
Ayer estuve en Madrid para asistir al primer encuentro del Observatorio Sindicalismo en la globalización que dirige el muy reputado Isidor Boix. Por lo que parece tanto mi sobrino Rodolfo Benito como el propio Isidor convinieron en que un servidor formara parte de ese grupo de trabajo: una idea que, a todas luces, es una insensatez ya que uno lo que desea es disfrutar de la placidez hogareña. [Séame permitido un ligero desahogo personal: la noche anterior cené en casa de Quim González y Salva López, amén del ingeniero Manolo; vimos el partido del Barça y el Manchester; aplaudimos desenfrenadamente a los nuestros y, tras el pitido final, Manolo gritó algo extraño: “Vivan los teoremas de Menelao y Ceva”, que fue justamente acompañado por nuestros aplausos] ¿Por dónde iba? Ah, sí: estaba en lo del Observatorio Sindicalismo en la Globalización.
Isidor Boix hizo la presentación del carácter y los objetivos del Observatorio. Le sugiero que publique su intervención porque nuestro amigo no se limitó a explicar el necesario carácter instrumental de la cosa. [Post scriptum: he visto que Isidor ya la ha incluído en su blog. Ver el apartado de conexiones] Pienso que si se da a conocer será de gran utilidad para sindicalistas y estudiosos de la materia. Pues bien, –dicho cruyffianamente-- momento dado Isidor dijo textualmente: “el dumping social es una mala formulación que parece responsabilizar a los trabajadores, porque el dumping lo practican las empresas”.
Que no se trata de una improvisación lo demuestra el hecho de que estaba escrito en el documento que se nos entregó y en ese chirimbolo llamado power point y porque –como es sobradamente conocido en el mundillo sindical— Isidor Boix nunca improvisa. Es ingeniero como Manolo que al gritar el viva a los teoremas de Ceva y Menelao, se supone que era por alguna razón no improvisada. Pues bien, la observación de Isidor parece dar pie a algunas reflexiones.
En primer lugar, sostengo que la descalificación del constructo “dumping social” no es la exhibición de un letraherido. Es simplemente el rechazo contundente del intencionado desajuste entre lo que es y lo que se menciona. O, si lo prefiere algún letraherido (ahora sí) es la desconexión, hecha a propósito, entre el significante y el significado. Veamos: si los trabajadores, el colectivo social, no son los responsables de fijar esas condiciones que producen el dumping, ¿por qué se califica de esa manera, social? La verdad sea dicha, el gato tiene que estar escondido en algún lugar.
Desde hace años, algunas empresas norteamericanas cuentan en sus nóminas a filósofos y lingüistas. De esta manera se ha ido creando una nueva sintaxis, aparentemente neutra, cuyo interés es cortarle las uñas a los lenguajes que expresan potencia e intencionalidad directa entre la cosa y el nombre de la cosa. Y también en organizar la desvirtuación de lo que siempre fue: así, pues, por no ir más lejos se va trasladando de manera lábil lo que es la palabra “solidaridad” hacia “filantropía” o “caridad” o echar banalmente una mano a algo fútil. Como manifestó un joven Antonio Baylos a principio de los noventa en su famoso libro DERECHO DEL TRABAJO: MODELO PARA ARMAR, publicado por Trotta (1), estamos ante una empresa creadora también de lenguajes que despotencian o desvirtúan conceptos acuñados con el paso de los tiempos. Y, en no pocos casos, han conseguido que quienes, como Pereira, sostienen que lo que es debe ser llamado de manera clara, sean vistos como estafermos del Pleistoceno. O como demagogos. Con la palabra dumping social todos hemos caído en la trampa. Me fastidia que yo no haya caído en la cuenta. En resumen, el traslado hacia un lenguaje finolis es algo más que una manía snob. De ahí que me permita una sugerencia: lean el libro del maestro Vittorio Foa LAS PALABRAS DE LA POLITICA que, en un alarde de incontinencia, yo mismo traduje al castellano.
Naturalmente si no es adecuada la expresión “dumping social” el problema que tenemos –dijo Isidor Boix— es cómo llamar adecuadamente a la cosa, si es que queremos entendernos. De momento vale la atinada observación del maestro de sindicalistas que es Isidor Boix: alguien dará en la tecla. De momento, pues, se seguirá hablando de “dumping social”. Y, por cierto, también de momento algunos pazguatos seguirán llamando “agentes sociales” a los que lo son de verdad (los sindicatos) y a los empresarios que no lo son: son empresarios, o sea, agentes económicos (antes burgueses). O, en plan finolis, operadores económicos.
(1) Este blog no para de citar a Trotta en una publicidad innecesaria. Más todavía, sin recibir ni siquiera un paquete de caliqueños en reconocimiento apropiado. Digo yo: ¿qué menos que recibir un librito de cuando en vez en agradecimiento de los servicios prestados a esa empresa capitalista?
***
Radio Parapanda informa a los lectores que ha vuelto a reaparecer en las conexiones amigas el imprescindible blog de José Carlos González Lorente “Responsbilidad ¡social!”. A este amigo, la sección de discos dedicados le pone en los aires Bashkirov plays Ravel Concerto for the Left Hand. O sea, el concierto de piano para la mano izquierda de Ravel.
Isidor Boix hizo la presentación del carácter y los objetivos del Observatorio. Le sugiero que publique su intervención porque nuestro amigo no se limitó a explicar el necesario carácter instrumental de la cosa. [Post scriptum: he visto que Isidor ya la ha incluído en su blog. Ver el apartado de conexiones] Pienso que si se da a conocer será de gran utilidad para sindicalistas y estudiosos de la materia. Pues bien, –dicho cruyffianamente-- momento dado Isidor dijo textualmente: “el dumping social es una mala formulación que parece responsabilizar a los trabajadores, porque el dumping lo practican las empresas”.
Que no se trata de una improvisación lo demuestra el hecho de que estaba escrito en el documento que se nos entregó y en ese chirimbolo llamado power point y porque –como es sobradamente conocido en el mundillo sindical— Isidor Boix nunca improvisa. Es ingeniero como Manolo que al gritar el viva a los teoremas de Ceva y Menelao, se supone que era por alguna razón no improvisada. Pues bien, la observación de Isidor parece dar pie a algunas reflexiones.
En primer lugar, sostengo que la descalificación del constructo “dumping social” no es la exhibición de un letraherido. Es simplemente el rechazo contundente del intencionado desajuste entre lo que es y lo que se menciona. O, si lo prefiere algún letraherido (ahora sí) es la desconexión, hecha a propósito, entre el significante y el significado. Veamos: si los trabajadores, el colectivo social, no son los responsables de fijar esas condiciones que producen el dumping, ¿por qué se califica de esa manera, social? La verdad sea dicha, el gato tiene que estar escondido en algún lugar.
Desde hace años, algunas empresas norteamericanas cuentan en sus nóminas a filósofos y lingüistas. De esta manera se ha ido creando una nueva sintaxis, aparentemente neutra, cuyo interés es cortarle las uñas a los lenguajes que expresan potencia e intencionalidad directa entre la cosa y el nombre de la cosa. Y también en organizar la desvirtuación de lo que siempre fue: así, pues, por no ir más lejos se va trasladando de manera lábil lo que es la palabra “solidaridad” hacia “filantropía” o “caridad” o echar banalmente una mano a algo fútil. Como manifestó un joven Antonio Baylos a principio de los noventa en su famoso libro DERECHO DEL TRABAJO: MODELO PARA ARMAR, publicado por Trotta (1), estamos ante una empresa creadora también de lenguajes que despotencian o desvirtúan conceptos acuñados con el paso de los tiempos. Y, en no pocos casos, han conseguido que quienes, como Pereira, sostienen que lo que es debe ser llamado de manera clara, sean vistos como estafermos del Pleistoceno. O como demagogos. Con la palabra dumping social todos hemos caído en la trampa. Me fastidia que yo no haya caído en la cuenta. En resumen, el traslado hacia un lenguaje finolis es algo más que una manía snob. De ahí que me permita una sugerencia: lean el libro del maestro Vittorio Foa LAS PALABRAS DE LA POLITICA que, en un alarde de incontinencia, yo mismo traduje al castellano.
Naturalmente si no es adecuada la expresión “dumping social” el problema que tenemos –dijo Isidor Boix— es cómo llamar adecuadamente a la cosa, si es que queremos entendernos. De momento vale la atinada observación del maestro de sindicalistas que es Isidor Boix: alguien dará en la tecla. De momento, pues, se seguirá hablando de “dumping social”. Y, por cierto, también de momento algunos pazguatos seguirán llamando “agentes sociales” a los que lo son de verdad (los sindicatos) y a los empresarios que no lo son: son empresarios, o sea, agentes económicos (antes burgueses). O, en plan finolis, operadores económicos.
(1) Este blog no para de citar a Trotta en una publicidad innecesaria. Más todavía, sin recibir ni siquiera un paquete de caliqueños en reconocimiento apropiado. Digo yo: ¿qué menos que recibir un librito de cuando en vez en agradecimiento de los servicios prestados a esa empresa capitalista?
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Radio Parapanda informa a los lectores que ha vuelto a reaparecer en las conexiones amigas el imprescindible blog de José Carlos González Lorente “Responsbilidad ¡social!”. A este amigo, la sección de discos dedicados le pone en los aires Bashkirov plays Ravel Concerto for the Left Hand. O sea, el concierto de piano para la mano izquierda de Ravel.



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