martes 24 de noviembre de 2009

LA REACCIÓN DEL ELEFANTE HERIDO: General Motors se rebela


[Mi maestro Ángel Abad]

He esperado algunas semanas para comentar lo que sigue, no fuera a suceder que de nuevo el arte de birlibirloque cambiara el rumbo del asunto. Hoy parece que ya no hay esa posibilidad, aunque vayan ustedes a saber. Considero que lo que está ocurriendo es absolutamente sorprendente. Dejar en la estacada a todo un gobierno alemán no es moco de pavo, pero ahí tienen.


Lo que son las cosas. Cuando el gobierno alemán daba por cerrada la venta de OPEL a un sorprendente consorcio (con componentes parecidos a una macedonia de frutas) y se congratulaba de lo bien que les había ido el asunto a las fábricas ubicadas en Alemania, una reacción del gigante herido, General Motors Company, lo ha echado todo al traste. GMC ha recuperado la iniciativa perdida respecto a la venta de Opel y lo ha hecho a lo grande, negando la mayor, ya no hay venta que valga y GMC seguirá ejerciendo de sede madre con una OPEL exclusivamente suya.


Probablemente el batacazo que se pegó la mayor empresa automovilística del mundo con una crisis de producción, de comercialización y de tecnología supuso un serio ensimismamiento de su ejecutivo que le llevó a aceptar las soluciones que se le proponían desde fuera y en función de intereses que no eran los suyos propios. En este caso el gobierno alemán era decisivo, puesto que Opel tiene sede alemana y sus centros de inteligencia hablan alemán, todo y que su producción está mayormente en otras partes, entre ellas Zaragoza, la mejor fábrica de la empresa. La Merkel supuso que podía garantizar las sedes alemanas a costa de la fabricación en Bélgica, Gran Bretaña y España.


Como saben ustedes, el debate entre el hipotético comprador y los sindicatos fue de aúpa, y algunas de las maniobras de expulsión de costes de Alemania hacia otros tuvieron que matizarse muchísimo.


La reacción de la GMC ha tenido una componente política de primer nivel. De hecho la rebelión del elefante ha llegado después de las elecciones alemanas, no antes, cosa que hubiera generado algunos cambios significativos en el parlamento alemán. GMC le ha quitado a Merkel un caramelo después de que ella lo pudiese usar y ganar las elecciones. Una maniobra, la de GMC, perfecta.


De todo ello cabe deducir que los dineros aportados por OBAMA a la central americana han dado sus frutos, que los cambios internos en los USA también y que bien mirado la Opel tenía tecnología y capacidad para luchar en Europa. Sin ella la GMC quedaba a merced de su producción en otros continentes y francamente coja en la UE. Si observamos lo que ha ido ocurriendo esos meses de crisis observaremos que Opel ha puesto en el mercado tres nuevos modelos (toda una demostración de capacidad), que están hoy en día en la punta de la tecnología tradicional automovilística: el Corsa, el Insignia y el Astra. Los tres cubren casi toda la producción Opel. Seria de estúpidos pensar que con esos lanzamientos no valía la pena luchar por la continuidad. Y así lo han hecho.


A nuestro ministro de la industria nacional le ha cambiado la cara con esa sorpresiva operación. Lo que cuenta todavía en este mundo es lo que pasa en
el patio de mi casa , y en ese patio la planta de Zaragoza significa la vida o la muerte de una región casi al completo (a falta de saber qué tontería turística hace el gobierno aragonés en los Monegros).


De modo, pues, que tenemos una Opel americana de nuevo y que, por lo que parece, Zaragoza se salva. Esperemos a ver por donde sale la Merkel, aunque es muy probable que mire hacia otro lado.


El asunto, así como otros del mismo tipo, aunque de calibre distinto, va hacia la conservación de la industria automovilística actual con retoques pero sin grandes cambios. Simplemente la entrada de FIAT en Chrysler recordando la operación anterior de Mercedes. Por todo lo demás, todo igual.


Yo no pienso que sea posible un ajuste sin ajuste, al menos eso nos tememos en Parapanda. La capacidad de producción mundial es excesiva, e incluso está a la espera de que las empresas chinas e indias empiecen a inundar los mercados de verdad. Si ello es así, las decisiones actuales están alargando la crisis real. O sea, la desaparición de capacidad productiva y, es lo de menos, el número de marcas aparente.


Con ello, haría bien el ministro de industria en no abandonar el despliegue industrial alternativo a la producción de automóviles. España es un productor excesivo con ninguna capacidad de decisión sobre las plantas existentes, pues pertenecen todas ellas a empresas del exterior patrio. El riesgo ha sido muy grande, SEAT y OPEL en primer lugar, pero no olvidemos que Citröen, Peugeot y Ford en circunstancias menos límites han tomado decisiones que hoy por hoy tranquilizan a nuestro gobierno, pero eso es solo de momento.


El consejo hay que hacerlo extensivo a los sindicatos, la lucha por cada modelo, la lucha por cada crisis no se saldará con la tranquilidad aparente de la de hoy, puesto que todos han aplazado el gran cambio.




Lluis Casas observador en la autopista




Radio Parapanda. Javier López nos dice:
ALEMANIA COMBATE LA CRISIS: LA KURZARBEIT



lunes 23 de noviembre de 2009

HÁGASE JUSTICIA AUNQUE EL MUNDO SE HUNDA


[En la foto, el maestro Josep Solé i Barberà]



Voces a menudo bien informadas susurran que el Tribunal Constitucional se dispone a podar el árbol del Estatut de Catalunya. Las consecuencias de su resolución –si es que se va en la dirección de los murmullos— serán calamitosas. No sólo, aunque sí principalmente, para Cataluña; también toda España se verá sacudida por el efecto de las tijeras.


De entrada, los partidos políticos que han vertebrado Cataluña en los últimos treinta años, se verán profundamente zarandeados, y en una u otra medida podrían entrar en una crisis muy seria. No está descartado que, así las cosas, ingresen en la platea personajes y personajillos, aventureros y aventurerillos procedentes de viejos y nuevos chicoleos. Por cierto, hay quien me asegura que tales máscaras tienen almacenadas unas cuantas botellas de cava a la espera del desarborlamiento del Estatut. La vieja política catalana será substituida por un enjambre de montapollos; el cuadro partidario actual podría ser laminado por un conjunto de islotes aldeanos, dirigidos por pijopanas populistas que, según parece, empiezan a frotarse las manos. En resumidas cuentas, sería la degradación y degeneración políticas lo que desplazaría el sistema de partidos de Cataluña. Lo que, por activa y por pasiva, salpicaría de aceite hirviendo a las instituciones catalanas y a los partidos e instituciones españolas. O sea, un tenguerengue cuya duración y consecuencias son imprevisibles. Una nueva situación que hará excelsa la política que se ha hecho en las tres últimas décadas.


Las responsabilidades del Partido popular son, en toda esta historia, evidentes y bochornosas. Y, oído cocina: sacará réditos de su “fiat iustitia pereat mundus” [hágase justicia aunque se hunda el mundo]. Fue esta gente quien, como se sabe, llevó el árbol estatutario al Tribunal Constitucional. Son ellos quienes menos perderán en este asunto. Pero es el Constitucional quien pondrá su tuerta rúbrica al mayor desaguisado institucional desde la reinstalación de la democracia en España. Lo curioso de todo ello es que, andando el tiempo, la gente podría olvidar que dicho Tribunal es el último y definitivo responsable, y sería el sistema de partidos quien apechugaría con el marrón. Digo el sistema de partidos porque lo que podría venir es la zahúrda de corpúsculos, disfrazados de partidos para no infundir demasiadas sospechas.


Es posible que más de un caballero provaricador (he dicho provaricador, no prevaricador) del mentado Tribunal se haya dicho aquello de “se van a enterar de lo que vale un peine”. Pero ¿cuándo la calvicie necesitó peines? Porque si nos quedamos sin pelos, dicho utensilio es totalmente prescindible. Lo chocante de todo ello es que el moribundo (o sea, el Tribunal) se dispone a dar los santos óleos a quien, con mayor o menor salud, está vivo. Vale (de momento).





Radio Parapanda. Mi sobrino Paco Trillo abunda nuevamente en lo que dejó dicho el otro día:
PRECARIOS MÁS ALLÁ DEL TRABAJO (2)


Henri Garat: C'est un mauvais garçon (1931)


sábado 21 de noviembre de 2009

LA PRECARIEDAD COMO SITUACIÓN MÁS ALLÁ DEL TRABAJO, SEGÚN PACO TRILLO



El 9 y 10 de noviembre la secretaría de la Juventud de CC.OO. de Asturias realizó unas jornadas dedicadas a la relación entre los jóvenes, el trabajo y la precariedad. A ellas acudió el joven profesor Francisco J. Trillo, editor de la Parapanda Labour Law Review, cuya intervención será reproducida por la no menos prestigiosa Revista de la Fundación 1 de Mayo del mes próximo. En este blog presentamos, en dos partes, y como primicia informativa absoluta, el texto de la misma.




El momento actual resulta muy sugerente para el estudio de las relaciones laborales y del conjunto de normas que ordenan –y desordenan- la relación entre empresario y trabajador. Más aún, la crisis sistémica a la que asistimos desde el año 2008 impulsa la necesidad de indagar sobre la configuración de una sociedad que se dice fundamentada en las relaciones de producción capitalista. Esto es, en la consideración de que la sociedad se conforma por individuos que se insertan en grupos en función de la posición que ocupan en el sistema de producción capitalista. Posiciones que, como se sabe, autorizan una desigualdad social desde el momento en que la relación de trabajo por cuenta ajena aparece caracterizada por la subordinación del trabajador respecto del empresario. Esta subordinación jurídica, también económica y social, se configura políticamente como contrapartida necesaria del sistema por la cual el trabajador accede a una serie de derechos individuales y colectivos que le otorgan el status de ciudadano.


Las posiciones identificadas tradicionalmente en las relaciones laborales aparecen, pues, ligadas al hecho de la propiedad y a su intercambio: la propiedad de los medios de producción y la propiedad de la fuerza de trabajo. De este modo, se daba acomodo a las categorías sociales de empresario y trabajador y se creaban las condiciones para el establecimiento de un contrato social por el cual el empresario mantiene una posición dominante en la sociedad capitalista a cambio de la garantía de la denominada ciudadanía laboral de los trabajadores. Hoy, sin embargo, estas posiciones sociales no atienden exactamente a aquella distinción clásica entre propietarios de los medios de producción y propietarios de la fuerza de trabajo y el intercambio que se deriva de ella.





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LA PRECARIEDAD COMO SITUACIÓN MÁS ALLÁ DEL TRABAJO (HABLA PACO TRILLO)

miércoles 18 de noviembre de 2009

¿UN TAPÓN EN CATALUNYA?

Después de mucho cavilar me decido a hacer este breve comentario. Asumo que corro un gran riesgo mediático, puesto que probablemente habrá muchas disensiones, cosa comprensible dado el carácter subjetivo del asunto. Me atiendo a todas ellas con la debida antelación y respeto.


Ya en otra ocasión, escribí sobre la dificultad existente para convertir en realidad proyectos sociales, políticos, etc. Aducía yo que, entre todos, cada día se hacía más complejo entrar en realizaciones. Los distintos criterios, posiciones alternativas, dificultades orgánicas y un largísimo etcétera suponían no un enriquecimiento de los proyectos, sino su impedimento total. El asunto lo he intuido por experiencia propia y oyendo a muchos que intentaron algo en muy diversos órdenes de la acción social, política y económica. Terminaba reconociendo que desconocía los por qués, simplemente advertía de algo que me parecía importante en el modo de hacer social. El asunto no era que las dificultades para los acuerdos, las aceptaciones e incluso el aplauso fueran de índole ideológica o de mostrar las pocas cualidades del proyecto, no. El asunto era que no había explicación plausible, sino una infinidad de razones misteriosas entre las que caben el simple hecho de hacer la puñeta o de evitar que aquello tan interesante lo hagan otros o lo hayan pensado otros.


Uno de los motivos con los que explico esa dificultad de realización colectiva es que tengo para mí que una parte importante de los sujetos concretos que circulan por las vías del poder político, administrativo e incluso económico del país suponen un verdadero tapón para la evolución social consecuente con el momento social, económico, etc. actual. Independientemente de la ideología subyacente o explícita. Independientemente de los intereses a los que están vinculados por encima o por debajo de la mesa. Independientemente del nivel cultural o creativo del sujeto. Independientemente de casi todo, pienso que el país (una entelequia difícil de definir) sufre serias dificultades de adaptación al medio por falta de personas comprometidas en lograr un futuro alternativo (no solo transformador) y que tengan los poderes suficientes para impulsarlo.



Sigue en
¿UN TAPÓN EN CATALUNYA? En el blog de don Lluís Casas


Televisión Municipal de Parapanda: http://www.youtube.com/watch?v=0qeY5Bkj2fo


martes 17 de noviembre de 2009

LA CONDICIÓN ASALARIADA (2)


Antonio Baylos en TRABAJO Y CLASE. ANOTACIONES SOBRE LAS TRANSFORMACIONES DEL TRABAJO Y SU REPERCUSIÓN EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD DE CLASE TRABAJADORA nos da cumplida información de la encuesta que FIOM, la organización de los metalúrgicos italianos de la CGIL, puso en marcha en su día. Se podría decir, tras el resultado de la investigación, que el sindicalismo tiene un material importantísimo en sus manos. Por otra parte el mundo de la investigación académica, tras dicho material, cuenta con un cúmulo de datos y situaciones reales como, posiblemente, no lo tuviera nunca. En todo caso tan suculento almacén, todavía en barbecho, puede convertirse en una cantera para la acción colectiva y, más en concreto, para los procesos contractuales. Dicho lo cual me importa darle vueltas a una tesis que me ronda la cabeza de un tiempo a esta parte; es una tesis arriesgada sobre la que no tengo inconveniente en rectificar si se me llama la atención. La expondré cautamente en contra de mi costumbre intempestiva.


Me parece que la representación de los trabajadores en la empresa tiene un adecuado nivel de información de las condiciones de trabajo del personal de su centro de trabajo: de eso que podríamos denominar la condición asalariada. Pero tengo la impresión que, a medida que la pirámide de representación se aleja del centro de trabajo, el conocimiento de la condición asalariada pierde consistencia. Quede claro: no estoy diciendo que en la cúspide de la representación (esto es, en las instancias federativas o confederales) se ignore lo que ocurre en los centros de trabajo. Digo que no se acumula el mismo conocimiento en cantidad y calidad. Es algo tan natural, como natural sería que es exigible que la lejanía cuente con unos instrumentos de conocimiento, necesarios y suficientes, para la imprescindible representación y tutela general del conjunto asalariado. Si no se tienen, se corre el peligro –los sindicalistas de mi quinta caímos en repetidas ocasiones en eso— de la ideologización (en el sentido que Marx dio a ello, es decir, la deformación de la realidad en la mente) o del voluntarismo.


Recuerdo una experiencia que, en mis tiempos, pusimos en marcha: los círculos de estudios en varias empresas. Era un proyecto que dirigió una persona tan solvente como el profesor Ramon Alós. Contaba con la participación de sociólogos y otras cofradías académicas junto a los representantes de los trabajadores de las empresas que se estudiaban. Sindicalistas y académicos estudiaban, investigaban, libres de todo prejuicio y, la verdad sea dicha, aquello proporcionó un material muy útil para la negociación colectiva. Pero tan fecunda actividad no conseguimos que tuviera el suficiente eco en las instancias federativas. Tan sólo en la Química, gracias a la personalidad del compañero Vicente Pardiña, uno de los sindicalistas más lúcidos de Cataluña, pudimos estar aproximadamente satisfechos del vínculo establecido entre el centro de trabajo y el resto de la pirámide de representación.


Pues bien, si medianamente estoy en lo cierto, tengo para mí que si se es capaz de poner en funcionamiento una encuesta sobre la condición asalariada la acción colectiva general puede ser mucho más beneficiosa, más útil para la consecución de más bienes democráticos en el terreno social. Por supuesto, eso vale dinero, mucho dinero. Pero ¿qué me decís del
coste de oportunidad de no hacerlo? En fin, que utilizar ese poderoso caballero que es don Dinero para tales fines sería un acierto.



Radio Parapanda. La voz inquieta del becario Simón Muntaner nos informe de
LOS LÍMITES DEL SINDICALISMO SEGUN ROSA LUXEMBURGO


Respuesta de un amigo. Nada menos que Quim González.

Hola amigo hoy he leído en METIENDO BULLA : “Pues bien, si medianamente estoy en lo cierto, tengo para mí que si se es capaz de poner en funcionamiento una encuesta sobre la condición asalariada la acción colectiva general puede ser mucho más beneficiosa, más útil para la consecución de más bienes democráticos en el terreno social. Por supuesto, eso vale dinero, mucho dinero. Pero ¿qué me decís del coste de oportunidad de no hacerlo? En fin, que utilizar ese poderoso caballero que es don Dinero para tales fines sería un acierto” y me ha parecido de interés mandarte la encuesta promovida por la patronal de la industria química y las dos federaciones sindicales FIA UGT y FITEQA CCOO en relación a la aplicación y gestión del Convenio General de la Industria Química, esta iniciativa es la continuidad de la encuesta conjunta que el propio convenio colectivo contempla de evaluación y seguimiento del convenio por la vía de la Patronal y por la vía Sindical con las S.S. de Empresa., pero más profesional y con mayor valor demoscópico La lectura de la encuesta es muy interesante, o por lo menos a mi me lo parece, además de ser una buena base de partida par ala elaboración de las propuestas en la nueva plataforma a negociar en el próximo convenio colectivo. Decia que lalectura y el análisis de la encuata es muy interesante porque expresa el valor por su uso de algunos derechos conquistados en el Convenio y podemos decir en algunas materias. joder en el 60% de las empresas no dan y ni reclamamos esta información o aquella información o no participamos en x , pero podemos valorar también que nada menos que en el 40% si ejercemos este derecho y participamos en x.. La encuesta nos ha sido útil para impulsar el Plan de Trabajo de Seguimiento de la Aplicación de los Derechos en las Empresas que esta representando un chequeo con sección sindical una por una, que hoy ya tenemos una evaluación muy avanzada y que culminara con la Convención Anual de S.S. de Empresa que este año celebraremos en Tarragona en Enero en el marco de nuestra Conferencia Programa que pretende actualizar nuestra política a realidad tan diferente a la que vivimos cuando se confeccionaron los materiales congresuales últimos, por cierto estas invitado a la Convención Conferencia Programa si es de tu interés y si no pues comemos calcots y ves a los amigos Vale que me enrollo, Dale un fuerte beso a Roser. Quim Gonzalez.


lunes 16 de noviembre de 2009

LA CONDICIÓN ASALARIADA (1)



Los comentarios a una gran encuesta organizada y desarrollada por la FIOM-CGIL ponen sobre la mesa el problema del cambio en el trabajo como elemento clave en la determinación de nociones básicas de la representación de ese trabajo por los sujetos colectivos clásicos. En este sentido, se han realizado las anotaciones que siguen sobre la base del comentario de Aris Accornero a dicha Encuesta en el último fascículo de la revista Lavoro e Diritto. La transcripción es libre, mas cercana a unos apuntes personales que a una traducción, auqnue hay párrafos entrecomillados que son literales. Pero no ponga el lector en palabras de Accornero algunos de los pareceres que son sólo responsabilidad de quien opina, transcribiendo lo escrito, sobre ello. Para consultar directamente la fuente, vease Aris Accornero, "Lavoro e classe. La grande inchiesta della FIOM", Lavoro e Diritto nº 3 / 2009, pp. 337 ss.

Los cambios en el trabajo lo han hecho difuso, disperso, ya no uniformado y masificado como en el fordismo. Del trabajo en singular al trabajo declinado en plural, o sea los trabajos precarios, atípicos, temporales, diferentes. Muchos basan las novedades del trabajo en hechos muy generales como la globalización de los mercados o las tecnologías informáticas. Otros acuden a la fuerza de la ideología neoliberal, aunque no se sabe si ésta es la causa o la consecuencia de estos cambios. Otros en fin hablan de un nuevo paradigma organizativo que se deduce de innovaciones radicales en la estructura y en la organización de las empresas con vistas a “personalizar” el producto.


Los estudios en Italia sobre el trabajo que cambia tenían un enfoque más especulativo que empírico, y no convergían en muchos casos. Reflexionando sobre la evolución de la conciencia de clase, sobre la visibilidad del trabajador industrial, sobre la soledad del obrero o su “eclipse” en términos sociales, no siempre partían de las condiciones materiales de los sujetos (pese a que hay datos muy eficaces para revelar esa consideración social del trabajador industrial: el nivel retributivo medio de un metalúrgico italiano es de 1.170 € al mes). Y los que hablaban de la desmasificación e individualización del trabajo concreto, desestructurado y polivalente, no abordaban los efectos de “clase” sobre los sujetos que trabajan y sus vidas. Los dos conceptos típicos del post-fordismo han sido recibidos de manera diferente. La flexibilidad, elemento que explicaba el modo de producir y de trabajar, se interpreta a lo Sennett. La precariedad, que revela el hiato entre las relaciones de trabajo y la tutela legal y colectiva del trabajo, se abre a una narrativa poco centrada sobre la condición obrera y más amplia que la dedicada al trabajo obrero. Es difícil conectar los cambios en el modo de trabajar con algunos aspectos de la identidad obrera y de la imagen de clase, esto es, con el debilitamiento social de la condición y de la cultura obrera (por no hablar de la erosión de la idea de la clase obrera como nuevo sujeto histórico ascendente). Por eso es preferible razonar sobre la evolución de los perfiles y de los anclajes de los trabajadores.

En este contexto hay que situar la Encuesta de la FIOM del año 2007: un esfuerzo colosal. Un cuestionario distribuido a 400.000 trabajadores, de los cuales han respondido 96.607 a casi todas las 118 preguntas que contenía el documento. Es quizá la encuesta sociológica más amplia que jamás se haya hecho en Italia ( y no sólo en este país, obviamente). Están publicadas sus conclusiones en un libro coordinado por F. Garibaldo y E. Rebecchi, Metalmeccanic@. Reddito, condizioni di lavoro, ambiente sociale, salute e sicurezza nelle voci di 100.000 lavoratrici e lavoratori metalmeccanici, Meta Edizioni, Roma, 2008. El hecho que sea propiciada por la CGIL en su federación emblemática, la FIOM, debe resaltarse. Además el cuadro general de la condición de los trabajadores que emerge de la encuesta es muy articulado no sólo porque se trata de un sector industrial que va desde la siderurgia a la informática, a la robótica, a la automoción, pero también a la carpintería y a la orfebrería, sino porque es el lugar en donde se pueden apreciar de forma más nítida los efectos que el post-fordismo ha producido en la industria orgánicamente más fordista. Y resulta claro que aún queda mucho fordismo en la fábrica del metal, más aun cuanto que en Italia hay muchas industrias. Sobreviven por tanto fordismo y post-fordismo simultáneamente. Los datos son muy esclarecedores: “el 65% de los metalúrgicos encuestados desarrolla operaciones repetitivas, el 53% con parcelación de tareas, y el 51 % con tiempos reducidos y predeterminados, y estos trabajos suelen desempeñarlos obreros poco cualificados, mujeres e inmigrantes. Pero por otro lado los datos dicen que el 90% de los encuestados sigue procedimientos con arreglo a certificados de calidad (normas ISO o semejantes), el 78% entiende que tiene “buenas posibilidades de discutir sus condiciones de trabajo”, el 73% efectúa autoevaluaciones de calidad, el 67% encuentra autónomamente soluciones a los problemas imprevistos en el trabajo, el 66% efectúa un trabajo apropiado a las capacidades y aptitudes de la persona, el 64% rota en las categoría profesional y el 55% asume nuevas categorías”. En general se retiene – a partir de la comparación con la encuesta de la Fundación de Dublín sobre las condiciones de vida y trabajo – que en esa simultaneidad es posible apreciar un predominio de la organización y de la estructura del trabajo posfordista (un 60-65 % frente al clásicamente fordista, 35-40%).

En todo caso, lo que señala la Encuesta FIOM es la centralidad del redimensionamiento productivo, que se logra fundamentalmente a partir de la variable del tamaño de la empresa. La cuestión de la dimensión de la empresa es determinante. Cuando crece el tamaño de la empresa, crecen sin embargo “los acuerdos de empresa sobre ordenación del tiempo de trabajo, los movimientos repetitivos, los ritmos elevados, los plazos rígidos, el trabajo de grupo, las tareas monótonas, la formación pagada, los trabajadores objeto de intimidación, las discriminaciones de género, el trato discriminatorio por edad” y cuando disminuye, bajan en ese caso “la tasa de sindicalización, la satisfacción por el tiempo a disposición, la presencia de horarios solo nocturnos, el porcentaje de trabajadores con horario rígido, la posibilidad de cambiar de método de trabajo y de la velocidad de trabajo, el porcentaje de trabajadores cuyas categorías corresponden a sus aptitudes profesionales, la posibilidad de discutir la organización del trabajo frente a cambios en la misma sobre la base de los perfiles del trabajador”.
La “cuestión dimensional” es muy importante para el sindicato, porque desvela la exigua presencia de éste en las “fábricas menores”. Posiblemente porque sobre la representación del trabajo y de los trabajadores pesaba un postulado de la socialdemocracia clásica, que el desarrollo capitalista llevaba consigo una creciente afirmación de las economías de escala. La empresa de grandes dimensiones era acorde con una sociedad socialista, mientras que la “pequeña” – tiendas, garajes, establecimientos – no tenía futuro. La descentralización productiva ha producido en Italia unos efectos mucho mayores de los que se preveían por los sindicatos, como un repliegue regresivo, pero se ha convertido en una transformación importantísima: del flujo cotidiano de trabajadores de grandes empresas a nuevas o transformadas pequeñas empresas, se ha pasado a una transmigración que ha afectado a millones de personas. Cuando el tamaño de la empresa disminuye, tienden a modificarse las relaciones sociales y las relaciones de trabajo. Y no necesariamente sobre la base de una “armonía social” entre obreros y pequeños empresarios, en muchos casos, provenientes de la misma capa social. Violencia y autoridad pueden ser mas frecuentes que la participación y el respeto mutuo.

Los cambios que se han ido produciendo en la identidad y en la imagen de los obreros se colocan en un escenario que parte de una estructura de los empleos que alimenta en los servicios perfiles manuales de dependencia y de riesgo sin que se mantenga la “nobleza” de los obreros de mono azul, y que crea y continua generando figuras nuevas de cuasi-autonomía o de cuasi-dependencia que, a veces más fuertes y a veces más débiles, amplían y modifican el conjunto de sujetos cuyo trabajo es necesitado de representación y de protección. La encuesta FIOM cuantifica estos nuevos “trabajos atípicos” sobre los que todavía sabemos poco.


La búsqueda de la identidad obrera en este nuevo contexto de cambio en el trabajo y en la estructura productiva se debe hacer a partir del examen de las nuevas condiciones en las que se presta éste. Hay el riesgo de banalizar el tránsito del trabajo de producción al trabajo de servicios transfigurando el trabajador en consumidor, y anteponiendo el consumidor al productor como centro de una sociedad que vela las relaciones de poder y de desigualdad que se construyen en las de producción. Toda una operación que parte de la clase obrera como una ruina contemporánea y la confina en un pasado como sujeto histórico latente y no actuado, de forma que, como diría el gran maestro de Parapanda Vázquez Montalbán, transitara hoy de la nada a la más absoluta ahistoricidad.




Simón Muntaner en TRABAJO Y CLASE. ANOTACIONES SOBRE LAS TRANSFORMACIONES DEL TRABAJO Y SU REPERCUSIÓN EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD DE CLASE TRABAJADORA


domingo 15 de noviembre de 2009

¿UNA LEY DE SOSTENIBILIDAD DE LA ECONOMÍA?


En el importante marco del Congreso de la Federación Metalúrgica y de la Construcción de UGT, el presidente Rodríguez Zapatero ha anunciado que “antes de finales de este mes de Noviembre se dará a conocer el proyecto de Ley de la economía sostenible”. Así pues, estamos, como quien dice, a la espera de que el verbo se haga carne y tiempo tendremos para decir lo que buenamente podamos cuando se publique lo que, se supone, será el proyecto que habrá de llevarse a las Cortes. Ahora bien…


… ¿es creíble que una ley pueda enhebrar las múltiples variables (no digo ya las suficientes, sino las necesarias) para darle sostenibilidad a la economía? Más todavía, ¿de qué tipo de economía? Nada se sabe, salvo las imprescindibles vaguedades porque estamos ante uno de los secretos mejor guardados de muchos años a la redonda: nadie ha dicho esta boca es mía, nada se ha filtrado a los medios y, desde las covachuelas ministeriales, todo el mundo dice llamarse Andana. Tampoco se sabe si ha habido un proceso negociador previo con los llamados agentes sociales para esbozar las paredes maestras del mencionado proyecto. De manera que, sea como fuere, estamos ante un silencio verdaderamente espectacular. Tampoco existe cumplida información el vínculo –si es que lo hay— entre esta ley y el proyecto de cambio de modelo productivo.


La lectura del afamado libro “La gran transformación”, de
Karl Polanyi nos ha enseñado que las grandes mutaciones de época, que a lo largo de la historia han sido, se han dado sobre la base de una serie de procesos generados y provocados por las sociedades. La legislación, que ha jugado un gran papel, ha sido determinante sólo (y solamente) cuando los procesos de todo tipo tenían su correspondiente arraigo.


Por otra parte, nada sabemos de algo tan relevante como el papel de la negociación colectiva en el proceso legislativo de la economía sostenible. Y, para mayor perplejidad, vale la pena que nos preguntemos sinceramente: ¿alguien piensa que con los contenidos reales –con lo que se va negociando de verdad en itinerarios contractuales—es posible establecer una vinculación con el cambio de modelo productivo, sobre el que (como se ha dicho) nada sabemos? Es cierto que, nunca como hasta la presente, el sindicalismo confederal ha hablado tanto de la intervención en la organización del trabajo. Y, puestos a decir las cosas por su nombre, debo decir que el grupo dirigente del sindicalismo confederal nunca ha querido intervenir en las triplas de la mencionada organización del trabajo: este es uno de los cambios más visibles que se pueden ver con la entrada de Toxo en la comandancia del puente de mando. Pero lo que vale es lo que se hace, la dinámica real de qué se concreta en lo acordado con las contrapartes empresariales; lo que vale son los indicios, aquellas señales que envían las nuevas negociaciones. Hablando en plata: la negociación colectiva está anclada en el sistema del viejo modelo productivo.


Si eso es aproximadamente cierto, la verdad es que todavía no existen los pilares ni las indicaciones en la negociación colectiva para presumir de que hay una pista para el cambio de modelo productivo. Se trata de un déficit que es imposible cubrirlo con la manivela de la legislación. ¿Pesimismo, pues? Ni hablar del peluquín, sino cambio de ruta.




Radio Parapanda. En la voz de Isidor Boix:
Seminario sindical en Sao Paulo, Brasil, sobre Redes Sindicales Nacionales e Internacionales


jueves 12 de noviembre de 2009

"LA CUESTIÓN HISTÓRICA", según Marcel Gauchet


Explica Marcel Gauchet [“La cuestión histórica”, Trotta 2007] la importancia del aparato de poder de la institución eclesiástica y como instrumento de mediación entre el Cielo y la tierra en el desarrollo histórico desde hace dios y la madre de tiempo. Afirma que, en el transcurso de la Era Moderna se ha operado lo que el autor denomina “la salida de la religión” que –añade un servidor—debe entenderse no al pie de la letra sino como Gauchet lo describe razonadamente, es decir: la comunidad humana se define a partir de ella misma, de su propia alteridad. Por mi parte, añadiré que la “salida de la religión”, entendida à la Gauchet, no impediría una mirada religiosa de miles de creyentes, comprometidos desde su propia fe con los problemas de la humanidad y su propia alteridad (1).


¿Ejemplos? Doy testimonio de amigos personales antiguos como Alfonso Carlos Comín, Joan N. García-Nieto y mi (ciber) amistad con Ignacio Sintel, pastor evangélico. Me permito un inciso: el compromiso que, desde la fe, tuvieron en su día Comín padre y Nepo García-Nieto –y los innumerables de estos tiempos de ahora mismo-- replanteó el (parcial) abandono de actitudes genéricamente anticlericales en un significativo sector de la izquierda antifranquista. Lo que fue visiblemente relevante en el sector del movimiento de los trabajadores, dentro y fuera de `la fábrica´. Pero vayamos al grano...


Si se reflexiona parsimoniosa y no instrumentalmente sobre el libro de Marcel Gauchet es posible que encontremos razones añadidas que nos ayuden a entender la compostura, ademocráticamente irascible, de los altos funcionarios eclesiástico a lo largo de estos últimos cuatro años en España, y aunque no cuento con la información necesaria tal vez nos hagan entender (aunque sea medianamente) las actitudes del papa Ratzinger y sus importantes seguidores. Es más, tengo para mí que sobre las pistas que indicia Gauchet hay más filón nutriente para, primero, razonar con fundamento y, segundo, poder explicar qué parece estar ocurriendo en nuestro país. Mucho más, pienso provisionalmente, que esa práctica de sacarle los colores a la Iglesia (que, en todo caso, se lo merece) por sus tropelías de antaño: Torquemada, casos Giordano Bruno y Galileo, la postura de Pío IX ante el niño judío Edgardo Mortara y no sé cuántos más. No digo que haya que eludir estas situaciones, simplemente pienso (de momento) que es más útil transitar por los indicios que propone Marcel Gauchet. Mi argumentación es: el primer caso puede conducir a una inútil reedición del anticlericalismo, siempre precario de razones y, por lo general, prisionero del viejo historicismo; lo segundo, sin embargo, podría llevarnos a entender la raíz de la exasperadamente irascible contracultura de los altos funcionarios de la Iglesia.


La democracia nunca fue, según parece, un buen negocio para las curias católicas españolas. La libertad choca de bruces con la estructura jerárquica –toscamente taylorista, por más señas— de ayer y de hoy (2). La dirección curial se ha autolegitimado como la (única) mediadora entre Dios y la humanidad, lo que comportaría el primado exclusivo de su doxa y de las normas que, a trancas y barrancas, la acompañan. Así pues, el constructo dogmático –precisamente por su invención gratuita y su inmutabilidad— choca abruptamente con la razón democrática que se caracteriza por su flexibilidad y relativismo itinerantes. De entrada, en esas condiciones se puede decir pacíficamente que la posición de los eclesiásticos será lo que sea, excepto inconsecuente o incoherentes,


La mencionada y autoconcedida `mediación´ es, por definición, contraria al diseño genérico y a la aplicación práctica de qué debe entenderse por moral y a impartir la enseñanza. Ambas cuestiones deben ser, en pura concordancia con la mediación, monopolio de la curia eclesiástica. Ahora bien, la “salida de la iglesia” (en los términos que define Marcel Gauchet) llevó, no sin sobresaltos, a la westfaliana separación entre el Estado y la Iglesia y la transformación de aquel Estado, también de manera azarosa, en instituciones democráticas. Las normas de civilidad eran cosa de las instituciones democráticas, también para los funcionarios eclesiásticos qua personas, y como tales –al menos en teoría—no estaban exentos de ningún manto protector al margen de la norma y autonomía democráticas. La Iglesia, mutatis mutandi, empezó a perder poder, aunque el prestigio simbólico fuera así mismo `poderoso´. Le quedaba, naturalmente, el peso de la inercia, su capacidad de maniobra para el cabildeo y su (nunca perdida) relación con los grandes aparatos de poder. Ciertamente, le quedaba también su negativa (aflorada y/o submergida) a reconocer que fe y política están y siguen en planos diferentes. Es más, en el fondo la alta Iglesia no dejó de considerar la política democrática “como un contexto de inevitable contingencia y provisionalidad, extraños a la dimensión religiosa de la vida”, al atinado decir de Riccardo Terzi.


Así las cosas, en el terreno abstracto nos encontramos ante una aporía, un callejón sin salida, porque parece imposible que la Iglesia católica renuncie a su más representativa, por su carácter constitutivo, seña de identidad: la mediación entre el más allá y el aquí mismo. Y si en el terreno abstracto no hay salida, la conclusión, al menos aparente, está en la capacidad de reorientar la cosa en el territorio de lo concreto. Pero, ¿es posible? La primera respuesta que se nos ocurre es: pueden darse convergencias (más o menos intensas), pero nunca habrá una plena adhesión de la una a la otra, lo que no excluye –pero eso es harina de otro costal— subalternidades, cooptaciones o algo por el estilo. Digamos pues, orteguianamente, que sólo se puede aspirar, y no es poca cosa, a tener una razonable conllevancia.


En cuentas muy resumidas, la matriz de la exasperación revoltosa de las mitras y capelos cardenalicios en España se explica en una cuestión de largo recorrido (su autolegitimación como instrumento de mediación) y en una convergencia de oportunidades coyunturales, aunque con voluntad de largo recorrido (ponerle la proa al itinerario de nuevos derechos civiles del presidente Zapatero). Pero no deben confundirse los términos a la hora del debate. Porque el tratamiento de lo primero exige una explicación de un tipo, mientras que el segundo requiere una frontal pugna de carácter político. Cuando hablo de no confundir los términos no niego que, en estos momentos, deban deslindarse. No, tienen que relacionarse, naturalmente. Porque el alto funcionariado eclesiástico entiende que su convergencia con el Partido popular en relación a los derechos civiles es coincidente, aunque –como es sabido— en tiempos del aznarato no susurró, que nosotros sepamos, que el gobierno de aquellos entonces tirara para atrás algunas leyes que le incomodaron profundamente. Que una de tus manos no sepa lo que hace la otra, debieron decirse. Y, posiblemente, en el hipotético (e indeseable caso) de que el Partido popular gane las próximas elecciones, sus eminencias tampoco incordiarán excesivamente: el cabildeo de Palacio sustituirá a la calle.


Doy por sentado que la confrontación política con los planteamientos de alto funcionariado eclesiástico debe ser eso: exclusivamente política.






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(1) Artículo publicado en “Nou cicle” en enero de 2008.


(2) En principio los elementos que caracterizan el taylorismo con lo que estamos hablando es: 1) Concentración de todos los elementos del conocimiento, del "saber hacer" --que en el pasado estuvieron en manos de los trabajadores-- en el management. Este deberá clasificar las informaciones y sintetizarlas; de todo ello sacará los elementos del conocimiento, las leyes, reglas y normas. 2) La substracción de todo el trabajo intelectual en el reparto de la producción, situándolo en los centros de planificación, con la separación "funcional" --entre concepción, proyecto y ejecución-- entre el centro del saber y la prestación ejecutiva e individual de cada trabajador que está aislado de todo grupo o colectivo. 3) Una minuciosa preparación, por parte del manager, del trabajo que hay que hacer y las reglas para facilitar su ejecución. Se elimina el "saber hacer" del trabajador que está substituido por las órdenes del manager; al trabajador se le especifica no sólo lo que hay que hacer sino cómo es necesario hacerlo y el tiempo fijado para ello. Pues bien, sustitúyase `trabajadores´por sociedad, cámbiese `management´ por la Iglesia y aproximadamente se entenderá la relación entre taylorismo la “estructura jerárquica” de la Iglesia católica. A tales efectos, poco importa que el taylorismo sea un intento de racionalización cientificista y el carácter de la Iglesia tenga otro signo. Pues el vínculo entre lo uno y lo otro podría ser el siguiente: Taylor dijo que si su organización del trabajo era científica, ¿qué pintaban los sindicatos en ello?, mientras que la Iglesia no tendría empacho en afirmar que si esto es un dogma de fe ¿a santo de qué hay que discutirlo?


domingo 8 de noviembre de 2009

EL FUNDAMENTALISMO EN LOS USA



He leído un libro muy interesante: Los orígenes del fundamentalismo en el judaísmo, el cristianismo y el Islam, su autor es Karen Armstrong [Fábula Tusquets, 2009] Lo compré en la Llibreria La Llopa (Calella). Me costó 11 euros y pico. El libro tiene 532 páginas.


Andaba yo buscando desde hace algunos años el origen del fundamentalismo en los Estados Unidos. Yo creía erróneamente que dicha costra era relativamente reciente, algo así como del siglo XX. Pues bien, mi sorpresa ha sido mayúscula porque ese fenómeno recorre, de hecho, la historia de aquel país. Más todavía, es anterior –según los datos que aporta Armstrong— a la Declaración de la Independencia. O, lo que es lo mismo, la irascible reacción (y el carácter de la misma) de no pocos grupos organizados contra las reformas de Obama viene de muy atrás. Se trata de unos movimientos político-religiosos, mayormente populistas que, de manera no infrecuente, han contado con el protagonismo de sectores académicos.


No es oro todo lo que reluce en el libro, pero es muy esclarecedor y documenta a quienes, como un servidor, no tengan ni idea del origen de una serie de comportamientos de masas en los Estados Unidos. Y, por supuesto, su lectura sirve para poner en barbecho el resto de la buena literatura negra que nos queda por leer. Por ejemplo, “Si los muertos no resucitan”, de Philip Kerr. Buena novela donde las haya, pero puede esperar a que leamos el libro de Armstrong. Vale.



Radio Parapanda: SOBRE EL CIERRE DE UNA EMPRESA PÚBLICA EN MÉXICO PARA ACABAR CON EL SINDICATO DE LOS TRABAJADORES DE LA MISMA

viernes 6 de noviembre de 2009

CAMBIO TECNOLÓGICO, IDEOLOGÍA, DERECHO DEL TRABAJO



La capacidad de innovar aparece de nuevo en el centro del debate de las políticas ante la crisis, como la fuente primaria de generación de productividad, diferenciación y valor para las empresas, mejora de las condiciones laborales, y de progreso y bienestar para el conjunto de la sociedad, que implica necesariamente llegar a compromisos de inversión tanto del sector público como, muy especialmente, de las empresas privadas. Con ello se pretende aumentar las posibilidades de competir en los mercados nacionales e internacionales en lugar de hacerlo con bajos salarios y desregulación de las relaciones laborales. Una perspectiva “clásica” que se reitera con ocasión de este “cambio de modelo” exigido. En efecto, el cambio de modelo económico debe incorporar - como se afirma en la convocatoria de un seminario sobre esta problemática organizado por la Fundación 1 de mayo para el 23 de noviembre en el CES - “valor añadido e innovación, investigación y respeto por el medio ambiente, así como impulsar los sectores emergentes que configuren una economía sostenible. Y la apuesta fundamental pasa por reforzar el capital humano a través de la educación, la formación y especialización de todas las personas implicadas en los procesos de generación de ciencia e innovación”. Estos debates tienen consecuencias muy relevantes en la producción ideológica que rodea al derecho y en concreto al derecho del trabajo y en la consideración de ciertos contenidos técnicos de esta materia.



El derecho se nutre de paradigmas culturales y técnicos. Es clara la “interferencia” del hecho tecnológico en la regulación normativa del trabajo y en el gobierno sindical del conflicto social. El tema puede, así planteado, sugerir una amplia reconstrucción de las relaciones entre tecnología, ideología y técnica jurídica en relación con la situación de dominación económica y social que caracteriza nuestro tiempo presente, lo que implica a su vez remitirse a las raíces culturales del tipo de regulación social que está vigente, a la crisis de ésta y a la influencia que el cambio tecnológico – los sucesivos cambios tecnológicos – puede haber desarrollado en este proceso.



Es evidente que este debate tiene un interés específico para la regulación jurídico-laboral en su conjunto, puesto que afecta a los fundamentos culturales en los que se basa la elaboración teórica y doctrinal que sustenta el núcleo explicativo del derecho del trabajo en su doble vertiente individual y colectiva. Fundamentos culturales que no se refieren necesariamente a las preconcepciones económicas o sociológicas que subyacen a la elaboración de todo el aparato conceptual sobre el que se edifica la autonomía científica de esta materia jurídica, sino de forma muy especial a la noción de técnica que se encuentra en la base de la noción de trabajo como eje en torno al cual se articula la regulación normativa de origen estatal o convencional que llamamos derecho laboral.



Pensar de otra manera el trabajo a partir del cambio tecnológico, la transformación del suelo en el que se edificaba el fordismo, la propia trascendencia de las tecnologías de información y de comunicación en su definición concreta, lleva necesariamente a proyectar este discurso sobre el núcleo central de la regulación jurídica del trabajo asalariado y sobre las “tutelas” diversificadas del mismo. Porque la instrumentalidad de la técnica y su apropiación por el trabajador se plantean de forma diferente a cómo tradicionalmente venían funcionando en la determinación del trabajo prestado en régimen de subordinación. La relevancia de esta nueva manera de expresarse el trabajo en el tiempo y lugar de la prestación, o en la profesionalidad del trabajador en la determinación cuantitativa y cualitativa del servicio prestado, resulta muy clara. Pero también es frecuente ver enlazado este punto con el más conocido de la flexibilización de las relaciones laborales, en su doble cara de “racionalización” de la organización del trabajo bajo la dirección unilateral de quien domina la introducción de las nuevas tecnologías y de “desregulación” de los elementos normativos y convencionales que fijaban las posiciones de empresario y trabajador a través de una cierta “colonización” de la esfera de la autoridad en la empresa por obra de la norma imperativa y de la autonomía contractual colectiva. Algunas formas de prestación del trabajo, como el trabajo a domicilio, resultan plenamente transformadas ante la aplicación de las tecnologías de la información y comunicación que se condensan en la expresión de teletrabajo. Es en este sentido en el que desde hace tiempo se habla de redefinir un pacto sindical sobre los saberes que altere y reconstruya estas formas nuevas de expresar la organización del trabajo y que posibilite trayectorias de negociación colectiva sobre éstas.



Naturalmente que también la dimensión colectiva y sindical de las relaciones de trabajo resultan muy afectadas por esta “deriva” de la tecnología sobre la forma de regular jurídicamente el trabajo asalariado. Aunque es común remitirse a esta “interferencia” sobre lo colectivo simplemente para señalar la difícil subsistencia de la acción sindical y del propio sujeto representativo de los trabajadores en un mundo productivo tecnológicamente revolucionario, lo cierto es que estos procesos de cambio han inducido mutaciones en las pautas y modos culturales del sindicalismo en relación con una mejor y más eficaz tutela de los derechos de los trabajadores que éste aspira a representar. Los sindicatos comienzan a percibirse como redes de comunicación. Y ello tanto en cuanto a los medios de comunicación, información y expresión sindicales – que entre nosotros ha popularizado el debate sobre el uso sindical del correo electrónico -, como en el ejercicio de las facultades de autotutela colectiva, comenzando por la huelga. Volver a pensar la eficacia de la huelga como parte integrante de su función en tanto que derecho fundamental y la importancia de la comunicación como ámbito en el que se despliega las estrategias de presión colectiva, el “entorno comunicativo” que se sitúa al lado de la alteración del proceso de producción de bienes o de servicios, son dos elementos que deben ser desarrollados.



Por lo demás, el tema de la innovación tecnológica compromete también el área de los derechos fundamentales del individuo que trabaja, es decir, los derechos de ciudadanía que no pueden ser amputados de raíz por el mero hecho de trabajar para otra persona de forma subordinada. En concreto, viejos derechos como el derecho a la intimidad personal, cobran nuevas facetas al relacionarse con elementos novedosos como la protección de los datos personales y al confrontarse con técnicas más agresivas de la propia imagen como la video vigilancia. El papel de la libertad de expresión y de la libre información se modifica en una sociedad en la que la relación entre comunicación y poder se ha modificado radicalmente. Lo que los expertos llaman fenómenos de “autocomunicación de masas” tienen que ser también integrados en el espacio de las libertades públicas, y, por tanto, también cuando éstas resultan mediadas por la inserción del ciudadano en una organización como la empresa esencialmente restrictiva de las situaciones derivadas de la democracia. En el segmento lineal que se forma a partir de la expresión de las ideas, la comunicación de las mismas en el nuevo entorno comunicativo y la calificación del ciudadano en función de su posición de subordinación social, se expresa una relación fluida que va de lo individual a lo colectivo y que tiene muchas implicaciones para ambas dimensiones regulativas. A fin de cuentas, la implicación de los derechos de ciudadanía en este asunto no viene sino a constatar la relevancia del trabajo como fuente de legitimación de gran parte del constructum político que reconoce derechos en función de una posición social subordinada con vistas a un proceso dirigido a la emancipación social y la modificación de las relaciones de poder que ello conlleva, pero incorporando al mismo las vías de cambio social que abre la relación entre la comunicación, la ideología y el poder sugerida desde un amplio proceso de innovación tecnológica.



Antonio Baylos





martes 3 de noviembre de 2009

EL SINDICATO EXTROVERTIDO; INTELECTUALES Y ARTISTAS CON LA CUESTIÓN SOCIAL



A pesar de lo que digan mis cofrades de generación (mitificando aquellas nieves antaño) es ahora, ahora mismito, cuando se han producido las relaciones más importantes entre el sindicalismo confederal y lo que, por decirlo con jerga de antaño, se conoce como las “fuerzas de la cultura”.


En los últimos meses hemos asistido a dos acontecimientos de gran calado. El primero fue la elaboración y presentación del Manifiesto que dio en llamarse de los Setecientos:
DECLARACION SOBRE EL TRABAJO COMO ELEMENTO CLAVE EN UN SISTEMA DEMOCRÁTICO; el segundo, hace pocos días, el muy representativo acto de intelectuales y artistas junto a los sindicatos presentando un material de no menor importancia: FUERZAS DEL TRABAJO DE LA CULTURA. Lo primero que debería destacarse es que, a primera vista, estamos ante un sindicalismo extrovertido, de un lado, y un notable testimonio de intelectuales y artistas ante la cuestión social. Lo segundo que se quire resaltar es el diálogo que presupone ambos documentos. El tercero es que, ahora, Comisiones Obreras y UGT (esto es, el sindicalismo confederal) se presenta unido. Tres novedades de consideración que vamos a desgranar con cierto detenimiento.


En “mis tiempos” de joven sindicalista los puentes de relación entre nosotros y “las fuerzas de la cultura” no se dieron de manera autónoma; tales relaciones se daban en el marco del partido, es decir, entre camaradas de la misma organización política. Y, cuando en tanto que sindicalistas, nos dirigíamos a “ellos” íbamos con un cierto aroma de instrumentalización: todo lo noble que se quiera, pero instrumentalización. Es más, la vieja formulación carilliana (un hallazgo para la época, sin duda) de la alianza de las fuerzas del trabajo y la cultura encubría, quiérase o no, una separación (afectuosa, por supuesto) entre ambas fuerzas. Por eso se orientaba a la alianza. Nosotros éramos “el trabajo”; ellos eran “la cultura”.


El diálogo entre “unos” y “otros” es el hallazgo común. Un puente que se ha abierto y que, de cuidarlo primorosamente, puede dar provechosos resultados. A condición, claro está, de que se converse con fuerza, sin subalternidades (simuladas o no) por ambos “sujetos”. Ninguno de los dos tiene el monopolio de nada; es la acumulación de síntesis sucesivas, que no serán fáciles, lo que dará fundamentada consistencia al puente que parece abierto.


El nivel unitario de los dos sindicatos es una novedad en este aspecto. Se trata de un nivel de unidad cualitativa que conviene retener. Y, pienso yo, a celebrar con austeridad: sin echar las campanas al vuelo, pero repicando.


Por todo ello, en los cafetines y tabernas de Parapanda se comenta que una pizca de razón se pone en marcha en el panorama de estos tiempos. Vale.



Radio Parapanda: SOBRE EL CONTRATO DE TRABAJO Y LA SUBORDINACIÓN JURÍDICA

domingo 1 de noviembre de 2009

CATALUNYA, los catalanismos y el fin de un modelo


Ahí está la pringue colorá de Santa Coloma. Y el caso Millet. Y lo que queda por venir. El fin del oasis catalán, dicen algunos.


Cuando lo del Orfeó, la lógica comunicativa de los medios nos hablaba de la corrupción en la burguesía catalana. Y ahora, con las últimas noticias, habrá que hablar de la corrupción de determinados estratos de la burguesía catalana (Prenafeta y, especialmente, Alavedra) y determinadas instancias socialistas (incluso, de algún sector menos proclive a la tendencia mayoritaria del PSC, más en consonancia con el PSOE, pero, a la postre, amigo de aquella burguesía nacionalista, puesto que, al fin B2B, o sea, “Business is Business” o, en español cañí, “Todo por la pasta”)


Sin embargo, hay algo en el fondo de todo esto que me preocupa. Y es el modelo de la sociedad catalana. ¿Está la sociedad catalana enferma, como afirmaba ese valiente adalid del neoliberalismo, neoconservadurismo y la más rancia tradición centralista española que es Pepe Mari Aznar?. Pues sí. Me explico: mis reflexiones nada tiene que ver con determinadas lecturas que contemplan la actual situación aquí frotándose las manos desde un modelo español excluyente, por único, que les sirve, además, para echar humo sobre sus brotes de corrupción en Madrid, Valencia y otros feudos. Es más, estoy convencido que mi país, Cataluña, es una nación (con independencia ahora del concepto diverso que cada cual tenga al respecto) o, si se prefiere, un hecho diferenciado respecto al resto de España. Y esa afirmación no quiere decir que uno sea nacionalista, de la misma manera –que como decía un viejo maestro mío- constatar que comer verduras es sano no quiere decir ser vegetariano. Odio el nacionalismo, sea español o catalán. Sigo reivindicando el internacionalismo, en unos tiempos que –como afirmaba el camarada Trotsky, en relación con el período inmediatamente anterior a la Primera Guerra Mundial- “los internacionalistas cabemos en un taxi”. O, como los viejos anarquistas, una servidora sólo tiene una patria, que es la humanidad.


Pero eso, repito, no impide constatar una realidad, que es el hecho diferenciado del lugar donde vivo –y donde he nacido, aunque eso sea, a la postre, anecdótico-. Esa constatación diferencial se ha conocido desde, al menos, las postrimerías del siglo XIX como catalanismo (lo de nacionalismo es muy posterior, como aún lo es más lo de independentismo, que, como fenómeno social más o menos de masas, apenas tiene tres lustros de vida) Y pongo esa fecha por no remontarme más lejos: si se quiere, a las propias Cortes de Cádiz o antes. O incluso ab urbe condita Parapanda.


Pues bien, se me antoja –aunque no tengo estudios demoscópicos o sociológicos que lo pongan en evidencia- que ese catalanismo es diverso. O, mejor dicho, que ha sido siempre diverso. Mi intuición epicena me lleva a la conclusión de que en el catalanismo han existido siempre tres corrientes diferenciadas. Una, que podríamos caracterizar como rural, propia de la Cataluña interior, que hunde sus raíces en el carlismo (mi amigo y ex amante Ramon Plandiura, como originario de Osona nos puede ilustrar mucho al respecto); se trata de una tendencia siempre minoritaria, meapilas, cerril y conservadora, que se basaba en la institución de l’hereu [heredero], siempre blasfemando (y válgame el cielo que las blasfemias agrarias, pese a que los que los emiten van cada domingo a misa, son legendarios y dignos de ateos febriles), porque el hereu, pese a quedarse con la propiedad está currando en el campo cada día, mientras los fadristerns [o cabaler, hermano menor del hereu] acaban en Barcelona, a la postre, viviendo mejor-. La otra tendencia es la que podríamos calificar como la mesocracia barcelonesa –en el sentido amplio-: la de la burguesía de toda la vida de la ciudad condal –y sus áreas de influencia-, de origen burgués, ilustrado y aparentemente liberal (aunque cuando había que llamar al ejército español para poner orden, se llamaba) Y, por fin, había eso del catalanismo popular, el de las clases laboriosas, que cualquier lector de la literatura obrera del siglo XIX puede encontrar, el catalanismo que parte del republicanismo federal, sigue con el anarcosindicalismo catalán –Salvador Seguí, Joan Peiró, etc- y prosigue con el republicanismo de los años 30, en el PSUC de la guerra y la postguerra –sin olvidar a Andreu Nin y otras tendencias de la rica experiencia de las izquierdas republicanas- y desemboca en CC.OO. en los años sesenta y setenta (no en vano, la CONC es la CONC –o lo era hasta hace poco, tras los cambios en la dirección electrónica- gracias, entre otros, a personalidades como el Cipri)


Descartada la capacidad de intervención social de la Cataluña profunda –el catalanismo rural-, que no ha pasado nunca de mirarse el ombligo en su microcosmos, en el último siglo largo el gran debate social en Cataluña se ha producido entre la mesocracia barcelonesa y el catalanismo popular. Y aunque pueda parecer contradictorio, el hecho cierto es que la singularidad catalana se ha ido incrementado precisamente por ese debate. No en vano ese conflicto a dos bandas es apreciable en la Semana Trágica, en el pistolerismo de los años veinte, en la Dictadura de Primo de Rivera –con Cambó-, en la República y –salvado el escollo del franquismo, con políticas más o menos unitarias- en la transición. Pero es más, de ese debate han surgido también muchas de las ideas y propuestas de modernidad y democracia en España en el último siglo y medio. La España moderna y democrática no puede entenderse sin él.


Pero ocurre que ahora el debate del catalanismo ha mutado. O al menos, ésa es mi impresión. La mesocracia barcelonesa ha acabado, con la prosperidad económica, engullendo el catalanismo popular. No hablo de CiU o ERC –una mezcla extraña e interesada entre catalanismo mesocrático y rural-, hablo de las izquierdas. El PSUC y su discurso catalanista han desaparecido en la práctica. Una parte de ese discurso fue metabolizada por el PSC, pero ya se ha visto dónde ha acabado: en manos de la mesocracia barcelonesa. Prueba de lo que digo: la reforma del Estatut –con toda la carga y efectos que ello comportó en el resto de España- fue la prioridad de los gobiernos de Maragall… pero ¿era ésa la prioridad del primer gobierno de izquierdas en Cataluña tras la Segunda República? Ciertamente, no. Ésa era la prioridad de las clases mesocráticas catalanas, preocupadas por los tremendos efectos negativos que para la economía de aquí habían tenido las dos legislaturas centralizantes de Aznar. No en vano la reclamación de un nuevo marco autonómico tenía como adalides organizaciones patronales, círculos de economía y demás thing tanks económicos. La prioridad de las izquierdas debiera haber sido demostrar, en esos momentos, que era posible hacer una política alternativa, más sensible a la igualdad en aspectos como la educación, la sanidad o la cobertura de necesidades sociales, entre otros muchos aspectos. Nada de eso se hizo –ni se ha hecho luego con Montilla-: se continuó con el modelo convergente. Una prueba de ese “no-hacer-nada” la hallaremos en la reciente Ley de Educación o las políticas de dependencia. Y luego, claro está, ahí tenemos a Iniciativa, más preocupada por el verde que por el rojo, sin una deriva clara, riéndole en definitiva las gracias a la mesocracia barcelonesa (si la Ley de Educación, que rompe la columna vertebral del principio de igualdad no era para plantarse, no sé cuándo piensan hacerlo, claro que eso de hacer de palmeros del PSC llevan haciéndolo en la ciudad de Barcelona hace decenios)


La tragedia de mi país –de mi nación, si es que tengo una nación- es que el catalanismo mesocrático no tiene ya adversario. Los intereses de esa mesocracia se han acabado convirtiendo en los intereses de Cataluña. El debate entre catalanismo mesocrático y catalanismo popular –sobre el que se sustentó el hecho diferencial- se ha acabado dilapidando. Y ha acabado, a la postre, sustituido por un absurdo debate sobre la independencia y esos ridículos plebiscitos locales, exasperando el españolismo cañí y reaccionario, lo que retroalimenta a ambos adversarios nacionalistas (español y catalán) Esos jóvenes altermundistas que pueblan barrios y pueblos de Cataluña con pintadas sitúan el debate en el absurdo independentismo. Y, desde luego, difícilmente puede aspirarse a que las nuevas clases menesterosas –la povertà laboriosa- que hoy son los inmigrantes se erijan en defensores de ningún catalanismo, huérfanos de un discurso que aúne –como antaño- sus legítimas aspiraciones sociales con las del país en el que viven.


¿Se extraña alguien que ese imperio de la mesocracia reine la corrupción? Quién así lo haga en un ingenuo. Con todo, lo que me preocupa no esa corrupción –que también-, sino que mi país (o mi nación, si es que tengo nación) se ha acabado inmolando como tal. Que la izquierda catalana haya vendido por un plato de lentejas su alternatividad. Ése es el problema de Cataluña y no tanto la gestión, pongo por ejemplo, del aeropuerto del Prat. Y se me antoja que ése también es el problema de la España progresista.


Sole Barberà i Salvadors, letrada por parte de la acusación particular en el caso Jurel.


Radio Parapanda. Raimon Obiols en Un editorial de Nou Cicle: Contra la corrupció lliberticida