
Tres moricas me enamoran en Jaén: Axa, Fátima y Marién. Axa Olmo, Fátima Cardona y Marién Terradillos del Círculo Sophie Germain (Parapanda)
Me gustaría que alguien explicara qué es lo prioritario en esta situación de durísima crisis económica. Es un vicio bastante generalizado que un mismo personaje (quien sea) en una única intervención proponga todo un caudal de prioridades contra la crisis y que, al día siguiente en otro foro manifieste más prioridades. Puede tratarse de un aturrullamiento de formulaciones o, tal vez, de ofertas para salpimentar campañas electorales o darle gusto a los oídos del pueblo mondo y lirondo. En todo caso, este estilo va en dirección contraria de la sensatez tautológica que afirma que lo primero es lo primero, y –sobre todo— se opone frontalmente a la sabia concepción de los viejos de la Ciudad-estado de Parapanda: mil prioridades equivalen a ninguna.
Esta vorágine de propuestas son, en cualquier caso, una expresión de aturrullamiento. Lo más visible (de momento, no digo que sea preocupante) es que se observa una cierta desconexión entre gobernantes de la misma familia política. Por ejemplo, José Montilla ha dedicado una parte importante de su reciente discurso en las Jornadas del Círculo de Economía, a alentar una reforma laboral. De aquí se puede inferir pacíficamente –dado el momento y el sofisticado auditorio que tenía delante— que Montilla considera que la reforma laboral es la prioridad, aunque no queda claro si es “la” o “una” prioridad. Por mi parte, pienso inmodestamente --¿para qué disimular si la modestia no me es demasiado familiar?— que la prioridad de las prioridades es salir de la crisis, lo que excluiría abordar ahora mismito la necesaria, importante y creativa reforma laboral. Por la sencilla razón de poder compaginar dos operaciones de tan hondo calado.
Más todavía, soy del parecer –lo he dicho en otras ocasiones de modo no menos inmodesto-- que se sigue abusando de la expresión “reforma laboral” o “reformas estructurales”. Hasta ahora todo lo que, de una u otra manera, se ha definido como tal han sido nimiedades cuyo objetivo político no era otro que convertir una gallina en un pavo real. O sea: vanidad de vanidades o banalidad de banalidades. Pero, dejemos la literatura sapiencial del Eclesiastés –que, como se sabe es el Libro del Predicador-- y vayamos a lo nuestro.
Afirma el President Montilla que la reforma es necesaria porque la negociación colectiva es “demasiado rígida”. Aunque, de manera prudente, no dice donde están las rigideces. Con no menor cautela, tampoco entra de lleno en connotar por dónde deben ir las líneas maestras de la mencionada reforma. Aunque, en un momento dado, apunta a algo menos cauteloso: que los acuerdos colectivos no sean un dogma (sic) y que se pueda abrir un espacio para que la empresa pueda llegar a acuerdos “singulares” (resic) con sus trabajadores. Abramos los ojos, pues.
Primero. Que los acuerdos colectivos no son –ni deban ser— un dogma es cosa sabida hasta por los agnósticos. Por ejemplo, ni la Patrística cristiana, ni los teólogos de la liberación han hablado del carácter dogmático de los convenios colectivos. Por eso van cambiando cada dos por tres (periodo de vigencia) mientras que el dogma está escrito indeleblemente con una vigencia por los siglos de los siglos. Digo yo que debe ser una metáfora eso del “dogma”, aunque sorprende ese léxico montilleano dado su precavido y austero lenguaje.
Segundo. La propuesta del President Montilla de “abrir espacios singulares” puede dar pie –aunque no sea esa su intención, supongo— al desarbolamiento del convenio colectivo, entendido como instrumento unitario y general, capaz de atender a las diversidades subjetivas de la persona que trabaja. La desarboladura porque, mutatis mutandi, acabaría convirtiéndose en una suma atrolondrada de acuerdos personales (perdón, “singulares”) entre el dador de trabajo y el singular. O sea, un conjunto de tapas variadas. Seamos claros: estaríamos a un paso del ius privatismo tras dejar en la cuneta el ius laboralismo. No digo que eso lo quiera Montilla, pero ahí conduce.
Ya he dicho anteriormente que es necesaria una reforma laboral. Que sea digna de ese nombre. Que no responda a una contingencia de estar por casa. Que esté vinculada a dos grandes cuestiones de nuestro tiempo, ambas de largo recorrido: una, a los grandes cambios y transformaciones de esta fase de innovación-reestructuración de los aparatos productivos y de servicios; otra, a las mutaciones que se están operando en las diversidades del conjunto asalariado. ¿Que es preciso hablar de flexibilidad? Por supuesto, sin complejos. Precisamente para transformar la flexibilidad, entendida como patología en un instrumento, a un instrumento de cualidad y creatividad del trabajo, de enriquecimiento y autonomía personales, de eficiencia y competitividad de las empresas. La flexibilidad como elemento de valoración social del trabajo. A saber, la flexibilidad pactada.
Sea como fuere, es de agradecer al President Montilla que hable de estos asuntos. Por lo menos nos saca del ensimismamiento político de quienes están enzarzados en los presuntos trajes de esos presuntos cohechos referidos aun presunto caballero presuntamente honorable. Ahora bien, una cosa de este calado (la reforma de la negociación colectiva con la deconstrucción del convenio colectivo) bien merecería que Montilla la escribiera detalladamente para saber a qué atenernos. Pero este método del "cuentagotas" no parece corresponderse con el carácter serio, formal y responsable de un hombre poco amigo de estridencias. Acabo, que ya es hora. No es que un servidor espere demasiado de la propuesta zapateriana referida al "cambio de modelo productivo". Pero, por si las moscas, ¿no sería pertinente esperar a ver de qué va la cosa para proceder después a la mencionada reforma laboral?
Radio Parapanda dedica una bella pieza a los hermanos (por orden de edad mencionados) Salva y Marisa López. Canta Alfredo Kraus - Por el humo se sabe - Doña Francisquita



2 comentarios:
Soy bastante más pesimista que tú, amigo José Luis, respecto las intenciones de fondo del President. Ante propuestas de "reformas laborales" en términos genéricos y envueltas de palabros eufemísticos para no asustar al personal ya sabemos quien debe irse agarrando los machos. Así Montilla se suma a la logia de los reformadores inconcretos, copresidida por Don Mariano Rajoy y ansiosamente auspicida por el Sr Duran i Lleida.
No sé por qué me da que ninguno de estos tres señores tiene en la cabeza los nuevos horizontes de una negociación colectiva de la flexibilidad individual...
Conviene, querido Andrés, ser pesimista al por menor, no al por mayor. Por otra parte, no seamos nosotros quien empujemos al Inconcreto a ir por otra deriva. No es que dependa de nosotros, pero más vale empujarle temperadamente.
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