que algunas voces atribuyen a Calamandrei, aunque yo he sido incapaz de hallar la cita en su obra-: “el buen juez debe tener sentido común, debe ser osado cuando corresponde y, si encima sabe Derecho, mucho mejor”


Indicaba José Luís López Bulla en una entrada anterior de su blog que en el caso de mi compañero Baltasar Garzón concurren tres frentes (el frente institucional de ex altos cargos salpicados por el GAL, la caverna y los intereses del PP) Pero creo que olvidó otro: hemos sido pocos, muy pocos, los jueces y magistrados que hemos alzado voces de solidaridad con él. Ese silencio de plomo no obedece –como simplistamente podría alguien pensar- a motivos políticos, sino a ese desdén de los funcionarios judiciales hacia quien se destaca públicamente en base a otra forma de entender la justicia –esta vez con minúscula- que supera el paradigma de la discreción. Incluso mi asociación, Jueces para la Democracia, está sufriendo un enconado y conflictivo debate sobre ese tema. Tal vez no está de más recordar que el instructor del procesamiento es militante de dicha asociación y una persona históricamente vinculada con la defensa de los derechos humanos. Podría pensarse en esa tesitura en ese silencio plana de alguna manera el aborrecimiento de la carrera a ese otro ejercicio “estelar” de la profesión de juez.


Pero aunque no comparto el modelo de juez del imputado, no logro sacarme de encima el amargo sabor de boca que me ha provocado el auto del pasado 7 de abril de la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Jesús Rentero ha afirmado que ha sido el día más triste de su carrera profesional, hasta el punto de llegar a preguntarse si vale la pena seguir adelante. Es una amargura y una inquietud que comparto. Yo no sé Derecho penal, ni quiero saber. Lo he aborrecido siempre, porque considero que en realidad se trata del simple poder represivo del Estado y por mis venas aún discurren extraños anticuerpos bakuninistas (que, paradójicamente, con la edad y con la que está cayendo cada vez cobran nuevo ímpetu) Por tanto, no estoy en condiciones de hacer un estudio mínimamente riguroso del auto del Tribunal Supremo. Pero ello no empece que como jurista y como juez tenga algo que decir.


En primer lugar, deberá recordarse que, a la postre, el Derecho es simple sentido común. Y el sentido común dicta que terribles y ominosos crímenes de toda índole perpetrados por el aparato de Estado franquista no tienen porqué quedar impunes, por el simple decurso del tiempo o la aplicación (mejor dicho, interpretación) de determinadas normas jurídicas como la Ley de Amnistía dictadas en un momento histórico determinado. El sentido común dice que resulta ridículo que el Estado español se haya dedicado a perseguir crímenes de lesa humanidad de otros países –hasta que hace cinco meses el legislador cercenó esa posibilidad por las conocidas presiones de un Estado concreto- y, sin embargo, miremos hacia otra parte cuando se trata de los muertos que nosotros tenemos escondidos en el armario. Si existe un “ius cogens” que determina el más mínimo común denominador de civilidad, lo que conlleva una jurisdicción universal –como es en la actualidad-, entonces tendremos que deducir que, más allá de las leyes, ese mínimo de civilidad también es invocable para el “ius soli”. Quizás tendremos que esperar que los tribunales chilenos o argentinos juzguen a nuestros genocidas, como antes intentamos hacer nosotros con los suyos –y, muy significativamente, Baltasar Garzón-.


Pero, con todo, lo más preocupante para mí no es eso. Lo que me lleva amargando los días desde el infausto 7 de abril son los efectos del auto de la Sala Segunda. Así, estoy dispuesto a debatir teóricamente con quien sea si ese “ius cogens” es o no aplicable a nuestra realidad. Pero lo que bajo ningún supuesto admito es que esa aplicación sea un delito.


Ciertamente, la instrucción de Garzón se escapaba de los criterios tradicionales de la escasa jurisprudencia sobre los crímenes franquistas, al considerar aquél que las normas imperativas internacionales no son dispositivas en el ámbito nacional. Y es probable, aunque lo desconozco, que como señala el auto del TS existieran demoras voluntarias en la tramitación y un desconocimiento voluntario del cambio normativo inmediatamente anterior, que, a la postre, persiguieran un fin mediático (aunque debo señalar que no se le procesa sólo por esas demoras y ese desconocimiento)


Pero aquélla inicial decisión en relación a la Ley de Amnistía y la prescripción de delitos es una interpretación del derecho por un juez –avalada, por otra parte, por la mayor parte de la doctrina científica-; y como tal interpretación no puede ser jamás un delito, sino actividad jurisdiccional que, en su caso, podrá ser corregida a través de los recursos oportunos. Considerar que esa hermenéutica jurídica –por muy discutible que sea- es un delito de prevaricación (por tanto, dictar a sabiendas una resolución injusta) es coartar la independencia judicial. Y, lo que es más grave, es fosilizar la interpretación jurídica, de tal manera que una vez el Tribunal Supremo ha hablado, ya nunca más podrá volverse a debatirse la cuestión de la que se trate, aunque cambien las circunstancias materiales, o aunque un juez considere que esa doctrina es errónea o contraria a valores superiores. Aviso para navegantes: el que se aparte de la foto incurre en prevaricación: “El ejercicio de la potestad jurisdiccional no es el ámbito propio de la teorización, como tampoco lo es de lo que algunos denominan imaginación creativa, por muy honesta o bienintencionada que se autoproclame”, como expresamente se afirma en el auto de 7 de abril.


No estamos aquí hablando de una voluntad dolosa de un juez de incumplir la Ley –lo que sin duda es prevaricación y quizás podría apreciarse en aquellos otros aspectos de la instrucción seguida en la Audiencia Nacional-, sino de una interpretación judicial en el sentido que una concreta doctrina casacional –de interpretación de la Ley- es contraria a otros valores jurídicos superiores.


Y en esa tesitura –que creo obvian buena parte de mis compañeros con sus silencios o, en algún caso, con sus jaleos al auto de marras- debo yo también autoinculparme. Así, pues: Confieso que en algunos casos he intentado soslayar en mi actividad jurisdiccional la doctrina del Tribunal Supremo en variadas materias, cuando he creído que se trataba de una interpretación “contra legem” o “contra constitutione” o contraria a tratados internacionales. Por poner algún ejemplo: así lo he hecho, cuando he podido, en el caso de despidos sin causa real o en situaciones de incapacidad temporal, invocando el convenio 158 OIT o por razón de la aplicación de derechos fundamentales. Las pruebas pueden hallarse en cualquier recopilación de jurisprudencia. Confieso que en esos casos he utilizado la “imaginación creativa” en la medida de mis posibilidades.


Confieso que en esas decisiones lo que me ha movido ha sido mi afán de jurista y, por tanto, de perseguir un orden justo y de cumplir los valores constitucionales.


Confieso que lo he hecho a sabiendas, en el firme convencimiento de que el Derecho mejora con el debate jurídico.


Y, por último, confieso que no sólo me arrepiento, sino que en la medida de mis posibilidades voy a seguir haciéndolo en el futuro, porque estoy convencido de que así cumplo mi mandato constitucional.


Miquel Àngel Falguera i Baró Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya.

lunes, 5 de abril de 2010

... Y LA ABUELA SIN PARIR



Sobre las espaldas de todas las altas esferas políticas –así del Gobierno como de la variopinta oposición-- caerá la responsabilidad de que no haya sido posible el pacto nacional contra la crisis y el paro. De hecho nadie lo ha querido: los primeros esperaban que el diluvio escampara; los segundos al desgaire de la situación han preferido que tronara más todavía. Por lo demás, tengo para mí que la línea de conducta del gobierno no ha sido acertada. Intentó poner en marcha –tal vez aparentemente— un acuerdo, cuyo estilo (lo del pacto de Zurbano) podía valer para una situación de normalidad, pero de ninguna de las maneras para este temporal. Conclusión, no hay acuerdo. Lo chocante del caso es que los que más clamaron por el pacto (el sindicalismo confederal) estuvieron largo tiempo exigiendo el acuerdo. Pero, la verdad sea dicha sin contemplaciones, nadie les llamó a la mesa de negociaciones. Recuérdese, por cierto, que la CEOE tampoco ha estado por la labor.


A mi entender, el error del Gobierno ha sido el siguiente: no intentar, primero, con los sindicatos el acuerdo o, al menos, unas líneas generales que, en caso de no traducirse posteriormente en pacto político, podía ser el esqueleto de un ambicioso plan negociado de medidas entre quienes estaban por la labor. No ha sido así.


Posiblemente si hubiera habido ese acuerdo previo con los sindicatos, el Partido Popular tampoco hubiera entrado en harina. Pero dudo de que Convergència i Unió hubiera estado fuera de la mesa de negociaciones. Tampoco el Partido Nacionalista Vasco. Así las cosas, los servicios meteorológicos siguen anunciando la continuidad del tormentazo en claro aviso a la frágil Arca de Noé. En resumidas cuentas, muchos somos y la abuela sigue sin parir.




Radio Parapanda. El joven maestro Sisó de Capaspre nos da esta receta: UNA DE BACALLÀ....