viernes 26 de marzo de 2010

HAY QUE MOVERSE, HAY QUE MOVERSE, HAY QUE MOVERSE



Las cosas se ponen mal para el juez Garzón. Pero se ponen peor para la democracia. Pintan bastos para Garzón. Pero, peor todavía: pintan espadas para el Estado de Derecho. Y más malamente se pondrán si no se reacciona con más contundencia y eficacia contra la ley del encaje del Bajo Tribunal.



Hasta la presente se puede decir que se amplía un movimiento cívico que apoya resueltamente a Garzón. Pero estas acciones –con ser de gran importancia-- no confluyen, al menos todavía, en “algo” de más envergadura. Por otra parte, las izquierdas políticas pasean su tristeza ambulante exclamando la banalidad tópica del “confiamos en la justicia”, cuando ésta se ha disfrazado de noviembre para no infundir sospecha. Así las cosas, después vendrán las lagrimicas, que pueden ser de cocodrilo o de abubilla. Así pues, quienes tengan mando en plaza –por diminuta que sea el ágora—deberían exclamar: hasta aquí hemos llegado, y convocar. Porque, así lo pienso, algo se está rompiendo en el Estado de Derecho.