sábado, 29 de noviembre de 2008

HABLAN LOS MAGISTRADOS EUROPEOS DEL DERECHO DEL TRABAJO



DECLARACIÓN DE GRAN CANARIA

Asistimos con preocupación a la evolución restrictiva sobre los derechos sociales que se está produciendo en los países comunitarios y en la propia Unión.


Es ésta una tendencia que afecta en buena medida al derecho laboral. Nuestra disciplina es el máximo exponente en el ámbito jurídico de los valores democráticos integrales de los que emergió la actual Europa. Ninguna otra vertiente del Derecho lleva en su ADN constitutivo la igualdad y la solidaridad social como nosotros.


Es por ello que las actuales políticas de la mayor parte de los estados y de la UE, claramente decantadas hacia opciones neo-liberales, centradas esencialmente en el plano de la libertad individual, la competencia (no, la colaboración) entre ciudadanos y, en muchos casos, la negación de la igualdad y de la solidaridad social, está afectando seriamente a los valores del Derecho del Trabajo y a su lógica aplicativa.


Más allá del llamado Libro Verde para la modernización del derecho laboral, observamos como en los últimos tiempos surgen en la Unión Europea normas o propuestas altamente preocupantes, como la llamada Directiva Bolkestein o la modificación de la Directiva de jornada de trabajo o la conocida como "Directiva del Retorno".


Todas estas iniciativas comunitarias y nacionales se basan en una lógica economicista, que deriva de los antedichos valores neo-liberales. Es obvio que la actual situación de crisis económica y sus causas generadoras ha puesto en clara evidencia que es esas políticas han fracasado estrepitosamente.


Ante dicho fracaso reivindicamos la necesidad de que Europa vuelva a sus valores constitutivos. Y, por tanto, la necesidad de readecuar nuestras instituciones jurídicas a los valores democráticos íntegros. Es ésa la mejor manera de consolidar la cohesión social y de luchar contra las desigualdades y han conducido al crack del sistema.


Es por ello que deviene acuciante anteponer la Europa de los derechos, la Europa de la civilidad, sobre la Europa del mercado. Del Derecho, y los derechos de la ciudadanía, sobre la Economía. En ese marco, parece imprescindible la consolidación del ejercicio de los derechos colectivos del trabajo por encima de la libertad de establecimiento. De ahí nuestro apoyo a la propuesta del informe Andersson, sobre los retos de los convenios en la Unión Europea.


Reivindicamos, en consecuencia, un nuevo impulso democrático, que extienda derechos y generalice tutelas. Reivindicamos un nuevo marco jurídico que se centre más en la igualdad y la solidaridad social.


Esos son los retos que tenemos por delante, si queremos que la vieja Europa siga siendo la Europa de los derechos.


Gran Canaria, noviembre de 2008

viernes, 28 de noviembre de 2008

NUEVAMENTE REPSOL Y LUKOIL. Los chinos como telón de fondo




Inicia don Lluis Casas su último artículo en LA CRISIS, EUROPA, REPSOL Y LUKOIL desmintiendo los insistentes rumores que circulan en la ciudad de Parapanda: los que propalan que la venta de Repsol a los rusos no tiene fundamento y, a lo largo de su escrito lo fundamenta. Sea. Ahora bien, parece discutible una de las frases capitales. La siguiente: “Pienso que no hay nada de ello, todo y que debo reconocer que si se realizara podría ser un buen tanto en el acercamiento entre la UE y Rusia” (el subrayado lo pone un servidor). Yo veo las cosas de otra manera. Y trataré de razonarlas a pesar del miedo pánico que me da a la hora de llevarle la contraria al maestro.


En primer lugar no sólo es razonable el acercamiento de Rusia a Europa sino imprescindible por razones que me ahorro en esta ocasión. Pero no a costa de que, gratuitamente, la Unión Europa refuerce exponenciamente a la Federación rusa. En segundo lugar –rechazando los argumentos del neonacionalismo hispano y un poco perplejo porque ciertos soldados de fortuna, antes liberales, y ahora sorprendentemente estatalistas— porque la operación tiene, por parte rusa, el interés de dar un golpe de tuerca más a la importantísima presencia de la Federación rusa en unas materias de tanto interés estratégico. No sólo España estaría debilitada sino que la Unión Europea tendría una mayor dependencia y subalternidad a los intereses de los rusos. Bien, esto se ha dicho por activa y pasiva por ilustres comentaristas de alto coturno. De manera que es cuestión, por mi parte, de cambiar de tercio con otra línea argumental adversus Don Lluis Casas.


Afirma mi maestro, desde su cálido hogar en tierras de la maragatería y seguramente revisando sus trabajos sobre Schumpeter, que puede ser un buen tanto para la Unión Europea. Me recuerda a un amigo común, Giorgio Amendola, que justificó la entrada de las tropas soviéticas en Afganistán en aras a no provocar el desequilibrio entre los bloques. Tal vez a don Lluis Casas le preocupe que si Rusia está aislada sus derivas en el escenario global puedan ser imprevisibles. Y no le falta razón. Ahora bien…


Llevar ese razonamiento hasta las últimas consecuencias –ante cada caso particular, por ejemplo, el que nos ocupa ahora mismito-- me forzaría a mí, siguiendo al maestro, a la siguiente analogía: no apoyemos a los movimientos obreros chinos porque, a la larga, con el tiempo y una caña, desestabilizarían al Estado chino y, como es sabido, así como hay muchos rusos en Rusia, también hay muchos chinos en China.


Mi querido don Lluis está perfectamente al corriente de que en China hay un movimiento de trabajadores, al margen y contra los sindicatos putativos (o sea, los oficiales) que lucha de manera muy extendida contra los bajísimos salarios, las pésimas condiciones de vida y la horrible sinistralidad laboral. Lo que empezó siendo un movimiento sólo en el interior de los centros de trabajo y en las ciudades más industriales, se ha convertido, precisamente estos días, en una contestación, a veces violenta, en las calles con duros enfrentamientos con la policía. Salvando las distancias con nuestras cosas de antaño, todos sabemos cómo se transforma (gradualmente y a la chita gritando) en un movimiento más estable y difuso. Pues bien, siguiendo la argumentación amendoliano-lluiscasiana deberíamos decirle a la Central Sindical Mundial, a la Confederación Europea de Sindicatos que no se les ocurra mover un dedos a favor del movimiento de los trabajadores chinos. No sea que aquel sistema genere un viraje hacia lo desconocido. Y para hablar con menos pelos en la lengua: de hacer eso, estaríamos ante un sindicalismo occidental con “intereses de Estado” en una dirección opuesta a la ciudadanía social cosmopolita.


Don Lluis puede pensar que esta línea argumental es forzada. Pero es una analogía con relación al argumento del buen tanto que supondría la venta de Repsol a los rusos para el “acercamiento” de éstos a la Unión Europea. Un inciso: don Gerardo, el alemán, parece escondido en la Selva Negra o en Vladivostok, porque hasta la presente no se le ha visto el pelo… En todo caso algo está claro: sigue la confusión y, de momento, ni la pitonisa de Parapanda es capaz de aclarar las cosas . Esta dama, consultada por un servidor sobre si Repsol venderá o Lukoil comprará, respondió con voz de cazalla algo tan misterioso como: “Venderá no comprará”. Comoquiera que no hablamos con puntos y comas, no estoy en condiciones de saber si dijo: “Venderá, no comprará” o “Venderá no, comprará”. O sea, la vejancona se cobró su botella de aguardiente como pago y me dejó sobre ascuas. ¿Se presentará la pitonisa a las próximas elecciones? Respuesta: "No se presentará". O tal vez: "No, se presentará". Vale, hasta luego.



Nota. Cambiando de tercio. Se recomienda el siguiente libro.

Guido Baglione: L'ACCERCHIAMENTO Perchè si riduce la tutela sindacale: Libro Editore: IL MULINO , pagine: 269 Prezzo: € 23,00

jueves, 27 de noviembre de 2008

ALGO ESTÁ CAMBIANDO EN EUROPA

Si vemos las cosas con moderado optimismo, da la impresión que la Unión Europea, a pesar de todo, ha elegido una vía `resultona´ para salir gradualmente de la crisis, a saber, la reducción de la dependencia de la economía del capital financiero, de las oscilaciones de la bolsa y de la intemperancia del crédito. El turbocapitalismo de los años noventa –concretamente, la desregulación absoluta de los mercados financieros, junto a la desregulación social, heredada de Reagan y Thatcher—ha sido desaprobado, casi oficialmente, por la Comisión Europea con un Presidente Barroso que, por cierto, tenía cara de circunstancias. Así pues, estos caballeros de la Unión parecen decir indirectamente que...

Que el Pacto de Estabilidad ya no es la panacea a la que debe ajustarse necesariamente la gestión de la economía; la intervención pública no es tampoco el mal absoluto; las reducciones fiscales deben orientarse a las rentas más bajas y los impuestos indirectos; se pone el acento en las energías renovables y las infraestructuras… Unos objetivos, podríamos decir compartidos socialmente y, pienso yo, alcanzables mediante una programación pública. Con independencia de la particular valoración de cada cual con respecto a estas novedades no irrelevantes, vale la pena decir que son mucho más concretas que la vaporosidad de los acuerdos de Washington del G- 20. Por supuesto, sería exagerado afirmar que estamos ante una estrategia europea. Más bien se trata de una alianza entre Francia y Alemania. Por ese orden, francesa más alemana. En todo caso, dado el peso de ambas naciones, tal alianza es diferente de la que hubiera podido ser –y no es, por lo menos hasta ahora— concretamente la anglosajona. Por de pronto, podemos establecer la siguiente hipótesis, en el bien entendido que se trata de una hipótesis: esta estrategia puede tener alcance global. Según parece, a esta alianza franco-alemana (y, por posible extensión, europea) no le faltarían aliados de envergadura. Por ejemplo, China y, en cierta medida, Japón.


Espero, en ese sentido, que don Lluis Casas me ilumine sobre el papel que Rusia (cuyas relaciones con Alemania son de buenas maneras) en todo este trajín. Y deseo que me aclare hasta qué punto Repsol puede ser moneda de cambio en toda esta operación europea. En todo caso es meridianamente visible que algo está cambiando en Europa. Y si algo está cambiando en estos pagos y Norteamérica puede dar un giro, al final las cosas pueden variar. Aunque de momento, no pocos expedientes de crisis seguirán siendo utilizados de manera torticera y avasallante.



Ahora debemos estar pendientes de lo que proyecte el sindicalismo europeo que, hasta la presente, no ha dicho ni oxte ni moxte.

DEMOCRACIA Y GARANTISMO: Otro libro de Luigi Ferrajoli


Luigi Ferrajoli tiene dos luces que brillan más que el Sol: su copiosa producción científica en el ámbito del Derecho y su vida como ciudadano militante cosmopolita. De momento, vayamos sin rodeos: se recomienda muy vivamente la lectura de su nuevo libro “Democracia y garantismo” que ha publicado recientemente --¿quién si no?, digo yo— la editorial Trotta. Como es natural, el grupo de juristas críticos de la ciudad de Parapanda está organizando un seminario (no subvencionado por nadie) con el propósito de dar a conocer al estudiantado la obra del maestro italiano. Los ponentes son, entre otros, Antonio Baylos, Paco Trillo, Joaquín Aparicio y Ascensió Solé. Moderarán los coloquios mi sobrinos, el sindicalista emérito Javier Sánchez del Campo y el joven asturiano Rubén Díaz.

Este seminario tiene su interés porque el maestro italiano (nacido en Florencia en 1940) es un estudioso con “infinita capacidad de interrogar e interrogarse, dispuesto a llegar donde la razón le lleve”, según ha dejado enseñado nada menos que don Perfecto Andrés Ibáñez; y porque estamos ante, también, un jurista práctico: no se olvide que fue juez durante un largo periodo y, posteriormente, profesor en la Universidad de Roma III. O sea, que conoce el complejo paño de lo que se lleva entre manos. Dígase algo imprescindible: uno de los temas más recurrentes en la investigación ferrajoliana es el papel de los jueces en el Estado constitucional de derecho. De ahí que algunos togados españoles, cuya caspa también reluce más que el Sol, se la tengan jurada. Y no digo más. Por otra parte, entre libro y libro, entre lección y lección, nuestro hombre viaja por los trescientos sesenta puntos cardinales del universo impartiendo conferencias y apuntándose a las causas de la libertad y el progreso. Se habla que el día menos pensado vendrá a platicar a Parapanda.


Cuando todavía estábamos estudiando su “Principia iuris”, aparece el libro que da título a este ejercicio de redacción, “Democracia y garantismo”. Una cosa insólita: Ferrajoli, siendo italiano, tiene una prosa austera, eficaz y directa. Lo que suele facilitar sus versiones a otras lenguas. En este caso, ha sido traducido por gentes tan reconocidas como Perfecto Andrés, Christian Courtis, Gerardo Pisarello, Miguel Carbonell y otros de no menor enjundia. A tal señor, tal honor.


Cierto, la obra en cuestión tiene un altísimo interés para los operadores jurídicos. Ahora bien, quienes posiblemente aprenderán más son los políticos y los sindicalistas. Es cierto que este personal lee poco, salvo honrosas excepciones. Pero leer a Ferrajoli mientras estás en el aeropuerto, en tren o apoltronado en el salón del ángulo oscuro, donde veíase el arpa, que diría Bécquer. Es más, si te ven en el aeropuerto o en el tren con el libro que se recomienda, el personal de mantenimiento o el revisor exclamarían: “Andá, está leyendo a Ferrajoli”, en un sentido reconocimiento del noble quehacer de la acció pública y confianza aproximada en la política. No quiero señalar a nadie, pero recuerdo perfectamente haber visto, en mis años de inquilino del puente aéreo a un diputado leyendo disimuladamente una obra del excelso don Marcial Lafuente Estefanía, que era subteniente de la Marina Española.


No diré nada más con relación al libro, porque ésta no es una recensión. Mi humildad granadina, sólo comparable a la de los ciudadanos de Buenos Aires, me prohíbe entrar en más comentarios. Pero sí me alcanza a, nuevamente, recomendar muy de veras este nuevo ferrajoli. Y por supuesto el conjunto de los los libros del maestro, abajo se indica la relación. Por cierto, no cobro ni una peseta de la Editorial Trotta, ni siquiera en especies. Trotta es, en ese sentido, una editorial desconsiderada y tacaña. Por el amor de dios, ¿qué menos que un caliqueño?








La obra de Ferrajoli en: http://www.casadellibro.com/libros/ferrajoli-luigi/ferrajoli32luigi. Aver si éstos tienen un detalle con este jubilado.








Nota. Informo a mi sobrino Gabriel Jaraba, a Toni Farrás --Toni, yo no soy catalanista, sino parapandesista--, al Sindicat de Periodistes de Catalunya y demás miembros de tan turbulenta profesión de algo que tiene interés para las almas inquietas: en la Colección de Libros de la Fundación sindical de estudios, dirigida por mi sobrino Rodolfo Benito han aparecido dos volúmenes de alto contenido. Uno, "Régimen jurídico del profesional de la información"; otro, "Autorregulación y deontología de la profesión periodística". Angel García Castillo es el autor de ambos libros. De nada, y que aproveche.


martes, 25 de noviembre de 2008

DE POLÍTICOS Y SINDICALISTAS (Nuevamente)




… Y no hubo otra solución que ponerse, por segunda vez, a contar las papeletas tras la impugnación de Ségolène Royal ante lo escuálido del resultado: 42 votos de diferencia a favor de Martine Aubry. Una irresponsabilidad de la Royal. Porque si quedaba la segunda, deja la sospecha de que la sombra del pucherazo ha podido existir; y si se demuestra que ha quedado en cabeza, tendrá que lidiar con medio partido en contra. Y una irresponsabilidad no menor de la Aubry. Porque si sus parciales han hecho fraude, éstos quedan como párvulos de aquel lejano Romero Robledo, el muñidor electoral de la Restauración canova-sagastina. Y si no han metido gato por liebre, la ventaja de unos pocos votillos es una victoria pírrica. Lo que se dice pensando más en Madrid que en París. O sea, con Aubry o Royal (vale decir, con Toxo o con Fidalgo), mis penas tienen remedio. Al final del re-recuento la diferencia entre las dos ha sido de 102 votos a favor de Aubry.



Tiempo hace se afirmaba que tan rica y diversa pluralidad era un rico filón. Pero era solamente una batahola de encomiendas, behetrías y merinazgos –diversos y contrapuestos— que muy poco tenían entre sí y menos, todavía, con un proyecto de largo recorrido. Al frente de cada zoología particular estaban los grandes pesos pesados, siempre renuentes a dejar de dar por saco. No era exactamente pluralismo sino una larvada desagregación que fue degradándose y adquiriendo, con el paso del tiempo, en una macroscópica fisicidad de entreveros y reyertas tabernarias. Otra vez, este es un aviso para los navegantes del congreso granconfederal español de mi sindicato.



Es más, los socialistas franceses han desaprovechado la necesidad de implicarse en un debate serio, y –según parece desde mi observatorio de la ciudad de Parapanda—la discusión se centra no en el rábano sino en las hojas. A saber, los parciales de Aubry echan en cara a los otros que sus objetivos sean fabricar un partido con las hechuras de Weltroni; los de Royal responden que la rival pretende mantener el socialismo del pleistoceno. Así las cosas, no hay posibilidad alguna de síntesis constructiva. Lo único que se puede aspirar, en esas condiciones tan lamentables, es a un “apaño”. Lo que no deja de ser, de igual manera, otro aviso a las órdenes monásticas de mi sindicato en el plano granconfederal.



Es el caso que Francia no es un país (económica, social, cultural y políticamente) periférico. De manera que una crisis de la izquierda mayoritaria es algo más que un lujo desastroso. Más todavía, esa situación es otro impedimento añadido para superar la confusión institucional que tiene la Unión Europea. Y no digamos que tamaña constelación de disparates es un debilitamiento político para abordar la crisis económica y ecológica que se está cebando por doquier. ¿Hace falta traer a colación que, depende cómo acabe el congreso granconfederal, estará el conjunto asalariado en muy peores condiciones? Porque…


… Porque el sindicalismo español, con todas las limitaciones que se quiera, empezaba a ser un referente para el sindicalismo europeo. En nuestro caso, se trataba de un conjunto de intuiciones –posiblemente de naturaleza modesta— que indiciaban nuevas orientaciones al sindicalismo europeo. Es más, venían de un país que tampoco es moco de pavo. Se diga lo que se quiera, pero España empezaba a contar en esos mundos de dios. Así pues, el sindicalismo confederal español era un referente en el cuadro un tanto confuso del sindicalismo europeo donde los italianos han empezado a tirarse los platos a la cabeza, a pesar de que truena Berlusconi; donde los sindicatos suecos ha tiempo que sus gardenias marchitan lentamente; y donde los alemanes arrastran una larvada crisis de identidad; donde, en los sindicatos franceses, no hay novedad, señora baronesa. Con lo que está tronando…



Pues bien, con lo que está tronando, me permito una idea que, según se mire, puede ser disparatada: recomiendo la lectura que el libertario Fernando Tarrida del Mármol dirigía en
Carta a La Revolté a sus cofrades franceses en tiempos exageradamente pretéritos. No estaría de más que mis conocencias granconfederales españolas le echaran algo más que un atento vistazo. Bien sé que mucho agua ha corrido bajo los puentes de los ríos de Parapanda desde aquellos tiempos de Tarrida del Mármol, pero de cuando en vez no hay nada mejor que leer a los exponentes de la izquierda que no ha vencido. Por supuesto, separando las licencias del lenguaje de antaño y sabiendo qué quiere decir todo ello hogaño. En estos tiempos, por ejemplo, pienso que es útil para los socialistas galos y mis conocidos granconfederales españoles poner atención a dos suculentos párrafos de la mencionada carta: “¿No debe importar a los anarquistas que los salarios se vuelvan aún más insuficientes, que la jornada de trabajo se alargue, que se insulte a los obreros en los talleres o que las mujeres sean prostituidas por los patrones?”. Y el otro: “Cosas excelentes han dicho Cabet, Saint Simon, Fourier, Robert Owen u otros; pero todos sus sistemas han desaparecido porque querían encerrar a la Sociedad en las concepciones de sus cerebros no obstante haber hecho mucho de bueno para el esclarecimiento de la gran cuestión”. Y es que Tarrida era un fenómeno, lo que se dice un fenómeno. Por supuesto, sin desmerecer a Aubry y Royal, a Toxo y Fidalgo…


Post scriptum. La foto de arriba se corresponde con un descanso de las Jornadas de los trade, celebrada en Asturias.

sábado, 22 de noviembre de 2008

EL SINDICALISTA JOAN PEIRÓ Y LA MEMORIA DE ALGUNOS OBISPOS



La sección “Cataluña” de El País publica hoy un artículo que vale la pena que sea leído en los cuatro puntos cardinales del planeta. Su autor es el historiador Hilari Raguer y se titula “El segundo asesinato de Joan Peiró”. Comoquiera que la memoria es un tanto flaca, me permitiré recodar (a unos) e informar (a otros) quién era Peiró, porque incluso los sindicalistas de otras latitudes han podido olvidar o desconocer la vida de este ilustre antecesor. Tiro de mano de doña Wikipedia y ahí está la entrada de Joan Peiró. Comoquiera que el mencionado artículo sólo ha salido en la sección catalana, no tengo más remedio que abusar de las informaciones que nos depara Hilari Raguer. Bien, vamos al grano.



Recientemente se reeditado la tesis doctoral del arzobispo emérito de Badajoz-Mérida, Antonio Montero Moreno, inicialmente publicada en 1961 con el título “Historia de la persecución religiosa en España 1936 – 1939”. El editor de la tesis doctoral escribía en la introducción a la obra que, en próximas reediciones, publicaría las correcciones o aportaciones que viniera de los lectores. Pues bien, leída dicha tesis, Hilari Raguer envió cumplida información y documentadas correcciones diversas y, particularmente, en lo atinente a Joan Peiró, dirigente de la CNT. Pues bien, el director de la Biblioteca de Autores Cristianos, Joaquín L. Ortega, en la reedición (2004) de la obra del mentado Montero Moreno se limita a, según sus notas, a “una escueta y esencial reimpresión”. Que yo interpreto como un hospitalario destino a la cesta de la papelera las aportaciones de Ragué.



La tesis doctoral del alto funcionario eclesiástico, en lo que respecta a Peiró, es una falsificación, a queriendas y sabiendas, de la historia. Lo presenta como un comecuras, como un organizador de asesinatos de sacerdotes. Si el doctorando Montero Moreno hubiera hablado con sus colegas de la ciudad de Mataró hubiera tenido cumplida información. Si el amanuense Montero hubiera hablado con los empresarios mataroneses, más de uno le habría dicho que Peiró justamente hizo lo contrario. Recuerdo, por cierto, una serie de conversaciones con empresarios textiles (por ejemplo, una muy suculenta con el viejo Sanfeliú, propietario de la legendaria empresa Gassol, la de las medias Glory) que siempre hablaron de Peiró de manera respetuosa. Y si el publicista Montero Moreno hubiera acudido a los archivos de la ciudad y, echara un vistazo a los escritos de Joan Peiró, hubiera leído lo siguiente:



“Que uno sea burgués o capitalista no es razón para que los revolucionarios lo persigan y lo exterminen. Tampoco lo es perseguir un exterminar curas y frailes por el sólo hecho de serlo. Nuestra lucha es contra el fascismo […] se ha perseguido y exterminado a los sacerdotes y religiosos únicamente porque lo eran”.



En resumidas cuentas, pase que el doctorando lo escribiera de tal modo, pase que el tribunal de tesis se descuidara y atendiera más a la palabra del joven Montero Moreno que a las categorías de la historiografía. Pero, tras las rectificaciones de Hilari Ragué, no se entiende por qué la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) reincide en la bazofia. Perdón, claro que se entiende. Se entiende que hablara de esa manera en 1962, pero sobre todo es clarificador que BAC reedite la obra y mantenga el texto sin ni siquiera haber situado en el prólogo las rectificaciones de Hilari Ragué. Sin mencionar que Joan Peiró fue fusilado por el general de inmunda memoria. Por cierto, no pocas cosas que sabemos ahora del gran sindicalista vienen en la documentada biografía de nuestro amigo: “Joan Peiró, afussellat” (Edicions 62). Su autor: el gran Josep Benet. No estaría mal que alguien se propusiera una versión al castellano para conocimiento de propios y extraños.


Pero lo mejor es que, a través de Internet, los lectores busquen el artículo de hoy del historiador Hilari Ragué. Uy, se me olvidaba, el articulista no es un masonazo sino un respetado monje del monasterio de Montserrat. Estos catalanes... Por cierto, para que no haya confusiones: le aclaro a la BAC que a Manolete no lo mataron los rojos, sino "Islero", un astado de la ganadería de don Eduardo Miura. O sea, las cosas muy claritas.

viernes, 14 de noviembre de 2008

DONDE SE PROPONE UN TERCERO EN CONCORDIA PARA DIRIGIR COMISIONES OBRERAS




Según parece, algunas organizaciones sindicales tienen un acrisolado sentido de la inoportunidad: justamente en los momentos más intempestivos tienden a tirarse los platos a la cabeza. Dos ejemplos: 1) el sindicalismo italiano está conociendo una profunda laceración, precisamente ahora, cuando caen chuzos de punta; 2) Comisiones Obreras, en puertas de su congreso, se encuentra con que sus estructuras tienen que elegir, por el momento, a Pinto (Fidalgo) o Valdemoro (Toxo) como secretarios generales, precisamente ahora --repetimos-- cuando caen chuzos de punta. En el primer caso, la CGIL y el resto de los sindicatos (Csil y Uil) se encuentran enfrentadas: Berlusconi se frota las manos, la patronal le pone una vela a San Gennaro para que la división sindical continúe y, a ser posible, se amplíe. Mientras tanto, sigue tronando y el Arca de Noé está azotada por los vientos que le vienen de proa y popa, de babor y estribor. En el segundo caso, dos aspirantes a pilotar la barca hablan más directamente a los medios que a sus respectivas tripulaciones.


Consulto a un querido amigo sobre la posibilidad de aconsejar que ambos aspirantes renuncien a sus legítimas aspiraciones. Su respuesta es: “No parece conveniente; la cosa no sería buena porque ninguno le llega a la altura de los borceguíes a los actuales aspirantes”. Tal vez, él conoce mejor que un servidor las entretelas de la casa. No obstante…


… No obstante no me muerdo mi lengua impertinente y afirmo con aproximado conocimiento de algunas cosas: hasta donde yo me acuerdo, los últimos congresos se han cerrado en falso. Después de los vítores de la clausura de tales eventos y de los abrazos entusiastas se volvían a poner en marcha, con calor renovado, los viejos agrupamientos que habían protagonizado los momentos precongresuales. No era, pues, una reincidencia en la perversión sino la consecuencia de que, tal como se ha dicho, el congreso se había cerrado en falso. Ahora puede pasar lo mismo, porque…


… Porque –hablando con pocos pelos en la lengua— si gana Fidalgo o vence Toxo se repetirán las viejas tradiciones: primero, vítores unitarios en la clausura, como forma de ritual obligado; segundo, los parciales de uno y otro reeditarán la vieja molienda, cuando la tarde languidece y renacen las sombras. O sea, el congreso se cerrará en falso. Mi amigo, cuando afirma que ninguno otro está más capacitado que Anás (perdón, Fidalgo) o Caifás (mis excusas, Toxo), sabe más que un servidor de la cocina del convento. Pero ¿se acuerda de que los anteriores congresos siempre se cerraron en falso? De ahí que yo piense que posiblemente sería mejor que Fidalgo y Toxo acordaran que un tercero en concordia asumiera el primer liderazgo de la casa sindical.


Por supuesto, un tercero en concordia no es una garantía de que el congreso se cerrara aproximadamente bien. Es sólo una (buena) hipótesis frente a la (casi) certeza de que, con los actuales dos aspirantes, a la media hora de la clausura –gane quien gane— aparecerán los aguafiestas, siempre respetuosos con las viejas tradiciones. Si Fidalgo y Toxo desisten (y, al alimón, proponen a otro) habrán hecho un ejercicio de responsabilidad y, desde luego, despotenciarán la aparición de futuros aguafiestas. Es más, habrán enviado un mensaje de compromiso –aunque sea en teoría— para que el convento tenga los menos sobresaltos en los próximos años.


Cuando mi amigo bien informado de las cosas del rebost (esto es, la alacena) opina que nadie está a la altura de Toxo y Fidalgo, debo responderle: nunca fue secretario general el mejor, sino el que parecía el más idóneo. Que era el mejor sólo se lo creyeron siempre, de manera engreída, todos los secretarios generales que han sido elegidos. Pues bien, las condiciones de idoneidad para dirigir Comisiones Obreras, en el próximo periodo, están en función de que el congreso se cierre en las mejores condiciones posibles, justamente para evitar que siga el chicoleo. Un tercero en concordia puede corregir esa improductiva –más bien, perjudicial-- vieja tradición.


Pues bien, me pregunto: ¿qué has ganado con esta propuesta? Algo de cierta relevancia: que los parciales de Anás y los de Caifás no me inviten a un cafelito. No importa, entiendo que es lógico seguir las viejas tradiciones: de te fabula narratur, Parapanda.

viernes, 7 de noviembre de 2008

PRISIONES Y FRANQUISMO: Un relato particular




José Luís López Bulla*



Quiero agradecer, sin ningún tipo de protocolo, a la consellera Monserrat Tura que me invitara a participar en estas Jornadas de celebración del Centenario del Palau de Justicia. Para un servidor es un gran honor, máxime si tengo a mi lado al president Jordi Pujol compartiendo mesa y micrófono. En todo caso debo decir que encuentro desmesurada mi participación, dado que hay en Catalunya muchas personas con más sufrimiento y experiencia –con más largos años de condena— que la mía. Si recurriéramos al rico argot carcelario de la época, diré que tuve una condena “de chorizo”, comparada con la que sufrieron, por ejemplo, mis maestros Ángel Rozas y Ángel Abad, sindicalistas también. Por no hablar de la larga condena del amigo Miquel Núñez en Burgos, toda una leyenda para los jóvenes comunistas de aquellos tiempos. Por no hablar tampoco de la cantidad de veteranos que, en tiempos más difíciles que los míos y en condiciones mucho más ásperas, fueron condenados a largos años de prisión o campos de concentración que, al margen de las diferencias jurídico técnicas, son igualmente la privación de lo que la vieja canción, La Varsoviana, calificaba como “el bien más preciado es la libertad”. Mucho más duras, también, cuando salían en libertad. Pues tenían que presentarse periódicamente en comisarías y cuartelillos; eran desterrados a otros lugares; y con frecuencia se prohibía que tuvieran avaladores para rehacer sus vidas. Esta fase no la vivió un servidor. O por no hablar de las condiciones carcelarias de hace un siglo. Explica Benedict Andersen en su libro “Bajo tres banderas” (sobre los movimientos de liberación nacional en Filipinas, Cuba y Puerto Rico) que cuando llegaron --forzados, claro está— grupos de filipinos al presidio militar de Montjüic iban todavía con aquellas ropillas y aquellas sandalias, pasando las criaturas un frío de muerte. La lucha solidaria de los presos –incluidos los de delitos “comunes”— les salvó la vida. Eran los tiempos de José Rizal, Isabelo de los Reyes, Fernando Tarrida del Mármol y otras figuras de gran importancia.


Aclaro que esta intervención es solamente un conjunto de recuerdos. No hay, pues, ninguna pretensión de historiar porque este importante cometido no me corresponde; es más me disgusta que no se sepan deslindar convenientemente historia y memoria, dos formas distintas, por naturaleza y fines, de acceder al pasado, que hoy es habitual identificar de forma errónea.


Dicen que, cuando a Juan XXXIII le presentaron “la parola d’ ordine” del Concilio Vaticano II –la Iglesia y el Mundo--, el buen papa corrigió el texto y escribió “la Iglesia en el Mundo”. La preposición que introdujo Roncalli era ciertamente significativa de lo que tenía entre manos. Pues bien, una cosa parecida debería yo haberle dicho a Alex Masllorens cuando me llamó por teléfono para convocarme a este encuentro: “Las prisiones en el franquismo”, como dando a entender, siguiendo la enseñanza de Juan XXXIII que no había separación entre lo uno y lo otro. La sorpresa de la invitación y el postín de ser convocado me impidieron caer en la cuenta. Porque, más allá de la metáfora, lo cierto es que la Dictadura fue una inmensa, una difusa prisión, que iba más allá de las rejas de las cárceles y penales.


En 1967 ingresé por primera vez en la prisión de Mataró; dicen que fue la primera cárcel “modelo”. Después recorrería las prisiones de Barcelona, Granollers, Zaragoza (donde estuvo Jordi Pujol) y Soria. Tuve, no obstante, la suerte de escaparme en 1972 de las famosas detenciones del Proceso 1001 –protagonizada por Marcelino Camacho, conocida popularmente como “Los diez de Carabanchel”— gracias a la pericia en esos menesteres de mi maestro Cipriano García, que en paz descanse. Lo cierto es que nos escapamos de una buena. Todas mis estancias en prisión lo fueron, según las condenas del juez Mariscal de Gante, Presidente Tribunal de Orden Público --creado en la primavera de 1963 para sustituir a los tribunales militares en la represión de los delitos políticos y sindicales-- por mi adscripción al movimiento de Comisiones Obreras, tras haber sido declarado explícitamente como organización ilegal e “hijuela del Partido Comunista”, por el Tribunal Supremo en marzo del 67. Según algunos estudios, fuimos cerca de mil los sindicalistas de mi quinta que estuvimos privados de libertad. Me estoy refiriendo al periodo de 1964 a 1974. Como es natural, a lo largo de todo el franquismo la cifra es muchísimo más abultada.


La cárcel era un universo contradictoriamente cerrado para nosotros. De un lado estaba la privación de la libertad; de otro lado, la consciente preparación cultural y política de los presos. Por lo general, según mis recuerdos, lo habitual era la tranquilidad con que se asumía el hecho, tan sólo perturbado por lo que conocíamos con el nombre del “día del preso” que, de tiempo en tiempo, aparecía con unas manifestaciones de melancolía, relacionado o no con algún acontecimiento familiar o algún recuerdo del pasado. Para hacerme entender un poco, diré que los momentos pasajeros del día del preso te dejaban una sensación parecida a cuando oyes el “Va pensiero” de los coros de Nabucco: una cierta melancolía, aunque esperanzada.

Pasado el mal trago, la tranquila normalidad de la actividad y el estudio volvía a ser habitual. O, incluso, el momento de creación artística en el caso del poeta Marcos Ana que escribió en el Penal de Burgos unos versos hermosísimos, cuya lectura recomiendo muy de veras. Me dicen que la vida de Marcos Ana la está llevando al cine Pedro Almodóvar. Debo insistir que estoy hablando de los últimos quince años del franquismo: la situación anterior, según los comentarios de mis amigos y compañeros, fue extraordinariamente dura.


Me interesa destacar la función propedéutica que tuvo la cárcel y su inutilidad como artefacto totalmente represor. Nosotros teníamos en el penal de Soria planes de estudios diversificados por los conocimientos del alumnado. Desde la enseñanza más primaria hasta el estudio de carreras universitarias como Económicas, Derecho y Filosofía, pasando por el bachillerato. Los componentes de un expediente de obreros portuarios de Las Palmas que salieron sabiendo mucho más que leer y escribir, hasta la titulación de bachilleres de algunos trabajadores metalúrgicos sevillanos. O el caso de algunos economistas que obtuvieron allí el título. Los exámenes estaban presididos lógicamente por tribunales que acudían a la prisión: el malogrado Ernest Lluch acudió a examinar a algunos compañeros. Aquello fue posible en Soria porque el director del penal era un humanista, discípulo y amigo de don Joaquín Ruiz Jiménez, un hombre que permitió la entrada de los libros que nos enviaba Manuel Sacristán o incluso discos, gracias a la solidaridad del maestro Antoni Ros Marbà. Era curioso escuchar a Mozart, ver a José Manuel Fariñas (estudiante de Económicas) trabajar con integrales en un encerado y ver a Jaime Montes memorizar el rosa rosae. Y era no menos curioso observar a un veterano comunista valenciano, Miguel Pineda, copiar primorosamente a mano un grueso texto de filosofía marxista para que sirviera de estudio. O ver a mi maestro Ángel Abad dando clases de lógica formal. No hace falta que diga que aquel director duró poco y las cosas empezaron a cambiar. La excusa fue la negativa a acudir a misa que se puso en marcha por todos, excepto por el minoritario grupo de etarras que consideraba nuestra postura como contraria a los mandamientos de la Iglesia,… En resumidas cuentas, cuando se afirma que la cárcel era una universidad estamos hablando de algo más que una metáfora. Lo que, desgraciadamente, es aplicable para otros menesteres y otros tipos de gentes.


Esa “universidad” contaba, en el caso de los presos de Soria, con un buen arsenal de libros de la legendaria editorial Nova terra. Allí pudimos estudiar, entre otros, un libro “Los fraudes de la productividad” con escritos de gente tan solvente como mis amigos, sindicalistas de la CGIL, Bruno Trentin y Vittorio Foa, que falleció hace unos días; Trentin nos dejó hace un año, meses después de venir a Barcelona invitado por Rafael Hinojosa, en sus tiempos de presidente del CTESC. De un joven Rafael Hinojosa que precisamente era el editor de los libros de Nova terra que los amigos nos enviaban a Soria. O del libro, que también teníamos, “Historia del movimiento obrero español” de Núñez de Arenas. Vale la pena decir que, en todo caso, lo que nosotros disponíamos era el fruto de una conquista que las anteriores generaciones habían conseguido en condiciones de extrema dureza. Una dureza que no impidió que, por ejemplo en Burgos, los presos contaran con un aparato de radio (clandestino, por supuesto) que guardaba celosamente –según parece en el interior de un queso manchego-- mi maestro Cipriano García, ayudado por Tranquilino Sánchez, un reputado dirigente de Comisiones Obreras, que también falleció.


Las prisiones fueron también otro lugar de lucha antifranquista. Así lo evidencia el mero hecho de preparar cultural y políticamente a los presos para que, cuando salieran a la calle, seguir combatiendo la dictadura. Y, por supuesto, lo más llamativo: las huelgas de hambre y otras formas de protesta tanto en exigencia de mejores condiciones de vida como por la libertad de conciencia; también, claro está, en solidaridad con la acción colectiva de la lucha antifranquista en la calle. Vale la pena decir que algunas de las huelgas de hambre fueron dramáticas, así por la dureza de esa forma de protesta como porque aquello acarreaba el inmediato ingreso en la celda de castigo.


Me gustaría hablarles un poco de la personalidad de los presos. Como diría Thomas Mann eran “hombres de gran formato”. Pero, especialmente, eran gentes de mucha naturalidad, esto es, no eran superhombres ni exponentes de ningún santoral laico. Eran la expresión concreta de lo que significaba la idea de la libertad, la personificación de una gran parte del discurso de Pericles a los atenienses tal como lo dejó escrito Tucídides en su libro “Las guerras del Peloponeso”. Éramos, muy mayoritariamente, trabajadores industriales y otras formas de lo que el Derecho laboral denomina el trabajo heterodirecto. Muy pocos tuvimos condenas de pocos años. Llegué a conocer en Soria a compañeros con más de veinte años de cárcel a sus espaldas, algunos de ellos todavía penaban por haber estado en las guerrillas del maquis. Por lo general se trataba de personas autodidactas cuyos conocimientos se habían ido sistematizando a través de los planes de estudio que los responsables (me refiero también a presos) habían ido creando. Hombres de gran formato, mujeres de gran formato. Gentes que nunca se plantearon, por así decirlo, “la inocencia del futuro” en los términos de Nietzsche sino aquella “libertad de los que no la tienen”, como dejó escrito Arthur Rimbaud.


Frente a nosotros estaban los toscos e ignorantes funcionarios de prisiones: una gran mayoría de ellos todavía venía de la soldadesca vencedora de la guerra civil y de los primeros años de la dictadura. Un personal fácilmente sobornable especialmente con el dinero que nos llegaba de la solidaridad, tanto de la que venía del país como del extranjero. Debo manifestar, entre paréntesis, que la ayuda internacional –en presión política, dinero y en toda clase de especies— que nosotros recibimos jamás fue superada (por lo menos hasta la hora presente) por lo que después hemos hecho con otros países en una situación, igual o parecida, a la que sufrió España.


Como dije anteriormente Vittorio Foa –uno de los grandes sindicalistas italianos más importantes del siglo pasado— ha muerto hace unas semanas a la edad de 98 años. Meses antes publicó un libro “Le parole della política”. Amigo de Primo Levi y Norberto Bobbio, de Sandro Pertini y Rita Levi Montalcini. Pues bien en 1998 se publicaron (en Einaudi) sus “Lettere della Giovinezza”, es decir, su epistolario de cárcel durante el periodo del 1935 a 1943. El libro se ha reeditado seis veces con tiradas asombrosas. El dato fundamental es que la mayoría de sus lectores son gentes jóvenes. O, tal vez, por la forma de ser del amigo italiano, por la manera con que conecta sentimentalmente con la juventud. Siempre lejana a la natural forma de contar las cosas del abuelo Cebolleta. Una muestra del talante de Foa es lo que afirma: “Se puede estar orgulloso del propio pasado, pero al mismo tiempo uno tiene que ser humilde, profundamente humilde respecto del sufrimiento infinito de millones de personas que han dado el sacrificio de su vida, de su libertad, de su bienestar, creyendo o no creyendo, creyendo de forma justa o creyendo de forma equivocada, pero sufriendo humanamente”.


Voy concluyendo. Hasta hace poco tiempo la historiografía sobre las prisiones españolas bajo el franquismo era bastante exigua; afortunadamente parece que las cosas van cambiando y ya podemos hablar de libros que tratan el tema con seriedad científica y de relatos (como por ejemplo “Cárcel de mujeres” de Tomasa Cuevas, que en paz descanse, una amiga galardonada con la Creu de Sant Jordi) que pueden servir para dejar un concienzudo testimonio de lo que fue aquel horror.


Gracias.


* Conferencia en el Museu d’ Hisória de Catalunya (6 de noviembre de 2008) con motivo del Centenario del Palau de Justicia de Barcelona.


jueves, 6 de noviembre de 2008

EL DESAFIO DE OBAMA Y ¿QUIÉN GOBIERNA LA CRISIS?




Dos amigos de “Metiendo bulla”, Tonino Lettieri y don Lluis Casas, escriben sobre Obama.


EL DESAFIO DE OBAMA



Antonio Lettieri (1)


Todo el mundo, además de la mayoría de los americanos, esperaba la victoria de Barack Obma. La esperanza se ha cumplido. En otro momento, el interés y la curiosidad habrían derivado de lo extraordinario del desafío, esto es, la llegada de un presidente negro a la Casa Blanca. Este habría sido un motivo suficiente de interés. Pero esa esperanza estaba determinada por algo mucho más profundo: la crisis que atraviesa América y todo el planeta. La herencia de Bush es terrible. Un mundo lleno de conflictos, guerras inútiles y sangrientas: unas en curso, otras ya anunciadas. Y una crisis financiera que recorre los Estados Unidos y el resto del mundo.


Pocos presidentes americanos ha tenido que afrontar una situación tan desesperadamente comprometida. Del programa de Obama sólo conocemos las líneas generales, lo que es poco. Desde este punto de vista, es necesario señalar --más que las señales programáticas de su biografía liberal, progresista, político dotado de gran talento— su voluntad de cambio. Conocemos, ciertamente, los principales objetivos de la política internacional, enunciados por el nuevo presidente: salir del pantano iraquí y, posiblemente, buscar un diálogo con Irán. Será necesaria la imaginación y la decisión política. Pero no está claro en qué sentido el nuevo presidente podrá darle la vuelta a la ruinosa situación de Afganistán con un incremento del esfuerzo militar. Ninguna potencia ha podido nunca vencer en una guerra de conquista en aquel país: ni los ingleses, ni los rusos. Obama deberá buscar caminos y mediaciones acerca de cómo abrir un diálogo con los talibanes... Es una operación compleja después de los años de irresponsabilidad y arrogancia de la pareja Bush-Cheney.


En el interior de su país, Obama se encuentra con una situación de desastre, no sólo financiero sino también, y sobre todo, social. Las suertes de la crisis financiera son inciertas. Pero es verdad que América –como también Europa-- deberá plantar cara a la recesión, el desempleo que aumenta, el empobrecimiento de las clases trabajadoras y de las capas medias. Durante los años de Bush, la desigualdad fue el paradigma fundamental de la sociedad norteamericana: la productividad se incrementó en un 20 por ciento, pero disminuyeron las rentas del trabajo de las familias de las clases medias en un 3 por ciento en términos reales. Tras la crisis de las subprime, millones de familias corren el peligro de perder la vivienda. El desempleo ha superado el 6 por ciento y se prevé su crecimiento hasta el 8 por ciento o más. A principios de este decenio los parados eran seis millones; ahora son nueve y medio, y otros millones pueden añadirse. Obama promete extender la indemnización por desempleo más allá de los seis meses previstas. Pero es una medida que corre el peligro de ser insuficiente con la prolongación del tiempo de desempleo. Así pues, la crisis financiera se entrecruza con la social.


Durante la crisis del 2001 – 2003, las familias fueron obligadas a un ilusorio remedio endeudándose con las hipotecas y cartillas de crédito: eso, hoy, ya no es posible. La caída de la demanda incrementa la recesión en un círculo vicioso. La reducción de los tipos de interés –ahora ya negativos en función de la inflación— no puede prestar mucha ayuda. Es preciso una consistenta inversión pública. Pero Bush ha arruinado el superávit que heredó de los años noventa, y 2008 corre el peligro de cerrarse con un déficit de miles de millardos de dólares. Al que hay que sumar el déficit comercial y el endudamiento de las familias.


Obama resituará poner el impuesto sobre la riqueza que Bush rebajó increiblemente en los años 2001 y 2003 y reducirá los impuestos de los trabajadores y la clase media. Esta es una señal importante señal de cambio. Pero el relanzamiento de la economía sólo será posible con una fuerte intervención pública. El nuevo presidente deberá tener el coraje de volver a la política que, en los últimos treinta años, fue despreciada como big governement. El Wall Street Jorunal ha escrito con horror que eso correría el peligro de “europeizar” América.


También Obama se ha comprometido a extender la tutela sanitaria a una parte de los casi 50 millones de ciudadanos americanos que no la tienen: es un desafío que Clinton perdió en su confrontación con el complejo médico-asegurador, apoyado por potentísimos lobbys –y de manera bypartisan— por una amplia parte del Congreso. Además, Obama ingtentará salvaguardar la parte de las pensiones de jubilación que el 50 por ciento de los norteamericanos pone en manos de los Fondos de Pensiones, que la crisisde los mercados financieros está poniendo de rodillas. Así pues, sin un profundo cambio de orientación en la política social, sin una vuelta atrás de la ideoglogía neoliberal que ha gobernado los últimos treinta años, sin un nuevo New Dal... la crisis está llamada a agravarse en Norteamérica y, por sus inevitables reflejos, en el resto del mundo.


Esta es la América que encuentra Obama. Será preciso el talento, la imaginación, la decisión para desencallarla de las arenas móviles de una ideología y una política cuya salida era inevitablemente el fracaso. Por eso es justo que el mundo se haya ocupado con ansia por la batalla electorail en América y salude con entusiasmo la victoria de Barack Obama. Ahora debemos preguntarnos que hacen los otros. Qué haremos nosotros. Quiero decir qué hace Europa, que –más o menos tartamudeando—ha estado en la penunbra de la política norteamericana. Pero esto es otro asunto sobre el que convendrá volver en una próxima ocasión.



¿QUIÉN GOBIERENA LA CRISIS?


Don Lluis Casas


Como sabrán, o habrían de saber, en los USA --territorio comanche donde los haya-- unas elecciones presidenciales no significan un cambio de gobierno en pocas semanas. No, muy al contrario. El inquilino de la Casa Blanca, con las piernas rotas y enyesadas, se mantiene frente (que no cogido) al timón hasta muy entrado Enero. Según mis cuentas, 60 días con sesenta noches. Un período que a la vez que largo, resulta extraordinariamente peligroso para el nuevo inquilino.


En otro tiempo, los votos y los compromisarios tenían que viajar a Washington en carreta, pero hoy el desplazamiento es instantáneo. Por ello, propongo lo que sigue: Georges Bush tiene que dejar la casa blanca inmediatamente: el mundo no puede esperar hasta mediados de Enero la llegada de Obama; a tal fin propongo al público de Parapanda una acción directa.


A cuenta propia he hecho gestiones con una cuñada que es prima segunda de un escolta Barack convenciéndolo de la necesidad de que su jefe ocupe el salón oval en cuanto tenga listas las maletas. La cuñada me ha contestado que “eso está hecho”.


Oído, no es broma, esos dos meses de espera pueden ser de órdago para la economía. Período al que hay que sumar la puesta en marcha de la nueva administración.


Lluis Casas corresponsal del nuevo FMI



[1]
www.eguaglianzaeliberta.it


Traducción: el tito Ferino

sábado, 1 de noviembre de 2008

¿TOXO ES CANDIDATO A LA SECRETARIA GENERAL DE COMISIONES OBRERAS?




Leo en la prensa que Ignacio Fernández Toxo “no descarta disputar a Fidalgo la secretaría general del sindicato de Comisiones Obreras” [la cursiva es mía] en el congreso que se celebrará próximamente, el 17 de diciembre. Algo de eso sabía un servidor, informado por algunas conocencias en los mentideros (tabernas y barberías, patios de vecindonas y lavaderos) de la ciudad de Parapanda.


Vaya por delante mi respeto a Toxo. Es un sindicalista de gran formato. Que tiene los conocimientos y saberes –necesarios y suficientes—para ejercer la más alta responsabilidad del sindicato. De hecho lo demostró anticipadamente en sus, no lejanos tiempos, de primer dirigente de la federación metalúrgico-minera. A estas alturas…


A estas alturas, sin embargo, parece oportuno preguntarse por qué, a casi un mes y medio de la apertura del congreso sindical, se hace público lo que aparece como una ambigua declaración de intenciones: “no descarta” es una genérica toma de posición. De ahí que, así las cosas, puedo permitirme el desparpajo de preguntar sin ningún tipo de retranca: “¿Vas en serio, Toxo?”. Porque, de ir en serio, se está colocando, aunque tardíamente, en el debate precongresual la discusión no sólo de los “materiales” sino qué elección de grupo dirigente parece la más idónea. Por otra parte, si “el no descarto” no es una postura estética, me vienen a la cabeza algunas consideraciones: ¿qué lagunas hay en la gestión del actual secretario general que provocan que Toxo, una persona de extremada prudencia declare que “no descarta” optar por tan alta responsabilidad? Naturalmente este discurso es obligado en el “no descartable candidato”. Porque una opción de ese calibre no se puede susurrar desvaídamente. En todo caso, es de obligada exigencia que Toxo hable con rotundidad: o sí o no. El gallego debe aclarar si sube o baja la escalera. Y debe hacerlo no sólo respondiendo un “sí, quiero”. Debe (tiene que) hacerlo con un claro discurso de acompañamiento de cómo debería intervenir el sindicalismo confederal en su áspero itinerario frente a esta crisis sistémica. Que, en mi opinión, es la principal laguna de Fidalgo. Es posible que esta laguna fidalguiana haya sido la espoleta que ha llevado a Toxo a no descartarse.


Que haya dos candidatos a conformar los correspondientes equipos de dirección ha de verse con naturalidad. Máxime cuando ninguna de las situaciones de crisis interna del sindicato ha impedido que éste siguiera creciendo en influencia, tal vez porque lo que ocurre en la (metafórica) Torre del Homenaje tenga escasa vinculación con los siervos de la gleba. En primera conclusión: los dimes y diretes en el recorrido congresual no afectarán en nada al común de los mortales. Para mayor concreción: seguirá incrementándose la afiliación. Abro un curioso paréntesis de elogio a la acción organizadora del sindicato a través de una información referida a Comisiones Obreras de Catalunya: en los últimos diez años la población asalariada (no digo activa, sino asalariada) de Catalunya se ha incrementado en un cincuenta por ciento, exactamente lo mismo que ha aumentado la afiliación. Pero no nos vayamos por estas frondosas ramas…


Estábamos en que las cosas hay que verlas con naturalidad, incluso si saliera un tercero en concordia para lucir el palmito y la efímera gloria de lucir, sólo ante sus parciales, notas de prensa o micrófonos de quita y pon. Sea todo con naturalidad. Ya sé que no es fácil, porque en estas situaciones las tendencias antropológicas suelen ir por otros derroteros. Lo estúpidamente tradicional es lo que sigue: los partidarios de Fidalgo hablarán de su icono como si fuera el no va más y echando pestes de Toxo; en un sentido contrario, los parciales de éste reducirían la estatura del otro, elevando a los altares a su candidato. Esta vieja reductio ad unum los desautoriza a todos, porque ambos candidatos (si es que Toxo habla sin metáforas y se encarta) han estado implicados en el mismo proyecto sindical, al menos públicamente. Es decir, sean conscientes todos que maldecir al “otro” es desautorizar al propio.


Yo, por ejemplo, desde mi feliz retiro en la ciudad de Parapanda no pienso denostar a Fidalgo. Hubiera preferido otro candidato tras la retirada estatutaria de Antonio Gutiérrez. Pero seguí la antigua consigna del Roma locuta causa finita. O sea, habló aquel congreso, pues "choca esos cinco, Fidalgo". Tampoco pienso poner en el saloncillo de mi casa la foto de san Ignacio Fernández Toxo; ese espacio lo reservo para el amplio retrato de Renata Tebaldi, justo al lado de un cartel donde la Niña de la Puebla canta aquello de “los campanilleros por la madrugá”. Pero, si algún íntimo me preguntara quién es el mejor candidato, yo le respondería que nunca existió el mejor, sino el candidato más subjetivamente idóneo. Y en el caso de que insistiera, yo respondería: “Si me invitas a unas copitas de ron pálido de Motril, te digo que es Toxo”. La ambigüedad de los gallegos me recuerda a la de Dante Alighieri: este es el último argumento de por qué se lo digo a mi amigo, sólo en la intimidad de la taberna de Parapanda. Pero, ¿y si no se presenta como candidato? En Parapanda seguirá saliendo el sol cuando lo estime conveniente.