
El momento actual resulta muy sugerente para el estudio de las relaciones laborales y del conjunto de normas que ordenan –y desordenan- la relación entre empresario y trabajador. Más aún, la crisis sistémica a la que asistimos desde el año 2008 impulsa la necesidad de indagar sobre la configuración de una sociedad que se dice fundamentada en las relaciones de producción capitalista. Esto es, en la consideración de que la sociedad se conforma por individuos que se insertan en grupos en función de la posición que ocupan en el sistema de producción capitalista. Posiciones que, como se sabe, autorizan una desigualdad social desde el momento en que la relación de trabajo por cuenta ajena aparece caracterizada por la subordinación del trabajador respecto del empresario. Esta subordinación jurídica, también económica y social, se configura políticamente como contrapartida necesaria del sistema por la cual el trabajador accede a una serie de derechos individuales y colectivos que le otorgan el status de ciudadano.
Las posiciones identificadas tradicionalmente en las relaciones laborales aparecen, pues, ligadas al hecho de la propiedad y a su intercambio: la propiedad de los medios de producción y la propiedad de la fuerza de trabajo. De este modo, se daba acomodo a las categorías sociales de empresario y trabajador y se creaban las condiciones para el establecimiento de un contrato social por el cual el empresario mantiene una posición dominante en la sociedad capitalista a cambio de la garantía de la denominada ciudadanía laboral de los trabajadores. Hoy, sin embargo, estas posiciones sociales no atienden exactamente a aquella distinción clásica entre propietarios de los medios de producción y propietarios de la fuerza de trabajo y el intercambio que se deriva de ella.
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1 comentarios:
Ayer Sábado participé en una mesa redonda sobre "Espacio Europeo de Educación Superior y empleo" en el 25 aniversario del Consejo de la Juventud en Zaragoza, pues me invitaron como Secretaria de Universidad de CCOO.
Mi sorpresa fue, que había muchos jóvenes de la UGT y ni uno sólo de CCOO. Claro que era en fin de semana, pero una celebración como esta yo creo que requéría un pequeñito esfuerzo.
Compartí mesa con los jóvenes de la UGT en la comida.
Y me encantó coincidir con Alfredo de la Asociación de Jovenes investigadores (precarios)que estaba en otra mesa y compartimos visión en muchos aspectos.
No se que hacen los jóvenes de CCOO, pero desde luego no participar en un foro como este, aunque sea en finde es un gran error.
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