miércoles, 21 de mayo de 2008

HOMENAJE A VITTORIO FOA EN SUS NOVENTA Y OCHO AÑOS



En otra ocasión expliqué que estaba traduciendo el libro de Vittorio Foa y Federica Montevecchi “Le parole della politica” (Einaudi, 2008). Es una versión castellana que sólo se refiere a la primera parte, esto es, a la contribución del joven nonagenario turinés, Foa, que cuenta ya con 98 primaveras. Los destinatarios de esta traducción son los visitantes del blog LAS PALABRAS DE LA POLITICA: VITTORIO FOA. La segunda parte –a cargo de Federica Montevecchi— tendrá que buscarla quien tenga interés en ello en la versión original. La explicación tiene dos caras: no conviene provocar excesivamente al editor (Einaudi) con esta técnica filibustera, aunque ello es parcialmente una excusa. Lo cierto es que el lenguaje de la Montevecchi presenta dificultades mil a un servidor y no es cosa hacer una traducción chapucera y más “tradittora” de lo debido.


Vittorio Foa es uno de los grandes dirigentes sindicales italianos. Contemporáneo de Giuseppe Di Vittorio y, desde los inicios de la Cgil de la posguerra, miembro destacado de los órganos dirigentes del sindicato. Además, estamos ante una personalidad intelectual de gran formato como lo demuestra su extensa obra escrita. Es una desgracia que ninguna de sus obras haya sido traducida al castellano, hecha la excepción de algunos artículos que aparecieron en obras colectivas a finales de los años sesenta junto a Bruno Trentin y otros: “Ensayos sobre la condición obrera” (Barcelona, sp): Ediciones Nova Terra, 1968.


Foa ha escrito este libro a sus noventa y ocho años. Es rotundamente cierto que lo ha escrito porque toda su sintaxis sobria (completamente `románica´) es inequívoca marca de la casa. En ocasiones, se diría que hasta lacónica: algo fuertemente anómalo en un italiano. Pero, curiosamente, todo el caudal de apotegmas que expresa el maestro no saben a dirigismo o dogma. Es como si se hubiera dicho que, a su edad –y después de haberse pasado toda la vida matizando—no puede, ni tiene porqué ir con remilgos.


La románica prosa de Foa tiene, además, esa gran serenidad que dan (eso dicen) las personas de edad. Fuerte en los conceptos, aunque ninguna palabra más alta que otra. Sólo en dos ocasiones se permite propinar dos sonoros bofetones casi inmisericordes. Uno es cuando habla de la decepción que le produjeron algunos que, tras la formación del gobierno Prodi hace un par de años, repartían codazos a la búsqueda del `cargo´. Y apostilla: `del dinero´. La segunda tampoco tiene desperdicio: frente a esa ultraderecha berlusconiana tenía que haber algo más firme que el centroizquierda.


Por lo demás, vale la pena recomendar lo que explica acerca de la memoria histórica. Posiblemente a algunos kumbayás se les pondrán los ojos como platos. Oído: al maestro Foa le interesaron poco los aplausos.


lunes, 19 de mayo de 2008

LA CARA Y LA CRUZ DEL REPRESENTANTE DE LOS TRABAJADORES

Lo cierto es que tengo algunas dificultades por reconocer qué comparto, más allá de algunas cosas elementales, del interesante artículo recientemente aparecido en La Vanguardia: Cara y cruz de la carrera sindical. Tampoco sabría decir qué contrastes tengo con las declaraciones de los sindicalistas que aparecen en ese trabajo: con todos ellos coincido parcialmente en lo que manifiestan, aunque francamente me da la impresión, posiblemente presuntuosa, que se dejan algunas cosillas (tal vez relevantes) en la punta de la lengua. Eso sí, todos ellos clarifican lo que el articulista denomina metafóricamente la “cara y cruz de la carrera sindical”. Aunque tal vez eso tenga un cierto aroma a lo que antiguamente se llamaba el cursus honorem.

¿Por dónde me gustaría arrancar la reflexión? Por algo que todos los sindicalistas conocen de primera mano y, para ser aproximadamente franco, mucho mejor que un servidor. Pero, tal vez, ver los toros desde el tendido de sol, tenga algunas ventajas sobrevenidas. Me explico: hay algo que la sociedad no tiene en cuenta, porque nadie se lo ha enseñado. A saber, los saberes empíricos de los representantes de los trabajadores en los centros de trabajo. O, tampoco debe olvidarse, los saberes científicos de una buena parte de los representantes de los trabajadores, habida cuenta de la cambiante composición en la estructura categorial del conjunto asalariado. A boca jarro diré lo siguiente: la sociedad entera tiene una enorme deuda con los representantes de los trabajadores. La explicación argumentada de esta idea es lo que, a mi entender, define con más precisión la personalidad del representante de los trabajadores.

Esta persona no es un monje urbano. Suele ser, por lo general, una persona vitalista, extrovertida. Eso sí, altruista. Ahora bien, ¿por qué la sociedad le debe tanto al representante de los trabajadores? Porque es una persona que promueve, con sus propuestas-demandas, significativos cambios en los centros de trabajo. Incluso cuando no se aceptan sus planteamientos, su demanda da que pensar al manager, al empresario? Así pues, no pocos de los avances se deben al proyecto itinerante de estas personas. Por extensión, la marcha de la economía está parcialmente condicionada por la suma de los planteamientos de los representantes.

El mundo académico también está en deuda con los representantes. Pues no pocas de las formulaciones teóricas (o de otro tipo) que formulan, por ejemplo, los sociólogos tienen su fuente nutriente, su alma mater, en lo que indicia, indica o fija el representante de los trabajadores. Que nunca merece una atención en las citas de la producción académica. Esta se olvida de la máxima bíblica (citaos los unos a los otros) reservando su aparato crítico –es decir, su pie de página— a las amistades de la cofradía universitaria. El alma mater se queda en la cuneta; los entorchados de brigadier lucen su desparpajo al margen de este gentío social.

El conjunto de los representantes sociales conforman la más amplia democracia. Centenares de miles de personas (de representantes, con su `cara y cruz´) constituyen una democracia capilar y próxima: una democracia vecina. Aunque, lastimosamente, están en las penumbras de la historia institucional, son claros exponentes de la historia real.

Recuerdo plácidamente a algunos de estos representantes de mis buenos tiempos: la expresión aproximada del conjunto de esa democracia capilar, próxima, vecina. Habrá quien tenga en la memoria a los hermanos Ruiz, representantes de los trabajadores de la empresa RAM. [Me disculpo, no puedo citar a todo el elenco] Los hermanos Ruiz eran la expresión de la representación y la representatividad sociales. Se sabían al dedillo el funcionamiento del centro de trabajo. Y al mismo tiempo establecieron una relación densa con los técnicos, quienes jugaron un papel destacado en el ejercicio de las tareas de representación social. Los hermanos Ruiz –y tantos otros en los diversos centros de trabajo-- tenían en la cabeza la problemática de las diversas subjetividades en la RAM. Es decir, estaban al tanto de las difusas `identidades´ categoriales en la fábrica. Y de una manera natural practicaban lo que Pepe Cano (otro representante de los trabajadores en la legendaria Matacás, más tarde Pegaso, que después fue dirigente de los metalúrgicos de Comisiones Obreras) llamó de manera austera un “sindicalismo sencillo”.

En resumidas cuentas, es cierto que existe una `cara¨y una `cruz´ en los representantes de los trabajadores. La cara es la inteligente participación activa en la defensa de los intereses del conjunto asalariado, la humanización del centro de trabajo, las innovaciones tecnológicas, la eficiencia de la empresa. La cruz es el no reconocimiento por parte de la sociedad, empezando por la política, hacia tan nutrido plantel de hombres y mujeres.

jueves, 15 de mayo de 2008

EL ESCANDALO DE LOS MEGA SALARIOS

Es posible que las autoridades europeas tengan una sobrevenida sinceridad cuando han puesto el grito en el cielo ante los escandalosos emolumentos de los mánagers de postín, los de medio pelo y otras islas adyacentes. Aunque el “problema” no es de ahora.


Con todo, es posible que algunos dirigentes políticos hayan solicitado una opinión sobre el caso a san Carlos Borromeo, y este caballero haya refunfuñado. Y puestos a pensar, también cabe dentro de lo posible que algunas autoridades hayan leído al novelista murciano Miguel Espinosa, que utilizaba como elemento descriptivo de los gastos e ingresos de la clase gozante, la cantidad de salarios de obrero que constaban sus condiciones de vida. [Tan imaginativo índice ha llevado a Antonio Baylos a esta consideración: la (moderada) unidad zaplana equivaldría al salario de 120 trabajadores, y no digamos la (abundosa) unidad pizarro]


Sea como fuere, es de agradecer que haya quien se ha rasgado la camiseta –y, por lo tanto, un poco de sus vestiduras. Lo han hecho con poca contundencia porque –esta es una suposición malvada— tal vez estén pensando (algunos de ellos) que un día les tocará el momio y no es cosa de exagerar la denuncia. En todo caso, hasta la presente ninguna empingorotada autoridad ha entrado en el meollo del asunto. Esto es, en las causas más visibles que provocan las situaciones que comentan las autoridades europeas.


Incluso desde dentro del sistema, abriéndole una parte de sus entretelas, podemos aproximarnos a ver dónde está la madre del cordero. Por ejemplo, en lo que Claude Bébéar llama las formas deformadas del capitalismo. Ojo, Bébéar no es un peligroso activista repartidor de octavillas antisistema: se trata del Presidente del consejo de Administración del grupo financiero AXA. Sí, exacto, estamos hablando de quien era llamado coloquialmente “el padrino del capitalismo francés”. De quien, en su famoso libro-entrevista con Phillipe Manière, “Acabaran con el capitalismo” (Paidós, Barcelona), arremete enfáticamente contra el turbocapitalismo de Enron, Palmalat y otros escándalos similares.


Por no referirnos a un viejo iconoclasta, el maestro John K. Galbraith, cuando hablaba de un sistema que permite a las grandes corporations burlar todo tipo de normas y reglas: la especulación como forma habitual y el uso de lo que denominó el fraude legal que está siendo aceptado de manera acrítica, como cosa natural. Así habla el maestro en su desparpajado libro “La economía del fraude” (Crítica, Barcelona, 2004) Vale la pena recordar que Galbraith tampoco era un exaltado.


De seguir a Bébéar (más bien, de aprovecharnos de lo que dice), la cuestión está en las formas deformadas que este caballero parcialmente relata. Por ejemplo, el poder omnímodo de los altos ejecutivos controlando (desde posiciones accionariamente minoritarias o no teniendo ninguna acción) todo el chambao de las empresas que dirigen; la búsqueda de altísimos beneficios, casi en tiempo real, como promesa y premisa para que la formal junta de accionistas les concedan los emolumentos más astronómicos, amén de las bufandas (en clave de stock options o como quiera que sean) y las espectaculares martingalas que genera todo lo anterior.


¿Y la política, me dice usted? Por el amor de Dios, cuando la política queda cooptada por la economía se abre una especie de barra libre de proporciones caballunas. Que más tarde eso provoque desaguisados, es cosa sabida desde tiempos inmemoriales. El recurso de las autoridades siempre será el reclamo a la moderación salarial de todos, hecha la excepción de los de arriba. Y, si el escándalo es de armas tomar, siempre está la recurrente nota de prensa. Una nota de prensa que debe ser, según enseñaba un veterano periodista, “breve y confusa”.



lunes, 5 de mayo de 2008

¿LOS PARAISOS FISCALES, DICE USTED?

Paraísos Fiscales. Caso Liechtenstein No creo que sea excesivamente radical plantear lo siguiente: ¿qué sentido tienen los paraísos fiscales? No es mi intención formular una pregunta retórica ya que parto del supuesto de que tales chambaos son de gran utilidad para más de uno, más de dos y más de tres, contados naturalmente por miles de personas y entidades diversas. Ahora bien, al margen de esta flora y fauna, parece evidente –desde una concepción reformadora--que los paraísos fiscales, que forman parte de los engranajes del capitalismo más convencional (por lo tanto, no son una anomalía, como algunos creen o, más bien, hacen creer), son exactamente unas potentes cuevas de Alí Babá.

Allí residen las fortunas de los narcotraficantes y del terrorismo internacional; allí mora el parné de especuladores y evasores del fisco; allí están, viendo pasar el tiempo, la gigantesca ganancia de los que hacen dinero para sí mismos, birlando a los Estados nacionales una parte de lo que exactamente les corresponde. Allí duerme la acumulación capitalista más grande que ha existido desde los tiempos del paraíso de Adán y Eva: una trágica antípoda de la miseria y pauperización de millones de personas en el mundo entero. Pero, no hablemos de moral: un concepto que, desde la noche de los tiempos, no estuvo valorado convenientemente. Hablemos, pues, de intereses.

¿Tiene interés para los Estados nacionales seguir en aproximada conllevancia con los paraísos fiscales? ¿Les conviene a los Estados nacionales que sigan campando a sus anchas esos edenes del parné oscuro? Porque si mantienen la conllevancia o parcialmente les interesan es que, como conclusión provisional, sacan algo a cambio? Y, en caso contrario, la pregunta deja de ser retórica.

Bueno, una primera respuesta podría ser: es la debilidad de los Estados frente al gran conglomerado del parné. Por supuesto, Leviatán inclina su celosa testuz frente a los grandes capitales, tanto si se camuflan de clandestinos como si van a cuerpo juncal. Pero, entonces, ¿las instituciones supranacionales –San Fondo Monetario Internacional, entre otras— a qué juegan? Buena pregunta, aunque habrá que añadir a continuación: ¡Sancta simplicitas!

En todo caso, que una persona –ya en puertas de chochear, como es mi caso— se haga estas preguntas candorosas, parece normal porque la edad no perdona. Pero este no es el caso de don Luis Pedroche, el director de la Agencia Tributaria. Don Luis, en un arranque de celo, ha declarado que: “existe un problema de intercambio de información con los paraísos fiscales”. Donde el alto funcionario de Hacienda parece que confunde el rábano con las hojas. O, tal vez, que empieza a chochear. Pues bien, pase que un servidor chochee. Pero el funcionario Pedroche podría aparentar estar un poco más al tanto.

domingo, 4 de mayo de 2008

PROCEDIMIENTOS SINDICALES PARTICIPATIVOS


EL CONVENIO DEL TEXTIL: UNA NUEVA BUENA LECCION PARA EL SINDICALISMO Y LA CLASE TRABAJADORA.


Echábamos de menos la pluma de mi sobrino Juan Manuel Tapia. De ahí que nos hayamos colado en su escritorio y, birlando algunos de sus escritos, hemos encontrado esta buena gacetilla.


Juan Manuel Tapia


El pasado 29 de abril se alcanzó un principio de acuerdo en el convenio estatal del textil. Un convenio importante para el conjunto del sindicalismo y especialmente significativo para el sindicalismo catalán donde radica una parte importante de la industria del textil, y una tradición histórica en la lucha sindical del ramo.


Un convenio colectivo que vuelve una vez más a entrañar una serie de sabias lecciones del buen hacer de las federaciones sindicales de CC.OO. y UGT responsables en este ámbito para todo el sindicalismo confederal, tanto en los contenidos del preacuerdo, como en la contextualización de la negociación y también en el método y proceso de negociación y toma de decisiones.


La primera, aunque parezca una nimiedad, el acuerdo final, caso de ser ratificado, se firmará a finales de mayo. Nos esperan centenares de asambleas sindicales, de asambleas de trabajadores y trabajadoras, para decidir sobre el contenido de los preacuerdos, es decir, la movilización de miles de personas para decidir sobre sus propias condiciones de trabajo.


Un final ejemplar para lo que ha sido un proceso de negociación exquisitamente participativo: en la elaboración de la plataforma reivindicativa, el análisis de las necesidades del sector y de los trabajadores y trabajadoras, en la información durante la negociación del convenio. Finalmente, con las asambleas que ante el bloqueo de las negociaciones, han demostrado el respaldo de la gente del textil a la plataforma sindical, y han forzado, en última instancia, con la importante movilización que suponen, a la patronal a aceptar un determinado planteamiento para el futuro de la industria textil. Una demostración de la vigencia del ejercicio del conflicto social para transformar las cosas.


En segundo lugar, la clara conexión entre la vigencia del convenio y sus contenidos, con la realidad socio-económica del sector de actividad. Un sector textil abierto a la competencia del mercado global, con dificultades y oportunidades, que tras dos convenios inteligentemente preventivos de un año, avanza una negociación de tres años, controlable por los agentes sociales y que responde a las nuevas posibilidades del sector en transformación.


En tercer lugar, en cuanto a los contenidos, el principio de acuerdo, supone un radical desmentido a las posiciones generales de la patronal, que intentan permanentemente intoxicar la negociación de los convenios, alejadas de la realidad de la necesidad objetiva de las empresas. Veamos tres cuestiones básicas, entre otras:


a) el preacuerdo garantiza, durante los tres años de vigencia del convenio colectivo, una ganancia neta de poder adquisitivo de los salarios del 0,5%, frente a la inflación, con una cláusula de revisión salarial, completa y retroactiva. Elevada la cuestión salarial al debate general, la patronal textil acepta que los salarios y su mejora necesaria, no son la causa de la inflación, sino su víctima. Y en una importante lección, que los bajos salarios no son la vía de la competitividad y la supervivencia, sino al contrario, unos salarios dignos, que rentabilicen la formación profesional, son la base de una competitividad en base a la calidad de los productos y el valor añadido.


El convenio del textil, vuelve a poner énfasis en la veterana afirmación de Marcelino Camacho: la negociación colectiva es un factor esencial en el reparto de la riqueza y la renta nacional, y factor determinante en la orientación competitiva de las empresas.


b) el preacuerdo presta una especial atención a lo relativo a la igualdad efectiva y real entre hombres y mujeres. La potencialidad de la ley de igualdad, si se enfoca en la realización de planes y medidas de igualdad en las empresas, que transformen las desigualdades en la organización del trabajo, se concreta en el preacuerdo en una extensión de la ley de igualdad, que alcanza a las pymes de entre 100 y 250 trabajadores, cuando las mujeres empleadas son menos del 50%.


La igualdad entre hombres y mujeres, no es solo una cuestión de justicia social, equidad y democracia, es también, una necesidad social en términos de eficiencia económica, y del más completo desarrollo de las potencialidades de la creatividad humana en el trabajo.


c) el preacuerdo significa una inflexión en el discurso patronal en relación al absentismo. La patronal textil acepta, finalmente, que las situaciones de incapacidad temporal deben ser protegidas con el 100% del salario, y lo hace frente a un discurso general de la patronal, especialmente la catalana, que intenta penalizar la ausencia del trabajo, incluso en situaciones de maternidad o en los permisos de paternidad, y los propios permisos retribuidos pactados en los convenios colectivos.


En esta ofensiva de la patronal general, respecto el absentismo, se oculta un objetivo de fondo, crear una cortina de humo sobre sus graves responsabilidades al pretender mantener organizaciones del trabajo enfermas, discriminatorias, e inhumanas, que generan, necesariamente, problemas de salud, y riesgos psicosociales entre los trabajadores.


En definitiva, el convenio del textil ha supuesto, una “elegante bofetada” a los muchos prejuicios mediáticos difundidos por la patronal, y luego negados, por los empresarios concretos, inteligentes, preocupados realmente por la viabilidad de las empresas, que comprenden que es necesaria la dignificación del trabajo y las personas que lo encarnan para mantener un proyecto empresarial con futuro.


El convenio del textil, también habla al conjunto del sindicalismo de la necesidad de ser sujeto participativo y democrático, como condición necesaria para ejercer el conflicto social y cambiar los pareceres de las contrapartes. También nos habla, de la enorme potencialidad de la negociación colectiva, tantas veces desaprovechada, para producir cambios económicos y sociales, cambiar las cosas, corregir injusticias y ganar derechos para las personas.