
En cierta ocasión me comentaba el maestro Manuel Vázquez Montalbán que había notado una cierta incomodidad en algunos sectores políticos cuando Marcelino Camacho hablaba, tras la recuperación de las libertades democráticas, de sus repetidas estancias en las cárceles. Que incluso había escuchado que determinadas personas habían hablado del “exhibicionismo” que suponía el reiterado discurso de Marcelino. La opinión de MVM era clara: se sentían, en el fondo, avergonzados del sufrimiento del dirigente sindical, de su compromiso ético mientras que ellos no habían dado un palo al agua.
Dejando aparte la caspa y la caverna, ¿es un dislate suponer que algunos silencios en torno a Garzón se asemejan a la incomodidad que sentían aquellos nicomeditas ante Marcelino Camacho? ¿No será que algunos envidian al juez indómito porque hizo lo que más de uno había escrito académicamente o dicho desparpajadamente en la taberna pero no llevó a la práctica por no “significarse”? Ya digo, lo de la caspa y su confluencia con la brillantina es otra cosa …
Dejando aparte la caspa y la caverna, ¿es un dislate suponer que algunos silencios en torno a Garzón se asemejan a la incomodidad que sentían aquellos nicomeditas ante Marcelino Camacho? ¿No será que algunos envidian al juez indómito porque hizo lo que más de uno había escrito académicamente o dicho desparpajadamente en la taberna pero no llevó a la práctica por no “significarse”? Ya digo, lo de la caspa y su confluencia con la brillantina es otra cosa …
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