A pesar de lo que digan mis cofrades de generación (mitificando aquellas nieves antaño) es ahora, ahora mismito, cuando se han producido las relaciones más importantes entre el sindicalismo confederal y lo que, por decirlo con jerga de antaño, se conoce como las “fuerzas de la cultura”.
En los últimos meses hemos asistido a dos acontecimientos de gran calado. El primero fue la elaboración y presentación del Manifiesto que dio en llamarse de los Setecientos: DECLARACION SOBRE EL TRABAJO COMO ELEMENTO CLAVE EN UN SISTEMA DEMOCRÁTICO; el segundo, hace pocos días, el muy representativo acto de intelectuales y artistas junto a los sindicatos presentando un material de no menor importancia: FUERZAS DEL TRABAJO DE LA CULTURA. Lo primero que debería destacarse es que, a primera vista, estamos ante un sindicalismo extrovertido, de un lado, y un notable testimonio de intelectuales y artistas ante la cuestión social. Lo segundo que se quire resaltar es el diálogo que presupone ambos documentos. El tercero es que, ahora, Comisiones Obreras y UGT (esto es, el sindicalismo confederal) se presenta unido. Tres novedades de consideración que vamos a desgranar con cierto detenimiento.
En “mis tiempos” de joven sindicalista los puentes de relación entre nosotros y “las fuerzas de la cultura” no se dieron de manera autónoma; tales relaciones se daban en el marco del partido, es decir, entre camaradas de la misma organización política. Y, cuando en tanto que sindicalistas, nos dirigíamos a “ellos” íbamos con un cierto aroma de instrumentalización: todo lo noble que se quiera, pero instrumentalización. Es más, la vieja formulación carilliana (un hallazgo para la época, sin duda) de la alianza de las fuerzas del trabajo y la cultura encubría, quiérase o no, una separación (afectuosa, por supuesto) entre ambas fuerzas. Por eso se orientaba a la alianza. Nosotros éramos “el trabajo”; ellos eran “la cultura”.
El diálogo entre “unos” y “otros” es el hallazgo común. Un puente que se ha abierto y que, de cuidarlo primorosamente, puede dar provechosos resultados. A condición, claro está, de que se converse con fuerza, sin subalternidades (simuladas o no) por ambos “sujetos”. Ninguno de los dos tiene el monopolio de nada; es la acumulación de síntesis sucesivas, que no serán fáciles, lo que dará fundamentada consistencia al puente que parece abierto.
El nivel unitario de los dos sindicatos es una novedad en este aspecto. Se trata de un nivel de unidad cualitativa que conviene retener. Y, pienso yo, a celebrar con austeridad: sin echar las campanas al vuelo, pero repicando.
Por todo ello, en los cafetines y tabernas de Parapanda se comenta que una pizca de razón se pone en marcha en el panorama de estos tiempos. Vale.
Radio Parapanda: SOBRE EL CONTRATO DE TRABAJO Y LA SUBORDINACIÓN JURÍDICA



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