LA IMPORTANTE PARTICIPACIÓN EN LAS ELECCIONES SINDICALES EN LAS CAJAS DE AHORRO
Nuevamente Comisiones Obreras revalida su condición de primer sindicato en el sector: así lo han querido los empleados de las Cajas de Ahorro. Pero no es sobre ello sobre lo que quiero discurrir, sino sobre los notables niveles de participación del conjunto asalariado. Lo que, afortunadamente, tampoco es una novedad.
Ciertamente no parece adecuado establecer una comparación mimética sobre estos niveles de participación en unos comicios sindicales y el preocupante y estancado descenso de la participación política, cuyo emblema más visible han sido las recientes elecciones autonómicas catalanas.
He leído en un Manifiesto italiano, que está en este mismo blog, lo siguiente: “la belleza della participazione” (la belleza de la participación). Lo admito sólo como metáfora inocente y como elegante retórica. Pero yo veo las cosas de una manera diferente: la utilidad de la participación. No tanto para la política sino para el público en general. Porque sospecho que, a pesar de las lamentaciones de (algunos, pocos en realidad) políticos, éstos se han instalado en esa situación, y según cómo se mire a ellos, les va de perlas que la gente se desresponsabilice de ese derecho cívico-político. Pero es claro que al común de las gentes les es útil –o puede serles de utilidad-- ir a votar masivamente. ¿Cómo, si no, cambiar las orientaciones de los que deciden?
Las cosas, como se ha dicho, cambian de manera espectacular en el ámbito de la acción colectiva del sindicalismo en sus diversas familias y variantes. Todo indica que la participación –tenga la cara bella, bonita o nariz respingona, cosas siempre subjetivas-- es alta. Recalco lo que he dicho en otras ocasiones: los intereses concretos aparecen claramente definidos; la directa relación entre representantes y representados; el poder de los representados frente a sus representantes; la proximidad de los instrumentos donde se ejerce la participación. Ahora bien, que estos códigos no sean directamente extrapolables para la acción política, no quiere decir que no deban ser tenidos en cuenta y, en parte, aprehendidos por los partidos para mejorar la vida democrática (propia y de los ciudadanos).
1) Los intereses concretos aparecen claramente definidos. Lo son en los siguientes aspectos: la problemática de cada centro de trabajo y del sector; se materializan en las propuestas concretas que se plasman en las plataformas reivindicativas y, definitivamente, en los convenios colectivos; se ejercen en la acción de tutela que, diariamente, se ponen en marcha. O sea, una democracia próxima.
2) La relación directa entre representantes y representados. ¡Claro que sí! Conozco a los candidatos por su nombre y hasta por sus apodos. Me tomo un cortado con él; perdón: ¿alguien se ha tomado un cortado con algún candidato político? Me dirijo a él directamente ya sea con la cara amable o con malafoyá. Lo veo casi cada día personalmente. O sea, una democracia próxima.
3) El poder de los representados frente sus representantes. Por supuesto, aunque sobre esta cuestión se habla poco y se sabe menos. Pero ahí está: los representantes pueden quitar a los delegados mediante unas reglas transparentes, claras y ciertas. Se llama, como todo el mundo sabe, la capacidad de revocación del representado. O sea, una democracia próxima.
4) La cercanía de los instrumentos. Naturalmente, la urna está ahí en la esquina, a menos de cincuenta metros, o menos. Me disculpo por ser tan plasta: a eso le llamo democracia próxima.
Así pues, la madre del cordero está –otra vez perdón-- en la democracia próxima. Este es un hecho objetivo que sirve a todos los que, desde unas u otras posiciones, contienden en el proceso electoral. Al final, quien es visto subjetivamente como más cercano a esa democracia próxima se lleva, me disculpo por el lenguaje tosco, el gato al agua. Y, en este sentido, podemos convenir que “más cercano” es también quien acomoda su inteligencia y su pasión razonada a detectar los problemas y la manera de solucionarlos.
¿Qué puede aprender la política de estos asuntos? Por de pronto necesita aclarar un asunto: ¿realmente le interesa la participación del personal? Sin este prerrequisito ¿para qué vamos a seguir hablando? Ahora bien, si la respuesta es clara y sincera –al menos de parte de “los nuestros” o de los “casi nuestros”-- sólo tienen que hacer una cosa muy básica: ponerse a pensar detenidamente. Y dar en el clavo. Porque los empleados de las Cajas de Ahorro –que es de quienes estamos hablando-- llevan mucho tiempo, a pesar de que no son fontaneros, remachando clavos.Como decimos en Parapanda: tienen muchos cutes. O su equivalente: son unos fenómenos. .