martes 9 de junio de 2009

DICTAMEN QUE NO ME HA PEDIDO NADIE



El presidente Zapatero y sus parciales –tras el resultado de las elecciones europeas— deben dejar de obsesionarse por el Partido popular. Un indicio de esa obsesión es la pomposa frase que el mismo Zapatero ha puesto en circulación: “No hay pulsión de cambio”. Ustedes perdonen: ¿en qué estudios e investigaciones se ha basado el presidente? ¿en qué sosegado análisis se ha basado para ello cuando ni siquiera había echado una cabezadita para descansar de la extenuante campaña electoral? Así pues, Zapatero y sus parciales no deben, dicho en términos taurinos, perderle la cara al toro, pero eso no puede ser la tarea central. Ni de él ni del resto de las izquierdas.


Las izquierdas deben centrarse en los problemas reales de la gente de carne y hueso. Es más, tengo la insensata idea de que la mejor forma de luchar políticamente contra la corrupción es esa precisamente: representar ordenadamente los problemas que tiene la ciudadanía. Por supuesto, evitar que en sus proximidades aniden parcelas de inmundicia. Dicen algunos medios franceses que el incremento de voto del (versátil) Daniel Cohn-Bendit ha sido su esmero en hablar de lo que realmente preocupa a la ciudadanía; el joven-viejo Dany se ha quedado soplándole al cogote a los socialistas franceses.


Este Dictamen, que no ha pedido nadie, intenta dar la opinión de quien ve tranquilamente los toros desde el tendido de Sol y Sombra. Tiene, por tanto, el interés confeso en que la corrida se desarrolle en función de sus intereses, quiero decir: de mis intereses.


Zapatero no debe tardar ni un minuto más en propiciar la convocatoria del Pacto contra la crisis y el paro. Precisamente la tardanza en llevarlo a cabo fue, en primer lugar (según mi indocumentado punto de vista) la renuencia explícita del presidente del gobierno en reconocer la existencia de la crisis económica. Ante tamaño temporal, Noé no ha contado con un conveniente parte meteorológico. Es más, sus parciales han dedicado más tiempo a la suciedad de los trajes de ese putativo caballero valenciano que al terrible drama de las familias más modestas. Ahora no hay excusa que valga para no meterse en harina: en convocar a quienes –sindicatos y organizaciones empresariales— pueden interferir positivamente en este temporal.


La segunda observación de este dictamen presuntuoso se refiere a lo siguiente: llevo tiempo observando que las izquierdas tienen un comportamiento desigual ante unas y otras elecciones. Me refiero a lo siguiente: cuando vienen las elecciones municipales, las izquierdas sacan personal hasta debajo de las piedras; derrochan exponencialmente energías para ganar. No ocurre lo mismo, sin embargo, en el resto de las campañas electorales. Las primeras son vistas como próximas, vecinas. Lo que es perfectamente comprensible. Pero no explica convincentemente la razón de por qué –en las autonómicas, generales y europeas—existe tanta distancia comparativa. O lo que es lo mismo, podríamos hablar de que, al margen de las elecciones municipales, existe un déficit de entusiasmo en comparación con las otras. Naturalmente, los motivos de fondo de esa gigantesca bolsa abstencionista no van por ahí. Pero, digámoslo con rotundidad: ese descuido no ayuda precisamente a combatir –aunque sea modestamente-- la abstención.


Cojo carrerilla para acabar. La técnica de “que viene el lobo” –esto es, el Partido popular-- pudo tener su explicación en su día. Ahora esa inercia machacona es perfectamente inútil. Por dos razones: una, porque sigue sin centrarse en los problemas que tiene el personal; otra, porque a los socialistas vascos no les ha importado la llegada del lobo.




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Radio Parapanda. Dedicamos a doña María José Romero y Ródenas (reputadísima profesora de Derecho del Trabajo) una pieza de elegante factura: se trata de “Ah, quel diner” por la gran
Joan Sutherland - La Perichole de Offenbach en pobre agradecimiento por sus muchas atenciones con el personal de esta Emisora.