jueves, 24 de abril de 2008

EL CAMBIO DE PATRON PRODUCTIVO


LA FACUNDIA DEL MINISTRO MIGUEL SEBASTIAN


De los periódicos: El ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián, presidió ayer la toma de posesión de los altos cargos de su departamento, con el que, según afirmó, "se abre una nueva etapa con el reto de completar el cambio de patrón productivo iniciado hace cuatro años”.


Sorprendentes estas declaraciones de Miguel Sebastián. Lo son por sus disparatados conceptos y por el anacoluto que expresa su conclusión. En todo caso, algo me dejaré en el tintero (perdón por el alogicismo, quiero decir en el ordenador) dado que soy un analista chusquero.


Primero veamos el uso de “cambio de patrón productivo”. ¿A qué se está refiriendo el Ministro de Industria? No lo dice. Es más, desaprovecha una buena oportunidad para explicar coram Deo, clero et populo que se ha dado un cambio en el patrón productivo. Por lo demás, resulta un tanto sorprendente que tan espectacular cambio no fuera informado a su debido tiempo, esto es, hace cuatro años. Me pregunto que cómo es posible que un cambio (cualitativo, decíamos cuando Miguel Sebastían estudiaba quinto de bachillerato) de esas características no hubiera sido anunciado a bombo y platillo por el presidente Rodríguez Zapatero. Una cesura de esas características `epocales´ no hubiera pasado desapercibida a los siempre quisquillosos --como melífluamente se dice ahora-- agentes sociales. Porque...


... Porque ¿acaso el cambio de patrón productivo se debe a una reorientación del modelo industrial español en dirección a unos patrones inscritos en el paradigma medioambiental? ¿o, tal vez, a un salto algo más que `cuantitativo´ en la innovación tecnológica? Es inútil seguir lanzando preguntas retóricas porque don Miguel Sebastián describió la cosa con seca austeridad expositiva.


Veamos ahora el anacoluto de don Miguel. Pero antes, aclaremos con un ejemplo a qué podemos llamar, con aproximada propiedad, un anacoluto. Se trata de la siguiente frase que, de niño, me maravillaba: “Era de noche y, sin embargo, llovía...”. Mi carácter entrometido, mucho menos en aquellos entonces, me hacía interpelar a los mayores: “¿A qué viene ese sin embargo? [“Cállate, enterao”, era la atinada respuesta].


Pues bien, el anacoluto sebastianista es el siguiente, que para mayor precisión se recomienda volver al orador: en el caso hipotético que el cambio de patrón productivo hubiera empezado hace cuatro años (aunque nadie se hubiera enterado, ni menos todavía hubiéramos sido informados) no es ahora cuando “se abre el cambio de patrón productivo”. Porque el cambio no es cuando se completa sino cuando arranca el tan repetido (e ignorado) cambio.


Comoquiera que las tomas de posesión de altos cargos se hacen antes de comer, no es plausible pensar que don Miguel estuviera achispado; es más, nos consta su sobriedad en la cosa del bebercio. Es facundia, simplemente facundia, una verborragia estridente. La pregunta –o una de las preguntas—podría ser: ¿cómo es posible que los chusqueros seamos más templados que algunos académicos? Lo que me lleva a contar una anécdota de mis tiempos infantiles. Un jovenzuelo santaferino, tras jurar bandera en Madrid, volvió al pueblo, de permiso, hablando fino (esto es, sin cecear: algo de mal gusto en la Vega). Yo le espeté iracundo: “Toa tu vida comiendo pepinos torcíos y con tres meses de ausencia vienes hablando fino”. [Que, como anacoluto, tiene sus rasgos surrealistas].


Pues bien, el ministro Sebastián se ha pasado la vida comiendo pepinos derechos y, a las primeras de cambio, deja de hablar fino. Lo que viene a recordar una de las máximas que, en la Edad Media, eran moneda corriente: Rex illiteratus quasi asinus coronatus. Cuya aproximada traducción es: un Ministro analfabeto es un borrico en su ejercicio. Más o menos.

martes, 22 de abril de 2008

EL DIA DE SANT JORDI, LOS LIBROS Y EL MERCADO: Contraste entre un sindicalista y un poeta

Casi al final de mi mandato como dirigente sindical fui invitado a participar en un congreso sobre la calidad que organizaba una asociación empresarial en Lleida. Una de las sesiones del evento era una mesa redonda. En ella intervenía un servidor junto con algunos mánagers de empresas vinícolas de la comarca, moderando la sesión Vicenç Villatoro, reputado periodista barcelonés y, para mi gusto, mejor poeta todavía. Siguiendo el uso de estos encuentros, la tarea del moderador era animar el cotarro. Cosa que Villatoro cumplió de manera brillante.


Comoquiera que siempre llevé mi cuaderno de notas (cosa que conservo, naturalmente) repaso lo dicho en aquel encuentro. Y, para mejor ilustración (con menor aburrimiento del lector), doy cumplida referencia del contraste que tuve con el periodista-poeta.


Villatoro. El mercado es quien crea la calidad de los productos...


Un servidor. Estimado Vicenç, ¿no estás exagerando un poco?


Villatoro. De ninguna de las maneras, José Luis. Lo que ocurre es que vosotros todavía no habéis superado algunas cosas... Es el mercado, repito, el mercado la fuente de la calidad de los productos.


Un servidor. Así pues, estimado poeta, en ese caso el mercado decide que hay más calidad en el producto Corín Tellado que en el producto Petrarca. ¿Estoy equivocado ahora?


Villatoro. Pues, pues...


Un servidor. O que los vinos pirriaques tienen más calidad que los grandes caldos que se hacen en estas comarcas, porque según lo que has dicho como los pirriaques se venden más, los vinos de Lleida tienen menos calidad.


En ese momento, la sala –repleta de cosecheros— se puso en pié y aplaudió, tal vez corporativamente, a un servidor. No exagero, las palmas echaban humo.


Madre mía, lo que hay que hacer para matizar a Don Mercado. [Bibiana Bigorra fue testigo excepcional de este singular debate]


Cuando acabó el congresillo se me acercaron unos empresarios y me pidieron las señas: dos días más tarde recibí unas cajitas de botellas de los vinos, cuya calidad yo había puesto de manifiesto. Por lo que pude saber más tarde, al poeta no le regalaron nada. Conclusión: Roma no paga a los exagerados.

Nota final. No tengo nada que objetar personalmente a doña Corín Tellado.

lunes, 21 de abril de 2008

LIBERALES DE NOCHE, KEYNESIANOS DE DIA

El Banco de Inglaterra socorre con 62.000 millones al sector financiero Naturalmente se veía venir esta medida. En la city se está más al tanto de los intereses del sector financiero que de las preocupaciones del pueblo que vive con el cinturón apretado o del que, por no tener, no cuenta con cinturón alguno. Y es precisamente en estos tiempos de crisis cuando los liberales se disfrazan de keyneisanos para tener las espaldas a buen cubierto. Los liberales... Los liberales son gente ingeniosa que parecen decirnos: “Yo estoy de acuerdo con mi keyneisanismo y en contra del vuestro”. Gentes corporativas que recuerdan aquellas expresiones de igual naturaleza: “yo estoy de acuerdo con mi conflicto y en contra del tuyo”. Son, en definitiva, como la rosa de Alejandría: colorada de noche, blanca de día. Como Nicodemo, que visitaba al Señor de noche para no enemistarse de sus amigos, los fariseos. Ah, los liberales... Que cuando viene la crisis se aprestan a exclamar aquello de qué hay de lo mío. Que además de lo que tienen exigen lo que, según ellos, les corresponde.

domingo, 20 de abril de 2008

¿LA ANTIPOLITICA, DICE USTED?


De un tiempo a esta parte se oye hablar con frecuencia de `antipolítica´. Este término se utiliza, sobre chispa más o menos, para calificar –todavía con poca precisión— aquellas actitudes populistas o neopopulistas que, de manera indistinta, y desde sectores diversos, apuntan contra y hacia las formas convencionales de la política. Son, además, un comodín recurrente para nombrar una serie de fenómenos (Berlusconi y Putin, serían los más reconocibles) sobre los que, desde la política convencional, hay dificultades para entenderla a fondo y, sobre todo, para darle una adecuada respuesta.


En el caso italiano la respuesta a la antipolítica, por parte de las derechas tradicionales, no ha sido otra que dejarse cooptar por aquella. Y, como quien no quiere la cosa –primero de puntillas, después de manera abiertamente acelerada—un sector (no todo, ciertamente) de la vieja Democracia Cristiana se fue pasando con armas y bagajes hacia la antipolítica berlusconiana. No le fue muy difícil dicho tránsito pues en el viejo autobús había pasajeros del más variado pelaje. En paralelo, el sector mayoritario de la izquierda italiana organizó, a su vez, un viaje hacia otros horizontes que se iban desenganchando, no menos aceleradamente, de sus viejas tradiciones. Aclaro para evitar perplejidades que estos últimos –sea cual fuere la valoración que se haga de ellos—no hicieron una excursión hacia la antipolítica.


La pregunta que me hago, desde hace ya algún tiempo, es la siguiente: ¿cuando se habla de `antipolítica´ nos estamos refiriendo a una degradación de la política tradicional o es, esencialmente, el resultado de las transformaciones que se están operando en el seno de la sociedad y de la lectura que hacen de tales cambios las fuerzas políticas a las que se les define como `antipolíticas´? Atención, no niego que sea una degradación y, dicho más contundentemente, tampoco niego que sea indeseable. Pero la madre del cordero está, en mi opinión, en ver si esa manifestación es consecuencia de toda una serie de gigantescas mutaciones que, como movimientos telúricos, se están produciendo desde hace ya algunas décadas. Si fuera así, la antipolítica es la ya la expresión natural (no me hagáis repetir otra vez que lo considero indeseable) de la política, tal como la entienden algunos sectores.


Considero que alguna responsabilidad tienen las fuerzas de izquierda, en sus distintas tipologías –reformistas, antagonistas y demás flora y fauna-- en la transubstaciación de la antipolítica en política (indeseable). ¿En qué dirección? Sin agotar el elenco de distracciones, yo diría que la cosa podría ir por aquí:


a) Una insuficiente adecuación para interpretar las mutaciones que ellas mismas, las izquierdas diversas, contribuyeron a traer con su muy relevante nivel de conquistas sociales.


b) Una visible desubicación, por lo tanto, del panorama social que ellas mismas, las izquierdas, contribuyeron de manera fatigosa a ir creando.


c) Lo que llevó como consecuencia a una forma de representar a la ciudadanía con las mismas categorías organizativas en clave de foto fija, de la foto fija de los tiempos de las nieves de antaño.


Pongamos algunos ejemplos en correlato con los tres apartados anteriores. 1) La extensión de las grandes conquistas de civilización del Estado de bienestar se viene haciendo sobre la base de capas superpuestas, no viendo que cada nueva conquista requiere la compatibilización y los vínculos con el esquema anterior a tales conquistas. 2) La considerable distracción que ha supuesto el astigmatismo de las izquierdas ante el tránsito del fordismo hacia el --¿por qué no denominarlo así?-- nuevo modo de producción, es decir, la sociedad informacional, el capitalismo molecular, el posfordismo o comoquiera que sea dado en llamar. 3) El carácter taylofordista de los partidos (estamos hablando de las izquierdas diversas) cuya forma y maneras de ser mantienen en lo esencial el carácter y la arquitectura de antañazo. Así pues, ¿cómo no iba a repercutir tanto desajuste de la política en la condición concreta de la ciudadanía? ¿Cómo no se iba a producir una cesura radical que impidiera el tránsito de la política hacia la antipolítica?


Un inciso: en esas circunstancias, el indeseable Berlusconi se movió como pez en el agua. Por cierto, tal vez hiera la sensibilidad de algunos. Pero es el caso que Berlusconi perdió las penúltimas elecciones por los pelos. Y que sólo la ley electoral italiana, que premia al vencedor con un plus de representación en las Cámaras, consiguió disfrazar la victoria de Romano Prodi. De hecho, cuando sonó el gong, tras aquellas elecciones, la victoria del centro izquierda, numéricamente hablando, fue (con perdón) por puntos. Se cierra el inciso.


En definitiva, tal vez ya no nos baste la calificación de `antipolítica´; y posiblemente sea necesario que, una vez tomada carta de naturaleza tan antipática expresión, se reflexione a fondo sobre cómo estar al tanto de los grandes cambios, de qué manera la izquierda es capaz de interpretar intereses (anhelos) y cómo la morfología de los partidos de izquierda responde aproximadamente a todo ello. También en nuestro país. El reclamo de “que vienen ellos” puede agotarse.



En Parapanda, Abril de 2008


miércoles, 16 de abril de 2008

LA SALUD: ¿MEDICINA O SOLO NEGOCIO? La respuesta es...


Aunque no abundó excesivamente la información, hace unos cuatro años supimos que la casa farmacéutica norteamericana Merxk & Co estaba dando, por decirlo benévolamente, gato por liebre: Vioxx, el anti-inflamatorio, fue juzgado como un producto peligroso (por cierto, antes de que fuera retirado del comercio) en tanto que responsable de decenas de millares de infartos y de ictus. ¿Se acuerdan ustedes o no? Para eso estamos aquí: para que la memoria no desfallezca del todo.


Pues bien, en aquel año de 2004, el fármaco fue retirado de las boticas, aunque –utilizando un lenguaje de máscaras y disfraces sintácticos— se dijo que sólo podría tener efectos indeseados si se consumía durante 18 meses. Sólo en esas condiciones, afirmaron los dicharacheros lingüistas, podía haber riesgo de ictus y problemas cardiovasculares importantes.


Pues bien, una voz amiga (concretamente, Javier Sánchez del Campo, voraz lector de revistas especializadas) me pone al tanto de que New Scientist relata que importantes científicos afirman que la Merck escondió los resultados de los estudios que efectuaron a los pacientes que habían sido tratados por el medicamentucho (esto lo digo yo) de marras, el Vioxx, desde 2001. O sea, que por lo menos la pócima estuvo tres años en la noche: en la noche de ronda como la luna que se quiebra entre las tinieblas de mi soledad. Escándalo...


Es un escándalo porque la Vioxx ha estado cinco años en el mercado dándole a la empresa, Merck (retenga este nombre y, si no puede, tome rabillos de pasas) más dinero que el explotado en las minas de Potosí. Como se ha dicho, la empresa retira el medicamentucho. Y es, entonces, cuando los afectados organizan una serie de juicios en cadena. Total, la empresa tiene que indemnizarles con un global de 50.000 millones de dólares: cincuenta mil millones de dólares.


Pero llega un momento en que el profesor Richard Kronmal, profesor de Estadística de la Universidad de Washington (Seatle) cae en la cuenta de que el análisis de los documentos que se han presentado a lo largo del proceso evidencia que los científicos de la empresa estaban al corriente de la peligrosidad de la pócima mucho antes de su retirada en 2004. [Mi primera observación: saber matemáticas es harto conveniente; con quedarse sólo en la regla de tres simple no se llega muy lejos. Segunda observación: los científicos de empresa, al parecer, se saben de memoria la famosa poesía de Quevedo, aquella de “poderoso caballero es don Dinero”]


Junto a Kronmal estaba otro profesor, Bruce Psaty. Ambos estudiaron atentamente un documento interno de la empresa, elaborado en 2001. Era un documento en el que se explicaban dos muestreos de 1000 pacientes: uno, con relación al Vioxx; otro, con placebos. El resultado fue: entre los tratados con Vioxx hubo 34 muertos y 12 entre los que tomaron el placebo. Naturalmente, la empresa no dijo ni pío, se calló. ¿Para qué darle cuatro cuartos al pregonero si, con esos cuatro cuartos podían tapar la boca a los científicos de la empresa? Cuando las autoridades pidieron explicaciones, una vez descubierto el pastel, los dirigentes de la empresa –siguiendo el cantinfleo minimalista al uso— contestaron con esta maravilla sintáctica que hubiera dejado pasmado al mismísimo don Luis Wittgenstein: “las muertes son consecuencia de fluctuaciones causales; de todas maneras esas muertes tienen una entidad numérica irrelevante” (sic, aunque en lengua inglesa).


La empresa –erre que erre en su cabezonería de las Montañas Rocosas— hizo algo más: distribuye un comunicado de prensa donde afirma que “no se ha demostrado evidencia alguna que relacione las muertes con el uso del Vioxx; algunos muertes se deben a accidentes de coche, envenenamiento, infecciones y otras causas no relacionadas con el medicamento”. Naturalmente a este escriba sentado, el redactor del comunicado, debió de cobrar una prima extra. Pero eso no lo sabemos (todavía).


Pero, comoquiera que sigue habiendo científicos serios (que no responden al Becerro de Oro), el profesor David Egilman –de la University de Attleboro, Massachusetts— demuestra que se ha ocultado, por parte de la empresa, un estudio posterior, llamado “Protocolo 906”. Este estudio comparaba el Vioxx con otro fármaco, el Celebrex (Pfizer) utilizados los dos por 450 pacientes que sufrían de artritis. Pues bien, los “daños colaterales” (otra figura retórica postmoderna) daba este resultado: porcentualmente los colateralizados por Vioxx eran el doble que el otro.


Así las cosas, tal vez valga la pena hacer un ejercicio mentalmente acrobático: ¿de qué no nos enteramos? Por lo demás, si alguien quiere información de los vínculos entre la sanidad y los negocios haría bien en leer (no en diagonal como hacen los pijohorteras) el libro del doctor Carles Forn, de mataronesa patria: “La salut, ¿medicina o negoci?”. El afamado traumatólogo me ha pedido que le presente el libro. Cosa que haré con mucho gusto.



E-mail que recibo con relación al asunto de que se trata.


Querido Gordo: creo que en tu artículo de hoy olvidas una cosa que, paradójicamente, ha sido muy poco destacada por los medios de comunicación. Hace unos cinco años Joan Ramon Laporte -hijo del ex conseller de Sanitat, director de la Fundació Institut Català de Farmacologia y comilitón mio en la Federación Universitaria de PSUC- ya denunció el fraude médico del VIOXX. Merk se querelló contra él y se la tuvo que envainar -la farmacéutca, no el doctor- porque el Juzgado aseguró que la investigación era seria y científica. Lo cojonudo es que ahora prácticamente nadie cita ese episodio. Y lo más cojonudo es que prácticamente nadie reflexiona sobre el auténtico poder de las grandes corporaciones farmacéuticas en el mundo -junto con las químicas, alimentarias, etc.-, cómo marcan las políticas nacionales e interncionales y cómo controlan los medios, salvo, por supuesto, tu blog y otros pocos. Saludos, Helecho


Muy agradecido quedo al doctor Helecho por haberme refrescado la memoria.


Recibo ahora un e-mail de don Lluis Casas.


Ojo al parche, a propósito de la noticia comentada, les recuerdo a los lectores-participantes que existen varias novelas de John Grisham sobre el poder de las corporaciones, farmaciaúticas o no, de sus manipulaciones jurídicas y técnicas y de su capacidad financiera de resistencia a lo obvio y a lo juzgado. También corre por ahí una excelente película de Coppola, de obligatoria visión en las escuelas, sobre las aseguradoras sanitarias privadas. Los técnicos al servicio del capital salen bien apaleados y la comparación con el sistema de salud público es brutal.

Ese asunto del poder del capital está muy trillado y lamentablemente olvidado, existen diversos manuales para entenderlo, los de Marx por ejemplo o Anselmo Lorenzo como más cercano. Incluso en el campo reformista la misma Clinton se dio de bruces con ello. Me sorprende, valga la redundancia, esa sorpresa que expresa el Gordo (por cierto ¿quien es?, en Parapanda todos lucen una figura de torero) y su comentarista. Son gente muy leída y muy hecha a estos asuntos.

Les recuerdo que en campo de la farmacia existen reguladores que deben preservar los intereses colectivos, así como el banco de España y la Reserva Federal lo hacen en el campo bancario. Con éxitos notables como esta reciente crisis hipotecaria.

En fin, en todo caso agradezco el detalle de su difusión y me congratulo de conocer también a Laporte, hay sagas familiares que son coj…) y merecen colectivamente la medalla de Sant Jordi, merecimiento cierto y verdadero.

Lluis Casas, tomando aspirinas por si acaso.


Nuevo e-mail del doctor Helecho.


Me permito ampliar el número de lecturas recomendadas sobre la materia. De una parte, "El jardinero fiel" de John Le Carré, y de otra -imperdible- "El cerebro de Kennedy" del maestro Mankell.

Sin duda es un tema manido. Pero ocurre que sólo se trata en el ámbito literario. Ninguna noticia sale en los papeles sobre esos escándalos. Y, por cierto, nos hemos olvidado de las petroleras...


martes, 15 de abril de 2008

EL SINDICALISMO, LA CENTRAL NUCLEAR DE ASCÓ Y TODAS ESAS COSAS


Coincido con José María Fidalgo y Cándido Méndez en la necesidad de “reabrir el debate sobre la cuestión nuclear”. Este es el planteamiento que ambos dirigentes sindicales han hecho hace pocos días dirigiéndose, según parece, al presidente del gobierno. Me permito un matiz, tal vez (según se mire) insignificante: parecería pertinente empezar la reapertura del debate por la propia casa. De este modo, además, sabríamos apreciar el nivel de consenso sobre esta materia en el interior del sindicalismo confederal. Más adelante relacionaremos estas declaraciones con lo sucedido en la Central Nuclear de Ascó. Pero antes, séame permitida una previa.


Una previa: creo recordar que hace dos años UGT celebró en Barcelona unos debates sobre la cuestión energética. Tanto Cándido Méndez como Pepe Álvarez, secretario general de la UGT catalana, se pronunciaron abierta y contundentemente a favor de la energía nuclear. En este mismo blog y en la prensa barcelonesa escribí al respecto; con algunos matices propios de mis particulares pejiguerías, me ponía al lado de los compañeros ugetistas. Hasta donde la memoria me alcanza nadie más dijo –desde dentro o fuera del sindicalismo-- ni oxte ni moxte. O sea, todo el mundo dijo llamarse Andana. De manera que, ante un asunto de tanta importancia, las palabras de los líderes sindicales son necesarias pero no suficientes. El debate, pues, hay que reabrirlo, extendiéndolo por los cuatro puntos cardinales del sindicalismo confederal.


Y con esas llegamos a lo de Ascó. Hace tiempo hubo una fuga en la Central Nuclear de Ascó. La empresa empezó ocultándolo, más tarde intentó banalizarlo y, a continuación, dijo que era poquita cosa. Ahora, pasados unos años, se ha sabido oficialmente que lo ocurrido tuvo una `tonalidad´ cien veces mayor que la manifestada por ENDESA. El mismísimo Consejo de Seguridad Nuclear habló de `depurar responsabilidades´. Algo que queda pendiente hasta la fecha. De igual manera sigue escandalosamente pendiente un nivel de inversiones en recursos materiales y humanos en la central nuclear.


Observemos, además, la siguiente lógica, propia de don Mario Moreno “Cantinflas”: la seguridad en las centrales nucleares ha aumentado, pero cuando hay problemas se oculta o se disfraza lo ocurrido. Este cantinfleo es patrimonio de la empresa, de un lado, y se ve acompañado con palmas por bulerías por los poderes públicos, de otro lado. Y, dígase con compresible indulgencia, también por la ciudadanía de los pueblos donde están instaladas las centrales, cuyos intereses presentes y futuros dependen de éstas.


Vale, lo que quiero decir –y manifiestamente digo— es: reabrir el necesario debate sobre la cuestión nuclear debe ir acompañado por, en principio, el protocolo de una información veraz, y verificada en su veracidad por la authority correspondiente. Con un punto y seguido: el no menos necesario calendario de inversiones en seguridad; y la no menos imprescindible política de relaciones industriales y laborales en los terrenos de la profesionalidad, formación y seguridad en el empleo por parte de los trabajadores de mono azul y bata blanca (operarios y técnicos) que, hoy por hoy, siguen sufriendo las condiciones de la precariedad más desconsiderada.


Todavía no he acabado: reabrir la cuestión nuclear no puede conllevar el entierro de las energías alternativas. Muy al contrario: esa es también una tarea. Que no puede ser de acompañamiento sino de diversificación de las energías.


Finalmente y sin excluir por mi parte una pretenciosidad personal a la hora de pontificar, diré a la granadina manera: “Ojo con los chicoleos en estos asuntos. No vayamos a pollas, que el agua está muy fría”.


domingo, 13 de abril de 2008

GOBIERNO DE MODISTILLAS


Lilián de Celis fue una famosa cupletista por aquellos tiempos del renacimiento del cuplé, o sea, a mediados de la década de los cincuenta. No obstante, Sara Montiel la medio borró del mapa. En mi casa santaferina las opiniones estaban emparejadas: los hombres estábamos con la manchega; las mujeres con Lilián porque, decían, era más decorosa. Aunque ambas siempre estuvieron bajo sospecha porque el cuplé siempre tenía segundas o terceras intenciones. En todo caso, la (casi) única estética aproximadamente picante en aquellas calendas era el cuplé. En todo caso, dejemos las cosas bien sentadas: nadie, ni quiera la Montiel, cantó como Lilián el cuplé “Batallón de modistillas”. En eso nunca hubo discusión, aunque las braguetas (todavía con botones) no sintieran el estremecimiento que provocara aquel lánguido “fumando espero” de Sarita.


Pues bien, ahora las braguetas (con cremallera) de algunos conspicuos representantes del zotal se han revolucionado frente al nuevo gobierno español que, repleto de señoras, ha venido a recordar algo distinto, pero no contradictorio, a que la española cuando besa, es que besa de verdad. Unos comentaristas que, ahítos de cazalla, han eructado la vieja casquería de: “Gobierno de modistillas”.


Es el miedo. Un miedo antropológico que arranca de las uñas de los pies y les atraviesa las braguetas hasta el cielo del paladar de estos bípedos que, por no tener, ya no tienen una fiel espada toledana que llevarse a la boca, como quien dice: “Sujetarme que lo mato”. Miedo. O, si se prefiere, en argot patibulario: canguelo.


Miedo, canguelo de la pérdida de los derechos de pernada. Pero miedo, canguelo ante ese fenómeno: la ciudadanía de la mujer no ha hecho más que empezar.

Cambio de tercio. En su lugar correspondiente (sección de conexiones) se ha añadido un nuevo link: "La ciudad nativa" (http://ciudadnativa.blogspot.com. La hace mi sobrino Antonio Baylos y Grau. Concretamente está encima de la conexión con La Divina Comedia. Porque la familia que permanece unida...


lunes, 7 de abril de 2008

EL SINDICATO VIETNAMITA Y LA NIKE: algunas novedades



Más de 20.000 obreros de la Nike en Vietnam ha realizado una huelga de dos días (31 de Marzo y 1 de Abril) exigiendo un incremento de los salarios. Estos trabajadores tienen un salario mensual que equivale a unos 37 euros: la tercera parte de lo que vale un par de zapatos en Occidente. Se trata de la movilización más importante que se ha dado en aquel país desde la reunificación en 1976.


La exigencia de los huelguistas era de un aumento de 200.000 dongs (esto es, el equivalente a 8 euros). Finalmente, la cosa quedó, tras la huelga, en una subida de 100.000 dongs, que fue aceptado por la plantilla.


La novedad de esta movilización es que –según fuentes amigas, dignas de todo crédito— ha sido convocada y dirigida, dicho descriptivamente, por los “sindicatos oficiales”. Decimos que es una novedad porque la Constitución vietnamita declara que el país es una “República socialista” y todos sabemos hasta qué punto el sindicalismo en tales pagos pinta una oblea.


Las mismas voces amigas se extrañan de que la Central Sindical Internacional, siempre al tanto de lo que pasa por los cuatro puntos cardinales del barrio global, no haya informado de esta huelga tan significativa. Y sigo, las mencionadas voces me aclaran que no es la primera vez que los sindicatos vietnamitas se ponen al frente del conflicto social, aunque en esta ocasión la cosa ha sido más contundente. Más todavía, la acción organizada del sindicalismo vietnamita es mucho más dinámica que la de los chinos.


Así las cosas, sería conveniente que, en aquellos países de naturaleza más o menos similar a la del Vietnam, los “sindicatos oficiales” tomaran nota del ejemplo y las autoridades se dispusieran a reconocer el derecho de huelga y el conjunto de las libertades sindicales. Estoy pensando en Cuba, a riesgo de que me gane una reprimenda irascible de quienes son más castristas que Castro El Mayor y Castro El Menor.



Por lo demás, parece de cajón que el sindicalismo mundial debería, igualmente, tomar buena nota de las evoluciones del sindicalismo vietnamita y entrar en relaciones con éste.

domingo, 6 de abril de 2008

SINDICALISMO Y COOPERATIVISMO

Es la primera vez que estalla en Italia un áspero conflicto entre el sindicalismo confederal y el potente universo de las cooperativas. El otro día salieron a la calle en Roma 25.000 trabajadores del sector dándole al conflicto una fuerte visibilidad.


Los problemas vienen de muy atrás: hace la friolera de dos años y medio que finalizó el convenio colectivo y, hasta la presente, no se ha llegado a ningún acuerdo que lo renueve. Demasiado tiempo que, en todo caso, demuestra una extraordinaria paciencia del sindicalismo frente a ese mítico sujeto la Lega del que el gran público de nuestro país tuvo amplia noticia cuando vimos la formidable película Novecento a finales de la década de los setenta.


Los problemas que existen en aquellos centros de trabajo de las cooperativas sociales nos son realmente cercanos: de categorías profesionales y de organización del trabajo, del contrato de trabajo y salariales que parecen indicar una aproximada indistinción entre el carácter de la gestión managerial en las cooperativas y el de las empresas convencionales. Unos problemas que han estado tal vez camuflados parcialmente por una mirada inercial de los sindicatos con relación a la personalidad mítica del movimiento cooperativista italiano: como si las canciones de ayer (E la Lega vincerà...) que cantaban las mujeres jornaleras del “Novecento” tuvieran los mismos acordes que antaño.


Esta situación novedosa italiana podría depararnos algunas reflexiones útiles tanto al movimiento cooperativista español como al sindicalismo. Así pues, no conviene echar en saco roto lo que está sucediendo en aquellos pagos.


Ni que decir tiene que la empresa cooperativa se encuentra frente a los mismos problemas que el resto de la economía: están en el mismo contexto de los procesos de innovación y reestructuración de los aparatos productivos y de servicios en el mundo de la globalización interdependiente, y en estos momentos viven los primeros efectos de la crisis económica. Ni que decir tiene, además, que a estas empresas cooperativistas les es exigible la eficiencia en la gestión con unos profesionales de alta capacidad científica y técnica. Ni que decir tiene, por supuesto, que el catálogo de derechos de ciudadanía social debe ser respetado escrupulosamente. En resumidas cuentas, también las cooperativas necesitan ponerse al día porque el marco general ya no es el de los tiempos de Joan Peiró en nuestro caso o el de los italianos de aquellas nieves de antaño.


Dichas esas obviedades, es hora de preguntarse: ¿tiene el sindicalismo español algo así como una cartografía acerca de cómo funcionan las cooperativas? Es decir, ¿sabemos qué tipo de relaciones laborales se están produciendo en esos centros de trabajo? ¿Es posible que se mantenga el desconocimiento que hicimos gala los sindicalistas de mi generación en torno a este sector? ¿Se está produciendo en España un proceso de contagio de las formas abusivamente discrecionales del management de las cooperativas hacia el conjunto de las tipologías trabajadoras –cada vez más desagregadas— de esos centros? Depende qué tipo de respuestas se dé a estos interrogantes podría replantearse la existencia del sindicato también en esos lugares de trabajo. Scripta manent.


P/S Agradezco al profesor Josep Maria Vallès el envío de su libro "Una agenda imperfecta: amb Maragall i el projecte del canvi". Y a la editorial (Edicions 62) que pagó los portes.