De momento podemos sacar algunas conclusiones no definitivas: puede haber más bolsas de corrupción por esos mundos de dios, pero –también, naturalmente— lo que venga puede ser descubierto, y sus autores, tras aparecer de mejor o peor manera, acabarían entre barrotes. Más todavía, tras las últimas detenciones con altas personalidades de la vida institucional, nadie de alto coturno que pueda estar implicado, dormirá tranquilo: sabe que, si tiene la mano llena de pringue colorá, enmanillado o no, dará con sus huesos en el duro banco.
Hay, además, otro indicio: la masiva manifestación en Valencia contra la corrupción del sábado pasado podría indiciar que la ciudadanía no se refugia ya en el comentario, más o menos nihilista, de la indistinción política sino que, de manera activa y colectivamente, sale a la calle a pegarle un chillerío organizado a los corruptos. El tiempo dirá hasta qué punto la manifestación abre una discontinuidad con la participación de la gente frente a la pasividad que ha habido hasta la presente.
Y si me apuran, en las cúspides políticas podrían haber tomado nota de: 1) el alcance de las últimas detenciones, y 2) la manifestación valenciana. Ya veremos qué nos depara el tiempo. Porque determinadas cúspides se habían acostumbrado a que, en las solemnidades electorales, nadie les pasaba suficiente factura. De ahí que uno de los argumentos submergidos frente al de al lado era: “Y tú, más”. Lo que, en fondo y forma, no deja de ser una acusación y una autoinculpación.
Cierto, estas novedades no constituyen suficientemente un cambio de situación, pero sí apuntan en otra dirección. Veremos hacia dónde apuntan esos indicios.
Hay, además, otro indicio: la masiva manifestación en Valencia contra la corrupción del sábado pasado podría indiciar que la ciudadanía no se refugia ya en el comentario, más o menos nihilista, de la indistinción política sino que, de manera activa y colectivamente, sale a la calle a pegarle un chillerío organizado a los corruptos. El tiempo dirá hasta qué punto la manifestación abre una discontinuidad con la participación de la gente frente a la pasividad que ha habido hasta la presente.
Y si me apuran, en las cúspides políticas podrían haber tomado nota de: 1) el alcance de las últimas detenciones, y 2) la manifestación valenciana. Ya veremos qué nos depara el tiempo. Porque determinadas cúspides se habían acostumbrado a que, en las solemnidades electorales, nadie les pasaba suficiente factura. De ahí que uno de los argumentos submergidos frente al de al lado era: “Y tú, más”. Lo que, en fondo y forma, no deja de ser una acusación y una autoinculpación.
Cierto, estas novedades no constituyen suficientemente un cambio de situación, pero sí apuntan en otra dirección. Veremos hacia dónde apuntan esos indicios.



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