martes, 20 de enero de 2009

¿PARA QUÉ SIRVE EL MINISTERIO DE TRABAJO?




Hace tiempo que vengo al taller y no sé a qué vengo. Más concretamente sigo sin saber para qué sirve en la actualidad el Ministerio de Trabajo. Mis sospechas, que no certezas, me dicen que se ha convertido en un almacén de datos, en un chambao donde se aprueban los expedientes de crisis. Y poca cosa más. Lo digo porque, consternado, observo que desde hace décadas no surgen del Ministerio ninguna propuesta digna de los tiempos que corren (de grandes transformaciones en todos los sentidos, especialmente en el trabajo heterodirecto) ni mucho menos en este ahora mismo en que están cayendo sobre y contra el trabajo chuzos de punta. El Ministerio se limita a dar cifras, al día siguiente corregidas por otras instituciones.


Hubo una época –me estoy refiriendo a Europa-- en que el Ministerio de Trabajo era una auténtica factoría de realizaciones y proyectos. Sus titulares, miembros de las diversas izquierdas políticas, eran personajes de gran formato: sabían que el trabajo era la fuente, el fin y el marco de sus acciones. Y, desde ahí, actuaban en consecuencia. Ahora, supongo, también lo saben. Pero el carácter del Ministerio ha ido cambiando de tal manera –en toda Europa, no sólo en España— que sus titulares son, esencialmente, una terminal administrativa. Sólo actúan a través de los resarcimientos que prevé el Estado de bienestar. Repito: ningún proyecto digno de ese nombre en la cabeza de sus titulares. Es más, nada se ha dicho hasta la presente del papel que debería jugar el Ministerio en estos momentos de encrucijadas: la relativa a las grandes transformaciones y la atinente a la coyuntura tan dramática en la que nos encontramos.


Lo cierto es que cada día que pasa la prensa informa de un aluvión de expedientes de crisis. Ante esta situación no parece probable que el Ministerio esté en condiciones de elaborar un proyecto de largo recorrido. Pero sí sería posible que hubiera un cambio de responsables. Con gente que conoce el paño y a la que se le supone no sólo ideas de choque, siempre necesarias, sino lo dicho: capacidad de proyecto. Como no se trata de tirar el guijarro y esconder la mano, ahí van tres nombres. Que diré incluso con el riesgo de que los que voy a mentar se acuerden escatológicamente de mis antepasados. Por orden alfabético son: Manuel Castells, Antonio Gutiérrez Vegara y José María Zufiaur.


¿Qué a qué viene un científico como Castells en esos menesteres? Pues a lo mismo que otro científico, Bernat Soria, llegó con sus bagajes y probados saberes. Un científico de fama mundial que, ahora ministro, está haciendo una labor, porque tiene un proyecto en su cabeza. Tres cuartos de lo mismo podemos decir de Manuel Castells. En lo que se refiere a Gutiérrez y Zufiaur me limito a destacar sus biografías suficientemente conocidas por el Presidente del Gobierno. Un inciso: recuerde el seso dormido y despierte contemplando el elenco de grandes sindicalistas europeos que han sido ministros, no sólo de Trabajo, también de Hacienda. No sólo en gobiernos socialistas o socialdemócratas sino también conservadores. A menos que se tenga un indisimulado reparo contra el tan reconocido menester del sindicalismo. Por lo demás, el mismísimo Felipe González no hizo ascos a importantes dirigentes de UGT a la hora de ocupar diversos ministerios.


Ahora bien… en mi caso no estoy proponiendo los nombres de Gutiérrez y Zufiaur porque, en su día, fueron dos reputados sindicalistas. Simplemente lo hago porque intuyo que podrían darle un giro al asunto. O, si se prefiere mayor boato, ahí está Manuel Castells. En resumidas cuentas, es la hora de cambiar el dúo de la zarzuela “El puñao de rosas” (“hace tiempo que vengo al taller y no sé a qué vengo”) por algo consistente. Porque, al decir del amigo Jimmy Fontana, gira il mondo. Que para paliar mis impertinencias dedico, sin haberlo solicitado ninguno de los tres, a Castells, Gutiérrez y Zufiaur. Ahí va:
il mondo


Posdata. Por favor, profesor Castells, si me presento a examinarme, no me suspenda por este embolao.


Broncas y desacuerdos a: jlparapanda254@gmail.com