miércoles, 26 de marzo de 2008

NUEVOS ELEMENTOS PARA EL DEBATE SOBRE LA REPRESENTACION SINDICAL

En estos últimos días ha fallecido el maestro Rafael Azcona. Y también Pilar López, la gran bailarina. Era hermana de la no menos famosa Encarnación López Júlvez "La Argentinita", la musa de Federico García Lorca.


Nota Editorial. Hay comentarios a artículos que merecen la consideración de estar “en pantalla”. Este blog tiene esa costumbre cuando las opiniones tienen fundamento. Este es el caso, nuevamente, de un comentario que el profesor Antonio Alvarez del Cuvillo ha hecho recientemente sobre mi amable duelo con Antonio Baylos acerca de la representación sindical. Reproducirlo aquí –además de un honor— es algo obligado. Un día de éstos volveré a la carga, porque como bien puede verse, Baylos ve incrementada la cofradía de los que sustentan la utilidad de los comités. Ahora bien, sería conveniente que Álvarez del Cuvillo aclarara qué entiende por “disfuncionalidades del sistema actual”. De esta manera estaríamos en mejores condiciones para seguir nuestra conversación. Por lo demás me remito a ¿TIENEN SENTIDO YA LOS COMITES DE EMPRESA?. Mano a López Bulla y Baylos Como se verá en ese mano a mano, mi opinión no tiene en cuenta las disfuncionalidades del sistema sino la disfuncionalidad del carácter del comité de empresa en tanto que tal.


Alvarez del Cuvillo dijo:


En realidad, yo no discutía tanto la institución de la representación unitaria en sí misma considerada como el modelo de representatividad sindical; esto último es lo que a mi juicio provoca las disfunciones, aunque luego me resulte difícil imaginar otro modelo. Ciertamente, el énfasis en la representación unitaria tendencialmente apunta hacia un sindicalismo más de electores que de afiliados, pero esto depende en realidad de muchos otros factores. El hecho de que no haya comités no garantizaría una mayor afiliación y, de hecho, en muchas ocasiones, incluso sería perjudicial. Yo creo que lo nuevo que se haya de construir habrá de superponerse al modelo de representación unitaria, no derrumbarlo. El problema es que construir algo nuevo implica algunas dificultades si toda la estructura determina que la finalidad primaria del sindicato va a ser tener representantes unitarios.

Un ejemplo. Para atender a los retos que plantea la descentralización productiva y que antes señalaba podrían ensayarse nuevas formas de representación. No hay ninguna garantía de que salgan bien, pero la inercia del sistema pone mayores dificultades, imponiendo una cierta rigidez en la adaptación a los cambios. Por ejemplo, si se opta por formas alternativas de representación unitaria nos encontramos con que las normas que regulan esta institución ¡son derecho necesario absoluto!, debido a la conexión que existe entre ellas y la representatividad sindical que condiciona el ejercicio de un derecho fundamental. Yo no creo que estas representaciones adicionales (por ejemplo, creadas por la negociación colectiva) sean ilegales si no suprimen las formas que ya existen en el estatuto, pero no computarían para la representatividad (lo que es un desincentivo) y además no podrían negociar convenios estatutarios. En cualquier caso, estas nuevas formas de representación podrían ser de carácter sindical, pero esto es difícil si el énfasis está en la obtención de delegados y miembros del comité.

Lo que ya parece que no está en la agenda de nadie es el tema ese que mencionabas de la unidad sindical que tan importante y polémico era durante la Transición y que ahora se ha abandonado completamente. Hoy en día no parece que haya profundas diferencias ideológicas o de política sindical que justifiquen (más allá de intereses organizativos reales) la actual dualidad de sindicatos más representativos a nivel estatal. Una -parece que muy improbable- fusión entre UGT y CC.OO. produciría una organización de incuestionable representatividad respecto al conjunto de la clase trabajadora. A mi juicio, aunque siguieran existiendo otros sindicatos, ello haría menos acuciante la lucha por la obtención de delegados y miembros de comité y permitiría a ese nuevo sindicato centrarse mucho más en la obtención de mayores cotas de afiliación y en mejorar su cohesión organizativa interna. Aunque fuera un desbarajuste al principio, permitiría ir superando las disfuncionalidades del sistema actual sin necesidad de emprender cambios institucionales muy bruscos.


Nota editorial. Me permito recomendar nuevamente el blog del profesor Antonio Álvarez del Cuvillo: http://tiempos-interesantes.blogspot.com/ El lector habrá caído en la cuenta que lleva por título “Tiempos interesantes”. Yo lo tengo linkado y lo leo de cabo a rabo, nunca en diagonal.


Otra cosa. Algunas amistades me han pedido que concrete algo más sobre el Pacto social por la innovación tecnológica que referí en una entrada del miércoles 12 de Marzo. Remito a quien esté interesado al artículo que figura en la sección “Tapas recomendadas”. Aunque ese escrito es de 2004, el fondo de lo que quiero decir sigue siendo (perdonen la humildad granadina) válido: EL PACTO SOCIAL POR LA INNOVACION TECNOLOGICA

martes, 25 de marzo de 2008

JOSEP BENET Y NOSOTROS




La relación de Josep Benet con el movimiento de los trabajadores y el sindicalismo democrático catalán es cosa bien sabida. Por eso la pérdida de esta gran figura de la vida política catalana ha sido sentida, también de manera muy especial, entre nosotros.


Conocí a Benet en 1968. Estaba yo detenido en el calabozo municipal de Granollers y allí se presentaron mis dos abogados, Albert Fina y Josep Solé Barberà, junto a un colega alto y flacucho. Era Benet que había querido acompañar a sus dos compañeros. En aquella casucha de tres al cuarto departimos toda una parte acerca de lo divino y lo humano: nos dijimos, según nos enseñó Celaya, que estábamos tocando el fondo. Aunque en realidad nos faltaba un poco más de lo que pensábamos.


Más tarde nos vimos en aquella gran aventura de l’Assemblea de Catalunya, aquel potente movimiento unitario que Benet, junto a otros, ayudó a construir. Muy pocos tuvieron la sensibilidad de este abogado e historiador con los problemas de los trabajadores y sus familias.


Después vino la campaña electoral de 1977 con la gran movilización de masas en torno a la candidatura unitaria del Senado en torno a Benet, Candel y Cirici, la Entesa dels Catalans. A la hora del recuento de los votos en uno de los colelgios de la barriada mataronesa de Cerdanyola (también llamada Puebloseco) aquello era una fiesta. Quien cantaba las papeletas no paraba de decir: ¡el trío! ¡el trío! Me explicaron que se cansó de cantar Benet, Candel, Cirici y decidió abreviar. El resultado general dijo que Benet fue el senador más votado de España: 1.300.000 votos. Nadie le ha superado todavía.


Un año más tarde se celebraba el Primer Congreso de Comisiones Obreras de Catalunya. En una de sus sesiones entra Benet. El Congreso se pone en pie y grita: ¡Benet, President! tantas cuantas veces agita mi sobrino Carles Navales, el autor de aquella `conspiración´. O sea, un poco más y me revienta el discurso sobre la independencia del sindicato. Pero ahí estaba el entusiasmo de los congresistas, mientras un servidor explicaba a duras penas que la independencia del sindicato no estaba reñida con el cariño hacia uno de “los nuestros”.


Siempre que necesitamos a Josep Benet sabíamos que podíamos contar con él. Para lo que hiciera falta. Generosamente desprendido para los proyectos culturales que poníamos en marcha. Por eso, nuestro hombre ha sido una de las personalidades que más afecto ha concitado en el movimiento de los trabajadores y en el sindicalismo confederal de Catalunya.

martes, 18 de marzo de 2008

¿LUCHA DE CLASES O CONFLICTO SOCIAL?

Sigue la polémica entre Walter Veltroni y Fausto Bertinotti: el primero niega la existencia del concepto marxista, el segundo lo considera central en la sociedad de hoy. “Aprileonline” ha recogido las opiniones de un iuslaboralista (Andrea Lassandri), un filósofo político (Giacomo Marramao), un economista (Paolo Leon) y un sindicalista (Paolo Nerozzi) que está en puertas de entrar en el Parlamento.


Los motivos de esta confrontación, en el transcurso de la campaña electoral, entre el Partito democratico y Sinistra Arcobaleno, se refieren al concepto de lucha de clases. Veltroni lo rechaza tajantemente; Bertinotti responde con mala cara. Hace unas semanas se publicó una viñeta de Altan donde uno de los protagonistas niega la existencia de la lucha de clases, el otro le responde: “Cuentáselo a los patronos”. Nuestros entrevistados de hoy responden. Más allá de los matices, coinciden en una idea: la constatación de un inevitable conflicto, que es estructural en nuestras sociedades, entre los trabajadores y los empresarios.


El profesor de Derecho del Trabajo, Andrea Lassandri, subraya la evolución de las relaciones laborales: “No sé si se puede hablar de `lucha de clases´, que reclama conceptos revolucionarios. Pero si podemos decir que hay intereses diferentes entre las dos partes en litigio. Esto vale hoy, tal vez, más que en otros momentos históricos, dadas las tendencias que ha introducido la globalización”. Y añade: “Entre la lucha de clases y el pacto entre productores, hablaré de intereses divergentes entre trabajadores y empresarios; en eso se basa fundamentalmente todo el Derecho del Trabajo”. Con relación a los otoños calientes de los años sesenta y setenta, algo ha cambiado. “Ha cambiado la fuerza del sindicato, que entonces era mayor Ahora nos encontramos en un momento histórico muy diferente. En aquellos años había una ocupación muy significativa; cuando hay pleno empleo la fuerza del sindicato, por lo general, es fuerte, mientras que en caso contrario el sindicato es débil. Con respecto a entonces, hoy –en el estadio de la globalización— las empresas tienen la posibilidad de desplazar los capitales mientras que el sindicalismo de los trabajadores permanece confinado en el territorio nacional. Esta es la diferencia fundamental que incide en las relaciones de fuerza”.


Para Paolo Nerozzi, ex secretario confederal de la Cgil y candidato al Senado en las listas del Partito democratico, en los últimos años se han producido cambios radicales. “Ya no existe, como entonces un lugar como lo era la fábrica fordista, donde se reconocía la mayoría del trabajo. Ha cambiado la estructura del mundo del trabajo: la disgregación ha creado nuevos sujetos, principalmente el trabajo precario. La fragmentación del trabajo –con la ausencia de un lugar donde se construye la identidad-- ha hecho emerger la necesidad de disponer de instrumentos contractuales para recomponer el ciclo”. [Por eso] “estas novedades, evidentemente, no se encuentran en el concepto de lucha de clases, típico del siglo XX. Sin embargo, permanece un conflicto entre capital y trabajo en torno a la distribución de los recursos”.


El filósofo político Giacomo Marramao piensa que la globalización ha introducido cambios de época que representan nuevos desafíos a la “clase inferior”: “el verdadero problema es superar la fractura que se ha creado, en los últimos años, entre la dimensión material y la simbólica, entre el aspecto objetivo y el subjetivo de la condición de clase”.


Sigue Marramao: “No siempre los sujetos que, materialmente, pertenecen a la misma condición de clase se perciben como relacionados en el mismo destino. La nueva espacialidad global produce una especie de doble movimiento. De una parte, el capital se concentra; de otra parte, las funciones productivas se desarticulan territorialmente. Lo que impide a la condición de clase disponer de una consciencia de clase.” La evolución es neta: “Estamos en las antípodas de la gran empresa, de masas y fordista. Ya no existe el obrero-masa, ni la clase se encuentra en un único espacio. La clase se `reparte´ en segmentos espaciales muy distantes entre ellos. La dificultad, pues, está también en repensar la lucha de clases en una perspectiva global dado que, hasta ahora, sólo se ha limitado a los estados nacionales”.


Según Paolo Leon, profesor de Economía en la Universidad Roma Tre, estamos en un momento de transición. “No hay lucha de clases, pero existen las clases que se han reestratificado sin concretar los conflictos como aquellos, los tradicionales. Hay una división muy clara entre los dos tercios de la población más ricos y el tercio más pobre, y en el interior de los dos tercios más ricos hay una diferencia muy amplia entre propietarios y menos propietarios. Las características de la antigua lucha de clases han cambiado, pero bajo la apariencia de una relativa paz social se está construyendo una división y una fragmentación social muy potente”.



[Artículo publicado por Aprile.info: http://www.aprile.info/]


Traducción: El tito Ferino. Parapanda, Marzo de 2008

domingo, 16 de marzo de 2008

SINDICATOS Y MODELO DE REPRESENTACION

Mi sobrino Antonio Baylos ha escrito en su blog los siguientes trabajos: REPRESENTACION GENERAL DE LOS TRABAJADORES Y SINDICAL (2) CONSIDERACIONES SOBRE LA REPRESENTACION SINDICAL (1) El profesor Antonio Álvarez del Cuvillo, a su vez, le ha hecho un comentario que, para no marear al lector, reproduzco abajo íntegramente. Pero, antes me permito, algunas observaciones que son compartidas muy mayoritariamente por el Círculo Social Cum grano salis de la ciudad de Parapanda.


Querido Antonio, he visto el importante comentario (como corresponde a la importancia de tu escrito) que hace el profesor Antonio Álvarez del Cuvillo. Bien sabes que yo también considero que el modelo de representación “presenta algunas disfuncionalidades importantes”: de eso dejé constancia en la fraternal discusión que tuve contigo en la ciudad de Parapanda publicada en ciertos medios de difusión nacionales y extranjeros. Ni que decir tiene que has hecho la mar de bien volviendo a traer a colación el problema porque, como igualmente afirma Álvarez del Cuvillo, es importante también “seguir pensando acerca de esas disfuncionalidades”.


Cuando se estructuró el todavía vigente modelo de representación (yo lo viví en primera persona desde la dirección de CC.OO. de Catalunya y España) reproducimos el sistema, democratizándolo naturalmente, que nos había dado buenos resultados desde, por lo menos, el año 1958. Este modelo se impuso al que preconizaba UGT que se orientaba a la representación directa de los sindicatos en el centro de trabajo y no, como nosotros planteamos, el comité de empresa.


Nuestra idea –digámoslo sin pelos en la lengua— tenía dos claves: 1) aprovechar la corriente unitaria del movimiento social de los trabajadores que se había ido consolidando especialmente desde primeros de los sesenta; y 2) democratizar plenamente la estructura de los enlaces y jurados de empresa que tanta utilidad nos dieron a Comisiones. La bondad de aquello la interpretábamos así: de un lado, manteníamos la unidad social de los trabajadores desde abajo en el interior del centro de trabajo y, de otro, ampliábamos la legitimidad del sujeto social a través del instrumento unitario del comité sustentado por la “democracia de los electores”, en expresión de Álvarez del Cubillo.


Ahora bien, indirectamente teníamos en la cabeza que, así las cosas, podíamos concretar una serie de pasos para el objetivo que todavía teníamos en la cabeza: la unidad sindical orgánica, esto es, la creación de una central sindical unitaria. Que no sólo no conseguimos sino que, en las primeras etapas, las relaciones tuvieron una considerable aspereza: ¿habrá que recordar el debate televisivo en puertas de las primeras elecciones sindicales, 1978, cuando aquello del “Mientes, Marcelino”; “Te equivocas, Nicolás” de infausta memoria? Que se propinaron, sine grano salis, mutuamente Redondo y Camacho.


El modelo de representación que surgió en 1978 sigue vigente. Atina Álvarez del Cubillo cuando afirma que su vigencia se debe a algo así como una “dependencia de la trayectoria”. Pero hay algo más: se trata, a mi criterio, de una dependencia completamente inercial de la trayectoria, también como expresión de una inadecuada lectura de los grandes cambios y transformaciones así en el centro de trabajo como en eso que dimos en llamar la estructura de la composición del conjunto asalariado.


Querido Antonio: tanto tu escrito como el comentario de Álvarez del Cuvillo me permiten recordar las preguntas que vengo haciendo desde hace ya mucho tiempo sin que, hasta la presente, nadie haya dicho oxte ni moxte. A saber: con todo lo que ha llovido desde 1978 hasta nuestros días (ahora estamos en pertinaz sequía) ¿cómo es posible que siga exactamente igual el modelo de representación en el centro de trabajo? ¿Cómo se explica que la forma sindical, la llamada sección sindical, tenga la misma morfología que diseñamos hace treinta años? ¿Cómo entender, además, que la vertiginosa traslación de los espacios nacionales a la globalización del centro de trabajo y en la gestión de la empresa sigan concretándose en la existencia del comité de empresa, un ente autárquico –por autodefinición, por ley y por voluntad— cuando se ha operado el traslado de la aldea provinciana a la ciudad global? La hipótesis puede ser la siguiente: aunque el sindicalismo, en su literatura oficial, lea convenientemente los cambios no parece adecuar su proyecto a las consecuencias de los mencionados cambios.


Es cierto, querido Antonio, que todavía el sindicalismo saca rendimientos positivos del mantenimiento del modelo de representación. Los saca porque incluso en un nuevo paradigma los viejos instrumentos siguen dando ciertos rendimientos positivos y no todo lo viejo se convierte automáticamente en inútil. Pero la distancia entre las posibilidades de mejorar ampliamente el estado de cosas y seguir con los viejos aparatos se amplía. Por otra parte, seguir con la actual forma-sindicato está dejando en la cuneta la necesaria representación de esos sujetos emergentes como el precariado y otros. Así el problema, el café con leche para todos acaba siendo pura achicoria.


Tengo para mí, querido sobrino, que algunos pensáis que el mantenimiento de los comités de empresa sigue siendo un instrumento para no perder el espíritu unitario. Pero, a ver si me explico: ¿se puede pensar en un espíritu unitario cuando la realidad ha cambiado espectacularmente y, cada vez más, estamos ante una situación más gelatinosa en la estructura de la composición del conjunto asalariado? Yo creo que no es posible. Y más todavía, a diferencia de las lúcidas observaciones de Álvarez del Cuvillo –“es normal que el comité de empresa de una empresa que está en el núcleo del ciclo productivo termine respondiendo de manera más inmediata a los intereses de sus trabajadores, pero ello podría tener efectos secundarios negativos en la periferia, en la medida en que las necesidades de flexibilidad se canalicen hacia empresas donde el poder de los trabajadores es más débil”, dice nuestro amigo— yo opino que tampoco es eso posible tendencialmente.


Pero, de momento, el bachiller se calla y deja que los maestros hablen: ¿sería mucho pedir que los enamorados de los comités –los maestros Aparicio Tóvar, Luigi dal Colle y tú mismo-- digáis cuatro cosas al respecto?


EL COMENTARIO DE ALVAREZ DEL CUVILLO


A mí me parece que el sistema español de representatividad presenta algunas disfuncionalidades importantes. Eso sí, no hago una crítica muy absoluta o radical, porque pienso que seguramente no podía haberse hecho otra cosa cuando se formó el sistema democrático de relaciones laborales -debido a factores diversos- y que luego hemos estado presos de eso que llaman "dependencia de la trayectoria". De hecho, no se me ocurre una alternativa que hoy por hoy sea viable. En cualquier caso, creo que es importante seguir pensando acerca de estas disfuncionalidades. No me cabe duda de que los sindicatos representativos en nuestro sistema tienen legitimidad democrática (por medio de la audiencia electoral), aunque también podrían hacerse algunas matizaciones al respecto. Pero me parece que la legitimidad "para representar" no es lo mismo que el poder real de representar efectivamente un colectivo, poder que puede ponerse sobre la mesa de negociación. Desde luego, la capacidad de movilización de los sindicatos representativos va mucho más allá de su número de afiliados, pero creo que también es bastante menor de lo que nos darían sus índices de audiencia, salvo en ocasiones estratégicas muy determinadas. O sea, que a veces los sindicatos tienen un ambiguo poder institucional (por ejemplo, para negociar reformas del mercado de trabajo proporcionando legitimación a los partidos) que no pueden ejercer plenamente, por que es más débil su poder real de incidencia en el mercado de trabajo. En efecto, el "sindicalismo de electores" garantiza la legitimidad democrática, pero puede configurar a los "sindicatos" como instancias que los trabajadores perciben como "externas", casi ajenas a ellos, aunque más o menos preocupadas por proteger sus intereses (casi como instituciones semi-públicas u ONGs). No los propios trabajadores organizados para defender sus intereses de clase. Aunque la sensación no es idéntica, uno no percibe a los partidos políticos como la ciudadanía organizada, sino más bien como estructuras a las que uno vota o no vota en función de diversos factores. Puede pasarnos algo así con los sindicatos. Por supuesto, globalmente este "problema" puede afectar al sindicalismo mundial, pero creo que las características de nuestro sistema de representatividad le dan unos perfiles propios en España. Por supuesto, mucho más problemático es el tema de las organizaciones empresariales, a las que hemos conferido una legitimación imaginaria por razones de conveniencia para todos (por ejemplo, para poder pactar convenios de eficacia general), pero que carecen de capacidad para articular y canalizar los intereses de las empresas e incluso de legitimidad democrática real. Y esto puede llegar a ser un problema para los trabajadores, en la medida en que el fruto de la concertación social o de la negociación colectiva (muy condicionado porque las organizaciones empresariales no pueden comprometer realmente a las empresas) no se percibe por los empresarios como algo pactado, sino más bien como una norma externa. Volviendo a los sindicatos, el sindicalismo de electores podría estarlos arrastrando a la falsa disyuntiva entre ejercer un poder institucional en gran medida vacío de contenido y por tanto descafeinado o lanzarse a una vía conflictiva abocada al fracaso por carecer de poder real. Ciertamente, no conozco bien los sindicatos por dentro y me podréis corregir, pero, mirando el sistema legal que tenemos, es lógico suponer que los esfuerzos de organización se están centrando más en la obtención de delegados y miembros de comités que en la afiliación y la cohesión interna o la coordinación de todos esos representantes unitarios. Así las cosas, puede ser que exista una cierta dispersión o diversidad en las características de los representantes unitarios en cada centro, cada uno "de su padre y de su madre" y respondiendo exclusivamente ante sus votantes, que son los trabajadores del centro. Esto dificulta la articulación (o rearticulación) de los intereses de la clase obrera ante la fragmentación de la que hablabas hace poco. Por ejemplo, ante la realidad de la descentralización productiva: es normal que el comité de empresa de una empresa que está en el núcleo del ciclo productivo termine respondiendo de manera más inmediata a los intereses de sus trabajadores, pero ello podría tener efectos secundarios negativos en la periferia, en la medida en que las necesidades de flexibilidad se canalicen hacia empresas donde el poder de los trabajadores es más débil.



Querido Alvarez del Cuvillo, ponme a los piés de las Salinas de San Fernando.

domingo, 9 de marzo de 2008

SINDICATO Y RESPONSABILIDAD SOCIAL

El papel de los representantes de los trabajadores en relación a la Responsabilidad Social

Juan Manuel Tapia

CC.OO. de Catalunya, ha sido un sujeto activo en el movimiento, que desde finales de los años 90, ha hecho emerger el concepto de responsabilidad social, o responsabilidad social de empresa. Fuimos el único sindicato catalán, que como tal, intervino en el periodo consultivo que daría lugar a la elaboración del Libro Verde sobre la responsabilidad social de las empresas de la Unión Europea.Es importante comprender la importancia, que para nuestro sindicato, adquirió, desde sus inicios la cuestión de la responsabilidad social, porque esto explica nuestra perspectiva en esta materia.


Para el sindicalismo, el concepto de responsabilidad social –que implica tanto a las empresas como a las administraciones públicas y organizaciones de la sociedad civil- no es nuevo. Históricamente, el sindicalismo de todas las tradiciones, ha defendido que la empresa, como unidad económica, tiene necesariamente una dimensión social, un conjunto de vínculos e intercambios con la sociedad en la que vive.Esta dimensión social de la empresa, implica que el empresario no tiene un derecho ilimitado en el gobierno del proyecto empresarial. Los límites al derecho de propiedad unilateral del capital sobre la empresa, son dobles. Por un lado, la sociedad de las personas y su entorno. Por otro, el hecho de que la empresa no es producto exclusivo del capital y sus titulares, sino, también de lo que representa el factor trabajo, las personas que lo encarnan, su esfuerzo, su creatividad, su formación general y profesional, su capacidad para adaptarse a los cambios.En el pasado periodo del capitalismo, el que podemos denominar fordismo-taylorismo, se estableció un pacto social implícito, respecto a la regulación de los límites al derecho de propiedad unilateral de la empresa.En Europa es donde se hace una construcción más explícita, a través de la constitucionalización del estado social de derecho. Así aparecen los conceptos de economía social de mercado, o el concepto de la economía al servicio del interés general.


Las políticas económicas del estado democrático, en representación de la sociedad y las personas, tienen una capacidad reguladora del mercado y la actividad económica.Los trabajadores en la empresa, adquieren, con rango constitucional, el derecho a la plenitud del ejercicio de la libertad sindical y la participación en la empresa –con distintos modelos según los países.Las personas y la sociedad, quedan protegidas por el estado del bienestar. Estado del bienestar que convierte los derechos sociales de protección, en verdaderos derechos universales de ciudadanía.Este equilibrio, que ha protagonizado buena parte del siglo XX, se ha visto quebrado por las transformaciones económicas y sociales del final de siglo. El proceso de globalización económica, sostenido por una revolución científico-técnica sin precedentes –la revolución de las tecnologías de la información y la comunicación, y el transporte-, domina con sus lógicas económicas los viejos mercados nacionales.El estado ha perdido, en esta transformación, capacidad para regular los mercados, sin que por el momento hayan nacido las nuevas instituciones internacionales, o una verdadera reforma de las que tenemos, capaces de establecer nuevas reglas del juego, en representación de las sociedades.Un equilibrio, pues, roto a favor de las empresas y los mercados mundiales, en detrimento de la sociedad y el control político.Una empresa transformada, que frente a la gran empresa integrada e integral, del fordismo, se convierte en una empresa “constelación”, descentralizada, flexible, que, además, pone en práctica, ante la falta de controles, políticas de “externalización del riesgo”.


Es curioso, que el viejo concepto que otorgaba una pretendida autoridad del capital sobre el factor trabajo, el riesgo, desaparece y las empresas practican la externalización a los demás, de los riesgos que deben asumir. Sean estos otras empresas de la cadena de valor, la sociedad o las personas, el medio natural o el entorno territorial.Distintas actuaciones antisociales de estas empresas globales, han hecho evidente los riesgos de este desequilibrio. Los casos son numerosísimos, la lista inacabable: Enron, Ikea, Nike, y un largo etc. Impactos negativos sobre el medioambiente, el territorio o las comunidades, violación de derechos humanos y sociales fundamentales.Nuevos y viejos movimientos sociales, desde muchas y diversas perspectivas –entre ellos el sindicalismo- exigen responsabilidad social y control, al mismo tiempo que la empresa, desprestigiada, busca y necesita, una nueva legitimación social.Es en este contexto, en el que aparece, vuelve a ganar valor, la necesidad de exigir y valorizar la dimensión social de las empresas. Así nace el moderno concepto de responsabilidad social, y las iniciativas a muy distintos niveles, desde el local al europeo, o el mundial.Un concepto que no es unívoco, que ciertamente va adquiriendo perfiles definidos, pero es, al mismo tiempo, un terreno de noble conflicto de ideas e intereses.Sirva para ejemplarizar las distintas perspectivas sobre la responsabilidad social de la empresa, las posiciones antagónicas de dos conocidos premios nobel de economía. Milton Friedman, negando cualquier responsabilidad social de la empresa, más allá de la obtención lícita de beneficios, o Amartya Sen, asegurando la necesidad de que la empresa funde su actividad en principios éticos.Que aporta, de específico, el sindicalismo confederal, al actual debate sobre responsabilidad social?En primerísimo lugar una concepción contractualista de los compromisos de responsabilidad social. Estamos de acuerdo, y existe un amplísimo consenso entre todos los sujetos que intervienen en la cuestión, en que los compromisos de responsabilidad social deben ser voluntarios por parte del empresario.


Ahora bien, que la responsabilidad social sea voluntaria no es sinónimo de que la responsabilidad social sea unilateral.El sindicato acepta la voluntariedad de los compromisos de responsabilidad social, pero una vez enunciada la voluntad de adquirirlos, el empresario deben negociar sus contenidos concretos con los distintos grupos de interés legitimados.Esta contractualidad y participación, debe extenderse no solo en la configuración de los compromisos de responsabilidad social, sino, también a su desarrollo y aplicación, y a la fase de verificación o auditoria.Nos preocupan, y nos negamos a aceptar, pretendidas políticas de responsabilidad social que practican muchas empresas, que terminan siendo, pura y simplemente, políticas de marketing y propaganda. Compromisos de responsabilidad social “virtuales”, que gestiona unilateralmente el empresario, y que, incluso, en la fase de verificación, son auditados por empresas u organizaciones, financiadas por el propio empresario, y en un régimen de subalternidad y falta de independencia.Así, la responsabilidad social, pasa de ser una oportunidad para todos, a convertirse en un puro elemento mercantil. Está emergiendo, un verdadero mercado de la responsabilidad social.Necesitamos un sistema de auditoria y verificación que tenga un control de calidad público, y participado por los grupos de interés.Estamos, también de acuerdo, en que los compromisos de responsabilidad social, no deben confundirse con el cumplimiento de la ley, y deben de suponer un “ir más allá, de la ley o en un cumplimiento “excelente” de la misma.


Para el sindicalismo, este principio de la responsabilidad social es fundamental. El puro cumplimiento de las leyes y los convenios colectivos, no autoriza al empresario a predicar prácticas de responsabilidad social.Otra característica de nuestra posición, en relación a la responsabilidad social, es una visión de carácter integral e integrado.La responsabilidad social debe estar integrada en el conjunto de las políticas y prácticas empresariales, no debe confundirse con actuaciones de tipo filantrópico. Al mismo tiempo, debe ser integral, es decir, debe alcanzar a todas las dimensiones de la actividad empresarial.No nos sirve, por poner un ejemplo, una empresa responsable en orden a las modalidades de contratación laboral y su uso tendente a dar la máxima estabilidad y seguridad a sus trabajadores y trabajadoras, si paralelamente, su nivel de accidentes de trabajo o enfermedades profesionales, es muy superior a la media de su sector de actividad.La responsabilidad social debe alcanzar a toda la cadena de valor, es decir, debe referenciarse al conjunto del ciclo de trabajo, no solo a la empresa central, también a las empresas subcontratadas o suministradoras. Incluso cuando estas empresas están localizadas en otras zonas del globo.En los sindicatos hermanos de los países en desarrollo, existe la lógica preocupación porque las prácticas de responsabilidad social puedan sustituir la necesaria construcción del estado del bienestar en esos países, con sus necesarias políticas sociales. Esta es, también, una preocupación de los sindicatos del primer mundo.


¿Qué papel juega el sindicato y sus representantes en la empresa? El sindicato tiene una posición peculiar como grupo de interés, en representación de las personas en la empresa: es el único sujeto social que esta organizado, simultáneamente, en la empresa y en la sociedad.En relación a lo que denominaríamos responsabilidad social interna, es decir, del empresario hacia las personas que trabajan en la empresa, el sindicalismo es un interlocutor exclusivo. Sólo el sindicato esta legitimado para representar este grupo de interés y somos, además, beligerantes con cualquier modalidad de suplantación de nuestra representatividad democrática.En relación a la responsabilidad social externa, es decir, a aquella que vincula la empresa con el conjunto social genérico, la comunidad o el territorio, el sindicalismo debe, y de hecho lo hace, compartir, su legitimidad como grupo de interés con otros sujetos sociales, muy especialmente, las organizaciones no gubernamentales.Respecto a nuestro modelo de participación, en materia de responsabilidad social, vinculada a las relaciones de trabajo, hemos acumulado muchas experiencias en el último periodo. El convenio colectivo general de la industria química, es un buen ejemplo, no el único, de cómo se regula la participación del sindicato en los procesos de negociación y verificación de las compromisos de responsabilidad social.Respecto de nuestras experiencias en compartir interlocución en cuestiones de responsabilidad social, con otros grupos de interés, nuestras experiencias, también, están creciendo. Es el caso del trabajo respecto de medioambiente y movilidad sostenible, o en relación a políticas sociales o inversiones socialmente responsables.


Juan Manuel Tapia Rubio. Responsable de Negociación Colectiva y Responsabilidad Social de CC.OO. de Catalunya

martes, 4 de marzo de 2008

MEMORIA HISTORICA: JAVIER TEBAR "RACCONTA" DI VITTORIO



INTERVENCIÓN DE JAVIER TÉBAR

EN EL SEMINARIO SOBRE GIUSEPPE DI VITTORIO ORGANIZADO POR LA FONDAZIONE DI VITTORIO DE LA CGIL Y POR LA FUNDACIÓ CIPRIANO GARCÍA DE CCOO DE CATALUNYA


PARIS, 29-II-2008


En primer lugar, quiero agradecer a los organizadores de este seminario su invitación para participar en él. Estoy aquí en representación de la Fundación Cipriano García de CCOO de Cataluña, que es la entidad que gestiona el archivo histórico de este sindicato. Voy a exponer algunas cuestiones de forma, tal vez, un tanto esquemática, pero con la intención de que la exposición sea clara y ordenada, situando aquellos aspectos que me parecen de interés, para que, si se quiere, en un posterior debate podamos profundizar en algunas o en todas ellas, e incluso en otras que se puedan sugerir por parte de los asistentes a este acto.


La estructura de la intervención se dividirá en 3 partes, que he procurado entrelazar, por decirlo de alguna forma:


a) Primero expondré, de forma sucinta, un marco interpretativo sobre lo que representó la República y la guerra civil, y una breve contextualización histórica sobre la creación de las Brigadas Internacionales, en qué momento, con qué problemas y cómo finalmente se pusieron en marcha. Algo que me parece imprescindible para inscribir la presentación de la investigación de la que me ocupo hoy.


b) En efecto, en segundo lugar, ofreceré un breve resumen de los resultados de la investigación realizada por Josep Puigsech sobre Di Vittorio en las Brigadas Internacionales durante la guerra civil española, por encargo de la Fundación Cipriano García de CCOO de Catalunya, que junto con el estudio de la profesora Gloria Chianese conforman un trabajo unitario de la trayectoria de este destacado y ya mítico dirigente sindical y político italiano.


c) Y, por último, explicaré de forma breve algunas cuestiones básicas sobre la actual situación de la recuperación de la denominada “memoria histórica”, con relación a las BBII, y a las políticas públicas que se han puesto en marcha últimamente por parte del gobierno autónomo catalán y del Gobierno español.


Continúa en JAVIER TEBAR EXPLICA A DI VITTORIO (The Parapanda Tribune)