... unos y otros (dirigentes empresariales, políticos y analistas económicos) pensaran que sólo y solamente corresponde al Gobierno poner en marcha las medidas contra la crisis. Ni siquiera la devaluada palabra del gobernador del Banco de España ha pronunciado la palabra concertación su reciente conferencia en Zaragoza de la que hemos dado cumplida explicación en artículos anteriores. Aunque, a decir verdad, a Fernández Ordóñez le valdría apuntarse a lo que aproximadamente dijo Wittgenstein: si no tienes una nueva majadería que decir, es mejor que tengas la boca callada. Aunque puede que cupiera la siguiente hipótesis: MAFO parece decirle a los dirigentes empresariales que no vale la pena entrar en proceso alguno de negociación porque de lo que se trata es de presionar al gobierno para que ponga en marcha las “reformas estructurales” que él mismo, MAFO, está predicando.
Ahora bien, no quisiera ser cenizo, pero esta postura empresarial podría tener un lógica aplastante. Que sería del siguiente tenor: a nosotros –podrían decir los dirigentes empresariales más sofisticados— nos interesa aprovechar esta situación de crisis para poner en marcha una potente innovación y reestructuración de los aparatos productivos y de servicios. Sigue el razonamiento de los sofisticados: de esa manera, la salida de la crisis nos pillaría en mejores condiciones, especialmente porque nos tememos una intervención del Estado de un modo que todavía no estamos en condiciones de precisar. En el caso de que no se diera dicha intervención, miel sobre hojuelas. Así pues, no conviene que el sindicalismo confederal tenga excesiva voz en la lucha contra la crisis porque en ese intercambio conseguiría nuevos instrumentos de poder, aunque fuesen modestos. Sigue el razonamiento sofisticado: de la crisis se saldrá, más tarde o más temprano, y mediante un proceso de selección natural se harán con la sartén los más fuertes. Y, en esas circunstancias, los más fuertes –en este caso, los autoseleccionados— pondrán en marcha el nuevo proceso de acumulación capitalista. Esperemos que el sindicalismo confederal y la izquierda política se encuentren lo más debilitados posible. Y digo yo...
... si esto como intuyo es aproximadamente de esa manera, ¿qué les importan los cadáveres de la cuneta? Mejor dicho: ¿sabe alguien cuándo y en qué lugar importaron esos cadáveres? Desafío a quien diga que lo expuesto es una visión conspirativa. No, ni hablar del peluquín: es una lección de la historia. Que no tiene por qué repetirse si se tienen saberes, "pundonor y lo que hay que tener” como se dice en una bella canción de Parapanda.
Postscriptum. Nuevamente ofrecemos otra exclusivo de nuestra hacker de cabecera, Lissy Salander: http://www.gencat.cat/economia/noticies/noticies/37396953.html

