Me explico: no se trata de enzarzarnos a la refriega electoral que, cuando corresponda, se dará en el terreno municipal o donde corresponda. Es una aviesa recomendación para que se tenga en cuenta que un libro “La lucha por Barcelona: clase cultura y conflicto 1898 – 1937” hace tiempo que colea por ahí y, hasta la presente, no lo he visto publicitado convenientemente. Justo lo contrario de lo que sucede en Parapanda. El autor del libro, Chris Ealham, y el amigo Sebastian Balfour presentaron el libro actuando de maestros de ceremonias los profesores Javier Tébar y Giaime Pala en el Círculo Cultural Bruno Trentin de nuestra parapandesa ciudad. Todos ellos fueron muy aplaudidos y hubo algunos intentos (justamente abortados) de sacarlos a hombros.
Muchas son las investigaciones que se han hecho sobre la ciudad hermana de Barcelona, analizando el conflicto social, las diversas culturas obreras, la relación de éstas con el mundo de la cultura y el urbanismo... Pensemos, por ejemplo, el libro de Temma Kaplan, “Ciudad roja, periodo azul, los movimientos sociales en la Barcelona de Picasso (1888 – 1939)” donde se hace una extensa biografía de la Rosa de Fuego. Un libro interesante pero que, a juicio de algunos letraheridos de Parapanda, tenía algunos desarreglos y no pocos desaliños que llevaron a tales relamidos a no querer recomendarlo. Este no es el caso del libro de Chris Ealham: una potente investigación que aclara cosas de ayer y apunta a entender hasta qué punto algunos polvos de antaño se han convertido en lodos de hogaño o, si se prefiere (es cuestión de gustos) por qué algunos lodos de entonces son polvo ahora.
El libro pone en ocasiones algunas tildes que seguramente han incordiado a algunos escribas sentados de ciertas capas de la mesocracia barcelonesa: cómo la burguesía catalana durante el día hablaba de la patria y de noche llamaba a Madrit para que pusiera orden ante las reivindicaciones sociales, también cuando Salvador Seguí y Joan Peiró (choznos de los altocarolingios) planteaban cosas tan sensatas como la jornada de las ocho horas y otros asuntos no menos moderados. Y, sin adjetivo alguno –con ese estilo sobrio de los grandes historiadores-- relata cómo ya empezaron a enhebrarse ciertos discursos etnicistas contra la plebe desgreñada y harapienta. Y no digo más...
... y no digo más porque, a buen seguro, algunos se habrán sentido atraídos por saber qué dice el libro. Pero eso ya lo sabemos en Parapanda; el libro se está vendiendo como rosquillas. ¿El motivo? Mi sobrino Gabriel Jaraba, director de Teleparapanda, lo dijo en el coloquio: “Nihil Barcinonis, Parapanda alienum puto” . No hubo necesidad de la traducción simultáea: todos los asistentes sabían que nada que afecte a Barcelona es extraño a las preocupaciones de Parapanda.



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