domingo 7 de junio de 2009

ACTIVIDADES ACADÉMICAS Y GOLIARDESCAS EN ALBACETE


Como protesta estrictamente personal por el tipo de campaña electoral he ido a votar en mangas de camisa, espardenyes de pagès, gafas de sol llamadas manoletinas y pantalones pirata. Ejercido el derecho, me pongo a escribir para que se me olvide el bicarbonato consumido durante estos últimos quince días.




Me he pasado unos días magníficos en Albacete. Que a nadie se le ocurra pensar que formaba parte de una excursión del INSERSO (fracción juvenil), aunque posiblemente todo llegará en su momento. De hecho he ido (con perdón) a trabajar. Y, dicho técnicamente, a participar en unas jornadas de la Universidad Castilla La Mancha sobre las garantías de los trabajadores ante los despidos objetivo y colectivo, invitado --con amable energía, esto es, sin posibilidad de negativa— por el profesor don Joaquín Aparicio Tovar. Este caballero había urdido previamente con el estudiantado de la XIV promoción de la Escuela de Relaciones Laborales que un servidor fuera el Padrino de dicha generación de licenciados. Como ambas cosas no eran amables sugerencias, sino enérgicas consignas contundentemente prusianas, no tuve más remedio que aceptar perinde ac cadaver.


Llego a Albacete el miércoles a las cuatro de la tarde: el Sol catellanomanchego se esfuerza ásperamente en su cometido más llamativo, es decir, en calentarme los sesos mientras hago cola para tomar un taxi que me lleve al Hotel. Antes de mí se encuentra un caballero cincuentón: es su turno. Me dice: “Caballero, coja usted este taxi”. Le digo que es su vez. Insiste con el hospitalario argumento de que se encuentra en casa. No tengo más remedio que aceptar el gesto. Dentro del coche le pregunto al taxista, ajeno al detalle, quién es el señor que estaba antes de mí: “Es don Manuel Pérez Castell, ex alcalde socialista de Albacete”. Le explico lo que ha ocurrido: “Los políticos tienen que dar ejemplo”, me dice. En efecto, me digo. Pero no hay que confundir dar ejemplo con gentileza. Comoquiera que me llamó la atención del ex alcalde expliqué la anécdota a varios amigos albaceteños; todos coincidieron que Pérez Castell es una excelente persona. Hubo alguien que añadió: “Por eso los suyos le pegaron una patada para arriba”. [Días después tuve ocasión de hablar por teléfono con él; me dió recuerdos para Carles Navales y Genis Matabosch]


El jueves empezaron las jornadas. La ponencia de apertura la presenta el flamante secretario general de Comisiones Obreras, Toxo. Una intervención densa de contenidos. Explica lo que está ocurriendo y las propuestas del sindicato; incide en el planteamiento del pacto contra la crisis y el paro. Una hora y media de intervención que seguimos atentamente los presentes: magistrados, jueces, fiscales, abogados y algunos intrusos como un servidor. Pepe Vázquez, antiguo dirigente sindical de Lleida y desde hace un par de años abogado de Comisiones no para de tomar eso que se llama “apuntes”. Es extraño, pienso para mis adentros, que sea el único laboralista de Catalunya que asiste a este importante encuentro. Por cierto, cuando don Luis Collado (eminente editor de la Revista de Derecho Social) me pregunta las razones de tan llamativa ausencia, le respondo, granaína y abomarzadamente que tal vez no lo necesiten. De la intervención de Toxo destaco una novedad. El dirigente sindical dejó caer la necesidad de abrir el debate sobre la representación de los trabajadores, haciendo explícita referencia a la cuestión de los comités de empresa y el sindicato. “Ya era hora”, me dije. Ese mismo día como con el mismo Toxo y los compañeros de la dirección del sindicato albaceteño: una gente muy seria y muy capaz. Por la tarde se celebra un acto sindical donde habla Toxo, compitiendo con el calor que, estajanovistamente, no tiene contemplaciones en aquellas tierras. El auditorio con un lleno hasta la bandera escucha atentamente y toma notas. González Zamora y yo nos apostamos en las escaleras para que nos llegue el fresquito de la calle.


Vuelvo a las jornadas. Todos los ponentes –lo más granado del iuslaboralismo patrio— estuvieron a la altura de las expectativas. No digo los nombres porque ya han quedado señalados en la primera conexión que hay en esta entrada. Tras cada ponencia hubo un amplio debate sin ningún tipo de protocolo, lo que es un elemento de distinción con relación a otros eventos jornadísticos donde el carácter versallesco es la nota dominante.


No pienso hablar de las actividades al margen de las Jornadas por ser irrelevantes para el curioso lector. Por ejemplo, ¿a quién le puede interesar nuestras goliardescas comilonas y nuestros sedientos gaznantes regados profusamente con los vinos de la tierra? ¿A quien le incumbe los chicoleos que nos trajimos Antonio Baylos, Enrique Lillo y la bella representante de Radio Parapanda en el Golfo de Nápoles, la joven profesora Carmen Galitzia?


El viernes por la tarde, ya clausuradas las jornadas, me advierte, con voz de secretario de organización, mi sobrino Rodolfo Benito que “con esa facha que tienes no puedes ser el Padrino de la XIV Promoción de la Escuela de Relaciones Laborales. ¿Qué es eso de ir sin chaqueta y corbata a un acto de esa importancia”. De manera que un servidor –temeroso de que me abran un expediente de expulsión y la cosa llegue a la Comisión de Garantías del sindicato— le pido a don Lluís Collado que me preste una chaqueta. Don Joaquín Aparicio me regala una corbata. Rodolfo se da por satisfecho, me pasa revista y finalmente me dice que estoy medio presentable, especialmente por la chaqueta de Collado, blanca como la nieve y elegante como su dueño: nadie se dio cuenta de que no podía abrochármela.


El acto fue una maravilla: el estudiantado iba elegantemente vestido, Antonio Baylos no paraba de hacer fotos, el magnífico Orfeón de Albacete entonó varias piezas (entre ellas, y a su debido tiempo, el solemne himno de los conmilitones
Gaudeamus Igitur), un servidor luciendo verde beca --muy útil para simular la estrechez de la bella chaqueta de Collado-- les dirigí unas palabritas a los recién licenciados. Que ya no recuerdo porque los años no pasan en balde. Los fastos se cerraron con una merienda-cena donde los recién licenciados pasearon su iucundam iuventutem, los profesores (sólo algunos de ellos) lucieron dignamente su molestam senectutem…, y un servidor –ya en mangas de camisa, afortunadamente— le cantaba a un responsable de la Asociación Albacetense de Amigos de la Ópera la afamada aria Spirto Gentil, tal vez de una manera irreconocible para su autor, el maestro Gaetano Donizetti.


Radio Parapanda dará cuenta (ya en serio) del desarrollo más pormenorizado de las Jornadas de Albacete. Doctores tiene la Iglesia...

1 comentarios:

Maribel Monteira dijo...

Don Jose Luis, yo me he aficionado a su blog despues de escucharle en esa tremenda tarde de calor de nuestra graducación. Gracias por todo