lunes 26 de octubre de 2009

¿UNA NUEVA FASE EN EL PARTIDO DEMOCRATICO ITALIANO?

Pierluigi Bersani ha ganado las primarias que se celebraron ayer en toda Italia para dirigir el Partito democratico. Diré, precavidamente moderado en estas reflexiones provisionales, que podría abrirse un nuevo curso en la izquierda italiana. Siempre y cuando… Pero no adelantemos todavía el razonamiento.


Cuando Walter Veltroni dimitió de la dirección del partido asumió el cargo Dario Franceschini, un autorizado exponente de la corriente democristiana. Pronto se supo que esa responsabilidad estaba en precario y que, por tanto, más tarde o más temprano el conjunto de la organización tenía que pronunciarse en unas primarias. El mismo Franceschini lo propició, cosa que le honra. Ayer unos tres millones de personas se pronunciaron: el resultado da la mayoría a Bersani, que viene de las viejas filas del Partido comunista.


Formalmente podemos decir que el periodo de interinidad se ha acabado en lo atinente a la dirección del partido. Quedan, no obstante, mil y una cuestiones pendientes: ¿seguirán campando por sus respetos las diversas banderías que pueblan el Partito democratico? No lo sabemos, aunque es sabido que los viejos galápagos siempre están al acecho: son esas cofradías que prefieren ser cabeza de ratón a cola de león, una forma de ser muy arraigada, particularmente en la izquierda italiana. Concretamente, son en parte los responsables del desarbolamiento del gran bosque de aquella izquierda. Tal vez pensara en ellos
JACQUES TATI cuando en Mon oncle fue deshojando el arbolillo.


La tarea de Bersani no es fácil. De hecho podríamos decir que dicha organización fue creada en un alambique o, si se prefiere una expresión más castiza, fue un comistrajo, a saber, una mezcla irregular de ingredientes, un batiburrillo culinario. En algunos casos, las diferencias no son sólo de matiz sino profundamente antagónicas, por ejemplo: en lo relativo a la cuestión social, al laicismo y otros asuntos no menos relevantes. Alguien podría llamar a eso la riqueza del pluralismo cultural. Yo no lo creo así; se trata más bien de un conjunto de retales que –en ciertos temas están enfrentados entre sí— que impiden la confección de un traje medianamente apropiado.


Ahora bien, dejando de lado el escepticismo al por mayor y refugiándonos en el escepticismo al por menor, hay algo que vale la pena referir: la oleada humana de participación en estas primarias con unos tres millones de votos. No creo que fuese sólo mostrar la adhesión al candidato de cada cual; posiblemente hay algo más. Tal vez un llamamiento a que la izquierda italiana juegue no sólo el papel de oposición real sino –como indicó el mismo Bersani—aparecer y ser verdaderamente una alternativa al mamoneo de Berlusconi. Si es así, esta es una baza que debe jugar a fondo el vencedor de las primarias. Porque todavía hay hojas en el árbol de la izquierda. Es decir, transformar el partido-alambique en algo que esté profundamente vinculado a esos tres millones de personas y a los que se enganchen de nuevo o por primera vez.


¿Lo entenderán así los viejos galápagos? No lo sé porque también a estos pájaros les afecta nuestro antiguo refrán: genio y figura hasta la sepultura. En cualquier caso, la sombra de Sísifo es alargada. Por mi parte, le deseo lo mejor al amigo Bersani, y –para darle fuerzas— le mando una buena ración de aceite de hígado de bacalao y unas botellitas de quina San Clemente.



Nota. Los tres caballeros del retrato son el Comité de apoyo de Parapanda a la candidatura de Pierluigi Bersani.

Radio Parapanda: Manifiesto de la cultura contra la crisis: Otra política,otros valores. En el blog de mi sobrino Javier López.